Masking en autismo femenino: el “maquillaje social” que puede retrasar diagnósticos
La Fundación Brincar puso el foco en un fenómeno poco visibilizado dentro del espectro autista que impacta especialmente en mujeres: el masking o “maquillaje social”, un conjunto de estrategias para encajar en entornos sociales que puede implicar un alto costo emocional y físico y, además, contribui

La Fundación Brincar puso el foco en un fenómeno poco visibilizado dentro del espectro autista que impacta especialmente en mujeres: el masking o “maquillaje social”, un conjunto de estrategias para encajar en entornos sociales que puede implicar un alto costo emocional y físico y, además, contribuir a demoras en el diagnóstico.
El autismo es comprendido como una forma distinta de funcionamiento del cerebro. Las personas autistas perciben y procesan el mundo de manera única, con fortalezas como la atención al detalle, la memoria, el pensamiento lógico y la honestidad. Entre los desafíos se incluyen diferencias en la comunicación e interacción social, hiperfoco, necesidad de rutinas y particularidades sensoriales.
En ese marco, el masking refiere a estrategias que algunas personas autistas utilizan para ocultar, compensar o disimular sus rasgos con el fin de adaptarse a expectativas sociales. En la práctica, puede incluir aprender reglas sociales de memoria, inhibir comportamientos naturales e imitar conductas consideradas socialmente aceptables.
Dilivan Querales, responsable de administración y coordinación de gestión en Fundación Brincar y mamá de Gabo, vinculó este proceso con trayectorias diagnósticas más extensas en mujeres. “Vemos con mucha frecuencia que las mujeres llegan al diagnóstico después de años de sobreesfuerzo invisible”, dijo Dilivan Querales, responsable de administración y coordinación de gestión en Fundación Brincar.
El texto también plantea que, aunque el camuflaje social puede dar una apariencia de adaptación, sostenerlo requiere un “gran esfuerzo interno”, con posibles efectos en la salud emocional y social. “El masking no es una habilidad adaptativa neutra: es una estrategia de supervivencia que muchas veces deriva en cuadros de ansiedad, depresión o burnout autista”, dijo Querales.
La mayor invisibilización del fenómeno en mujeres se vincula con sesgos de género en las herramientas diagnósticas y con la presión social para ser empáticas y adaptadas desde edades tempranas. Como resultado, muchas desarrollan estrategias de observación, imitación y compensación más sofisticadas, con un perfil “adecuado” hacia afuera y un costo emocional interno.
Entre ejemplos cotidianos de social masking aparecen soportar ambientes sensorialmente incómodos sin expresar malestar; imitar gestos, tonos de voz o actitudes de otras personas para parecer “normal”; ensayar respuestas para situaciones sociales; fingir interés en actividades del grupo; y practicar expresiones faciales o forzar contacto visual incómodo.
La agenda también se apoya en estudios internacionales que registran mayores niveles de camuflaje social en mujeres, entre ellos el Camouflaging Autistic Traits Questionnaire (CAT-Q, Hull et al., 2018). Además, se mencionan investigaciones de la psicóloga especialista Tamara May sobre cómo los sesgos de género afectan la identificación de rasgos autistas y la trayectoria diagnóstica.
En cuanto a acciones recomendadas, se proponen escuchar y valorar experiencias de personas autistas; difundir información sobre distintas formas de autismo; promover formación en escuelas, espacios laborales y comunidades; reducir barreras sensoriales y sociales; y garantizar diagnósticos tempranos y acompañamiento especializado con atención a sesgos de género.
