La vigilancia sanitaria puso el foco en la Influenza ante un inicio de 2026 con descenso de casos de SARS-CoV-2 y nula notificación del Virus Sincicial Respiratorio (VSR). En ese marco, el último Boletín Epidemiológico Nacional registró que, aunque la circulación de virus respiratorios se mantiene baja, se detectó un incremento de casos de gripe hacia el final de 2025 y principios de 2026.
De acuerdo con los datos de la tercera semana de enero, se registró un leve incremento en las consultas ambulatorias, con predominio de Influenza tipo B y detecciones de tipo A en ascenso desde el cierre del año pasado. Dentro de ese grupo, la variante A H3N2 concentró la mayor atención: entre el 18 de diciembre de 2025 y el 30 de enero de 2026 se confirmaron 47 casos en total.
Ana Ábalos (MN 75224), jefa médica de UTIM y traslados de vittal, sostuvo que no se reportaron cambios significativos en la gravedad clínica general, aunque advirtió que “esta cepa se caracteriza por ser más contagiosa y puede derivar en cuadros severos en adultos mayores y pacientes con patologías preexistentes”. La evolución clínica y la carga sobre la atención ambulatoria se vuelven variables centrales para el seguimiento sanitario en un período de circulación creciente.
La gripe es una afección respiratoria con un período de incubación corto, de entre dos y cinco días. Ábalos remarcó que es “altamente contagiosa desde un día antes de que aparezcan los síntomas y hasta una semana después”. Entre los signos clínicos principales se incluyen fiebre alta (38°C o más) y malestar general; dolor de cabeza, muscular y de garganta; tos, congestión nasal y decaimiento. En niños, además, es frecuente la aparición de síntomas digestivos como náuseas, vómitos y diarrea.
En materia de prevención, la especialista sintetizó: “El escudo principal es la vacunación y la inmunización evita hospitalizaciones”. Recomendó realizar la vacunación entre finales de febrero y marzo, con posibilidad de aplicación a partir de los seis meses de vida y sin límite de edad. Los grupos prioritarios son adultos mayores de 65 años; personas con enfermedades crónicas (diabetes, afecciones cardíacas o pulmonares); pacientes con alteraciones de la inmunidad; y trabajadores de la salud.
También señaló la importancia de sostener hábitos de higiene para cortar la cadena de transmisión: lavarse las manos frecuentemente, evitar el contacto con personas engripadas y, al toser o estornudar, cubrirse con el pliegue del codo. En caso de contraer el virus, para personas sin enfermedades previas el tratamiento se basa en descanso, hidratación abundante, evitar el consumo de tabaco o alcohol y permanecer en el hogar para no contagiar.
Ábalos recordó que no se debe administrar aspirina a niños o jóvenes y detalló señales de alerta que requieren atención médica inmediata. En niños, se mencionan respiración rápida o dificultosa, coloración azulada de la piel, fiebre persistente, irritabilidad extrema o dificultad para despertarse, además de la reaparición de síntomas con fiebre y tos más intensa tras una mejoría inicial. En adultos, se incluyen falta de aire, dolor o presión en el pecho, confusión, desmayos o vómitos persistentes.
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