La moda y el consumo, escenario del orden internacional, según la analista internacional Iara Vidal
El posicionamiento de China frente a la homogeneización cultural impuesta por las corporaciones tecnológicas plantea un escenario donde la diversidad de modelos sociales y productivos convive con la actual estructura de mercado global.

“En contraste con una lógica hiperimperial que jerarquiza gustos, estilos y estilos de vida, China afirma la legitimidad de la coexistencia de múltiples modernidades en el sistema internacional”, afirma la analista internacional Iara Vidal.
Vidal analiza que en la actualidad “los algoritmos deciden qué aparece, qué desaparece, qué se convierte en tendencia y qué se silencia; todo ello se presenta como conveniencia, personalización y elección. En el hiperimperialismo, las grandes empresas tecnológicas cumplen una función que antes era típica del estado imperial: ordenar el mundo sin presentarse como una potencia.”
Para hacer este análisis, Vidal estudia el escenario de la moda. “La moda sigue —y revela— esta transformación. Deja de ser un simple símbolo y comienza a funcionar como una infraestructura simbólica integrada en las plataformas digitales. Ya no se impone un atuendo específico. Lo que se impone es el deseo, mediado por pantallas, métricas, interacción y datos.”
En ese contexto, dice, China ocupa una posición única: “En el ámbito político y diplomático, el país ha reiterado su defensa del derecho internacional, la soberanía de los Estados y la coexistencia de diferentes vías de desarrollo”, postura que “está presente desde los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica, formulados en la década de 1950, y se extiende a conceptos más recientes como el de una ‘comunidad con un futuro compartido para la humanidad’”.
Explica que la idea central es que no existe un único modelo legítimo de modernidad, desarrollo u organización social, sino que cada país debe tener derecho a seguir su propio camino y “en el debate sobre la moda y el consumo, este principio se traduce en la defensa de la diversidad de las expresiones culturales y el rechazo a la estandarización simbólica impuesta por un único centro de poder. En contraste con una lógica hiperimperial que jerarquiza gustos, estilos y estilos de vida, China afirma la legitimidad de la coexistencia de múltiples modernidades en el sistema internacional.”
Iara Vidal observa que al mismo tiempo, “China es hoy uno de los principales centros de producción industrial mundial y desempeña un papel central en las cadenas de valor internacionales, incluida la industria textil. Esta posición refleja la integración del país en un sistema económico global ya estructurado, caracterizado por extensas cadenas de producción, plataformas digitales y patrones de consumo acelerados.”
La analista concluye que “esta realidad pone de relieve los desafíos de un orden internacional en transformación. China opera dentro de un sistema heredado, al tiempo que aboga, a nivel político, por la necesidad de reformar las normas globales”.
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