El hogar como oficina: diseño, teletrabajo y bienestar en la agenda empresarial
Con el avance del home office, la organización del espacio doméstico gana peso en la productividad y la salud mental, mientras estudios regionales muestran mayor concentración y demanda de esquemas híbridos y especialistas en arquitectura e interiorismo ponen el foco en luz natural, ventilación, materiales y distribución como variables que inciden en el estrés cotidiano

El teletrabajo instaló un cambio estructural en la vida cotidiana: el hogar dejó de ser solo un ámbito de descanso y pasó a concentrar, también, tareas de producción. En ese contexto, el diseño y la construcción del espacio doméstico se volvieron variables con impacto en el bienestar, la concentración y la posibilidad de desconexión.
La discusión excede lo estético. Decisiones como el ingreso de luz natural, la ventilación, la distribución de los ambientes y la elección de materiales influyen en la forma en que las personas habitan y experimentan sus viviendas. Ese enfoque desplaza el debate desde una percepción general sobre “cómo se siente” el trabajador remoto hacia elementos físicos del entorno que pueden operar como disparadores de estrés o como facilitadores de una rutina más ordenada.
En paralelo, los relevamientos sobre expectativas laborales muestran que el equilibrio entre vida personal y trabajo se convirtió en un criterio de retención. “El 88% de los talentos argentinos considera que si su empresa no tiene una cultura favorable al work-life balance buscaría otro trabajo”, dijo Federico Barni, CEO de Jobint, la empresa madre de Bumeran. El informe sobre Work-Life Balance incluyó a 1.016 personas de Argentina, 830 de Chile, 1.288 de Ecuador, 942 de Panamá y 1.021 de Perú.
La productividad aparece como otro eje de la discusión. Un estudio del Centro Conciliación Familia y Empresa (CONFyE) del IAE Business School tomó como muestra 3.100 casos en Latinoamérica, con 512 participantes argentinos, para analizar el estado de situación del teletrabajo en la región. En ese marco, el 79% consideró que al trabajar de forma remota puede concentrarse mejor en sus tareas laborales y el 76% evaluó que su productividad general aumentó gracias a la posibilidad de trabajar desde la casa. “Las empresas que no adopten esquemas híbridos enfrentarán más rotación; las que lo hagan, competirán por el mejor talento”, concluyó Patricia Debeljuh, directora del CONFyE.
El home office, sin embargo, también expone riesgos menos visibles. La Dra. Nora Inés Rubbini, investigadora de la Universidad Nacional de La Plata, planteó que la sobrecarga —o incluso la falta de tareas— puede alterar los ritmos biológicos, provocar estrés y fatiga mental, y en algunos casos derivar en adicción al trabajo. El psicólogo Alexis Alderete agregó que, aunque muchos valoran la libertad, esta modalidad también incrementa la ansiedad y la dificultad para desconectarse.
En ese punto, el entorno vuelve a ocupar un rol central. Un espacio desordenado o sin luz puede convertirse en un detonante del estrés, mientras que un ambiente planificado para el bienestar ayuda a reducir la tensión. “Un proyecto transformador es aquel que mejora la vida cotidiana y genera bienestar desde lo más simple: la luz, la materia, el silencio. Diseñamos para emocionar, pero sobre todo para crear espacios que se sientan, se vivan y se recuerden”, dijo Inés Rebollo, Interior Design Manager de Kopel Sánchez y CEO de In. Studio.
La arquitectura y el diseño también incorporan el concepto de neuroarquitectura, una disciplina que busca comprender cómo los espacios influyen en emociones y comportamientos. En esa línea, Marcelo Armas, arquitecto del proyecto Torres Cardinal de Liderus Holding, sostuvo: “La nueva contemporaneidad post pandemia ha aumentado una tendencia que nos invita a pensar las viviendas ya no solo como el espacio de construcción de hogares, sino que también como un espacio de producción y trabajo”.

