Maestranza SIGU probó Hardox HiAce en tornillos para biomasa y midió desgaste
La metalmecánica aplicó el acero de SSAB en alimentadores de calderas en la planta Horcones de Celulosa Arauco y, tras 12 meses de operación continua, registró pérdidas máximas de 1,4 mm en el manto y 1,3 mm en los álabes, con foco en continuidad operativa y menor intervención de mantenimiento

Maestranza SIGU completó una prueba en operación continua de tornillos alimentadores fabricados con Hardox HiAce, acero de SSAB, para el manejo de biomasa en condiciones de alta exigencia. La evaluación se realizó en la alimentación de calderas con corteza de eucalipto y pino en la planta Horcones de Celulosa Arauco, donde los equipos trabajan con abrasión constante, alta humedad y variaciones de pH.
La iniciativa se enfocó en un problema recurrente en este tipo de procesos industriales: la necesidad de optar entre materiales con buena resistencia a la corrosión pero menor desempeño frente al desgaste, o aceros duros con resistencia química limitada. En ese marco, la compañía desarrolló tornillos alimentadores con Hardox HiAce para resistir en simultáneo la abrasión y la corrosión sin comprometer la integridad estructural. El proyecto quedó planteado como la primera aplicación en el mundo de este producto en ese tipo de componente.
En términos de propiedades mecánicas, Hardox HiAce se describe con una dureza típica de 425–475 HBW y un límite elástico cercano a 1250 MPa. En la comparación incluida en el caso, el material se ubica por encima del acero inoxidable AISI 316 en resistencia mecánica, con propiedades diseñadas para ambientes corrosivos.
Luego de 12 meses de operación continua, las mediciones registraron desgaste acotado en las partes críticas. En el manto del tornillo, a partir de un espesor original de 6 mm, la pérdida máxima fue de 1,4 mm. En los álabes, con un espesor inicial de 12 mm, el desgaste máximo alcanzó 1,3 mm. A nivel estructural, no se detectaron grietas ni deformaciones, incluso en zonas de mayor exigencia, y las soldaduras mantuvieron su función y estabilidad.
Las mediciones de dureza en distintos puntos arrojaron valores promedio cercanos a 450 HBW. Además, la diferencia entre zonas con y sin contacto directo con el material fue mínima, un dato que se asoció con una resistencia homogénea al desgaste.
“Los niveles de desgaste registrados, tanto en el manto como en los álabes, fueron considerablemente menores a lo esperado para este tipo de aplicación”, dijo Rodrigo Castillo, Gestión Comercial y Negocio de SIGU.
Para procesos donde la continuidad es crítica, la reducción del desgaste y el mantenimiento de la integridad estructural se traduce en menos intervenciones y mayor previsibilidad operativa, a partir de la experiencia relevada en la aplicación de biomasa.
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