“Cuando las personas sienten que su trabajo tiene significado más allá de la tarea, el engagement crece de forma orgánica. En Galicia entendemos que la propuesta de valor tiene que adaptarse a cada persona, por eso evolucionamos y revisamos constantemente nuestras iniciativas, para que el bienestar siga siendo un eje central de nuestra cultura y no una temática aislada en agenda”, sostiene Karen Salomon.
¿El bienestar laboral dejó de ser un “plus” para convertirse en un eje estratégico de competitividad? ¿Por qué? ¿Qué falta?
Definitivamente, hoy las personas no solo buscan un buen salario, sino que esperan un equilibrio real entre vida personal y laboral, un entorno de confianza, espacios de desarrollo y cuidado de la salud mental. En un mercado cada vez más competitivo, el bienestar integral se convierte en una ventaja diferencial que nos permite acompañar al talento.
En Galicia entendemos que el bienestar dejó de ser un beneficio accesorio para convertirse en parte de la identidad cultural. No lo vemos como un gasto, sino como una inversión estratégica alineada al negocio; equipos más cuidados y equilibrados logran mejores resultados.
Entendemos que es importante medir ese impacto, integrar el bienestar en la estrategia de negocio, formar a los líderes como promotores y diseñar propuestas flexibles que se adapten a la diversidad de necesidades. El desafío es evolucionar constantemente, porque lo que hace tres años era un diferencial, hoy ya es un estándar esperado.
¿Qué esperan las nuevas generaciones sobre el bienestar laboral que probablemente no esperaban las generaciones anteriores? ¿Cómo se articulan las diferentes necesidades en un entorno de diversidad generacional?
Las nuevas generaciones buscan un bienestar personalizado que abarque lo físico, lo emocional, lo financiero y lo social. Valoran la flexibilidad real, es decir, poder decidir cómo y cuándo trabajar, con confianza y autonomía.
Además, esperan que el trabajo tenga sentido y propósito, ser parte de una organización con valores claros y que los invite a ser parte de algo más grande que uno mismo. No se trata solo de beneficios, sino de una cultura de confianza que les permita opinar, innovar y equivocarse.
En un entorno de diversidad generacional, la clave está en la escucha activa y la co-creación. Una persona joven que recién inicia su carrera no necesita lo mismo que alguien con hijos pequeños o que está pensando en su retiro. Por eso buscamos diseñar una oferta diversa y flexible, para que cada persona elija lo que mejor se adapta a su momento de vida.
Roles indispensables
¿Cuál es el rol del liderazgo en la construcción de una cultura de bienestar? ¿Cuáles son los retos principales?
El liderazgo es central y no solo es cuestión de implementar políticas, sino de ser ejemplo y de crear un entorno donde las personas se sientan valoradas y escuchadas. Los líderes en Galicia son un canal clave; son los primeros en promover prácticas de cuidado y en hacer que el bienestar se vuelva cotidiano y tangible.
Los principales retos podríamos decir que son tres: transformar culturas tradicionales que aún priorizan el control y el presentismo por sobre la confianza y la autonomía, gestionar la diversidad generacional y cultural -que exige una mirada flexible e inclusiva- y dar coherencia, o sea, que las prácticas de bienestar no sean aisladas, sino parte de una estrategia cultural consistente.
El liderazgo, en definitiva, es el puente que convierte los programas en experiencias reales para las personas.
¿Qué nuevas dimensiones del bienestar se sumaron en los últimos dos años y cuáles cree que se sumarán en los próximos dos?
En los últimos años, tres pilares se consolidaron como indispensables: bienestar emocional, financiero y físico. La salud mental, en particular, pasó de ser un tema tabú a un eje estratégico. De cara al futuro, vemos dos tendencias claras, el bienestar espiritual y propósito, con una mirada más holística que ayude a las personas a encontrar sentido en lo que hacen y el bienestar climático y ambiental, porque las nuevas generaciones exigen entornos más sostenibles y organizaciones comprometidas con el planeta.
A esto se suman las prácticas diarias que hacen real el bienestar, como políticas de desconexión, reuniones con foco, espacios de feedback, flexibilidad para necesidades personales.












