El cine York le dice adiós a Béla Tarr
Sin luz en la oscuridad no se pueden hacer películas”, decía Béla Tarr. Su cine parece haber tomado esa idea al pie de la letra: películas donde la oscuridad, el tiempo y la espera se vuelven materia cinematográfica. Con apenas nueve largometrajes, el director húngaro construyó una de las obras más

Sin luz en la oscuridad no se pueden hacer películas”, decía Béla Tarr. Su cine parece haber tomado esa idea al pie de la letra: películas donde la oscuridad, el tiempo y la espera se vuelven materia cinematográfica. Con apenas nueve largometrajes, el director húngaro construyó una de las obras más singulares del cine contemporáneo, marcada por largos planos secuencia, paisajes devastados y personajes que avanzan —obstinados— en medio de un mundo en descomposición. En sus imágenes, el barro, el viento, la lluvia y el silencio tienen tanto peso como los propios cuerpos. Tarr convirtió la experiencia de mirar en una forma de atravesar el tiempo y el deterioro, filmando historias donde lo social, lo filosófico y lo existencial se entrelazan. Este ciclo propone recorrer algunas de sus obras fundamentales: un cine austero, hipnótico y profundamente físico que, incluso en su oscuridad, sigue buscando una forma de luz.
Jueves 16/4
18 hs.
La condena
Karrer lleva una vida retirada en una población minera. Las tardes las pasa siempre en el bar Titanik, cuyo dueño le propone participar en una operación de contrabando, pero él prefiere cederle ese trabajo al marido de la cantante del bar.
Con “La condena”, Béla Tarr encuentra definitivamente la forma que haría inconfundible su cine. Aquí aparecen con claridad sus largos planos secuencia, sus paisajes lluviosos y ese tiempo dilatado que transforma cada gesto en una experiencia física. Ambientada en una ciudad minera en decadencia, la película convierte una historia de deseo, traición y fatalidad en una atmósfera total donde el clima, la arquitectura y los cuerpos parecen atrapados en el mismo destino. Es el comienzo de la colaboración con el escritor László Krasznahorkai y el punto en que el cine de Tarr pasa del realismo social a una dimensión más oscura y metafísica.
20:30 hs.
El intruso
Retrato de un joven inestable, a la vez obrero de fábrica y enfermero. El hombre, que también toca el violín, parece incapaz de hallar la felicidad junto a una mujer, ya sea con la madre de su hijo o con la que finalmente se casará.
En “El intruso”, uno de sus primeros largometrajes, Béla Tarr aún trabaja dentro de un registro cercano al realismo social. La película sigue a un joven errático que atraviesa trabajos precarios, relaciones inestables y una constante dificultad para encontrar su lugar en el mundo. Aunque su estilo todavía es más directo que en sus obras posteriores, ya aparece la mirada profundamente humana del director sobre los individuos atrapados por su entorno. Este film permite ver el origen de su cine: un interés radical por la vida cotidiana, por los rostros y por la fragilidad de la existencia.
Viernes 17/4
18 hs.
Armonías de Werckmeister
Dir. Béla Tarr, Ágnes Hranitzky
Llega a la ciudad un espectáculo ambulante que promete exhibir a la ballena más grande del mundo. Despierta también una gran curiosidad una figura misteriosa e imprevisible a la que llaman “el Príncipe”.
Con “Armonías de Werckmeister”, Béla Tarr y Ágnes Hranitzky, su colaboradora fundamental en la construcción de su cine, alcanzan una de las cumbres de su obra. La llegada de un circo que exhibe el cadáver de una gigantesca ballena altera la calma de un pequeño pueblo y desata una inquietante ola de violencia. A partir de ese acontecimiento mínimo, la película se convierte en una parábola sobre el caos, el miedo colectivo y la fragilidad del orden social. Sus hipnóticos planos secuencia y su atmósfera nocturna construyen una experiencia cinematográfica única, donde el tiempo, el paisaje y los cuerpos parecen arrastrados hacia una oscuridad inevitable.
20:30 hs.
El caballo de Turín
Dir. Béla Tarr, Ágnes Hranitzky
Libremente inspirada en un episodio que marca el fin de la carrera del filósofo Friedrich Nietzsche. En una atmósfera post apocalíptica, se nos muestra la vida del cochero, su hija y el viejo caballo.
“El caballo de Turín”, codirigida por Béla Tarr y Ágnes Hranitzky, es la última película del cineasta húngaro y también su gesto más radical. Inspirada en el episodio en que Friedrich Nietzsche abrazó a un caballo maltratado antes de caer en el silencio, la película observa la rutina de un padre, su hija y su animal en un paisaje azotado por el viento. Con una austeridad extrema, Tarr y Hranitzky reducen el cine a lo esencial: tiempo, repetición, trabajo y resistencia. El resultado es una obra que funciona como testamento artístico, una meditación sobre el fin de un mundo y, al mismo tiempo, sobre los límites mismos del cine.
Las funciones son en el cine York, Juan Bautista Alberdi 895, Olivos. La entrada es gratuita por orden de llegada.
