—¿El nombramiento de Javier Tizado en la Secretaría de Industria y el anuncio del compre nacional representan un cambio en el rumbo de la política económica y en la estrategia de alianzas del gobierno con el sector privado?
—Tizado proviene del sector industrial, así como algunos otros miembros del gabinete han trabajado en el sistema financiero, y otros estaban en universidades, como yo. Esto no significó que hubiera una alianza con los bancos, o una política a favor de las universidades privadas. Aquí no hay una coalición política con Techint. Sencillamente, ingresó al equipo económico un hombre con una gran capacidad de gestión, con una visión muy clara e idéntica a la nuestra acerca de cuáles deben ser las políticas procompetitivas del gobierno.
Ciertamente, uno puede decir que la incorporación de una persona vinculada con el grupo más moderno del capitalismo industrial argentino suscitará expectativas favorables en ese sector. Pero, justamente, por venir del núcleo más moderno, su participación en el gabinete económico representa un no al proteccionismo y una confirmación del rumbo de la gestión.
—Ha habido, sin embargo, señales de preocupación desde la banca y los servicios.
—Así titularon algunos diarios. Puede ser que alguna gente fuera del gobierno quiera presentar la cuestión como un conflicto entre sectores. Nosotros no tenemos una visión de ese tipo. Cada vez es más difícil hablar de sectores transables y no transables. Si la Argentina va a multiplicar sus exportaciones, tiene que hacerlo pensando que también hay muchos servicios que se pueden exportar. El país está en perfectas condiciones de exportar software para todo el mundo de habla hispana. Y es obvio que está capacitado para exportar servicios de turismo y lo está haciendo cada vez más. Entonces ¿es posible seguir hablando de la división entre servicios y bienes? Me parece que son miradas totalmente perimidas.
—Pero resulta inevitable pensar que el compre nacional apunta a favor de las posturas más proteccionistas.
—Esos son eslogans. Lo que está claro es que nosotros estamos a favor de la apertura económica, hasta podríamos decir que somos librecambistas. Pero no somos estúpidos. Ahora bien, no ser estúpidos y esto marca una diferencia de nuestra política económica con la de los años ´90 es saber que una de las políticas centrales para lograr un crecimiento sostenido en la Argentina es abrir nuevos mercados. O sea, pelear contra el proteccionismo de los otros.
Lo que hicimos, con el compre nacional es algo que combina una mejora relativa de la situación de los productores nacionales con un aumento en la competencia en el sistema de compras de los entes públicos y de los servicios privatizados. Estamos permitiendo una segunda vuelta para que una empresa nacional pueda igualar la cotización de la mejor oferta y ganar. Pero no le estamos dando una preferencia de precios. Si está hasta 5% arriba de la mejor oferta, tiene derecho a presentar una nueva cotización. Eso quiere decir que la empresa extranjera concesionaria que eventualmente no digo que lo haga podría llegar a intentar una maniobra para inflar los precios de transferencia y llevar beneficios a su casa matriz o empresa vinculada, ahora, si quiere ganar la licitación, tiene que bajar la cotización para que la empresa local no pueda igualarla.
Esto tendrá dos resultados positivos adicionales. Por un lado, ayudará a los entes reguladores a negociar precios mirando los verdaderos costos, y no costos inflados. Por otra parte, contribuirá a que la Afip controle precios de transferencia. Porque esa amenaza competitiva de la segunda cotización operará como un disuasivo para la aplicación de precios de transferencia inflados por una concesionaria. Se ha dicho que vamos a un sistema proteccionista. En realidad, vamos hacia un sistema más competitivo, que baje los costos y que le permita a la Argentina competir mejor en el mundo.
—Hasta ahora, la política económica parecía basarse en la idea del círculo virtuoso: el riesgo país más bajo generaría inversiones, bajarían las tasas y, por lo tanto, habría crecimiento. Pero muchos economistas dicen, ahora, que el círculo es vicioso, no virtuoso…
—Nosotros seguimos creyendo que una política de avance hacia una solvencia fiscal sólida y persistente en el tiempo es fundamental. Nada se puede construir sobre la base de un Estado financieramente frágil. Estamos convencidos, también, de que un Estado más sólido y que va hacia la solvencia fiscal permite bajar el riesgo país y tiene un efecto verdaderamente virtuoso. El hecho que en el medio hayan ocurrido cosas tales como las turbulencias financieras del Nasdaq y el aumento de la tasa de interés en Estados Unidos no invalida el argumento. Simplemente, hubo obstáculos externos que impidieron que el círculo virtuoso operara plenamente.
—¿Pero las expectativas están puestas ahora en la capacidad reactivadora del compre nacional?
—La voz de orden es crecimiento, no reactivación. Parece un juego de palabras, pero no lo es. Cuando todos percibamos que éste es el rumbo de la Argentina, entonces vamos a percibir simultáneamente que hay un proyecto de crecimiento ya en marcha y eso va a ayudar a la reactivación. Ahí se va a empezar a armar un clima de optimismo que hoy falta. Cuando se vea que el proyecto de crecimiento está en marcha y da resultados, cuando se vea como se ve este año, ya que las exportaciones están creciendo a 14% anual y el año que viene van a volver a crecer en esa misma magnitud y, por lo tanto, se vea que la Argentina se está metiendo en el mundo con nuevos productos, de manera competitiva, y sin comprometer la solvencia fiscal, entonces vuelve el entusiasmo y el optimismo.
Me gusta decir que vamos a salir, no por la terapia intensiva, sino por la sala de partos y la nursery. Esto no quiere decir que no vamos a ayudar a una empresa eficiente, que tiene problemas, y que sin embargo es potencialmente competitiva. No somos necios. Pero si yo tuviera que decir dónde está la apuesta grande, diría que está en el nacimiento de proyectos y no en el salvataje.
—En los últimos meses arreciaron los rumores sobre la renuncia del ministro Machinea, a quien un economista con predicamento en el ambiente empresario, como Miguel Angel Broda, no tuvo empacho en descalificar. ¿Qué hay detrás de estas campañas?
—Yo creo que Broda, con esa declaración, se hizo más daño a sí mismo que el daño que eventualmente pudo haber querido hacerle al ministro. Yo no creo en ninguna conspiración. Fue un papelón de Broda. Un mes antes había escrito un artículo en La Nación diciendo que la economía en el segundo semestre se expandía sin parar. Pero de pronto salió a argumentar que, para que la economía crezca de verdad, el ministro tenía que ser rubio y de ojos azules, que debía tener reputación.
—¿Con Tizado se endurece la posición negociadora frente a Brasil?
—No hay ningún cambio de política que venga de la mano del ingreso de Tizado. Nosotros negociamos con Brasil dura y lealmente. Y quiero subrayar lo de lealmente porque el cambio que ocurrió en la negociación dentro del Mercosur, y particularmente con Brasil, desde que nosotros llegamos, ha sido notable. Supuestamente, Brasil era el lugar adonde se iban nuestras empresas en diciembre. Hoy nadie dice eso. Todo el mundo dice que Brasil es una oportunidad, que cada vez estamos exportando más a Brasil, que algunas empresas industriales empiezan a recibir de nuevo pedidos de Brasil porque se reactiva. Hay una apreciación del real. Hay una mejora del tipo de cambio bilateral. Es decir las noticias son, en ese sentido, buenas y lo que ellos ven es lealtad. Perciben que nosotros jugamos a favor del Mercosur. No creemos en la dolarización, ni en la devaluación. No creemos en atajos. La política es ésta; y será una política que lleva tiempo, pero que da esperanza. Y en esa política, una de las cosas fundamentales es que creemos en el Mercosur, en un Mercosur más abierto, eso sí. Por eso nosotros siempre, en la negociación con Brasil, estamos pidiendo reducir los aranceles de los bienes de capital y de los productos informáticos porque son indispensables para este proyecto de crecimiento. Este es el nuevo desarrollismo.
—Antes de asumir, Machinea dijo que uno de sus objetivos era que las AFJP bajaran las comisiones.
—Sí, y estamos demorados. Hay un mecanismo, que habíamos planeado y que hay que discutir un poco todavía, que es asignarle los indecisos a la AFJP que cobre la menor comisión. En realidad, queríamos incorporar esto dentro de un paquete global de reforma previsional. Pero estamos estudiando, en este momento, si lo hacemos separadamente, porque la ley va a tardar un tiempo.
—¿Esto iría acompañado por la alternativa de que actuales afiliados a las AFJP puedan volver, si lo desean, al sistema de reparto?
—Siempre y cuando haya una reforma previsional de fondo en la Argentina que baje el gasto público, y que al mismo tiempo apunte a ampliar la cobertura del sistema, que es el problema central que tenemos hoy. Nosotros estaríamos dispuestos, entonces, a abrir temporariamente, para todos aquellos que estén al día con las AFJP, un período de reflexión para que puedan confirmar o revisar su decisión de quedarse en el sistema de capitalización. Como nosotros estamos tranquilos y creemos que casi nadie se va a pasar, y tenemos ya un sistema mixto, porque existe una prestación básica universal, que es de carácter público, en el propio sistema de capitalización, estaríamos dispuestos a conceder esa apertura bajo esas condiciones.
—¿Qué se puede hacer con respecto a las tasas de interés?
—Yo diría que, básicamente (y vuelvo al componente ortodoxo y central de nuestra política) se trata de reducir el riesgo país. Ese es el punto. Esto no quiere decir que uno no pueda trabajar por una mayor eficiencia en el sistema financiero argentino. Esos dos elementos combinados van a hacer bajar las tasas de interés.
—¿Cómo hay que interpretar la deflación de agosto?
—Estamos saliendo del proceso deflacionario lentamente. De todas maneras, yo no creo que deflación sea sinónimo de depresión económica, sobre todo con estas magnitudes de deflación. Si somos muy eficaces en nuestra política de reducción de costos, nosotros mismos le estamos introduciendo un componente deflacionario a la economía. Y es un componente virtuoso, porque sirve para que la economía crezca. Entonces, se puede llegar a tener en algún momento una leve deflación con un crecimiento económico importante.
