Ignacio Gutiérrez Zaldívar, director de Zurbarán, asegura que, en los últimos 25 años, la canasta de artistas de su galería obtuvo un promedio de rentabilidad anual acumulada, en dólares, de 18%.
Los especialistas del mercado coinciden en que la inversión en obras de arte es, sin duda, un negocio rentable y notablemente preservado de los vaivenes de la economía.
Sin embargo, y a pesar de las cifras prometedoras, todos formulan una advertencia: éste no es un negocio para impacientes. La inversión en arte no puede compararse con una colocación financiera, y las ganancias aparecen sólo a mediano o largo plazo.
“Hay que esperar por lo menos cinco años para tratar de vender la obra que uno adquirió”, aclara Javier Roldán, director de la casa de subastas Roldán y Cía .”Yo calculo que en ese lapso, se puede, como mínimo, duplicar el precio en dólares y, en diez años, se puede quintuplicar el valor.”
Gutiérrez Zaldívar aporta un ejemplo extraído de su propia experiencia: una de sus primeras adquisiciones fue una naturaleza muerta del argentino Eugenio Daneri, que le costó US$ 400 dólares. “Hoy, 35 años después, esa misma pintura ronda los US$ 18.000”, señala. Es decir que, en este prolongado y agitado período, consiguió un rendimiento anual de 11,5%.
Por este motivo, argumenta Roldán (en cuya casa se remata más de 50% de las obras de los pintores argentinos del mercado) el negocio del arte no sólo es atractivo para los particulares. “En los últimos años, los fondos de inversión y las empresas vienen destinando parte de sus utilidades a este mercado, porque los beneficios son auténticos”, afirma. “La globalización aumenta la cantidad de interesados que ingresan al circuito para disputárselas”.
Roldán asegura que éste es un buen momento para iniciar una inversión en pintores argentinos. “El valor de los cuadros está dentro de los parámetros normales y, por lo tanto, hay buenas perspectivas de cotización a futuro”.
Más para menos
Záldívar muestra en números la transformación del negocio: “A mediados de la década de 1970, unas 150 galerías acumulaban un volumen de ventas de US$ 15 millones. Hoy, el sector se ha profesionalizado. Hay menos de 20 galerías, pero mueven alrededor de US$ 100 millones anuales”.
Instalados en el terreno de las cifras, los expertos calculan que con US$ 5.000 se puede adquirir un cuadro argentino de calidad. Además, aclaran, las posibilidades de financiación son amplias.
Según Roldán, una de las claves a tener en cuenta en estos casos es la diversificación de la inversión. “No conviene apostar todo el capital a una sola pieza. Si uno cuenta, por ejemplo, con US$ 100.000 yo aconsejo hacer un mix de diez obras a un precio promedio de $ 10.000″.
El mayor desafío, sin embargo, reside en la elección. Por lo pronto, la inversión en clásicos argentinos (Soldi, Spilimbergo, Quirós, Berni, Molina Campos, Fader, entre otros) disminuye los riesgos.
Orly Benzacar, codirectora de la galería Ruth Benzacar, señala que, si el cliente quiere invertir mucho y arriesgar poco, generalmente se decide por artistas consagrados. “Si, por el contrario, quiere ceder menos capital, pero con un poco más de riesgo, elige a los artistas jóvenes”.
Riesgos y garantías
“La obra de arte es uno de los objetos de mayor valor agregado que existe en el mundo; y hay que tener en cuenta que, a grandes ganancias, grandes estafas”, se encarga de advertir Gutiérrez Zaldívar. “Los grandes marchands y galerías del mundo saben que su mejor agencia de publicidad son los clientes y, por lo tanto, van a tratar de aconsejar la mejor inversión.”
Orly Benzacar recomienda buscar, en todos los casos, referencias que otorguen seguridad a la decisión. “El certificado de calidad es la historia del autor y también la trayectoria de quien lo muestra y ofrece”.
Eduardo Grüneisen, presidente de Yenny / El Ateneo y coleccionista de unas 160 obras de la vanguardia figurativa del arte argentino, afirma que nunca compra por recomendación y que es esencial conocer y explorar con profundidad al autor del cuadro. “Ya sea que uno decida invertir en artistas vivos o muertos, es necesario hacer una investigación propia y buscar una adecuada documentación sobre ellos”, aconseja Grüneisen. “Si las obras han sido reproducidas en catálogos o libros o si han participado en exposiciones y muestras dentro y fuera del país de origen, uno encuentra, en cierta medida, garantías para la inversión”.
Ante todo, darse el gusto
Benzacar recomienda adoptar una actitud muy abierta para explorar el mercado. “Lo fundamental es no inhibirse y estar dispuesto a recorrer galerías. No hay que dejar de ver y preguntar para poder definir, además, qué es lo que a uno le gusta”.
En la decisión de la compra el gusto personal es, según los especialistas, una condición primordial. Como destaca Roldán, hay que convivir con las obras que se adquieren. “La inversión no sólo es interesante en el aspecto económico, sino también en el plano espiritual, porque apela a la sensibilidad, a la gratificación estética que genera”.
El empresario Eduardo Constantini, titular del grupo Consultatio y reconocido coleccionista, aclara, sin embargo, que aunque trata de comprar lo que le gusta, aprendió a hacerlo de forma disciplinada. “Yo creo que el mejor consejo para empezar es estar seguro del valor artístico de una obra. A través del tiempo, si se cumple esta primera condición y muchas veces al margen del gusto personal se obtiene el valor económico”, asegura.
En realidad, Constantini es uno de los mejores ejemplos del coleccionista exitoso que empezó en el negocio sin demasiado conocimiento de la materia. Cuando tenía 23 años compró en cuotas su primer cuadro (un Leopoldo Presas) en una galería de arte que estaba cerca de su casa, en la zona norte de Buenos Aires.
A casi tres décadas de esta primera adquisición, Constantini
puede exhibir una colección de casi 200 piezas de diversos artistas de
la región, valuada en algo más de US$ 40 millones. Las obras serán
exhibidas en el Museo de Arte Latinoamericano que el empresario inaugurará
en marzo en Buenos Aires.
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