miércoles, 17 de junio de 2026

    El pe$o de la ley

    Antes de contratar a desarrolladores de páginas, y minutos después de tener el business plan en la mano, los autores de una idea destinada a subir al ciberespacio tienen que crear una empresa y pensar en los contratos que deberán firmar para desarrollar su sitio. Las decisiones que hay que tomar en este terreno no se limitan a elegir entre una sociedad anónima y una de responsabilidad limitada. Es preciso determinar, por ejemplo, si conviene inscribir la sociedad en la Argentina o, como está de moda, en el estado norteamericano de Delaware.


    Después, es necesario cerciorarse de que el nombre no esté registrado en todos los países en los que el sitio busca tener presencia. Y eso es sólo el comienzo de una larga lista de tareas que están empujando a cada vez más clientes a los estudios de abogacía.


    Sin corbata y sin tiempo


    Entre los más solicitados por las e-companies sobresale Allende & Brea, uno de los bufetes de mayor reputación entre los empresarios argentinos. Tiene 160 start-ups en su lista de clientes y también representa a unos 20 inversores dedicados a sembrar capitales en la Web. Del centenar de profesionales que trabajan en el estudio, 30 están dedicados full time a contratos de Internet.


    Según relata Horacio Granero, a cargo del área especializada en herramientas legales para la Red, el fenómeno cibernético hizo su aparición en Allende & Brea el año pasado, cuando uno de los socios más jóvenes, Gustavo Garrido, ofreció los servicios de la empresa a unos amigos que querían iniciar un proyecto en la Web. Luego se fueron sumando otros clientes que hicieron que se multiplicaran por seis los cinco profesionales que atendían el área en 1999.


    Pero no todos los emprendedores que se acercan al estudio son tomados como clientes. “Rechazamos 20% de los proyectos. Algunos no nos interesan y, por supuesto, todos deben tener un objeto legal lícito”, explica Granero.


    En Allende & Brea tuvieron que acostumbrarse al cambio de estética de sus visitantes. “Se modificaron las características de nuestros nuevos clientes: son jóvenes desenfadados que no usan corbata. Vienen sin plata pero con buenas ideas”, describe Granero. Los abogados no sólo debieron adecuarse a tratar con un nuevo modelo de hombre de negocios, sino que también fue necesario que modificaran sus tiempos de trabajo. “Antes estudiábamos, le dábamos más prioridad a un proyecto que a otro. Pero en Internet todo es instantáneo”, se resigna el experto de Allende & Brea en derecho de la alta tecnología.


    Una idea y algo más


    La recomendación de los abogados es pensar bien qué se quiere hacer antes de lanzarse a poner un sitio en la Red. Las empresas de Internet deben cuidar más que otras los detalles jurídicos de su constitución porque todas aspiran a atraer inversiones.


    “El proyecto debe estar estructurado para realizar el start-up y permitir la recepción de inversiones de acuerdo con los parámetros de los fondos. Si la empresa piensa lanzar una Oferta Pública Inicial de acciones (IPO) el asesoramiento que necesita es distinto del que recibe si sólo planea incorporar un socio estratégico”, explica José María Cier, del estudio Cier, Regueira y Asociados, otro de los que incrementó fuertemente su actividad gracias a el lanzamiento de empresas punto com: actualmente, 20% de sus clientes y 30% de sus ingresos provienen de la nueva economía.


    La incursión del bufete en los negocios cibernéticos se debió a que sus clientes de toda la vida comenzaron a participar en proyectos en la Web y necesitaron asesoramiento.


    “En los últimos seis o siete meses, buena parte de las consultas que recibimos de empresas tradicionales tienen que ver con la crisis: demandan servicios de resolución de convocatoria de acreedores, por ejemplo. La creación de firmas de Internet generó un nuevo espacio de negocios. Para una Pyme, es casi imposible recibir un crédito de US$ 300.000. En cambio, para obtener ese dinero, una punto com sólo necesita una idea, un business plan y un equipo gerencial”, afirma.


    Sin embargo, la caída del Nasdaq volvió más exigentes a los inversores. “Actualmente, habrá entre 300 y 400 proyectos operativos relacionados con la Red, a pesar de que se estimaba que llegarían a 3.000 para fin de año. La caída de las acciones de las empresas tecnológicas cambió el escenario y no creo que se llegue a esa cifra”, afirma Cier.


    Delaware, capital on line


    A la hora de dar consejos, los abogados sugieren que los emprendedores punto com armen una sociedad holding con base en Delaware. “No es un paraíso fiscal, pero tiene normas muy claras para empresas y el Poder Judicial es transparente, correcto y muy rápido. El inversor, que viene de Estados Unidos, sabe que no habrá problemas”, explica Granero, cuyo estudio cuenta con oficinas en Nueva York y convenios con colegas de todo el mundo.


    Después vienen los contratos entre accionistas, el registro de dominios en la Argentina y el exterior, de logotipos, del look & feel (diseño de la portada del sitio), acuerdos de hosting o housing, publicidad (banners o fija), comercio electrónico, desarrollo de planes de stock options.


    Además, los sitios requieren asesoramiento impositivo y laboral, un trabajo que no difiere mucho del que necesitan las firmas de la economía real. A la hora de hablar del costo de estos servicios, los abogados prefieren limitarse a indicar que los honorarios rondan entre US$ 100 y 200 por hora. “En algunos casos, cobramos una parte en acciones, pero para eso debemos tenerle mucha confianza al proyecto. Luego recibimos el pago en la primera ronda de capitalización”, explica Granero, quien rechaza la difundida noción de que Allende & Brea es uno de los estudios más caros del país. “Nadie se fue por una cuestión de precios. Tenemos 40 años de experiencia y eso tiene un valor”, argumenta.


    En Cier, Regueira y Asociados no reciben acciones en parte de pago. “Vivimos de nuestra profesión, así que cobramos por nuestro trabajo; pero tenemos honorarios adecuados a los start-ups y acuerdos flexibles, como por ejemplo que abonen parte del costo luego de la ronda de capitalización. Sin embargo, hoy la visión de los inversores está cambiando y no están dispuestos a que con su plata se cancelen servicios anteriores; prefieren que se usen acciones de los fundadores y que su dinero se vuelque hacia la expansión”.


    Hay otros estudios ­en su mayoría especializados en algún aspecto del negocio­ que fueron ganando clientes punto com, como los de Marval, O´Farrell & Mairal; Alegría; Morrison; Muñoz de Toro; Baker & Mackenzie y Negri, Teijeiro & Incera. Incluso se lanzó en el país una incubadora legal, formada por el estudio español Cremades y el argentino Gallego y Martínez Fazzalari, que se especializa en derecho de las telecomunicaciones e Internet.