miércoles, 29 de abril de 2026

    Llegaron los monobancos

    En los últimos ocho meses, el Banco Central (BCRA) autorizó a seis nuevas entidades para que comiencen a operar en el mercado financiero local. Más allá de la curiosidad estadística, el número de altas concedidas tiene, al menos, dos lecturas.


    La más obvia sugiere que por primera vez desde que rige la convertibilidad, la cantidad de autorizaciones otorgadas por la autoridad monetaria en un período supera a la de bajas. Vale recordar que desde que el efecto tequila disparó la depuración y la concentración del sistema, desaparecieron (por revocaciones, absorciones, compras, quiebras o fusiones) más de 100 entidades financieras. Pero en el último año, la que se había instalado como una tendencia definida aminoró su ritmo.


    Los analistas advierten que aún quedarán en el camino varias entidades más, especialmente porque todavía resta una segunda ronda de fusiones entre los más grandes, en muchos casos como producto de movimientos que se verifiquen en otros mercados. Pero también reparan en que la renovada fuerza que muestra la tasa de natalidad del sistema está denunciando la gestación de una nueva etapa, signada por la aparición de los especialistas.


    A esta conclusión llegan tras revisar los nombres y los currículum de los recién llegados. Desde fines del ´98 hasta la fecha, el BCRA concedió permiso para operar a los bancos Cetelem, de Servicios Financieros, Kookmin Bank, Heller Financial Bank, Bradesco, Cofidis y Urquijo. E hizo lo propio con las financieras de las compañías automotrices Daimler Chrysler (rebautizada Debis), Fiat y General Motors, además de General Electric (GE) Capital GCF de Argentina, brazo financiero institucionalizado de esa gigante mundial.


    Nueve de ellos son extranjeros. Tres, como ramas financieras de otras tantas automotrices, vienen a trabajar sólo en la colocación de préstamos prendarios para impulsar las ventas locales de esas compañías. Cuatro corresponden a instituciones cuyo objetivo explícito es colocar préstamos para el consumo (Cetelem, Servicios Financieros y Cofidis están ligados a las operaciones locales de la cadena de hipermercados Carrefour).


    Uno, el Kookmin, apunta a motorizar los negocios de la comunidad coreana. Otro, el Bradesco, pretende apuntalar los negocios de brasileños en la Argentina y de argentinos en Brasil. El español Urquijo se concentrará en el asesoramiento financiero y patrimonial de individuos acaudalados (ver MERCADO Nº 990, mayo de 2000). Y el Heller, sostenido por capitales de origen japonés, está especializado en factoring (descuento de cheques y facturas) y en el prometedor negocio del leasing, que ahora cuenta con un marco legal más propicio para desarrollarse.


    En ningún caso se trata de actores que vienen a pelear por un lugar en el negocio universal, tal como fue el objetivo, en su momento, del Santander, el Banco Bilbao Vizcaya (BBV), el Hong-Kong Shangai Banking Corporation (HSBC) o el Crédit Agrícole.


    Precisamente, ese contraste con el pasado reciente es el testimonio más elocuente del cambio. “En la Argentina está comenzando a registrarse un fenómeno que ya se verificó en mercados más desarrollados que el nuestro: el de la especialización”, evalúa Carlos Pérez, analista jefe de la Fundación Capital.


    En las plazas bancarias más consolidadas es común encontrar un grupo de entidades muy grandes que desarrollan negocios universales. El resto son entidades medianas ­algunas, de alcance eminentemente regional­ o, directamente, más pequeñas y enfocadas a un tipo particular de negocio.


    Los capitales mínimos


    El hecho de que sean extranjeros los motores de este cambio responde, según coinciden banqueros y analistas, a un sesgo discriminatorio que mantienen las reglas de juego del BCRA. El punto central es el requerimiento universal de capitales mínimos, que exige un patrimonio básico de US$ 15 millones a cada entidad que ingrese al sistema minorista o de US$ 10 millones a las que se dediquen sólo a operaciones mayoristas.


    “Son exigencias extremadamente elevadas, según surge de la comparación internacional”, opina Augusto Magliano, director ejecutivo de la Asociación de la Banca Minorista (ABM) y recién designado para ocupar uno de los dos sillones vacantes en el directorio del BCRA. Y agrega: “Para tener una idea, sólo el estado de Nueva York exige a las entidades que operan allí la misma suma”.


    Para los grandes actores internacionales esa imposición es casi irrelevante. Pero para los locales supone, en muchos casos, una barrera de acceso infranqueable. Ello, en buena medida, conspira contra una mayor institucionalización del sistema y funciona como un incentivo a operar al margen del marco legal. “Esta norma, sumada a lo que se conoce como Basilea plus, explica el auge de las cuevas y financieras truchas o de las que se disfrazan de mutuales para, en realidad, trabajar como un banco, tomando depósitos y colocando préstamos”, señala un informe de la consultora Ernst & Young.


    El esquema prudencial denominado Basilea plus representa una serie de exigencias adicionales que, en el caso de las entidades que operan en segmentos más riesgosos, eleva aun más los requerimientos de capital a inmovilizar. De lo que se desprende que para ingresar no sólo hay que reunir los US$ 15 millones mencionados sino, además, contar con una reserva aun mayor.


    Pese a todo, en la ABM ­entidad que al cierre de esta edición se aprestaba a cambiar su nombre por el de Asociación de la Banca Especializada y Minorista (ABEM)­ son optimistas. “Ya le acercamos al BCRA, en reiteradas oportunidades, sugerencias para reducir los capitales mínimos o adecuarlos al tipo de actividad”, dice Magliano. Y agrega: “Y la sensación es que ahora nos escuchan”.


    Sus expectativas positivas descansan sobre la experiencia reciente: en abril, el BCRA, haciendo suyo un proyecto que le acercó la ABM, aprobó la nueva normativa sobre descuento de cheques. “Si nos escuchó una vez, ¿por qué no podría hacerlo de nuevo?”, se esperanza Magliano.


    Ilusión con sustento


    Como anticipó MERCADO en su edición de abril pasado, esa ilusión tiene sustento: desde hace meses, una comisión del BCRA analiza reducir sustantivamente la exigencia para las entidades que desarrollen un negocio bancario específico. El nuevo piso se ubicaría en US$ 5 millones.


    Pero, además, hubo otra medida que pasó inadvertida y que demuestra que la nueva orientación de la política de autorizaciones del BCRA va en ese sentido: al concederle recientemente su licencia a la financiera Debis, le impuso una limitación temporaria (sólo puede captar depósitos superiores a US$ 500.000, lo que supone un resguardo para los inversores más pequeños) que se mantendrá hasta que la autoridad financiera tenga comprobación de la responsabilidad de la nueva compañía. Fue la primera vez que el BCRA aplicó un criterio diferencial de autorizaciones, lo que tiende a desplazar el eje de la evaluación desde los capitales hacia la idoneidad, como mejor aprecian los especialistas.


    Ese cambio de criterio, junto a la rebaja de los requisitos de capital, servirá seguramente para estimular el blanqueo de una apreciable cantidad de instituciones que hoy operan al margen de las reglas que fija el BCRA.


    No obstante, los banqueros advierten que serán necesarias más reformas. Por ejemplo, reducir los requerimientos de información que la autoridad financiera demanda a las entidades, fijando, también en este caso, un criterio diferenciado por tamaño de institución y tipo de negocio. “Si fuéramos una sociedad anónima no regulada por el BCRA, sólo por eso ahorraríamos US$ 1,5 millón al año”, calcula Ricardo Maitsch, presidente de la ABM y director del Banco del Sol. “Es lógico que nos controlen y nos obliguen a informar”, admite, pero sostiene que la cantidad de datos requeridos es “desproporcionada”.


    Los nuevos actores


    En cuanto al papel que los nuevos actores cumplirán en el mercado, nadie duda: profundizarán la competencia y tenderán a dominar determinados nichos. No en vano, la jerga financiera internacional define a este tipo de entidades como category killer, por la devastadora capacidad que revelan para avanzar en un tipo específico de negocio.


    “Trabajan con tasas y productos muy especiales, para los que desarrollaron un know how basado en su comprobada experiencia en otros mercados”, anticipa Magliano. Y agrega: “En el caso de los que aquí llegaron, tienen, además, una fuerte disponibilidad de fondos para colocar. Esto equivale a decir que, en el segmento de mercado en que concentren su actividad, están capacitados para competir mano a mano con cualquier banco universal”.


    Una de las ventajas con que cuentan parte de que no sólo eligen el tipo de pelea que quieren dar sino que, además, cuentan con estructuras menores y más flexibles, que les permiten adaptarse más rápidamente a los cambios del mercado. Por eso, no pocos especulan con la posibilidad de que los grandes bancos generen de aquí en más marcas controladas para devolver golpe por golpe, siguiendo la estrategia que, por ejemplo, ya puso en marcha hace años el Banco Francés al generar la financiera Credilogros para dar créditos al consumo.