martes, 9 de junio de 2026

    La válvula del crecimiento

    En la Argentina se producen 360 millones de aerosoles por año, cuyas ventas alimentan un negocio de cerca de US$ 800 millones, lo que consagra al país como un polo de desarrollo para este tipo de manufacturas en América latina.


    La estructura del sector es, por cierto, bastante compleja. Por un lado, están los dueños de las marcas, mejor conocidos como marketers, representados por las principales firmas internacionales de consumo masivo y laboratorios, como Unilever, S.C. Johnson & Son, Gillette, 3M, Clorox, Bayer, Reckitt and Colman, entre otros. Por el otro, se encuentran los fabricantes de partes y propelentes, entre los que se destacan también importantes jugadores internacionales como YPF, Shell y Pan American Energy, que suministran el gas; Precision y Fadeva, fabricantes de válvulas, y Crown, Exal, y Envases del Plata, que producen los envases.


    Según las cifras de la Cámara Argentina del Aerosol (Cadea), que reúne tanto a los fabricantes de partes como a los marketers, de los 362,4 millones de unidades fabricadas durante 1998, casi la mitad (162,1 millones) corresponde a aerosoles que contienen productos de cuidado personal; la mayor parte de ellos (145 millones) son desodorantes y antitranspirantes. Los insecticidas suman otros 117 millones, mientras que los productos para el hogar, entre los que se encuentran desodorantes ambientales, ceras, limpiadores y aprestos, alcanzan una producción de 65 millones de unidades.


    Durante los últimos ocho años, la industria creció a un ritmo superior a 20% anual. El aumento del consumo y la integración de la industria fueron los principales motores del auge.


    Una costumbre argentina


    Los argentinos pelean por el segundo puesto en el ranking mundial de consumo de aerosoles per capita. En Europa, el índice se ubica en 12 unidades por persona y por año, Estados Unidos registra 11 y la Argentina se sitúa entre 10 y 11.


    Según datos de la consultora ACNielsen, los productos en aerosol representan 83,6% de los valores de ventas del rubro desodorantes corporales y 82,4% de las unidades vendidas. Cifras similares se presentan en el caso de cremas y espumas de afeitar: 73,8% de la facturación y 69,1% de las unidades vendidas.


    Las estadísticas de la consultora indican también que estas participaciones relativas no variaron notablemente desde 1997, con lo que se refuerza la idea de que los consumidores argentinos se mantienen fieles a la cultura del aerosol.


    Masa crítica


    Mario Font Guido, al frente de la filial argentina de 3M y presidente de Cadea, explica que este alto nivel de consumo local “se debe, esencialmente, a que la industria argentina es muy eficiente. Se adecuó a los distintos momentos económicos del país con un producto de muy buena calidad a precios relativos interesantes. Por otro lado, hay un gran componente cultural, sobre todo en lo que se refiere a hábitos de limpieza. Además, la industria se adelantó varios años en las transformaciones necesarias para no dañar la capa de ozono”.


    Roberto Manuel Dopazo, director de Compras y Exportaciones de SC Johnson & Son de Argentina y vicepresidente de la comisión directiva de Cadea, coincide en que el aerosol ha alcanzado una posición de privilegio en la demanda de los consumidores locales. “Hábitos culturales, confianza en el sistema de empaque y precios competitivos han permitido que el aerosol no tenga competencia con respecto a otros dispensers, así se trate de bombas, roll-on y otros formatos. La mayoría de la gente usa aerosoles para la higiene personal; los aerosoles dominan las góndolas de los supermercados en insecticidas, acondicionadores de ropa, desinfectantes y desodorantes ambientales, lustramuebles, productos capilares, limpiadores, etc. Si se toma como referencia el volumen de producción de 1998, el consumo anual per capita es de alrededor de 10 aerosoles, una cifra muy superior a la que exhibe Brasil, que llega apenas a 1,5″, argumenta Dopazo.


    Plataforma de despegue


    En 1990 la Argentina produjo cerca de 80 millones de aerosoles, y desde entonces el mercado se multiplicó más de cuatro veces. Con semejante crecimiento, esta década marcó también el desembarco de fabricantes internacionales y cambios en la dirección de los negocios de los marketers, ya que la Argentina se presenta como una importante plataforma para exportar al resto de América latina.


    3M, por ejemplo, fabrica casi con exclusividad aerosoles medicinales en su planta argentina, desde donde exporta al resto del subcontinente, Asia y Australia.


    Con una inversión de US$ 23 millones, Gillette inauguró recientemente una planta en Garín desde donde planea exportar a toda la región. Alejandro Donzelli, gerente de Logística Región Sur de la firma que inventó la hoja de afeitar, y secretario de Cadea, explica que en la nueva planta se manufacturan todos los productos envasados en aerosol para el mercado interno “y estamos instalando otra línea que nos permitirá empacar espumas y geles de afeitar que antes importábamos. Pero, fundamentalmente, desarrollamos esta planta para exportar productos de cosmética en aerosol para el Mercosur”.


    Además de la espuma y el gel de afeitar, Gillette produce y comercializa las marcas de antitranspirantes Dufour y Jovialle.


    Carlos Castro, gerente de Operaciones de Unilever, que comercializa las marcas Rexona, Dove, Impulse, Axe, Patrichs, Efficient y Sedal Hairspray, comenta que la firma concentró la producción de aerosoles para América latina en la Argentina, como parte de una estrategia que apunta a asignar una mayor producción a pocas fábricas. “La planta argentina es la tercera en cuanto a volumen de producción en el mundo y la más moderna”, afirma Castro.


    “Nuestra línea de llenado de aerosoles es una de las de mayor importancia tecnológica en América latina”, apunta, por su parte, Dopazo, de S.C. Johnson.


    Parte por parte


    Todos los marketers consultados coincidieron en que resulta esencial trabajar junto con los proveedores de las materias primas básicas: hojalata y aluminio, propelentes (que también se fabrican en la Argentina) y válvulas, para alcanzar precios competitivos y continuar invirtiendo en tecnología.


    Daniel Enríquez, gerente de Logística y Compras de Crown Cork & Seal, un importante fabricante internacional de productos de empaque, explica que la evolución del negocio de los aerosoles puede medirse a través de dos parámetros: por un lado, las estadísticas de Cadea, que reflejan la producción de aerosoles terminados, es decir, sin discriminar los componentes. En este sentido el crecimiento del envase acompañó, lógicamente, al del producto.


    Pero hay un aspecto que la estadística de la cámara no registra: la exportación de partes de aerosoles, en particular, válvulas y sus componentes y envases vacíos litografiados listos para el llenado en las plantas de los marketers en el exterior. “Aunque no analizamos históricamente el comportamiento individual de los componentes de un aerosol, vale la pena tener en cuenta que, del total de productos en aerosol manufacturados en 1988, aproximadamente 60.000 unidades se exportaron a países del Mercosur. A partir de este dato puede inferirse la evolución del negocio del envase”, explica Enríquez.


    Crown Cork & Seal tiene dos plantas industriales en la Argentina: una en Villa Martelli, y otra en el Parque Industrial de Pilar.


    La facturación anual de la firma suma US$ 100 millones en la Argentina y 8.300 millones en el mundo. La firma opera 247 plantas industriales en 49 países, en las que emplea a unas 38.000 personas, mientras que en la Argentina da trabajo a unas 400. Y a pesar de la diversificación, más de la mitad de los ingresos locales provienen de la fabricación de envases para aerosoles.


    Tradicionalmente, la Argentina gozó de ventajas comparativas que desalentaron la competencia de aerosoles importados. “La oferta diversificada de partes generó una competencia que derivó en la baja de costos”, explica Enríquez. “El país tiene hoy tres fabricantes de envases de hojalata, dos productores de envases de aluminio, cuatro fábricas de válvulas y cinco proveedores de gases hidrocarburos. En cuanto a los marketers, que en general son filiales de grandes compañías trasnacionales, operan con tecnologías similares a las de sus casas matrices. El mismo fenómeno se observa con los fabricantes de partes. En resumen, puede afirmarse que, sin medidas proteccionistas, el mercado argentino de aerosoles encontró su salvaguarda en dos instrumentos básicos: competencia y tecnología de última generación”.


    Cada vez más jugadores


    Rubén Tordini, gerente de Ventas de Precision, confirma el diagnóstico: “La industria se reequipó, ya que los volúmenes crecieron fuertemente e ingresaron nuevos jugadores. Hoy nosotros tenemos aproximadamente 76% del mercado argentino, pero hace 10 años abarcábamos cerca de 90%”, explica. Precision es una compañía internacional especializada en la fabricación de válvulas para aerosoles que lleva más de 30 años en la Argentina. La filial local no sólo abastece al mercado interno, sino que realiza exportaciones de válvulas terminadas por un valor de US$ 4 millones anuales a Chile, Paraguay, Bolivia, Uruguay y Ecuador. Durante su último ejercicio, la firma facturó US$ 30 millones.


    Nuevos mercados


    La industria argentina de aerosoles parece no tener techo, sobre todo si se considera que existen aún mercados apenas explorados. Castro, de Unilever, señala que en el segmento de alimentos, por ejemplo, el aerosol tiene muchas posibilidades de crecimiento.


    “En Europa, 20% del consumo de aerosoles, es decir casi 900 millones de unidades, corresponde a la industria alimentaria”, confirma Font Guido.

    Los aerosoles industriales constituyen otro campo a desarrollar para sustituir
    importaciones. Durante 1998, la producción local de pinturas y barnices
    en aerosol llegó a 3.460.000 unidades.

    Estadísticas
    de producción argentina de aerosoles
    1
    (En
    miles de unidades)
    (*)
    Se incluyen: cotillón, gas para encendedores, veterinarios,
    industriales, pinturas y barnices, automotor. Fuente: Cadea

    Producción
    mundial de aerosoles
    2
    En
    % y millones de unidades

    Producción
    de aerosoles en América latina
    3

    El agujero de la
    discordia

    A fines
    de la década de 1970, el físico Mario Molina comenzaba a
    ser famoso. Su trabajo sobre cómo afectan a la capa de ozono los
    gases clorofluorcarbonados (CFCs) se hacía conocer fuera del ámbito
    científico y empezaba a golpear a varias industrias, entre ellas,
    la del aerosol. La mayoría de los aerosoles para cuidado personal
    se llenaban, hasta fines de los años 80, con CFCs, mientras que
    los insecticidas utilizaban como propelente al propano butano, inocuo
    en lo que a destrucción de ozono se refiere.

    “La industria
    del aerosol fue pionera y reaccionó rápidamente cambiando
    sus propelentes”, relata Font Guido. El protocolo de Montreal fijó
    determinados plazos para dejar de usar CFCs y la Argentina se adelantó
    en más de 15 años al vencimiento final, que es en el 2005.

    Desde comienzos
    de esta década, el propano butano es el propelente utilizado en
    todos los aerosoles que se fabrican en la Argentina. Cadea impulsó
    la sanción de la Ley 24.040, por la que se obliga a los fabricantes
    de productos que generan daño ambiental a comunicarlo en la etiqueta
    de sus productos. “El propelente alternativo era, además, más
    barato que los CFCs, es decir que el recambio fue acompañado por
    una baja de precios en los insumos”, asegura Font Guido.

    Sin embargo,
    no todas fueron rosas a la hora de la transición. Rubén
    Tordini, de Precision, recuerda que su empresa tuvo que realizar una inversión
    cercana al millón de dólares para poder adaptar su línea
    de montaje y calcular las especificaciones para las nuevas válvulas.

    Roberto
    Dopazo revisa sus archivos y rescata un artículo aparecido en 1997
    en la revista del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente,
    que explica cómo la industria aceleró la supresión
    gradual de las sustancias agotadoras del ozono. El autor rememora el tiempo
    en que los fabricantes de CFCs y varios de sus clientes industriales luchaban
    equivocadamente en contra de reglamentos de control de esas sustancias.
    “Durante el debate que precedió a la firma del Protocolo de Montreal,
    la industria sostenía que la ciencia aún no había
    probado que los CFCs agotaban el ozono de la estratósfera y que
    los productos que contenían esas sustancias eran absolutamente
    esenciales para la sociedad en general. Argumentaba además que
    no existían sustitutos seguros y que los posibles sucedáneos
    serían ineficaces y caros”.

    Sin embargo,
    el autor reconoce que esa reticencia de la industria no fue general, ya
    que “el liderazgo de algunas empresas aportó una diversidad de
    iniciativas sin precedentes”. En este sentido, el artículo recuerda
    que la empresa S.C. Johnson anunció, ya en 1975, la supresión
    de los CFCs como gases propulsores de aerosoles.