El ranking de las empresas preferidas por los estudiantes avanzados exhibe, en esta oportunidad, algunos cambios importantes. La Organización Techint marcha ahora a la cabeza, elegida por 22% de los jóvenes, lo que representa un notable avance con respecto al quinto lugar (con 16% de menciones) que había logrado en 1998.
Perez Companc retrocede, así, al segundo puesto, y su índice de menciones (20%) es algo inferior al que había conseguido el año pasado (23%).
La performance más sobresaliente es la de Arcor. En 1997 había conseguido 4% de votos favorables; el año pasado apenas superó esa modesta marca (con 5%), y trepa ahora a la tercera posición con 16% de las menciones.
La multinacional de Arroyito comparte el tercer escalón con la mayor compañía del país. YPF mantiene un nivel bastante estable de menciones: 16% en esta medición, frente a 18% el año pasado y 16% en 1997.
Quilmes es otro caso singular. En 1997 la había elegido 7% de los jóvenes encuestados. El índice creció modestamente a 9% el año pasado. Pero la cervecera se instala ahora en la cuarta posición con 15% de menciones.
El quinto puesto aparece compartido por dos líderes internacionales: IBM y Unilever. La Big Blue baja así un escalón con respecto al cuarto lugar que había ocupado en las dos encuestas anteriores.
En cuanto a Unilever, vuelve a cosechar 12% de las preferencias, el mismo índice que había registrado en 1997 (aunque el año pasado logró trepar a 20%).
Andersen Consulting se incluye por primera vez en la lista de empresas sometidas al juicio de los estudiantes (hasta ahora sólo aparecía su hermana y rival Arthur Andersen). Y avanza con buen pie, instalada, junto a Coca-Cola, en el sexto puesto.
Otro debut auspicioso es el de Microsoft: uno de cada diez estudiantes la menciona entre sus favoritas.
El rubro de los alimentos y bebidas es, por lejos, el más favorecido por las preferencias de los jóvenes a punto de graduarse: pertenecen a él seis de las 24 empresas que comparten la tabla de las top ten.
La industria automotriz, la actividad petrolera y la informática reciben un parejo nivel de menciones (cada uno de estos sectores ocupa tres puestos en la vanguardia del ranking). Dos bancos y dos consultoras consiguen ubicarse en el cuadro de honor.
Quién elige a quién
Si se analizan las respuestas de los estudiantes de diferentes carreras, se observa que el alto índice de preferencias cosechado por Microsoft proviene, sobre todo, de los alumnos de disciplinas relacionadas con la computación (44% de ellos la menciona como una de sus favoritas), aunque también recoge fuertes adhesiones entre los estudiantes de relaciones laborales, marketing y publicidad.
Curiosamente, quienes se vuelcan, con mayor intensidad, por la elección de una consultora como futuro destino laboral son los estudiantes de economía, que convierten a este rubro en su preferido (cuatro firmas del sector se instalan entre sus diez favoritas).
Sin embargo, Andersen Consulting obtiene su mayor éxito en la carrera de administración, donde la menciona uno de cada cinco alumnos.
Aunque tres laboratorios encabezan la lista de empresas elegidas por los estudiantes de física y química, predominan aquí, claramente, las industrias dedicadas al consumo masivo.
Arcor es la empresa más mencionada por los estudiantes de marketing y publicidad (la elige uno de cada tres). Y otro resultado elocuente es el que surge de las preferencias de los que cursan la carrera de relaciones laborales: 23% elige a Techint.
Más incertidumbre
En 1997, cuando se realizó esta encuesta por primera vez, siete de cada diez estudiantes consultados dijeron que ya tenían definida el área o especialidad a la que querían dedicarse una vez graduados. El índice bajó a 64% el año pasado. Y ahora, apenas poco más de la mitad (58%) manifiesta tener una preferencia clara.
Entre ellos, el rubro de administración, contabilidad y finanzas sigue siendo el más mencionado (quizá por la fuerte presencia de estudiantes de la carrera de contador público en la muestra).
El área de planeamiento estratégico cosecha, sugestivamente, altos índices de preferencia, sobre todo entre los estudiantes de economía (con 41% de menciones) y de administración (donde aparece seleccionada por uno de cada tres alumnos).
La docencia sigue cosechando bajos índices: apenas 1% la menciona como primera opción. Y son, también, escasas las menciones de especialidades que aparecen como vedettes de la literatura empresaria, como logística, atención al cliente, sistemas y calidad.
En cuanto a los sectores de actividad que resultan más atractivos para los futuros graduados universitarios, las firmas de consultoría e investigación de mercado acaparan más de un tercio (36%) de las menciones.
Un poco por debajo, con 31%, se ubican los fabricantes de productos de consumo masivo. El sector financiero y la informática logran, por su parte, atraer a uno de cada cuatro jóvenes.
El mundo laboral
Probablemente como resultado de la extensión de la muestra al interior del país, se ve bajar aquí, abruptamente, la proporción de estudiantes avanzados que ya trabajan. El año pasado, representaban 75%, ahora apenas llegan a 56%. Desciende, sobre todo (de 52 a 37%), el número de aquellos que se desempeñan laboralmente en un área relacionada con su carrera.
Entre los estudiantes de las universidades nacionales, casi la mitad no trabaja, frente a sólo 35% de los que cursan su carrera en una institución privada. La Universidad de Buenos Aires es la excepción entre las públicas, con apenas 34% de alumnos que no trabajan.
Entre las privadas se encuentran situaciones extremas: por un lado, las universidades de elite (San Andrés, Di Tella), donde más de 80% de los alumnos no divide su tiempo entre el estudio y el trabajo. Por el otro, el caso de la Uade: 69% de los encuestados allí ya tiene empleo en su especialidad y 12% se dempeña en otras áreas.
Los caminos hacia el trabajo
Para las empresas interesadas en reclutar jóvenes graduados, resulta particularmente relevante saber cuál es el método de búsqueda y selección que los estudiantes avanzados consideran más efectivo. Por esa razón se incluyó esta pregunta en esta nueva edición de la encuesta.
Las pasantías, las bolsas de trabajo de la universidad y los programas de entrenamiento ofrecidos por las empresas cosechan pareja cantidad de adhesiones (entre 23 y 25%). La modalidad, relativamente novedosa, de que las compañías interesadas realicen presentaciones en las casas de estudio logra un índice relativamente alto de respuestas positivas: 19%. En cambio, el tradicional mecanismo de los avisos en las carteleras de las universidades sólo es considerado útil por 5% de los jóvenes.
A la hora de buscar consejo acerca de cómo insertarse en el mercado laboral, los estudiantes siguen optando, principalmente, por la orientación que brinda su facultad y las charlas con personas que trabajan en la especialidad elegida. Curiosamente, la información recogida a través de búsquedas por Internet es un recurso escasamente utilizado (lo mencionó como primera opción apenas 2% de la muestra).
Las expectativas
La extensión de la encuesta a escala nacional coincide con una visible caída de las expectativas de los estudiantes de encontrar empleo en alguna de las empresas elegidas como mejor destino laboral.
El año pasado, 54% de los consultados creía tener muchas o bastantes posibilidades de lograrlo. En esta ocasión, el índice baja a 37%. En contrapartida, crece de 23 a 35% la proporción de los que consideran que sus chances son escasas o nulas.
Los estudiantes de ingeniería son los más optimistas. Más de la mitad (56%) confía en conseguir un puesto en alguna de sus empresas preferidas. Les siguen, en la escala del optimismo, los que cursan la carrera de economía (46% de expectativas favorables).
Sugestivamente, quienes cursan carreras especializadas en las relaciones laborales son pesimistas: la mitad no confía en sus oportunidades de obtener el empleo deseado.
Entre los que estudian física y química predomina la incertidumbre: cuatro de cada diez no creen estar en condiciones de formular un pronóstico, y sólo 23% muestra optimismo.
Con excepción de la UBA (donde 38% de los estudiantes se muestra confiado), el pesimismo es dominante en las universidades públicas: en promedio, 39% cree que sus posibilidades son pocas o ninguna y uno de cada tres no emite opinión.
En cambio, casi seis de cada diez alumnos de universidades privadas manifiestan esperanzas de ingresar a una de las empresas que más les interesan. Los más convencidos son los que acuden al Itba (84% de expectativas positivas).
Las excepciones se encuentran en las provincias: los estudiantes de las universidades Congreso (Mendoza) y Pascal (Córdoba) revelan bajos niveles de confianza.
En cuanto al salario que esperan ganar en su primer trabajo como profesionales, los estudiantes han bajado sus expectativas con respecto al año pasado: de $ 1.800 a $ 1.568.
En este terreno, los alumnos de la Uade y de la San Andrés son los más ambiciosos: confían en recibir un sueldo superior a los $ 1.900 mensuales. También aquí, las previsiones menos optimistas se encuentran en las universidades del interior.
Esperando el cambio
¿Qué imagen ofrece el país a los ojos de los estudiantes próximos a graduarse? El momento en que se realizó esta encuesta (en pleno período electoral) explica la notable brecha entre su sombría descripción de la realidad actual y las visiones alentadoras del futuro.
Los jóvenes entrevistados en esta ocasión fueron particularmente severos en su evaluación de la actual situación económica: siete de cada diez la calificaron como “mala o muy mala”. Esa opinión fue emitida por 44% de los encuestados en 1998 y 43% de los que respondieron en 1997.
Los que optaron por definirla como “buena” sumaron apenas 5% (frente a 11% el año pasado y 20% en 1997).
Pero la confianza es ahora más fuerte que en los años anteriores. La proporción de pesimistas con respecto al futuro del país descendió de 25% a 11%. Y los que creen que las cosas estarán mejor pasaron de 7 a 27%.
Esta tendencia favorable se manifiesta también en el espinoso terreno del desempleo. El año pasado, 29% de los estudiantes pronosticó que habría un aumento de la desocupación. Ahora, esa proporción desciende a 11%. Aumentó, en forma aún más notoria, el número de los que prevén una mejoría en el horizonte laboral: de 17 a 43%.
Sin embargo, los jóvenes se muestran, en esta ocasión, más conscientes que antes acerca del impacto que el desempleo puede tener en su propia situación personal. El año pasado, algo más de la mitad (54%) creía que la desocupación podría afectarlo “bastante” o “mucho”. Ahora, siete de cada diez manifiestan esa opinión.
El cruce de expectativas contradictorias parece resumirse en el cauto optimismo de algo más de dos tercios de los jóvenes encuestados, que creen que, una vez graduados, conseguirán un buen trabajo, pero que necesitarán tiempo para ello. El año pasado, 58% suscribió esta opinión, en tanto que 24% (frente a un magro índice de 16% en la medición actual) pronosticaba que encontraría un buen empleo rápidamente.
La imagen de las empresas a los ojos de los estudiantes avanzados presenta cambios mínimos, y poco favorables. Casi seis de cada diez encuestados piensan que “la industria y el comercio no le prestan la atención que deberían a sus responsabilidades sociales”. El año pasado, la proporción de quienes emitían este juicio era también elevada: 54%.
En cuanto a la conducta de las empresas frente al medio ambiente, la opinión de los jóvenes es, otra vez, fuertemente negativa: casi tres de cada cuatro opinan que los empresarios no se muestran preocupados por esta problemática.
Lo que hay que tener
Una sólida mayoría de 62% de los estudiantes avanzados cree que es necesario hacer un curso de posgrado para conseguir un buen empleo. El índice es algo más elevado que el que se registró el año pasado (57%).
Sin embargo, ha descendido (de 69 a 60%) la proporción de los que planean iniciar estudios de posgrado. Y los indecisos representan, en esta ocasión, algo más de un tercio.
Entre los que contestan afirmativamente, uno de cada cuatro proyecta viajar al exterior para cursar un posgrado; los que lo harán en el país suman 27% y el resto todavía no ha tomado una decisión al respecto.
En las universidades Di Tella, de Belgrano, de Palermo, Austral, Congreso e Itba se registran los índices más altos de estudiantes que planean continuar sus estudios con una maestría o un doctorado.
Y si se examinan las respuestas recogidas en cada carrera, los alumnos de economía se revelan (con 71%) como los más interesados en cursar un posgrado. Los estudiantes de computación e informática son los más indecisos: 43% no sabe aún qué hará.
Nuevamente, se le pidió a los jóvenes encuestados que se autoevaluaran en algunas áreas particularmente importantes para su inserción en el mundo laboral. Las calificaciones que los estudiantes se otorgan a sí mismos no muestran grandes cambios con respecto al año pasado, aunque se observa una leve tendencia descendente. El área de computación/informática es la única en la que los jóvenes se asignan un promedio superior a 6 puntos.
Claro que, también aquí, hay grandes diferencias entre los alumnos
de diversas instituciones. Los estudiantes de las universidades de San Andrés
y Torcuato Di Tella sobresalen con más de 8 puntos en el dominio del
idioma inglés. Los de la Uade y de la Universidad Austral muestran puntajes
más elevados que el promedio en materia de experiencia laboral. Y en
el Itba, San Andrés, y la Universidad Congreso se autocalifican con más
de 7 puntos en cuanto a capacidad de gerenciar recursos humanos.
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