miércoles, 1 de abril de 2026

    Los argentinos y la publicidad

    Existen múltiples maneras de abordar el tema de la publicidad: se la puede tomar como un negocio, bucear en sus aspectos creativos, considerar ­como herramienta esencial que es­ su ubicación en el plan de marketing, o analizar su discurso. Pero hay un interrogante que representa, en definitiva, el núcleo de la cuestión: cómo es la relación de la gente con los mensajes publicitarios. ¿Les gustan, les molestan, los recuerdan, los asocian con la marca, los impulsan a comprar el producto, creen lo que se les comunica?


    Las respuestas a tales preguntas constituirían casi la piedra filosofal para la agencia o el anunciante que las hallaran. Los especialistas que procuran medir la eficacia de los avisos despliegan múltiples métodos para descubrir algunos indicios de lo que les pasa a las personas expuestas a las tandas televisivas, con el poderoso control remoto en la mano.


    Ipsos, una de las más importantes consultoras de investigación en la materia, cuenta con una base de datos construida a partir de 650 postests y 200 pretests de avisos televisivos realizados en los últimos cuatro años, con 400 encuestas telefónicas cada uno, lo que configura un universo de 260.000 personas entrevistadas. Sin embargo, los directivos de la firma aclaran expresamente que la investigación no es una máquina de control de calidad, no crea publicidad, no toma decisiones ni remplaza el juicio. Hecha la salvedad, plantean como componentes de una publicidad eficaz el impacto, la comunicación y la persuasión.


    El impacto tiene que ver con lo que los anglosajones llaman brand awareness, es decir que el aviso llama la atención y transfiere esa atención a la marca, y se traduce en recordación. Los scores de este tramo se dividen en:

    • bruto, cuando la persona recuerda haber visto publicidad de la marca;
    • específico, cuando recuerda contenidos exclusivos del comercial
      investigado;
    • relacionado, que agrega a lo anterior la recordación de contenidos
      generales; y
    • reconocimiento, cuando lo recuerda después de que se lo describen.


    El diagnóstico de la comunicación mide la diferenciación, la relevancia (que importe), la novedad (que transmita algo nuevo del producto), la información y el agrado.


    La persuasión, finalmente, se evalúa a través de la disposición de compra. Cada ítem se mide contra el estándar, que se obtiene del promedio de la base de datos.


    “Hay avisos que tienen un alto nivel de impacto y de agrado, pero exhiben una altísima desatribución de marca”, dice Ernesto Costa, de Ipsos: “La gente recuerda el comercial, le gusta, pero no lo asocia a la marca y a veces ni al tipo de producto”. Así, ha habido casos de piezas multipremiadas internacionalmente que eran comentadas y hasta parodiadas por el público, pero casi nadie tenía idea de qué producto o servicio anunciaban o incluso los confundían con otros de distinta categoría.

    En el otro extremo están aquellos avisos que conjugan altos índices
    de impacto, comunicación y persuasión, y son para los expertos
    el paradigma de la publicidad eficaz. Un caso típico es “Confusión”,
    el de la nenita de la mayonesa Hellman´s que hablaba por teléfono con
    su papá y le iba transmitiendo los mensajes cambiados a su mamá
    (ver cuadro 1).

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    Datos reveladores

    Según el estudio, el número de menciones de marca y el momento
    en que se la nombra por primera vez parecen influir directamente en el impacto
    del comercial. Asimismo, el uso de un logo musical propio o de una música
    conocida eleva los indicadores de impacto. El logo musical puede transformarse
    en una advertising property de la marca, un elemento directamente asociado
    a ella, como es también el caso del uso de personajes emblemáticos
    (por ejemplo las perritas de Vieníssima). Otro dato interesante es que
    los avisos emotivos conmovedores suelen ser recordados pero no funcionan
    para la asociación de marca; en cambio los emotivos simpáticos
    y los que apelan al humor tienen mejor resultado.

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    “Pero hay que tener cuidado con la cuestión del humor”, señala
    Costa. “Hay muchos chistes con sponsor. Si la gente puede contar el aviso
    sin mencionar el producto, no funciona”.


    Los comerciales con historia les ganan en impacto a los que no la tienen y, como era previsible, los que incluyen bebés y niños funcionan muy bien. Los que usan personajes famosos, por su parte, pueden ser armas de doble filo si obstaculizan el mensaje de la marca. No es el caso de los testimoniales que, pese a su bajo nivel de agrado, logran un buen acercamiento al consumidor.

    Si se analizan las diferencias según la edad del público, los
    segmentos más jóvenes reciben más alto impacto pero los
    mayores son más permeables a los contenidos. Cuando la variable es el
    género, las mujeres aventajan a los hombres en todos los índices,
    y si se considera el nivel socioeconómico, los consumidores de escaso
    poder adquisitivo ­especialmente los del nivel D1­ son los que más
    y mejor recuerdan los avisos y, llamativamente, demuestran una mayor disposición
    de compra.

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    Si se examinan los índices de ciertas categorías de producto,
    y se los compara con el estándar general de todos los comerciales de
    la base de datos, se destaca en un extremo la buena performance de la
    publicidad de los productos para limpieza de ropa y para el cabello, y en el
    otro la escasa eficacia de la de servicios bancarios y, sobre todo, de las AFJP.

    La personalidad
    de las marcas

    Por
    Roberto Jacoby *

    Aunque
    por razones de confidencialidad no puedo revelar sus resultados precisos,
    me es imposible escribir sin tener en cuenta la experiencia adquirida
    en el estudio más exhaustivo de efectividad publicitaria realizado
    hasta ahora en la Argentina.

    Durante
    cinco años, día tras día, se encuestaron más
    de 100.000 consumidores en decenas de categorías para que mencionaran
    espontáneamente las marcas y publicidades que recordaban. El objetivo
    era determinar cuantitativamente la influencia de la publicidad sobre
    la recordación de marcas, en especial sobre el top of mind,
    a lo largo del tiempo. Este tracking de recordación marcaria
    llevado a cabo por la agencia Lautrec fue realizado bajo mi dirección
    y análisis.

    A mi entender,
    la experiencia más sustancial que se desprende del estudio es la
    siguiente: sin importar que un comercial sea más o menos recordado,
    crear o incrementar el top of mind es extremadamente difícil.
    Sólo una minoría de los comerciales logra mejorar en forma
    relativamente duradera la recordación de las marcas. Se supone
    que nadie anuncia para que sus comerciales sean recordados sino para que
    las marcas ­con frecuencia el principal capital de las empresas­
    obtengan mayor presencia en la mente de la audiencia y se tornen elegibles
    o deseables a la hora de la compra.

    De aquí
    pueden sacarse dos conclusiones. Una es que no vale la pena jugar fichas
    en la ruleta de la publicidad, ya que las chances de ganar son
    bajas. Pero para quienes hagan esta deducción hay una noticia peor:
    si deja de comunicar sin controlar la evolución de su capital marcario
    es probable que éste se deteriore en pocos años.

    Otra consecuencia
    diferente es que, si la publicidad ha de ser una inversión racional,
    el conocimiento de sus mecanismos es más urgente de lo que se suponía.
    El espacio audiovisual está saturado de mensajes y los presupuestos
    publicitarios flaquean. Por éstos y varios otros factores, tal
    vez conocidos y que sería engorroso tratar aquí, es arduo
    atravesar la barrera perceptual del público.

    Pero encuentro
    algunos componentes que se acentuaron en esta década que concluye
    y que conviene resaltar porque serán aún mas notorios en
    el futuro.

    Desde la
    oferta publicitaria, la mayor exigencia de eficacia se refleja en dos
    tendencias contradictorias. Por un lado, mayor audacia y transgresión
    para recortarse del contexto y lograr visibilidadad ­no siempre con
    éxito­ y por otro lado, más expectativas de certidumbre
    ­no siempre alcanzable­ en la búsqueda de resultados
    a través de recursos a la publicidad no tradicional (promociones,
    concursos, etc.).

    Desde el
    lado de la demanda comunicacional, las generaciones más jóvenes
    están entrenadas en nuevas gramáticas audiovisuales y exigen
    de la publicidad un valor de espectáculo, un valor de producción,
    un valor de entretenimiento. Hoy hay receptores avezados en códigos,
    semiólogos espontáneos con sorprendente capacidad de lectura,
    para quienes la publicidad, desarrollada como género en sí
    mismo, ha pasado a ser uno de los importantes rasgos atribuibles a una
    marca. Se demanda el estilo comunicacional como un indicador del talante
    o la personalidad de las marcas. Y las marcas están más
    ávidas de diferenciación a medida que sus productos se vuelven
    más indistintos.

    * Director
    ejecutivo de la Fundación Start (Sociedad, Tecnología, Arte),
    consultor en comunicaciones.
    rjacoby@fibertel.com.ar

    Buena disposición

    Más allá del detalle estadístico, la vasta experiencia
    en el tema le permite a Costa sacar algunas conclusiones generales. “Es cierto
    que hay una suerte de discurso crítico con respecto a la publicidad,
    pero desaparecieron los cuestionamientos del tipo es nociva porque crea necesidades,
    impulsa al consumismo
    , que eran más visibles en los años ´70;
    tampoco el tema de la manipulación aparece en los estudios”. Costa reconoce
    que a los argentinos les gusta hablar y opinar sobre publicidad: “Encontramos
    mayor índice de rechazo en otras investigaciones”, apunta.

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    Esto resulta coherente con los niveles de recordación y de evaluación,
    que en la Argentina son más altos que en otros países, en especial
    los germanos y anglosajones. “Pareciera que hay un eje que tiene una punta en
    Alemania y la otra en Brasil”, dice Costa. “Los alemanes la recuerdan menos
    y son poco benévolos para evaluar la publicidad. A partir de ahí,
    la línea va ascendiendo hacia Inglaterra, luego a Francia, a España,
    a Italia, la Argentina, México y Brasil”. En cuanto a la evaluación,
    el consultor admite que puede jugar el factor de la cortesía o la mayor
    amabilidad atribuida a las culturas latinas: “Acá mucha gente empieza
    diciendo ´no me gusta tanto, pero, bueno, sí, está bien´; en cambio
    el alemán dice, tajante, ´no me gusta´. Pero en la recordación
    no hay amabilidad posible, uno se acuerda o no se acuerda”.

    Costa considera que los argentinos tienen una buena disposición hacia
    la publicidad. “Es el precio que pagan para ver televisión, pero sigue
    siendo una invasión, por eso hay que hacerla de la mejor manera posible.
    Aun así, por nuestra experiencia vemos que la intrusión es mucho
    menor que la que le achacan algunos discursos circulantes; hay un estudio de
    Espacios (la central de compra de medios) que ha establecido, por ejemplo, que
    los avisos molestan mucho más en las películas que en los noticieros.
    Los anunciantes tendrían que abrirle los ojos a los medios para que las
    tandas fueran organizadas del modo menos lesivo posible. Que haya la misma cantidad
    de cortes en los noticieros que en las películas constituye un error
    de comercialización. En la emisión de filmes tendría que
    haber dos o a lo sumo tres cortes, mucho más breves y posiblemente más
    caros. Que interrumpan una carrera de Fórmula Uno que se está
    transmitiendo en directo para pasar un avance de un programa del canal es directamente
    un disparate. En las tiras, que tienen tanto éxito, es diferente porque
    el corte está previsto en la narración, no interrumpe arbitrariamente”.

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    Una cosa llamativa es el buen desempeño que exhiben los chivos,
    como se llama en la jerga a la publicidad encubierta. “Por algunos casos que
    hemos medido, funcionan mejor los que están más integrados al
    programa”, apunta Costa.

    ¿Y qué pasa con la credibilidad de la publicidad? “No se mide
    habitualmente”, señala Costa, “sin embargo, muchas veces un cliente nos
    lo pide, por ejemplo cuando debe transmitir una propiedad muy específica
    como esta pila dura ocho veces más que las otras. En general,
    la gente lo cree. Claro que allí juega un papel fundamental: la marca
    que está detrás, si es considerada seria y merecedora de respeto”.

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    La gráfica, por su parte, es una verdadera incógnita. “Se mide
    poco”, dice Costa, “quizá porque, por sus costos de producción,
    la medición resulta proporcionalmente más cara; tienen que ser
    campañas muy importantes para que se justifique hacerlo. Sin embargo,
    creo que convendría hacer estudios porque, aunque el costo de las piezas
    sea bajo, el daño o el beneficio que son capaces de hacerle a la marca
    puede ser muy grande. Y habría que saberlo”.

     
     
    “Modelo
    para la medición de la efectividad publicitaria” y “Nueva herramienta
    de pretesteo publicitario”.
    http://www.ad-line.com.ar/
    (cliquear en Investigación)

    “Los avisos
    contaron a su modo los cambios del país”.
    http://www.clarin.com.ar/diario/98-11-29/

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