martes, 28 de abril de 2026

    La barrera del tipo de cambio

    En los últimos dos años, se deterioró la competitividad internacional de la mayoría de los productos argentinos en términos de precios. Desde el punto de vista macroeconómico, esto se explica por tres factores básicos: la caída en las cotizaciones de los productos que exporta el país (especialmente los commodities), la revaluación del dólar y la devaluación de la moneda brasileña.


    En este mismo período, los países afectados por el mismo shock externo recurrieron a la devaluación para alinear sus precios con los internacionales. Fue el caso de los asiáticos y también de Brasil.


    Se instalaron así, en el centro de la escena, las especulaciones en torno de la rigidez del tipo de cambio. Sin embargo, la mayoría de los economistas coincide en que los costos de una devaluación podrían ser mayores que los que impone el sistema de tipo de cambio fijo.


    “La razón por la que no se puede devaluar en la Argentina es conocida: primero, porque hay una gran cantidad de contratos privados y públicos que están nominados en dólares. El dólar se convierte en la unidad de cuenta de esos contratos y, por lo tanto, la devaluación conduciría a una ruptura integral de los contratos y, consecuentemente, a una depresión económica”, razona Gerchunoff.


    “De modo que tratar de remediar el problema de la competitividad con una devaluación, no haría más que agravar el problema de la recesión. En segundo lugar, la mayor parte de las deudas privada y pública también fue contraída en dólares, así que una devaluación agravaría el problema de solvencia de las empresas privadas y aumentaría fuertemente el déficit fiscal”.


    El consenso que expresan los economistas con respecto a la continuidad de la convertibilidad obliga a prestar atención a otro tipo de factores. Desde el punto de vista macroeconómico, lo que se espera es que con el tiempo se reviertan algunas variables externas para poder alcanzar un mejor desempeño competitivo.


    “Si la cuestión de la competitividad argentina fuera simplemente un problema coyuntural, los mercados de capitales prestarían dinero hasta el momento en que el país pueda recuperar su capacidad de competir y generar exportaciones suficientes. Es difícil saber si lo coyuntural fueron los buenos precios de 1997 o los muy malos precios de 1999. Yo creo que la realidad futura va a estar a mitad de camino entre esas dos realidades”, pronostica Gerchunoff.


    “Los precios van a mejorar, en muchos de los países que devaluaron sus monedas habrá un proceso de apreciación cambiaria, es probable que el dólar se devalúe y, en consecuencia, vamos a estar mejor en el futuro, pero no tan bien como estuvimos en años excepcionales, como 1996 o 1997”.


    Según Kacef, es relativa la importancia del tipo de cambio como factor determinante de la situación competitiva del país. “La Argentina se puede recuperar rápidamente si la economía brasileña se recupera. Si uno mira la evolución de los flujos de comercio entre un país y otro, resulta evidente que esto depende mucho más del nivel de actividad en Brasil y en la Argentina que del tipo de cambio relativo”.


    Para Bisang, más importante que la paridad uno a uno, es el tipo de cambio real. “Al observar la estructura de subsidios, de precios diferenciales (como en gas y petroquímicos), regímenes de promoción (en la industria automotriz), derechos de importación, aplicación de medidas antidumping, y políticas crediticias diferenciales, evidentemente estamos hablando de diferentes tipos de cambio reales para cada uno de los sectores donde se utilizan estos instrumentos”.


    “De cualquier modo, y teniendo en cuenta que lo que importa es el tipo de cambio sectorial y real, no hay mucho margen dentro de la convertibilidad para ensuciar la paridad. Las restricciones fiscales son importantes, y también son relevantes las normas de la Organización Mundial del Comercio”.


    Por el lado de la reducción de costos, el camino parece orientarse más a la profundización de las políticas que se aplicaron durante esta década. “Una cuestión básica es apuntar a resolver las cuestiones financieras”, sostiene Kacef. “La Argentina tiene hoy, frente a los países con los que compite, una desventaja en términos de la tasa de interés que pagan sus empresas e incluso del tipo de financiamiento que puede ofrecer para exportar sus productos. Además, se puede avanzar algo en materia de costos laborales y de transporte y también algo en términos fiscales”.


    “Por el lado de las empresas, me parece que la receta es la misma. Tienen que estar convencidas de que el tipo de cambio no va a variar, y ajustar sus niveles de productividad para aumentar su competitividad de largo plazo, mejorar su calidad y los sistemas de producción”.


    Las alternativas


    El camino hacia una Argentina más competitiva depende de tres factores, según Adolfo Sturzenegger, de la Fundación Novo Milenium. El primero es la recuperación del contexto económico internacional. “Dando por sentado que esa mejora va a ser parcial, hay otros dos canales con los que cuenta un país para mejorar la competitividad sin devaluar. Por un lado, el ajuste de costos, que ya está haciendo el sector privado, esencialmente los productores de bienes transables, que están bajando precios y costos nominales de sus insumos. Sin embargo, este shock deflacionario del sector privado tiene el inconveniente que no permite salir de la recesión y, en alguna medida, la alimenta al bajar precios y salarios”.


    “El otro canal es el que debería diseñar el nuevo gobierno: el de las políticas públicas que ayuden al sector privado a mejorar la competitividad a futuro. Esto está ligado a reformas tributarias, que permitan bajar costos a las empresas. Yo creo que la actuación complementaria de cada uno de estos factores puede conducir a restablecer plenamente la competitividad en el curso de doce meses”, apuesta Sturzenegger.


    Desde una perspectiva más estructural, Kosacoff coincide en que existe un espacio para mejorar la competitividad sin devaluar. “La paridad cambiaria actual no es un obstáculo insuperable para mejorar la competitividad de sectores específicos. Es verdad que se trata de un proceso lento, pero en la medida en que las empresas argentinas se especialicen en la producción de bienes más diferenciados, y con mayor valor agregado, hay mucho que hacer para mejorar la performance productiva, aun con un tipo de cambio apreciado”.


    Los caminos de la política


    A la hora de pensar en posibles vías para mejorar la competitividad de la economía argentina, las recomendaciones en materia de política pública no sólo se dirigen hacia la reducción de costos como medio de compensar la apreciación cambiaria.


    Es posible, además, diseñar medidas con un horizonte temporal más extenso, vinculadas con las llamadas políticas de competitividad y las discusiones en torno del tipo de especialización internacional que tendrá el país en los próximos años.


    “El problema estructural, que es el del valor agregado de las exportaciones o el de la diversificación de las exportaciones, es un clásico que vengo escuchando desde que tengo uso de razón y uno puede leerlo en la historia económica como un problema tradicional. En efecto, el problema no está resuelto”, reconoce Gerchunoff. “Y porque no está resuelto, la volatilidad de los precios de los commodities tiene un impacto tan fuerte en el país”.


    Para Gerchunoff, cambiar el perfil de la oferta de exportación plantea un problema para el que no hay solución inmediata. “Eso requiere medidas mucho más estructurales y que no tienen efecto rápido: educación, tecnología, investigación y desarrollo, difusión de las tecnologías de otros países, negociación con las grandes empresas para que instalen departamentos de investigación y desarrollo en la Argentina y programas de capacitación de proveedores por parte de las empresas extranjeras”.


    En el terreno de las políticas de largo alcance, una de las principales cuestiones a resolver es la creación de empleo y la difusión a todo el sistema económico de los logros en materia de competitividad. En este sentido, la consolidación del sistema productivo requiere el fortalecimiento de las Pymes.


    Moori-Koenig señala que hay un aspecto al que no se ha prestado suficiente atención. “Para que las Pymes sean competitivas tienen que contar con una logística institucional apropiada, que les brinde los servicios de acuerdo con las necesidades específicas que enfrentan y que, además, esas instituciones también puedan promover las interacciones con las firmas y entre las instituciones”.


    Hecker opina que una de las opciones estratégicas es el desarrollo de industrias con un fuerte entramado de agrupaciones de Pymes en torno de los recursos naturales. “Eso puede ser altamente competitivo porque el país ya tiene ventajas comparativas naturales en la producción de esos bienes, a los que se pueden agregar ventajas comparativas dinámicas”.


    La experiencia internacional


    “El patrón de especialización que la Argentina debería favorecer es el de diversificar la gama de productos exportados, dar un salto en el contenido tecnológico y en el valor agregado, y evitar la presencia en mercados masivos, que son los primeros en sufrir las oscilaciones propias de las crisis financieras internacionales”, señala Valle.


    “Un ejemplo del que hay mucho para aprender es el del norte italiano, donde una trama de empresas pequeñas y medianas se especializó en la producción de bienes destinados al consumo de sectores de altos ingresos, lo que tiene como consecuencia positiva la expectativa de crecimiento a largo plazo. Además, en la Argentina este modelo sería altamente compatible con el combate al desempleo”.


    Chudnovsky también cree que hay una variada gama de experiencias internacionales de las que la Argentina tiene mucho por aprender. “Necesariamente hay que observar los casos de los países asiáticos. En ellos se encuentra un amplísimo menú de herramientas políticas e institucionales que permitieron una elevación de la competitividad notablemente veloz. El ejemplo canadiense, aunque con otro ritmo y con la particular relación que tiene con Estados Unidos, también es interesante. En América latina el caso chileno también es relevante, aunque los avances fueron parciales”.


    Desde la perspectiva del economista Carlos Abalo, autor del libro Especialización agroalimentaria y diversificación industrial en la Argentina, naciones como Canadá y Australia marcan un camino a seguir. Esos países, que también poseen una gran dotación de recursos naturales, lograron construir un perfil exportador más sofisticado que el argentino a partir de la incorporación de valor agregado a sus productos. “Hoy, la industria de alimentos está globalizada, no es una actividad local como en los años ´20, cuando la producción alimentaria no se exportaba en forma elaborada”, señala Abalo.


    “La elaboración de productos básicos no es ya una producción extensiva exclusivamente, sino muy diversificada. Se van incorporando fertilizantes cada vez a mayor escala, se empiezan a utilizar cultivos orgánicos, aparecen los cultivos en cubierta y en general una demanda de insumos mucho mayor. Se están generando, así, posibilidades de diversificación de actividades que encuentran un eje central de apoyo en la especialización. Lo que hay que ver es si, en las condiciones actuales, la Argentina puede dar respuesta a ese desafío”.