sábado, 31 de enero de 2026

    Brasil como chivo emisario

    -En vista de la actual crisis, ¿cómo debe evaluarse la marcha del Mercosur hasta el presente?


    -Creo que es un éxito enorme. El comercio intrarregional creció cinco veces entre 1990 y 1998 (de US$ 4.000 a 20.000 millones) y esto es cierto también para las exportaciones de la Argentina al bloque, mientras nuestras colocaciones en el resto de los mercados mundiales sólo crecieron 60% en ese período.


    Además, el patrón de especialización de las exportaciones argentinas a Brasil es mejor: incluye relativamente más cantidad de bienes manufacturados como, por ejemplo, maquinarias y aparatos eléctricos.


    Otro éxito del Mercosur es el atractivo que ofrece para el inversor mundial a partir de las dimensiones, calidad y sofistificación del mercado ampliado.


    -¿Cuáles son los puntos fuertes y débiles que presenta el proceso de integración?


    Parte del éxito fue promovido por la facilidad de financiamiento externo que se registró durante esta década y que permitió que los países pudieran incurrir en déficit sin mayores preocupaciones. También por el clima de ideas favorable a la apertura y a la liberalización. Procesos de integración anteriores fracasaron por la actitud ultraproteccionista que predominaba entonces.


    Sin embargo, hay también actitudes de impaciencia y dogmatismo, que apuntan a que es necesario seguir quemando etapas. Aun cuando las cosas estaban progresando de manera dinámica dentro del sector privado, se planteó extender la integración a los servicios, a las compras del sector público o a la coordinación de políticas macroeconómicas. Estas son áreas que no ayudan a la reestructuración productiva y que tienden a generar conflictos. Es como si pretendiéramos hacer en cuatro años lo que la Unión Europea hizo en cuarenta.


    Por otro lado, durante la última década faltaron políticas activas de complementación entre los gobiernos que apuntaran a promover reestructuraciones industriales y regionales en forma coordinada de modo que las hicieran menos dolorosas. Esa coordinación, en colaboración con el sector privado, podría favorecer la constitución de complejos industriales de calidad competitiva frente al mundo.


    Por otro lado, no se tomaron suficientemente en cuenta los problemas específicos que presentan los países más pequeños (Uruguay y Paraguay). En definitiva, no se diseñaron políticas para que el proceso de integración aduanera encontrara menos obstáculos y al mismo tiempo se pretendió avanzar en áreas nuevas que son conflictivas.


    -¿No es necesario avanzar en la coordinación de políticas macroeconómicas?


    Se le está dando demasiada importancia a lo macroeconómico porque las economías de la región siguen siendo cerradas. Brasil y la Argentina exportan apenas entre 7 y 8% de su producto. Aun nuestras ventas a Brasil, que representan 30% del total, equivalen a sólo algo más de 2% del PBI.


    En ese contexto, me parece excesivo hablar de coordinacion de políticas macroeconómicas. En Europa los coeficientes de apertura económica alcanzan niveles de 20 o 25% y el comercio intrarregional está en alrededor de 70%. Ahí sí se puede entender la necesidad de coordinación en este campo. Pero en el caso del Mercosur, yo veo aquí un error de visión desde la perspectiva argentina.


    Es más, yo sostengo que la mitad de la recesión que estamos viviendo se produjo por el griterío que se armó acerca de la devaluación brasileña. Esto hizo que muchos empresarios restringieran sus actividades económicas, convencidos de que una devaluación en Brasil podría representar una catástrofe para la Argentina.


    Sin embargo, esto no tenía por qué ocurrir, ya que el impacto de la macroeconomía brasileña sobre la nuestra es reducido.


    -¿No es cierto, entonces, que hay sectores industriales afectados por la devaluación brasileña?


    -Para evaluar esto tenemos que observar qué parte de la producción de esos sectores se canaliza hacia Brasil. En el caso de los lácteos, por ejemplo, se dijo que 80% de sus exportaciones iba al mercado brasileño, de modo que la devaluación auguraba una crisis teminal para el sector en la Argentina. Pero no se aclaró que la industria láctea exportaba sólo 6% de su producción; por lo tanto, ese 80% representaba sólo 5% del total producido. Y, además, resulta que las exportaciones de lácteos a Brasil aumentaron durante este primer semestre con respecto al primer semestre del año pasado.


    El otro caso resonante es el de calzados: las importaciones desde Brasil en este año han aumentado en US$ 18 millones, cuando el valor bruto de producción del sector en la Argentina alcanza los US$ 1.500 millones.


    El único sector que puede verse seriamente afectado por la relación con Brasil es la industria automotriz, ya que le exporta una parte importante de sus ventas totales. Pero aquí habría que decidir qué políticas activas se toman para dimensionar adecuadamente este sector, ya que es posible que haya crecido más allá de lo que su competitividad permite sostener.


    -¿No son importantes los efectos de los fuertes cambios en los precios relativos derivados de la devaluación brasileña?


    No. Primero, porque los hechos demuestran que los efectos son pequeños. Y, en segundo lugar, porque si se estableciera un mecanismo para compensar esos cambios yo creo que los brasileños podrían legítimamente plantear que se compensaran primero los efectos de la revaluación del real. Y no sé si a la Argentina le va a convenir pagarle a Brasil una compensación por cuatro años de revaluación del real a cuenta de un pago que Brasil pudiera hacer por su devaluación. Sería injusto que el trato fuera asimétrico o que empezara ahora. Los brasileños dicen que durante cinco años ellos toleraron un déficit comercial importante con la Argentina, aun en momentos de restricción en el financiamiento externo.


    -¿Es decir que Brasil tiene poco que ver en la situación que está viviendo la economía argentina?


    -Hay mucha vocación por endilgarle a Brasil problemas ajenos. Resulta cómodo convertir a Brasil en un chivo emisario, para no reconocer problemas que, o bien son propios, o se originan en la economía internacional. La Argentina no puede plantearse resolver su déficit externo sobre la base de un superávit regional. Es más, en los acuerdos iniciales de los años ´80 entre la Argentina y Brasil se hablaba de un superávit compensado entre ambos países.


    Los problemas que vive la Argentina vienen de la situación internacional. Ha perdido US$ 5.000 millones anuales por la caída de los precios de los productos de exportación. Sin embargo, de esto no se habla mucho. El año pasado, tuvimos un déficit de US$ 4.000 millones con el Nafta, y el superávit con Brasil rondó los US$ 800 millones. En este primer semestre, el saldo positivo con Brasil es de casi US$ 300 millones, y en cambio acumulamos un déficit de US$ 1.200 millones con el Nafta. Sin embargo, nadie habla de la avalancha de productos de Estados Unidos o de Canadá.


    Estos problemas internacionales son los mismos que están golpeando a Brasil: precios de los productos primarios, encarecimiento y racionamiento del financiamiento internacional. Son problemas comunes. Por eso me pregunto por qué no hemos sido capaces de construir una alianza con Brasil. Esa alianza permitiría llevar adelante las negociaciones internacionales, y hacer un cuestionamiento conjunto de las instituciones de la economía internacional. Ya sea en el campo financiero, sobre la arquitectura financiera internacional, o en la nueva Ronda del Milenio, con respecto al proteccionismo agrícola. Hay una serie de problemas en los que debemos aprovechar el magnetismo que ejerce el Mercosur para constituirnos en un actor con mayor poder de negociación.


    -¿Es necesario, entonces, alcanzar un marco de entendimiento político con Brasil?


    Sí. Por un lado, desarrollar un fuerte entendimiento político con Brasil y, por el otro, quitar énfasis a conflictos minúsculos que pueden impedirnos ver el bosque. Es decir, no dejarnos llevar de la nariz por los pequeños conflictos comerciales.


    Además, no hay que retroceder en lo que ya se avanzó con respecto a la Unión Aduanera. Ya hay mucho construido sobre la base del liderazgo político. Pero debemos tener en claro que habrá que resolver en muchos casos de una manera desprolija, no tenemos que ser perfeccionistas.


    -¿Cuáles son las perspectivas de la especialización productiva entre la Argentina y Brasil a largo plazo?


    Es indudable que la Argentina le va a exportar a Brasil cereales y petróleo. Y no veo por qué no, puesto que Brasil es un fuerte comprador de estos productos.


    Pero también debemos tener en cuenta que, como ya señalé, el patrón de exportaciones a Brasil es distinto del que exhibimos con el resto del mundo. A Brasil le vendemos más productos industriales, algunos sofisticados.


    Pero aquí aparece también en la Argentina un error de apreciación vinculado con una ciclotimia en la relación con Brasil. Una vez más, los problemas de especialización de la Argentina se vinculan con su conexión con el resto del mundo.