miércoles, 29 de abril de 2026

    Tendencias

    Libra esterlina y Unión Monetaria
    Un desafío a la tercera
    vía


    Desde su adhesión a la Comunidad Económica Europea en 1975, el Reino Unido se ha debatido entre los pro-europeos y los euro-escépticos. Sin embargo, ningún tema ha generado tantas polémicas ni ha puesto a los políticos en tantos aprietos como la eventual adhesión del Reino Unido a la EMU (European Monetary Unit).


    La alternativa de abandonar la libra esterlina por el euro y someterse a la autoridad monetaria del Banco Central Europeo conducido por el holandés Willem F. Duisenberg, ocupa, según el Financial Times, las discusiones de los ingleses en las casas, oficinas y cafés desde el lanzamiento oficial de la nueva moneda a principios de este año.


    El gobierno laborista de Tony Blair se declaró en principio de acuerdo con la moneda única, en concordancia con el espíritu europeísta de la tercera vía y su promesa electoral de llevar al Reino Unido a “ser líder en Europa”. Sin embargo, Gran Bretaña no adherirá al nuevo sistema hasta que haya pasado un tiempo suficiente para probar la efectividad de la Emu.


    También en sintonía con los principios económicos de la tercera vía, son cinco las pruebas que deberá pasar la moneda única para que Blair impulse la adhesión británica:

    • la Emu deberá ayudar a promover el crecimiento y el empleo;
    • debe demostrar su capacidad para enfrentar los shocks económicos;
    • el ciclo económico y las estructuras económicas entre el
      Reino Unido y el continente deben ser compatibles;
    • la Emu deberá ofrecer condiciones para que las empresas inviertan
      en el Reino Unido;
    • deberá evaluarse su efecto en la industria de servicios británica.

    Pero para poder verificar el funcionamiento de la moneda única en estos
    aspectos, el Reino Unido deberá esperar, por lo menos “un ciclo económico”,
    lo que posterga el momento del E-day hasta, por lo menos, después
    de las próximas elecciones, y le permite al gobierno de Blair ganar un
    tiempo político precioso.

    El liderazgo del euro
    ¿Una ola neo-keynesiana?

    El gran temor de los euro-escépticos laboristas, que se oponen
    a Blair en su propio partido, es que, con la unión monetaria, el Reino
    Unido adhiera a una zona de alto desempleo manejada por un banco central mucho
    más preocupado por la inflación que por el output y el
    empleo.


    El gobierno laborista, a pesar de sus convicciones, decidió dejar la decisión en manos de un referéndum a realizarse después de las próximas elecciones generales. Las razones para ello son fuertes: los principales periódicos militan fervientemente en contra del euro, y no desean ponerlos en contra antes de las elecciones. Por otra parte, hay opositores a la moneda única en todo el espectro político, desde la vieja guardia laborista hasta los tories más recalcitrantes, que cuentan con un gran poder por la adhesión de grandes empresarios y propietarios de medios de comunicación. Entre éstos se cuenta el magnate Rupert Murdoch, que abandonó su tradicional apoyo a los conservadores y publicó en el Times, el día de las últimas elecciones, la lista de los candidatos más anti-europeos, jurisdicción por jurisdicción (promocionando tanto a laboristas como a tories).


    Esta situación debilita al Reino Unido en las mesas de negociación de asuntos europeos, muy a pesar del rol protagónico que desea Blair para su país. Y con la victoria de Schröder en Alemania, cuyo nuevo centro fue inspirado directamente en la tercera vía, trece de los quince gobiernos de la Unión están en manos de la centro-izquierda: la posibilidad de una política económica neo-keynesiana a escala europea es cada vez más grande.

    Alemania
    El nuevo centro contra la vieja izquierda

    Luego de la victoria, el año pasado, del heterodoxo candidato Gerhard
    Schröder, la puja interna entre las fuerzas más renovadoras y las
    más tradicionales del partido socialdemócrata se trasladaron directamente
    al gobierno federal alemán. El enfrentamiento se dio entre el nuevo canciller,
    indiscutido ganador de las elecciones, y su ministro de finanzas, Oskar el
    rojo
    Lafontaine, líder del SPD y representante de la vieja izquierda
    de su partido, por lo menos en comparación con el Neue Mitte de
    Schröder.


    Esta situación es un claro ejemplo de los conflictos que genera la radical transformación que está viviendo el progresismo en los países desarrollados. El origen de esta transformación puede encontrarse en el movimiento de renovación en el partido laborista británico, el New Labor de Tony Blair, y en el eco que obtuvo, entre otros, en Bill Clinton y Romano Prodi (entonces primer ministro italiano y hoy firme candidato a la presidencia de la Unión Europea), al punto de que estos tres estadistas participaron de un seminario sobre este tema en la Universidad de Nueva York en septiembre del año pasado.


    La tercera vía, según sus creadores, marca una nueva y viable alternativa para la centro-izquierda. Basándose en el reconocimiento de algunos de los valores y objetivos de la vieja izquierda, pero reconociendo la inviabilidad de políticas tradicionales como los programas sociales amplios y los gobiernos grandes, proponen un mayor conservadurismo fiscal y la estabilidad y el crecimiento como valores.


    La crisis en Alemania se precipitó por las presiones de Lafontaine para lograr que el nuevo Banco Central Europeo reduzca las tasas de interés, poniendo en cuestión el sacrosanto principio de independencia de las autoridades monetarias con que Europa quiere dotar (teniendo como modelo al Deutsche Bank) a su Banco Central, fuertemente comprometido con su reputación de firmeza.


    La renuncia de Lafontaine a su puesto en el gabinete, junto a su posterior retiro de la jefatura del SPD y de su banca en el Parlamento, representan una clara victoria de este nuevo movimiento en Alemania, y una derrota para las viejas formas del progresismo.

    Sin embargo, la política económica del gobierno de Schröder
    sigue siendo parcialmente vaga. En momentos en que el desempleo se estabiliza
    en niveles nunca vistos en Alemania en las últimas décadas, la
    gran pregunta sigue siendo si finalmente se adoptarán políticas
    de reactivación o si el gobierno dejará la coyuntura en manos
    del nuevo Banco Central.