miércoles, 29 de abril de 2026

    El mejor estilo es el propio

    Pantalón negro, camisa gris, saco negro y corbata a cuadros blancos
    y negros. Hace unos pocos años, esta combinación podía
    parecer extravagante, pero hoy es una de las alternativas aceptables para un
    CEO de una compañía discográfica.


    A principios de los años ´80, la tendencia descripta en el best seller del estadounidense John T. Molloy, Dress for success, determinaba pautas estrictas acerca de cómo había que vestirse para triunfar. Los mensajes de autoridad y credibilidad se podían acentuar con los colores del saco y la camisa. Se imponía una vestimenta estandarizada, especialmente elegida para el trabajo y los negocios.


    “Vístase según lo que quiera ser y conseguir, no según lo que usted es”, aconsejaban los asesores de imagen.

    La civilización de la imagen

    Los expertos aseguran que estas reglas y códigos han perdido vigencia.
    “La década de los ´80 es culminante para la civilización de la
    imagen. Es el apogeo de las oficinas y de la imagen corporativa. En esos años,
    la moda del trabajo rigió muchas veces a la moda oficial. Hoy, la estructura
    de esas oficinas ya no es exactamente es la misma”, afirma la socióloga
    y consultora de modas Susana Saulquín. “Además de mudarse a las
    afueras de la ciudad, el lugar de trabajo apunta a la transparencia, a la solidaridad
    del grupo y no a los ambientes separados, y estrictamente jerarquizados. La
    ropa refleja estos cambios.”


    En Estados Unidos, tres de cada cuatro empresas han adoptado el casual Friday. Cada viernes, los empleados abandonan la formalidad del saco y la corbata (o de la blusa y el pantalón de vestir). Esta costumbre, que recién se está instalando en algunas empresas argentinas, parece proyectarse hacia la elección de un estilo más personal y auténtico. La diversidad y la originalidad se combinan con el principio de que hay que vestir lo mejor, pero sin que se note.

    Adonde fueres…


    “El mundo del trabajo se está desarticulando, para estructurarse de otra manera. Hay un paulatino abandono del clásico y conservador tailleur femenino y del uniforme-traje de trabajo del hombre y una aproximación, todavía incipiente, a una ropa con estilo propio, ligada a la practicidad y a la funcionalidad”, afirma Saulquín.


    Martha Alles, directora de la consultora Top Management, y reconocida especialista en recursos humanos, cree que la estética visual de las personas sigue siendo un factor importante que debe adaptarse a la actividad y a las circunstancias que se presentan.


    “La imagen en relación con el trabajo tiene que ver con lo que yo hago y con lo que yo vendo en tanto soy miembro de un determinado negocio o sector del mercado laboral. La imagen se relaciona directamente con lo que represento y la ropa es otro de los lenguajes que comunican mi posición en ese mercado”, explica.


    Conocer la cultura de cada compañía parece ser una de las fórmulas más certeras para no equivocarse a la hora de decidir cómo vestirse. Las empresas de servicios y aquellas que tienen una relación habitual con el cliente son las que generalmente prestan más atención a la forma de vestir.


    Pero, aun dentro de un mismo sector, las diferencias pueden ser significativas. En Estados Unidos, IBM es célebre por el estilo formal de sus empleados: se espera que sus ejecutivos se vistan con el clásico traje azul, camisa blanca y corbata de rigor. En Apple Computer, en cambio, se cultiva un estilo más relajado e informal.


    Otra recomendación importante de los expertos es vestirse en concordancia con la posición que cada uno ocupa en la compañía.


    El máximo directivo de la empresa es quien habitualmente ejerce el papel de referente para el resto del plantel.

    “El que conduce establece un estándar e impone su sello. En la moda,
    la imitación tiene mucha importancia. Si el presidente de la empresa
    es una persona elegante y sobria, quienes trabajan para él tratarán
    de emularlo”, asegura Saulquín.

    Consejos de los
    expertos

    Hombres

    • Para
      no errar en la combinación de colores los especialistas recomiendan
      elegir una misma gama de tonos para el saco, el pantalón y la
      corbata.
    • La última
      moda exige sacos de cuatro o cinco botones, aunque los tradicionales
      que llevan dos o tres todavía son un clásico para el trabajo.
      Pero, en cualquier caso, evitar los botones dorados.
    • Si de
      colores se trata, los clásicos gris y azul marino siguen dando
      un toque de seriedad y respeto. Hay que ser cuidadoso con el traje marrón
      porque no le queda bien a todo el mundo.
    • Para
      el verano, el traje beige o el caqui parecen ser los más
      adecuados El negro es hoy en día el color preferido de los diseñadores.
    • Una
      tendencia muy actual es usar la corbata y la camisa del mismo color.
      Si es lisa, mejor. Los estampados muy llamativos juegan en contra, aunque
      bien combinados pueden dar un aire creativo.

    Mujeres

    • El tailleur
      tradicional ya no tiene porqué ser beige, gris o azul.
    • Nunca
      usar faldas muy cortas (cinco centímetros por arriba de las rodillas
      es el límite aceptable).
    • El vestido
      puede ser una opción válida. Se recomiendan de un solo
      color, lisos o de un estampado muy discreto.
    • Incluso
      en los ambientes más informales se impone usar medias con la
      pollera o el vestido. Sobre todo después de los 30 años.
    • Los
      colores neutros son los que mejor se adaptan. El azul oscuro en las
      mujeres es un claro índice de autoridad. El negro sigue siendo
      un clásico. Para el verano: blanco, grises claros y celeste.
    • El toque
      de originalidad debe estar en los accesorios.
    • Poco
      maquillaje, poco perfume, poco escote.

    Sólo una oportunidad

    Aquello de que “no hay una segunda oportunidad para causar una buena impresión”,
    sigue siendo un principio vigente. La buena presencia es, todavía, un
    factor fundamental. Si bien no existen reglas escritas del buen vestir, las
    normas del sentido común son las que más ayudan a no errar en
    la elección del guardarropa. El pantalón arrugado, la combinación
    de medias claras con zapatos negros, o una falda demasiado corta pueden opacar
    la mejor presentación.


    “La prolijidad es muy importante. Esto no quiere decir que se evalúe si el candidato se viste con ropa cara o de última moda. Esos no son los parámetros. Pero la vestimenta da una pauta del nivel de ubicación de las persona. Vestirse de acuerdo con la edad o en concordancia con la posición que se pretende ocupar en la compañía es un punto importante”, señala Alles.