Pantalón negro, camisa gris, saco negro y corbata a cuadros blancos
y negros. Hace unos pocos años, esta combinación podía
parecer extravagante, pero hoy es una de las alternativas aceptables para un
CEO de una compañía discográfica.
A principios de los años ´80, la tendencia descripta en el best seller del estadounidense John T. Molloy, Dress for success, determinaba pautas estrictas acerca de cómo había que vestirse para triunfar. Los mensajes de autoridad y credibilidad se podían acentuar con los colores del saco y la camisa. Se imponía una vestimenta estandarizada, especialmente elegida para el trabajo y los negocios.
“Vístase según lo que quiera ser y conseguir, no según lo que usted es”, aconsejaban los asesores de imagen.
La civilización de la imagen
Los expertos aseguran que estas reglas y códigos han perdido vigencia.
“La década de los ´80 es culminante para la civilización de la
imagen. Es el apogeo de las oficinas y de la imagen corporativa. En esos años,
la moda del trabajo rigió muchas veces a la moda oficial. Hoy, la estructura
de esas oficinas ya no es exactamente es la misma”, afirma la socióloga
y consultora de modas Susana Saulquín. “Además de mudarse a las
afueras de la ciudad, el lugar de trabajo apunta a la transparencia, a la solidaridad
del grupo y no a los ambientes separados, y estrictamente jerarquizados. La
ropa refleja estos cambios.”
En Estados Unidos, tres de cada cuatro empresas han adoptado el casual Friday. Cada viernes, los empleados abandonan la formalidad del saco y la corbata (o de la blusa y el pantalón de vestir). Esta costumbre, que recién se está instalando en algunas empresas argentinas, parece proyectarse hacia la elección de un estilo más personal y auténtico. La diversidad y la originalidad se combinan con el principio de que hay que vestir lo mejor, pero sin que se note.
Adonde fueres…
“El mundo del trabajo se está desarticulando, para estructurarse de otra manera. Hay un paulatino abandono del clásico y conservador tailleur femenino y del uniforme-traje de trabajo del hombre y una aproximación, todavía incipiente, a una ropa con estilo propio, ligada a la practicidad y a la funcionalidad”, afirma Saulquín.
Martha Alles, directora de la consultora Top Management, y reconocida especialista en recursos humanos, cree que la estética visual de las personas sigue siendo un factor importante que debe adaptarse a la actividad y a las circunstancias que se presentan.
“La imagen en relación con el trabajo tiene que ver con lo que yo hago y con lo que yo vendo en tanto soy miembro de un determinado negocio o sector del mercado laboral. La imagen se relaciona directamente con lo que represento y la ropa es otro de los lenguajes que comunican mi posición en ese mercado”, explica.
Conocer la cultura de cada compañía parece ser una de las fórmulas más certeras para no equivocarse a la hora de decidir cómo vestirse. Las empresas de servicios y aquellas que tienen una relación habitual con el cliente son las que generalmente prestan más atención a la forma de vestir.
Pero, aun dentro de un mismo sector, las diferencias pueden ser significativas. En Estados Unidos, IBM es célebre por el estilo formal de sus empleados: se espera que sus ejecutivos se vistan con el clásico traje azul, camisa blanca y corbata de rigor. En Apple Computer, en cambio, se cultiva un estilo más relajado e informal.
Otra recomendación importante de los expertos es vestirse en concordancia con la posición que cada uno ocupa en la compañía.
El máximo directivo de la empresa es quien habitualmente ejerce el papel de referente para el resto del plantel.
“El que conduce establece un estándar e impone su sello. En la moda,
la imitación tiene mucha importancia. Si el presidente de la empresa
es una persona elegante y sobria, quienes trabajan para él tratarán
de emularlo”, asegura Saulquín.
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Consejos de los Hombres
Mujeres
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Sólo una oportunidad
Aquello de que “no hay una segunda oportunidad para causar una buena impresión”,
sigue siendo un principio vigente. La buena presencia es, todavía, un
factor fundamental. Si bien no existen reglas escritas del buen vestir, las
normas del sentido común son las que más ayudan a no errar en
la elección del guardarropa. El pantalón arrugado, la combinación
de medias claras con zapatos negros, o una falda demasiado corta pueden opacar
la mejor presentación.
“La prolijidad es muy importante. Esto no quiere decir que se evalúe si el candidato se viste con ropa cara o de última moda. Esos no son los parámetros. Pero la vestimenta da una pauta del nivel de ubicación de las persona. Vestirse de acuerdo con la edad o en concordancia con la posición que se pretende ocupar en la compañía es un punto importante”, señala Alles.
