Brasil reúne casi las dos terceras partes de la población que suman los países del Mercosur y Chile. Más allá de este dato, hay que tener en cuenta que Buenos Aires, Santiago y San Pablo y Río de Janeiro sumadas tienen algo en común: concentran la mitad del consumo de sus respectivos países, aunque en sus conglomerados urbanos sólo habita un tercio de la población. Algo por el estilo ocurre en Uruguay y Paraguay, aunque en estos casos las capitales Montevideo y Asunción constituyen el lugar de residencia de más de 40% de los habitantes.
Uruguay es también el país de la región que más población tiene asentada en sus áreas urbanas (91%) y en este ranking le sigue la Argentina, con 89%. Chile no se queda muy atrás, ya que sólo 17% de sus habitantes reside en áreas rurales.
Mientras en la Argentina, Brasil y Chile existe una población levemente más numerosa de mujeres que de hombres, en Uruguay el desequilibrio es mucho mayor: apenas un tercio de los habitantes son varones.
La región tiene, en líneas generales, bajas tasas de crecimiento de la población, igual que en el resto de América latina, por lo que el ingreso per cápita y el nivel educativo promedio se transforman en índices muy importantes a la hora de realizar estudios sobre consumo, ya que a un nivel alto de educación suele corresponderle una tasa reducida de crecimiento poblacional y, por ende, un mayor ingreso per cápita, que incide en el aumento de la capacidad de compra.
Ejemplo de ello es la comparación entre Brasil y la Argentina. El principal socio del Mercosur concentra casi toda la población del bloque, pero la Argentina, que junto a Uruguay tienen el mejor nivel educativo del subcontinente, duplica el producto bruto interno (PBI) per cápita brasileño (US$ 9.280 contra US$ 4.920). El PBI per cápita uruguayo es también superior al de Brasil, igual que el chileno. En el último lugar se encuentra Paraguay, con apenas US$ 1.500. En este país, el poder de compra globalizado llega a US$ 1.200 por habitante, dato que se puede comparar con el poder de compra por hogar que en la Argentina es de US$ 28.800; en Chile, de US$ 21.460, y en Brasil, de US$ 19.900.
La Argentina también exhibe el mayor salario mínimo de la región, de US$ 262,5 mensuales, muy superior a la media regional, de apenas US$ 160.
También como en el resto de América latina, en los países analizados la distribución de la población por niveles socioeconómicos encuentra una baja cantidad de habitantes en los estratos altos. Con la salvedad de que puede haber diferencias metodológicas, en Uruguay se estima que el nivel socioeconómico más beneficiado está integrado por 12% de la población; en la Argentina, por 11%; en Chile, por 10%; en Brasil, por 9%, y en Paraguay, por 5%.
En la Argentina, ese 11% se lleva 53% del ingreso total del país. Semejantes niveles de concentración de la riqueza pueden observarse en el resto de la región, excepto en Uruguay, donde el 12% privilegiado sólo acumula 25,2% del ingreso.
Ejecutivos de la firma Consultores Asociados de Marketing (CAM), de Paraguay, aseguran que la clase media es escasa en ese país en relación con el resto de la región, pero que también la clase baja presenta índices superiores en materia de bienestar; entre otras razones, por cuestiones naturales, ya que no hay riesgo sísmico, las altas temperaturas permiten disminuir el gasto en indumentaria y la cantidad de tierras disponibles posibilita que la construcción de viviendas sea más barata.
Los gastos
A diferencia de la Argentina, donde 34,7% de la población tiene un auto, en Uruguay esa cifra se reduce a 26%. La diferencia se nota, asimismo, cuando se comparan otras categorías de posesión de bienes: en la Argentina, 4,5% de los habitantes tiene dos autos (3% en Uruguay) y 90,2% tiene televisor color (77% en Uruguay).
A la hora de comparar el destino de los presupuestos familiares también se observan contrastes. En la Argentina, las familias con ingresos medios-bajos gastan 31,8% de su presupuesto en alimentos y bebidas.
En Uruguay, en cambio, quienes viven en la misma situación socioeconómica en el área metropolitana de Montevideo destinan 41% de su gasto a esos rubros, y quienes viven en el interior del país gastan 46%.
En transporte y comunicaciones los uruguayos invierten 10% de sus gastos totales, mientras los argentinos dedican 14,5%. Buena parte de las razones de la diferencia radica en las tarifas de los servicios públicos el servicio telefónico uruguayo continúa en manos del Estado y en las reducidas distancias que los uruguayos deben recorrer dentro de los límites de su país.
Por otra parte, los uruguayos destinan una proporción más alta
de sus presupuestos que los argentinos al rubro indumentaria y calzado (8% contra
5%). Hay coincidencia, en cambio, en el presupuesto para vivienda: argentinos
y uruguayos invierten 13% de sus gastos totales. Asimismo, en Uruguay hay US$
670 millones prestados en créditos destinados a inmuebles, automotores
y consumo, 5% del PBI se maneja a través de dinero plástico
y hay 850.000 usuarios de tarjetas.
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