martes, 26 de mayo de 2026

    Negocios y privacidad

    Las fronteras de la intimidad tienden a diluirse: cualquier
    actividad cotidiana, como sacar dinero del cajero automático, pagar con
    una tarjeta de crédito, participar de un sorteo o navegar por Internet
    puede llevar a cualquier individuo a formar parte de bases de datos comerciales
    que se transmiten y reproducen a creciente velocidad.

    Marc Lolivier, presidente de la comisión de asuntos legales de la Federation
    of European Direct Marketing (Fedm), sostiene que la posibilidad de identificar
    a las personas tiene muchas ventajas, cuando se trata de datos no sensibles.
    “Es mejor enviar información a personas que, en principio, pueden llegar
    a estar interesadas. Es cierto que hay gente que recibe demasiada correspondencia,
    pero ese problema desaparece si se puede establecer un perfil del consumidor
    y saber lo que quiere. Enviar promociones a todo el mundo sin saber quién
    es quién cuesta mucho dinero a las empresas, incomoda al que recibe un
    montón de papeles que no le interesan y representa, incluso, un problema
    ecológico.”

    El especialista afirma que hay que marcar una diferencia muy importante entre
    privacidad y protección de los datos que, desde su punto de vista, es
    más un problema de derecho de consumidor. “Hay que conseguir un equilibrio
    entre la protección legítima de los ciudadanos, el interés
    de las empresas y la posibilidad de que cada uno reciba la información
    que le interesa. El mejor modo de mantener ese equilibrio es contar con una
    legislación que contemple el punto de vista de cada uno de los sectores
    interesados. Además hay que recordar que, con Internet, es casi imposible
    aplicar una regulación demasiado restrictiva.”

    Kevin Kelly, jefe de redacción de la revista Wired, tiene un
    enfoque muy particular sobre el tema. “Creemos que la intimidad se relaciona
    con la información, pero no es así: abarca las relaciones interpersonales.
    No había intimidad en la aldea o pequeña ciudad tradicional, pero
    todo el mundo conocía los secretos del prójimo y eso resultaba
    cómodo. Lo que causa este desequilibrio es que ya no sabemos quién
    sabe algo sobre nosotros. La intimidad se ha tornado asimétrica.”

    Por eso, para Kelly, la respuesta al problema no es crear nuevas leyes o superorganismos
    de control, sino “tener mayor conocimiento acerca de quien nos está observando,
    de la información que circula entre nosotros. En particular, saber cuál
    es el destino de esa información y hacia dónde se dirige”.

    Proyectos en danza

    A pesar de que la Constitución de 1853 protegía los actos privados
    de las personas, siempre que no fueran en contra de la ley, ha sido común
    en la Argentina el registro por parte del Estado de información vinculada
    con cuestiones tan personales como las preferencias políticas, religiosas
    y hasta sexuales. Fue por eso que en la reforma de 1994, los constituyentes
    decidieron incluir el principio, ya existente en otros países, de hábeas
    data
    (en castellano “tengas tus datos”), que reconoce el derecho de cualquier
    ciudadano a conocer la información que cualquier organismo pueda tener
    sobre él y a pedir que se rectifique en caso de que sea falsa o inexacta.

    A pesar de que algunos constitucionalistas, como Jorge Vanossi, sostienen
    que esta nueva garantía constitucional no debería ser reglamentada,
    en el Congreso surgieron algunas iniciativas que extienden la protección
    a los datos crediticios y comerciales de las personas.

    Entre los proyectos con mayores posibilidades de convertirse en ley se destacan
    el del senador Eduardo Menem y el aprobado recientemente por las comisiones
    de Comercio, Finanzas y Defensa del Consumidor de la Cámara de Diputados.
    Ambos exigen que antes de incorporar datos o informes sobre antecedentes financieros
    o comerciales, se notifique al titular para que dé su conformidad.

    “Con los métodos de probanza usuales en la Argentina, bastante más
    duros que los de otros países (como Estados Unidos, donde una simple
    aceptación telefónica es suficiente), podría ser necesario
    enviar una carta documento a cada persona solicitando su autorización
    para ser incluida en un listado, lo cual tornaría a esta actividad inviable
    por sus costos”, argumenta Javier Reigada, asesor legal de la Asociación
    de Marketing Directo de la Argentina (Amda).

    En medio de la polémica, el Ministerio de Justicia creó una
    comisión especial en la que participan las partes involucradas y que
    propuso aclaraciones y modificaciones al proyecto original del Senado. Esta
    iniciativa excluye expresamente a las empresas de información crediticia
    y de marketing directo de las obligaciones de consentimiento previo y
    notificación ulterior.

    En Amda apoyan esta postura porque, además de dar la opción
    a quien así lo desee de quedar excluido de las bases de datos promocionales,
    otorga mayor transparencia a la actividad al prever el registro y control de
    sus propietarios, con lo cual nadie podrá alegar buena fe cuando compra
    una base de datos de procedencia desconocida. Se evitaría así,
    por ejemplo, que una persona despedida de una empresa copie información
    en un CD y la venda.

    Sin embargo, la suerte de este proyecto parece incierta. “Se suponía
    que lo iban a debatir en el Senado pero las últimas informaciones, que
    recibimos extraoficialmente del Ministerio de Justicia, indican que no se va
    a tratar”, señala Reigada.

    Para este especialista, el proyecto que avanza en Diputados es todavía
    más restrictivo. “Las bases de datos seguirán existiendo. Por
    lo tanto, lo que se va a conseguir es generar monopolios de la información
    comercial. Tomemos el ejemplo de una empresa del interior que quisiera comenzar
    a vender en Buenos Aires. Podría llegar alguien y decirle: ´tengo una
    base de datos muy completa que por ley tengo prohibido cedérsela, pero
    sí le puedo comprar la mitad de su empresa por el derecho a usar mi información´.
    Con lo cual, este sujeto podría quedarse con la tajada del león
    de quien trabajó durante años para ofrecer su producto en la Capital”,
    explica Reigada.

    Por si acaso, Amda ya está recomendando que en cualquier pedido de
    datos a un potencial cliente se incluyan leyendas que aclaren, por ejemplo,
    que los datos serán utilizados para un concurso y para figurar en la
    base de datos de una empresa, a la que se autoriza ­o no­ a ceder
    la información a otras, únicamente para fines comerciales. Y a
    la que se exime ­o no­ de realizar una notificación ulterior
    de la cesión.

    Una cuestión ética

    “No estamos en contra del proyecto del Senado, pero queremos que se nos diferencie
    del hábeas data porque nuestra actividad no incluye el uso de
    datos sensibles, que creemos que tienen que ser respetados. Pensamos
    que es necesaria la excepción para los datos comerciales: el nombre,
    domicilio, documento y hábitos personales de consumo básicos.
    Es decir, información que tiene que ver con la segmentación natural
    dentro del comercio”, afirma César Pérez, vicepresidente de Amda
    y presidente de su Comisión de Privacidad.

    De la mano del desarrollo de los cambios estructurales que se están
    produciendo en el país ­en 10 años se pasó de dos
    a siete millones de líneas telefónicas­ el marketing
    directo tiene enormes oportunidades de crecimiento que van a impulsar el empleo
    y las economías regionales, argumentan en Amda.

    “Con el uso de las bases de datos, las Pymes del interior del país,
    que no tienen acceso a la publicidad y promoción, van a poder vender
    productos a distancia. Además, el marketing directo permite abaratar
    los costos e igualar ofertas”, sostiene Pérez.

    Europa y Estados Unidos: dos casos enfrentados

    “El proyecto de ley argentino es muy parecido a la ley italiana, que
    es muy restrictiva. Sé de ciertas empresas que se fueron de Italia
    para operar desde Francia. Por eso ahora los italianos están considerando
    revisarla”, afirma Marc Lolivier, presidente de la comisión de
    asuntos legales de la Federation of European Direct Marketing (Fedm).

    Lolivier explica que los estadounidenses tienen una ley general que
    contempla los principios de privacidad, pero no incluye ninguna regulación
    específica sobre el uso de los datos comerciales; la materia está
    sujeta a una suerte de autorregulación.

    “Los europeos tenemos una cultura y tradición diferentes con
    respecto al marketing en general. No aceptamos las formas de practicarlo
    que existen en Estados Unidos y para ellos nuestro marketing parece
    demasiado poco agresivo”, admite Alastair Tempest, otro experto de la
    Fedm y uno de los principales expositores del seminario que sobre el tema
    Privacidad y Derecho a la Información realizara recientemente el
    Institute for International Research, en Buenos Aires.

    En Europa no confían en la posibilidad del sector privado de
    ponerse sus propias reglas y piensan que se necesita un marco legislativo,
    que puede ser completado por códigos éticos definidos e
    interpretados por los diferentes sectores involucrados.

    Es por ello que la Unión Europea adoptó en 1995 una directiva
    que armoniza las diferentes leyes nacionales ya existentes en los 15 estados
    miembros. Sin embargo, 11 países aún no han modificado sus
    normas.

    La directiva habla específicamente del marketing directo
    como un fin comercial legítimo y reconoce que las compañías
    que lo practican para relacionarse con los clientes necesitan esos datos.
    Su principio más importante es el de la transparencia. Por
    ella se entiende que el consumidor debe saber qué se va a hacer
    con la información, y tener la opción de oponerse al uso
    de los mismos. “Habitualmente se dice que se necesita el consentimiento
    del individuo, pero no es verdad. Lo que pasa es que esa persona tiene
    que ser informada de que los datos recogidos van a ser procesados y para
    qué. Y tiene derecho a oponerse a que sean utilizados para marketing
    directo”, dice Lolivier.

    Cada empresa de marketing directo tiene una in house suppression
    list,
    conformada con todos aquellos que llaman y piden ser excluidos
    de los listados de promoción. Pero también cualquiera puede
    solicitar, a la asociación de marketing directo de su país,
    ser incluido en las llamadas listas Robinson (por Robinson Crusoe):
    los registrados allí no reciben ninguna clase de información
    comercial. Pero además está el derecho de acceso de cada
    persona a sus datos. Así, alguien puede dirigirse a esa empresa
    que lo llamó para ofrecerle sus productos y exigirle ver qué
    tipo de datos tiene y quién se los facilitó. Si no le responden,
    una Comisión de Protección de los Datos aplica multas bastante
    elevadas.

    En opinión de Tempest, la autorregulación es más
    barata y eficaz. “La cuestión es si funcionará en la práctica.
    En Europa, solemos decir que necesitamos la base de una ley sobre la cual
    pueda apoyarse la autorregulación.”

    Reigada apela al ejemplo de una empresa interesada en promocionar pelotas de
    tenis: la gente juega en público, de modo que no se estaría invadiendo
    la privacidad de una persona sólo por saber que es un aficionado a este
    deporte. “Nosotros interpretamos que la inclusión del hábeas
    data
    en la Constitución del ´94 tenía como fundamento la protección
    del ciudadano ante situaciones que ya han ocurrido en la Argentina, donde los
    organismos de inteligencia podían tener datos de cualquier ciudadano
    y usarlos para lo que fuera. El proyecto del Senado, tal como lo veo, no sólo
    no está cumpliendo con ese objetivo, sino que le da al organismo de control
    un superpoder que, en manos incorrectas, es mucho más fuerte que el que
    existía anteriormente.”

    Amda ya tiene un código ético y servicio de preferencia postal
    y telefónica, a través del cual un individuo puede pedir ser excluido
    de todas las bases de datos de sus empresas miembros.

    “Independientemente del proyecto que se apruebe, nada se conseguirá
    si no se guardan normas de ética y respeto a las personas. No escapa
    a nadie que en todos los órdenes hay gente que va a actuar incorrectamente.
    Por eso pedimos que si alguien va adquirir una base de datos, averigüe
    de dónde proviene. Es necesario crear conciencia de que si alguien no
    quiere figurar en un listado, no se puede ir como un espía a averiguar
    qué hace. Y por otro lado, el proveedor de base de datos debe asegurarse
    de que esa información sea correctamente utilizada”, advierte Reigada.

    Obstáculos antes de
    empezar

    Pérez reconoce que, en el caso de la Argentina, el conflicto surge,
    en especial, por el mal uso del telemarketing. “Muchas veces son excesos
    por parte de los operadores que, tal vez para alcanzar el objetivo fijado, hacen
    llamados en horarios inapropiados.”

    Sin embargo, no está de acuerdo con quienes hablan de saturación
    de promociones directas. “Los argentinos recibimos un promedio de 30 cartas
    por año, incluyendo las facturas de los servicios públicos. En
    Estados Unidos, el índice asciende a 525. Casi no hay oferta de marketing
    directo y ya la estamos legislando. Por eso, hemos presentado a los asesores
    del Senado los cambios que nos parecen necesarios para que el mismo proyecto
    de ley pueda seguir adelante sin perder fuerza en lo que respecta a su propósito
    fundamental, pero permitiendo el desarrollo del marketing directo que,
    en este mundo globalizado, sería suicida no tener.”

    En Estados Unidos, el marketing directo absorbe algo más de
    la mitad de la actividad comercial y en algunos sectores su peso es decisivo:
    80% de las publicaciones se vende por mailing o teléfono. En Europa,
    la situación es similar, excepto en Italia y España.

    Consultado sobre si creen ver detrás de estas iniciativas la influencia
    de algún sector que no quiere la competencia del marketing directo,
    Pérez responde: “me gustaría decir que no, pero me quedo ahí.
    No obstante, son tantas las posibilidades que ofrece este nuevo instrumento
    para el desarrollo de los negocios que, por mucho que se opongan, será
    como intentar tapar el sol con un dedo”.

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