-¿Cómo define la
actual situación macroeconómica internacional?
-El mayor problema de la situación macroeconómica actual es la
inseguridad. Y las consecuencias de esa inseguridad, que se reflejan, por ejemplo,
en las oscilaciones de los mercados bursátiles, son muy difíciles
de evaluar. Un dato importante para saber cómo influirá esta inseguridad
internacional en cada país es la situación interna de cada economía.
Alemania, por ejemplo, tiene una economía bastante cerrada y comercia
principalmente con los distintos países de la Comunidad Europea. Pero
como no está sola, sino que forma parte de un bloque de países,
se trata de que la inseguridad y los pro-blemas económicos internacionales
tengan la menor influencia posible en ese bloque de países. Otro ejemplo
es Estados Unidos: en este caso, el comercio exterior no cumple un papel tan
decisivo como la situación interna. Allí, si la situación
interna es buena, lo que pasa internacionalmente no va a tener tanta influencia.
-¿Por qué la salud
de la economía internacional depende cada vez más de la salud
de los mercados de capitales? ¿Esto va a ser cada vez más así
o hay posibilidades de revertirlo?
-Ese es un tema que ya se veía venir. Efectivamente, la economía
real está cada vez más influida por los movimientos de capitales
especulativos, que generan una inseguridad cada vez mayor y tienen una influencia
creciente en las inversiones. Lo más importante en este sentido es tratar
de mantener estables las expectativas con respecto a lo que es la economía
real. Para ello, los estados tienen herramientas de política monetaria:
por ejemplo, bajar las tasas de interés y controlar el tipo de cambio.
-¿En el caso de los países
emergentes también recomienda una actuación más decidida
de los estados en materia de regulación de los flujos de capitales?
-En caso de una crisis financiera, sí. Pero no puede ser una política
a largo plazo.
-Usted dijo que Alemania tiene
una economía bastante cerrada, y esto se nota en la Argentina, donde
el capital alemán tiene un papel bastante menos relevante que el de otras
naciones desarrolladas. ¿Eso no le quita posibilidades de solucionar sus
propios problemas?
-Alemania está básicamente cerrada dentro de la Unión
Europea. Tiene allí una seguridad económica de la que, quizá,
no necesita salir. Pero, al mismo tiempo, trata de ir introduciéndose
en mercados de países en expansión. Tiene sus destinos, sus objetivos.
Debe abrirse más, como en el caso de la Argentina, porque no hacerlo
significa tener menor influencia relativa que otros países. Pero con
cuidado, dado que la coyuntura internacional no presenta hoy la misma seguridad
y estabilidad que la Unión Europea.
-España también
forma parte de la Unión Europea y mantiene un fuerte proceso de expansión
en América latina.
-Es cierto. Hay países que tienen relaciones más fuertes con
América latina y otros que no. Eso depende de los objetivos que tiene
cada país y de los riesgos que quiera afrontar. Lo ideal sería
que la especulación bajara y que la gente se dedicara menos a observar
los mercados de capitales y más a ver cuál es la situación
interna de cada país en cuanto a aspectos como los niveles de sueldos
y la calidad de vida. Una de las causas de la crisis de Japón fue su
expectativa de que el yen se mantendría estable. Pero cuando los mercados
lograron desestabilizar el yen, todos los países de Asia se vieron expuestos.
Lo mejor sería que el tipo de cambio se basara en los salarios internos.
Hay que tratar de que los estados puedan nivelar sus tipos de cambio. Este es,
por ejemplo, uno de los problemas de la transformación de los países
de Europa oriental: el nivel de vida era bastante alto en la mayoría
de esos países. Para detener la inflación, los estados debieron
intervenir en los mercados internos.
-Es decir que resulta fundamental
corregir los precios relativos de cada economía.
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Los Cinco Sabios Fundado en 1925, el Instituto de Investigaciones Económicas de Esos institutos forman en primera fila entre los centros de investigación En el de Berlín que “nunca” fue contratado por una institución |
-Sí. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional trataron de
que esos países nivelaran los precios y estabilizaran sus monedas para
poder llegar a un mercado. Pero el problema, luego, fue que los tipos de cambio
no eran competitivos y se debió hacer fuertes correcciones. Eso fue,
por ejemplo, lo que pasó en Rusia.
-De acuerdo con ese razonamiento,
usted no es partidario de un tipo de cambio fijo, como el que tenemos en la
Argentina, ¿verdad?
-No. No es algo bueno. Pero puede llegar a aceptarse eso si la economía
interna de un país puede ajustarse a ello. Si el tipo de cambio está
determinado por ley pero la economía interna se maneja de otra forma,
habrá un agujero en el medio. Tampoco sirve tener un tipo de cambio
sumamente libre, que suba y baje según el mercado. Lo mejor es tener
un tipo de cambio controlable, por ejemplo dentro de una banda con piso
y techo.
-Un país que tuvo una
tradición inflacionaria tan extraordinaria como la Argentina (y como
Alemania durante los años ´20), ¿puede estabilizarse con un tipo
de cambio variable?
-Depende de cómo la economía interna reacciona a los estímulos.
La economía interna debe estar disciplinada para poder reaccionar adecuadamente
a los acontecimientos. Tiene que haber una coordinación entre la política
salarial, la política financiera y la política monetaria. Si no
existe esa disciplina y esa armonía, el sistema no va a funcionar. Cualquier
estrategia de estabilización tiene que adecuarse al mercado interno es
decir, al nivel de sueldos y al costo de la vida porque si no, no va a
funcionar.
-Dado que una sociedad es un
organismo vivo, ¿cómo se manejan esos procesos?
-Tiene que haber instituciones que canalicen esos procesos y esas tensiones.
En materia de política salarial, por ejemplo, tiene que haber sindicatos
fuertes y empresas claramente generadoras de empleo. Ambos tipos de organizaciones
deben trabajar juntos para llegar al consenso. Ese es su trabajo, su objetivo.
Si algo bueno tiene el modelo alemán de economía social de mercado
es que las empresas y los sindicatos siempre se las ingenian para llegar al
consenso.
-¿Le cabe al Estado una
participación o una responsabilidad protagónica en la articulación
del consenso?
-El papel del Estado es muy importante en el momento de legitimar ese consenso
a través de sus herramientas de política salarial y política
financiera.
-La tercera
vía representa una crítica a lo que el mercado no pudo resolver
y una revalorización de las funciones de los estados. ¿Es razonable
esperar una participación más activa de los estados en materia
económica?
-El mercado debería funcionar solo y el Estado debería influir
en el momento en que el mercado produce algún problema o no es todo lo
eficiente que debiera ser. Es lo que en general sucede en los países
de Europa. Y en esos casos es correcto que el Estado se involucre.
Alejandro J. Lomuto
(En Berlín)
