martes, 26 de mayo de 2026

    “La economía mundial es cada vez más insegura”

    -¿Cómo define la
    actual situación macroeconómica internacional?

    -El mayor problema de la situación macroeconómica actual es la
    inseguridad. Y las consecuencias de esa inseguridad, que se reflejan, por ejemplo,
    en las oscilaciones de los mercados bursátiles, son muy difíciles
    de evaluar. Un dato importante para saber cómo influirá esta inseguridad
    internacional en cada país es la situación interna de cada economía.
    Alemania, por ejemplo, tiene una economía bastante cerrada y comercia
    principalmente con los distintos países de la Comunidad Europea. Pero
    como no está sola, sino que forma parte de un bloque de países,
    se trata de que la inseguridad y los pro-blemas económicos internacionales
    tengan la menor influencia posible en ese bloque de países. Otro ejemplo
    es Estados Unidos: en este caso, el comercio exterior no cumple un papel tan
    decisivo como la situación interna. Allí, si la situación
    interna es buena, lo que pasa internacionalmente no va a tener tanta influencia.

    -¿Por qué la salud
    de la economía internacional depende cada vez más de la salud
    de los mercados de capitales? ¿Esto va a ser cada vez más así
    o hay posibilidades de revertirlo?

    -Ese es un tema que ya se veía venir. Efectivamente, la economía
    real está cada vez más influida por los movimientos de capitales
    especulativos, que generan una inseguridad cada vez mayor y tienen una influencia
    creciente en las inversiones. Lo más importante en este sentido es tratar
    de mantener estables las expectativas con respecto a lo que es la economía
    real. Para ello, los estados tienen herramientas de política monetaria:
    por ejemplo, bajar las tasas de interés y controlar el tipo de cambio.

    -¿En el caso de los países
    emergentes también recomienda una actuación más decidida
    de los estados en materia de regulación de los flujos de capitales?

    -En caso de una crisis financiera, sí. Pero no puede ser una política
    a largo plazo.

    -Usted dijo que Alemania tiene
    una economía bastante cerrada, y esto se nota en la Argentina, donde
    el capital alemán tiene un papel bastante menos relevante que el de otras
    naciones desarrolladas. ¿Eso no le quita posibilidades de solucionar sus
    propios problemas?

    -Alemania está básicamente cerrada dentro de la Unión
    Europea. Tiene allí una seguridad económica de la que, quizá,
    no necesita salir. Pero, al mismo tiempo, trata de ir introduciéndose
    en mercados de países en expansión. Tiene sus destinos, sus objetivos.
    Debe abrirse más, como en el caso de la Argentina, porque no hacerlo
    significa tener menor influencia relativa que otros países. Pero con
    cuidado, dado que la coyuntura internacional no presenta hoy la misma seguridad
    y estabilidad que la Unión Europea.

    -España también
    forma parte de la Unión Europea y mantiene un fuerte proceso de expansión
    en América latina.

    -Es cierto. Hay países que tienen relaciones más fuertes con
    América latina y otros que no. Eso depende de los objetivos que tiene
    cada país y de los riesgos que quiera afrontar. Lo ideal sería
    que la especulación bajara y que la gente se dedicara menos a observar
    los mercados de capitales y más a ver cuál es la situación
    interna de cada país en cuanto a aspectos como los niveles de sueldos
    y la calidad de vida. Una de las causas de la crisis de Japón fue su
    expectativa de que el yen se mantendría estable. Pero cuando los mercados
    lograron desestabilizar el yen, todos los países de Asia se vieron expuestos.
    Lo mejor sería que el tipo de cambio se basara en los salarios internos.
    Hay que tratar de que los estados puedan nivelar sus tipos de cambio. Este es,
    por ejemplo, uno de los problemas de la transformación de los países
    de Europa oriental: el nivel de vida era bastante alto en la mayoría
    de esos países. Para detener la inflación, los estados debieron
    intervenir en los mercados internos.

    -Es decir que resulta fundamental
    corregir los precios relativos de cada economía.

    Los Cinco Sabios

    Fundado en 1925, el Instituto de Investigaciones Económicas de
    Alemania con sede en Berlín es el más antiguo de los Cinco
    Sabios
    , como se conoce internacionalmente a los cinco organismos de
    igual nombre radicados en diferentes ciudades alemanas. Uno de ellos,
    el de Kiel, alcanzó cierto renombre en la Argentina a mediados
    de los ´80, cuando se atribuyó a uno de sus informes haber inspirado
    a los autores del Plan Austral.

    Esos institutos forman en primera fila entre los centros de investigación
    económica más prestigiosos del mundo. Sin fines de lucro,
    la mitad de su financiación está garantizada por el sector
    público (50% el gobierno federal y 50% los estados provinciales
    que los albergan) y la otra mitad proviene de los contratos por las investigaciones
    que les encargan organizaciones públicas ­principalmente­
    y privadas.

    En el de Berlín ­que “nunca” fue contratado por una institución
    ni empresa argentina, según Seidel­ trabajan 200 personas.
    De ellas, la mitad son investigadores; el resto, administrativos. Su presupuesto
    anual es de 30 millones de marcos (US$ 20 millones). Uno de los departamentos
    más importantes es el de Coyuntura, cuyo director fue convocado
    como asesor por el nuevo gobierno socialdemócrata que encabeza
    el primer ministro Gerhard Schroeder.

    -Sí. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional trataron de
    que esos países nivelaran los precios y estabilizaran sus monedas para
    poder llegar a un mercado. Pero el problema, luego, fue que los tipos de cambio
    no eran competitivos y se debió hacer fuertes correcciones. Eso fue,
    por ejemplo, lo que pasó en Rusia.

    -De acuerdo con ese razonamiento,
    usted no es partidario de un tipo de cambio fijo, como el que tenemos en la
    Argentina, ¿verdad?

    -No. No es algo bueno. Pero puede llegar a aceptarse eso si la economía
    interna de un país puede ajustarse a ello. Si el tipo de cambio está
    determinado por ley pero la economía interna se maneja de otra forma,
    habrá un agujero en el medio. Tampoco sirve tener un tipo de cambio
    sumamente libre, que suba y baje según el mercado. Lo mejor es tener
    un tipo de cambio controlable, por ejemplo dentro de una banda con piso
    y techo.

    -Un país que tuvo una
    tradición inflacionaria tan extraordinaria como la Argentina (y como
    Alemania durante los años ´20), ¿puede estabilizarse con un tipo
    de cambio variable?

    -Depende de cómo la economía interna reacciona a los estímulos.
    La economía interna debe estar disciplinada para poder reaccionar adecuadamente
    a los acontecimientos. Tiene que haber una coordinación entre la política
    salarial, la política financiera y la política monetaria. Si no
    existe esa disciplina y esa armonía, el sistema no va a funcionar. Cualquier
    estrategia de estabilización tiene que adecuarse al mercado interno ­es
    decir, al nivel de sueldos y al costo de la vida­ porque si no, no va a
    funcionar.

    -Dado que una sociedad es un
    organismo vivo, ¿cómo se manejan esos procesos?

    -Tiene que haber instituciones que canalicen esos procesos y esas tensiones.
    En materia de política salarial, por ejemplo, tiene que haber sindicatos
    fuertes y empresas claramente generadoras de empleo. Ambos tipos de organizaciones
    deben trabajar juntos para llegar al consenso. Ese es su trabajo, su objetivo.
    Si algo bueno tiene el modelo alemán de economía social de mercado
    es que las empresas y los sindicatos siempre se las ingenian para llegar al
    consenso.

    -¿Le cabe al Estado una
    participación o una responsabilidad protagónica en la articulación
    del consenso?

    -El papel del Estado es muy importante en el momento de legitimar ese consenso
    a través de sus herramientas de política salarial y política
    financiera.

    -La tercera
    vía representa una crítica a lo que el mercado no pudo resolver
    y una revalorización de las funciones de los estados. ¿Es razonable
    esperar una participación más activa de los estados en materia
    económica?

    -El mercado debería funcionar solo y el Estado debería influir
    en el momento en que el mercado produce algún problema o no es todo lo
    eficiente que debiera ser. Es lo que en general sucede en los países
    de Europa. Y en esos casos es correcto que el Estado se involucre.

    Alejandro J. Lomuto
    (En Berlín)

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