Una muestra de confianza
Juan Alemann,
ex secretario de Hacienda
Los fondos son un síntoma de la confianza que el exterior deposita en
la Argentina. La principal diferencia con los empresarios tradicionales es que
se manejan de una forma mucho más profesional, muy orientada hacia la
búsqueda de eficiencia. Y, además, compran y venden muy rápido:
adquieren una firma, la levantan y si encuentran una oportunidad atractiva,
la venden.
La razón por la que los fondos reemplazan a los industriales tradicionales
de la Argentina no es un misterio. Lo sorprendente, en todo caso, es que no
hayan venido antes. En Estados Unidos ya no tienen nada que comprar: los mercados
están maduros, la Bolsa está inflada y el rendimiento que ofrece
es mínimo. Si le prestan al Exxel en lugar de financiar a los empresarios
locales es porque conocen al grupo, que participa de los circuitos internacionales.
Y porque saben que, si les va bien, consiguen una renta de 15 o tal vez 20%,
lo que es impensable en los mercados centrales.
En las economías emergentes encuentran un campo enorme porque hay muchas
empresas con dificultades.
Noto, de todos modos, que los fondos no son proclives a comprar compañías
con problemas serios. Más bien buscan empresas que funcionen, que requieran
algunos ajustes, no una gran inyección de capital. Newbridge desistió
de comprar Alpargatas, por ejemplo. Yo he tenido charlas con fondos por empresas
en convocatoria, y pese al blanqueo del pasivo que significa esta situación,
ellos no mostraron interés.
El Exxel no es lo mismo que Soros
Jorge Remes Lenicov,
diputado justicialista,
ex ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires
Todo capital que venga de afuera debe ser bien recibido, como apoyo al ahorro
interno. La inversión externa ha sido crucial para mejorar el management
y la capacidad tecnológica de nuestras empresas. Para 1997, los capitales
externos representaban 26% de nuestra inversión macroeconómica.
Por eso digo que la experiencia del Exxel Group no es nueva; ya en 1994 una
de las principales empresas de nuestro país, Terrabusi, fue comprada
por Nabisco. No encuentro diferencias entre esta compra y las que hacen los
fondos de inversión. En todos los casos ellos aportan inversión,
tecnología y management. Compran, ponen valor y venden. Pero esto
involucra un salto tecnológico y gerencial. Por eso sostengo que no se
comportan como financistas netos: no se trata de gente como (George) Soros,
que en un segundo juega contra el peso, el yen o el marco.
El Estado, mientras tanto, debe reivindicar el papel del pequeño y
mediano empresario y apoyarlo con información, crédito y capacitación,
es decir, con los tres ingredientes que vuelven al Exxel diferente. Así
conseguiremos desarrollar una malla de Pymes que le aporte estructura a nuestra
economía.
Porque en este esquema de crecimiento, no hay derrames de las grandes a las
medianas y pequeñas; y las empresas como las que maneja el Exxel se transforman
en islas de competitividad.
Nadie en el mundo conoce el origen de los fondos institucionales, no es porque
sí que existen los paraísos fiscales. Pero si existen Mónaco
o Liechtenstein es porque los países desarrollados hacen la vista gorda
a cambio de quedarse ellos con una parte de esos capitales cuyos orígenes
no se conocen. Si hay dinero que se va, el interés debe ser conseguir
que vuelva.
Hijos de la globalización
Horacio Cepeda,
investigador del Instituto
para el Desarrollo Industrial de la UIA
Los fondos de inversión no procuran operar sino hacer diferencias, así
que, en buena medida, su comportamiento está emparentado con el de los
brokers inmobiliarios. Se trata de comprar y mejorar. Esta gente tiene
una visión más profesional, si se quiere más global, del
negocio. De hecho, quizá sean el efecto de la globalización.
Grupos como ellos, sin restricciones de capital y con facilidades para conseguir
tasas más bajas de financiamiento, se transforman, para los vendedores,
en un comprador ideal. Están en condiciones de pagar más, porque
el beneficio futuro para ellos puede ser mayor: tienen más posibilidades
de expansión y de aprovechamiento de oportunidades.
La cuestión clave es si van a resultar exitosos a largo plazo. Resulta
sospechosa la compra de empresas aisladas, en un proceso en el que no está
claro el sentido estratégico.
La experiencia de los conglomerados en Estados Unidos que, después
de diversificarse, volvieron al core, no permite predecir nada, porque
acá hay una diferencia de desarrollo de mercado importante y porque no
existen leyes antimonopólicas: en la Argentina podrían comprar
una porción de mercado muy grande y no pasaría nada.
Hay demasiados interesados
en vender
Rodolfo Terragno,
diputado nacional, ex
ministro de Obras Públicas
Grupos como el Exxel existen en todo el mundo, cumplen una función y
pueden ser muy positivos. Ellos desarrollaron el know how de detectar
oportunidades de negocios con empresas económicamente fuertes y financieramente
débiles y recolectar fondos para adquirirlas.
El problema aparece cuando la actividad de estos grupos se hipertrofia, como
es el caso de la Argentina.
Entre las condiciones que hacen posible el funcionamiento del Exxel aparecen
la debilidad de la cultura empresaria argentina y la exposición abrupta
a la competencia que lleva a muchos a vender. El Exxel toma este dato y compra,
pero su objetivo no es, de ninguna manera, convertirse en un grupo industrial.
Actúa de intermediario: invierte para mejorar y, en cuanto se presenta
la oportunidad, sale.
En una economía desarrollada con un mercado de capitales fuerte y transacciones
entre las empresas nacionales, con fusiones como las que se dan en todo el mundo,
las intermediaciones de los grupos de inversión son mucho menores.
Lo que pasa es que en la Argentina no tenemos una Bolsa, sino una bolsita
que mueve 25 millones por día, muy pocas transacciones y mergers
entre nuestras firmas y un exceso de empresarios deseosos de vender.
Cuando un grupo como éste adquiere un peso tan grande es porque el
resto no está funcionando bien.
No creo que éste sea un fenómeno que se mantenga por mucho tiempo
en la economía argentina. Pasada la apertura, las privatizaciones y la
estandarización de los precios relativos, no van a encontrar tan a menudo
la rentabilidad que están teniendo hoy.
Apuesta al corto plazo y a la liquidez
Jorge Schvarzer,
profesor e investigador de la
Facultad de Ciencias Económicas de la UBA
La apertura atrajo tanto a las multinacionales como a los consorcios de inversión,
pero no creo que se trate de lo mismo. Nabisco o Dow apuestan a la producción
en su sector, juegan a futuro y harán las inversiones que sean necesarias
para consolidarse. En cambio, los grupos que manejan fondos institucionales
apuestan al corto plazo y a la liquidez.
Esto es explícito. Su objetivo es comprar, mejorar y luego vender,
porque no apuntan directamente al crecimiento productivo sino a la renta financiera.
Esto plantea una cuestión que no es menor: son el mayor empleador del
país, pero nada garantiza que lo sigan siendo.
Hace 20 años pasó algo parecido en Estados Unidos. Nacieron
los conglomerados, grupos financieros que compraban desde caramelos hasta plantas
siderúrgicas. La caída de este esquema fue bastante obvia: resulta
imposible gerenciar empresas tan diferentes.
El problema que veo en los fondos es que han logrado tasas de rentabilidad
tan altas como quedó demostrado en la venta de la mitad de Norte
que los pisos de rentabilidad que se fijan para inversiones futuras bloquean
las posibilidades de inversiones productivas reales. Las ganancias que han tomado
hasta ahora desalientan inversiones normales. Además, ni desde la teoría
ni desde la práctica se concibe al desarrollo sin empresarios nacionales,
porque es el local el que tiene que maximizar su negocio localmente.
Por otro lado, los países que crecieron son los que pusieron énfasis
en la tecnología y en las fábricas, no en las oportunidades financieras.
Aunque, claro, la industria no nace sola sino que requiere un entramado institucional
y el compromiso explícito del Estado.
Queda lugar para más grupos
Osvaldo Kacef,
investigador del Instituto para
el Desarrollo Industrial de la UIA
El Exxel tiene, evidentemente, posibilidades de expandirse en el negocio que
le permiten pagar un precio muy tentador a los dueños de las empresas,
que no cuentan con posibilidades de desarrollo parecidas. Aquí, el acceso
al financiamiento es crucial.
Como grupo inversor, no creo que tengan una vocación industrial o comercial
muy definida. La lógica que se sigue es la de los mercados financieros;
entonces, si el negocio pasa por otro lado, se desarma lo existente.
En ese punto es distinto de un industrial, que está atado a los fierros
que tiene, y no es tan fácil vender. De todos modos, pienso que si ellos
planean salir, no será en el corto plazo sino en el mediano, cuando hayan
podido valorizar los precios que hayan pagado y tengan un negocio mayor.
Un país no crece de la misma manera con empresarios con vocación
industrial que con empresarios que compran y venden permanentemente. El industrial
toma riesgos, a veces casi irracionales, para modificar la planta, modernizar,
lanzar nuevos productos. La vocación empresaria implica que el empresario
va a tratar de expandir su negocio y reinvertir en el país, cosa que
no sé si el Exxel va a hacer.
Todavía hay lugar para más grupos de este tipo, quedan zonas
sin ocupar. La productividad de la economía argentina estuvo detenida
durante 20 años. Me parece que cualquier sector que sea básicamente
comercializador y en el que se requiera una inversión en distribución
y en cultura organizacional es apto para un grupo de este tipo.
La lógica financiera
rige para todos
Eduardo Basualdo,
investigador y coordinador
del área de Economía y Tecnología de la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)
Uno de los cambios más significativos en el comportamiento de la cúpula
empresarial a partir de 1976 es que en su estructura y formas de operación
adquiere cada vez más importancia la valorización financiera.
Este comportamiento no es patrimonio de las instituciones netamente financieras
sino que se ve también en la operatoria de las firmas industriales.
Entonces, la conducta de los fondos de inversión que compran con una
lógica absolutamente financiera no es ajena a la economía argentina.
No es que llegaron los marcianos, ni tampoco que el Exxel o el CEI sean anomalías.
Los grupos argentinos otorgan el mismo predominio a la valorización financiera,
y esto se percibe tanto en los dos holdings que constituyen el arquetipo
de la industrialización como en los pools de siembra que hoy dominan
al agro.
La llegada de estos fondos es la coronación de un proceso de 20 años.
En los ´80, la valorización financiera se vincula con la fuga de capitales.
A partir de la tablita de 1979, los grandes grupos revierten lo que debería
ser el comportamiento normal del sector empresario y utilizan el endeudamiento
ya no como forma de financiamiento típico de la era de las sustituciones
sino para valorizar ese capital.
Según estimaciones del Banco Mundial y de la banca Morgan, al iniciarse
esta década había US$ 50.000 millones de inversores argentinos
colocados como depósitos en el exterior. Para 1997, y luego de que una
parte sustancial de esos 50.000 mil millones originales retornara para participar
de las privatizaciones, la cifra llega a US$ 75.000 millones. Queda claro que
la valorización financiera goza de buena salud.
¿Cómo seguirán
creciendo los demás?
Roberto Bisang,
investigador de la Universidad
de General Sarmiento y de la Cepal
No pasa inadvertida la valorización de los activos que tocan los grupos,
cómo dinamizan los sectores en los que participan. Lo vemos, por ejemplo,
en el Abasto. El asunto es cómo juegan con el resto de los grupos productivos.
Hay una división entre los fierreros, los industriales, y la gente
del sector financiero. Entre ellos la competencia no se da tanto en el terreno
de los productos sino en la velocidad para captar los nuevos nichos de mercado
y reaccionar ante las oportunidades.
No en vano los que vendieron, como Gruneisen, Perez Companc, Macri o Soldati
forman grupos de inversión. El objetivo es mantenerse con cash
y tener capacidad de entrada y salida. Aquí existe un abismo entre ellos
y los conglomerados industriales o agropecuarios. Arcor puede facturar 1.000
millones, pero tiene poco cash para aprovechar una oportunidad.
Así se origina un problema muy serio, porque los fondos les sacan a
los industriales tradicionales, a los que tienen inversiones a largo plazo,
los negocios más rentables.
La Argentina tiene un mercado muy pequeño y muy abierto. Hay entre
25 y 40 empresas de primera línea, que crecieron en diferentes etapas:
la sustitución de importaciones, los regímenes promocionales,
los contratos con el Estado o la participación en las privatizaciones.
El problema es cómo seguirán creciendo. Ya no se puede seguir
a costa del Estado porque ya no existe como cliente, los regímenes de
promoción no son tan atractivos, las privatizaciones terminaron y las
concesiones ya están asignadas. Hay pocos espacios de donde sacar renta.
Aquí, en este contexto de escasez, es donde los fondos representan un
problema para lo que en algún momento se llamó los capitanes
de la industria.
Puede surgir un problema
de tamaño
Adolfo Sturzenegger
y Darío Braun, Acción
por la República
Grupos como el Exxel cumplen un papel muy importante para el capitalismo: compran
una empresa y maximizan su rendimiento durante el período de transición
en el que la administran.
Así como la globalización implica el peligro de alta volatilidad
provocada por los comportamientos de contagio o manada, también
tiene ventajas que hay que aprovechar. Una de ellas es la transferencia de tecnología
en sentido amplio.
Lo que tiene el Exxel es know how para atraer inversores y valorizar
a las compañías que compra, sobre todo a través de modificaciones
en su management. Es gente que asume riesgos y que toma renta acorde
a ese riesgo.
Habrá que ver si se convierten en un conglomerado industrial. Por ahora,
arman paquetes de propiedad característicos de un holding, creando
una estructura de empresas cuya única identidad es el crecimiento rápido
en el corto plazo y ventajas de liquidez y caja. Convertirse en un conglomerado
industrial no parece ser la mejor estrategia para ellos. Tal vez sea más
conveniente seguir con la mejora de management como un servicio, y luego
encontrar compradores que puedan darles las ventajas de conocimiento y administración
específica de la rama en la que actúa esa empresa.
Pueden llegar a tener, quizá ya lo tengan, un problema vinculado con
el tamaño. Por un lado, tienen un buen leverage, pero por otro
van a entrar en dificultades de gestión y quedarían expuestos
a perder la capacidad de ir haciendo estos negocios rápidos.
Si la masa de dinero del Exxel la manejaran cinco grupos, uno se sentiría
más tranquilo. Da la impresión de que, con ese tamaño,
existe la posibilidad de que se sientan tentados a trasladar a otros sus errores.
