En Brasil, jubilarse joven está
de moda. Naturalmente, el país sufre las consecuencias. La edad promedio
típica ronda los 49 años y algunos trabajadores no necesitan cumplir
con requisitos de edad mínima para recibir las pensiones que otorga el
estado. La expectativa de vida en Brasil es de 66 años y aumenta rápidamente.
Los funcionarios públicos (hay más de 4,9 millones en actividad
en estos momentos) se llevan la mejor tajada. Se jubilan con un haber igual
a 100% o más del último salario percibido. El presidente de Brasil,
Fernando Henrique Cardoso, suele referirse a estos jubilados como "vagabundos
en un país de pobres".
Cardoso y su ministro de Seguridad Social, Waldeck Ornelas, están decididos
a liberarse de estos vagabundos antes de que Brasil caiga en la bancarrota.
La brecha que existe entre las erogaciones por jubilaciones y la recaudación
fiscal alcanzará la sorprendente cifra de 24.500 millones de reales este
año (equivalentes a alrededor de 3% del PBI), frente a los 19.000 millones
de 1997. El año próximo la cifra podría ser superior. Con
un seguro social con estos niveles de déficit, la estabilidad financiera
que Brasil consiguió durante el mandato de Cardoso corre peligro.
Cardoso posiblemente presente un proyecto de ley en el congreso que estipule
una edad mínima para jubilarse de 60 años para los hombres y de
55 años para las mujeres que ingresen a partir de ese momento a la fuerza
laboral. La población ya activa se jubilará a los 53 años
(hombres) o a los 48 años (mujeres).
¿Privatizar por otras vías?
Estas reformas recortarían el déficit de seguridad social considerablemente
e incluso comenzarían a generar un superávit después del
2005. Pero lo que es aún más importante, los funcionarios públicos
que ganan más de 1.200 reales por mes percibirán un haber jubilatorio
estatal inferior a 100% de su sueldo final. Los funcionarios que más
cobran se jubilarán con un haber igual a 70% de su última remuneración.
Las jubilaciones para los trabajadores del sector privado también se
limitarían a 1.200 reales por mes.
Esta es una manera de privatizar el sistema de previsión social: los
brasileños que quieran gozar de un buen nivel de vida al jubilarse deberán
invertir en fondos de pensión privados.
"Nuestro objetivo", comenta Ornelas, "es estimular los ahorros
en el ámbito nacional y democratizar los mercados de capital". Los
colaboradores de Ornelas señalan que los activos que administran los
fondos privados de pensión podrían superar 20% del PBI en 10 años,
en tanto que el nivel actual es de 12% (alrededor de US$ 90.000 millones).
En cierto sentido, Cardoso es responsable de la crisis del sistema de previsión
social: al estabilizar la moneda brasileña en 1994, derrotó la
hiperinflación y, de repente, los brasileños descubrieron que
el seguro social podía proporcionarles un buen nivel de vida.
Las reformas auguran buenas oportunidades para muchos sectores de la economía
brasileña. Carlos Kawall, economista jefe del Citibank en San Pablo,
señala que el dinero fresco de los fondos de pensión privados
se volcará a las acciones y a los bonos corporativos, que prácticamente
no existen en Brasil actualmente. Esto, a la vez, reducirá el control
estatal de los mercados de capital y le dará a los empresarios brasileños
mayor acceso a capital. Dice Kawall: "La reforma del sistema de previsión
social es fundamental para subsanar la falta de financiamiento local a largo
plazo".
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