Cuesta pensar que “Tucumán,
la dulce” tenga ahora el sello ácido del limón amarillo. En los
últimos 20 años, la cuna de la industria azucarera ha venido registrando
un cambio sustancial en su economía productiva. Las 33.000 hectáreas
con plantaciones de citrus que se distribuyen en el territorio provincial
dan cuenta de esta reconversión agrícola de neto perfil exportador.
El negocio mueve alrededor de US$ 180 millones por año, equivalentes
a algo más de la mitad de las cifras que exhibe el azúcar que,
en 1997, sumaron US$ 350 millones. La actividad aporta hoy 20% del ingreso bruto
provincial, y la provincia pelea con Estados Unidos y España el liderazgo
mundial como productora de limones.
Los ejes del negocio son la producción y exportación de fruta
fresca, jugos cítricos que se incorporan a las bebidas sin alcohol, aceites
esenciales y cáscara deshidratada.
El boom del limón en Tucumán aparece obviamente vinculado
a la caída en los precios internacionales del azúcar a partir
de mediados de la década de los ´80. Se creó así el escenario
económico propicio para la diversificación. Carlos Alberto Le
Fort, productor y secretario de la Asociación Tucumana de Citrus, explica
que “el tránsito del azúcar al citrus se acentuó
en los últimos siete u ocho años. Paulatinamente, por las condiciones
climáticas y por las características del suelo, se fueron destinando
a la actividad citrícola tierras que eran cañeras”.
Génesis del negocio
En la gestación de este boom confluyeron al menos tres variables:
clima apto, condiciones de suelo adecuadas y el factor humano. En la
historia de esta explotación agrícola emergente es ineludible
la referencia a Alfredo Guzmán y a la Estación Experimental Agroindustrial
Obispo Colombres, cuyo departamento de citrus fue y sigue siendo
el principal laboratorio de ensayo para el desarrollo genético de las
tres variedades de limón amarillo que mejor se adaptan a las condiciones
del suelo tucumano.
La importancia del factor humano no es menor: sucede que, a diferencia del
cultivo de la caña de azúcar (donde se impone la sencilla premisa
de “sembrar y dejar crecer, hasta cosechar”) los rendimientos de la producción
del limón son lentos.
Dos empresas familiares tucumanas, con larga raigambre en la zona, se destacan
entre los siete grupos que dominan la explotación industrial de la fruta,
y que controlan entre 60 y 70% del negocio en la provincia. También participan
en la actividad Citromax (de capitales norteamericanos), Litoral Citrus y la
Cooperativa COTA.
Le Fort apunta que en la provincia hay siete plantas, en su mayoría
integradas (son productores, exportadores e industrializadores). “Se tiende
a la concentración”, admite. “Pero hay un importante segmento de productores
medianos que son exportadores. Y suman cerca de 500 las empresas familiares
que se dedican a la producción de limón.”
Rumbo a Rusia
Vicente Lucci, el presidente del directorio de la firma Citrusvil es el prototipo
del self made man en versión italiana. “Mi actividad siempre fue
y sigue siendo la construcción. Invertí en un pedazo
de tierra, que tenía caña y citrus. Y llegué a la
conclusión de que no tenía sentido mantener las dos cosas. Opté
por los cítricos, que en esa época no representaban nada. Lo otro,
la caña, era poco, pero seguro”, recuerda.
En la década de los ´80 Lucci hizo su primera exportación de
fruta fresca a Rusia. “Ahí acompañé a la Citrícola
San Miguel, que tenía un compromiso de un millón de cajones”,
explica don Vicente, hoy señalado como el primer productor individual
de limón en el mundo.
En septiembre, Domingo Cavallo visitó la planta de Citrusvil, en el
municipio de Banda del Río Salí. Allí, ante un centenar
de obreros, don Vicente y el padre de la Convertibilidad se prodigaron
elogios recíprocos.
Quienes conocen la trastienda del negocio aseguran que Lucci había rechazado
poco antes una oferta de compra que le hizo el ex secretario del Tesoro de Estados
Unidos, Nicholas Brady, quien es accionista de la Citrícola San Miguel.
La firma, una sociedad anónima que desde el año pasado cotiza
en la Bolsa de Buenos Aires, está controlada desde 1994 por el grupo
MBP, (Miguens, Bemberg y Packard) y por el Merchant Bank.
En 1996, la empresa San Miguel invirtió US$ 23 millones en la compra
de dos empresas del grupo Macri: Citrus Trade y Magar, lo que le permitió
consolidarse como el jugador más fuerte del sector. Sus exportaciones
absorben actualmente 40% de la producción de limón tucumano, y
las firma puso en marcha un importante programa de inversiones para ampliar
su capacidad de molienda.
El enigma del aceite
“Tucumán era zona de naranjas. El limón tenía muy poca
demanda”, relata Lucci. “Hasta que alguien recordó que del limón
se extrae aceite esencial. Pero nadie sabía muy bien para qué
servía. Don Antonio Mata, que era entonces el dueño de la Citrícola
San Miguel, empezó a indagar en Italia y Estados Unidos. Esto fue hace
medio siglo. Y el aprendizaje llevó 15 o 20 años. Al mismo tiempo,
se produjo en todo el mundo el auge en el consumo de los productos naturales.”
Una de las firmas pioneras, Vicente Trápani, abrió su planta
industrial en 1967. Con una capacidad de tratamiento de 110.000 toneladas de
limones por año, produce ahora 6.500 toneladas anuales de jugo concentrado.
La empresa de los Trápani exhibe, como Citrusvil, la matriz de la estructura
familiar (aunque es una sociedad anónima a la que, según afirman
sus directivos, no le interesa cotizar en bolsa). Como sus competidores, cuenta
con tecnología de última generación para toda la cadena
de sus procesos industriales.
Crecimiento sin barreras
En los últimos años, los tres principales protagonistas del negocio
invirtieron alrededor de US$ 30 millones de dólares en la renovación
de sus plantas para lograr mayor productividad.
Citrusvil amplió este año su capacidad de molienda y espera duplicar
las cifras de producción de 1997. La firma está en plena expansión.
Sobre la ruta que lleva a Cruz Alta, el grupo levanta una nueva planta con capacidad
para procesar 400.000 toneladas anuales de fruta.
El destino, en este caso, es el mercado norteamericano: la empresa de Lucci
acaba de cerrar un contrato que la convierte en proveedora de jugos cítricos
para la casa matriz de Coca Cola en Atlanta.
Desde agosto los productores posaron su vista en el mercado estadounidense,
luego de que ese país levantara las barreras fitosanitarias impuestas
al ingreso de fruta fresca tucumana, gracias a una ardua negociación
encarada por la Cancillería. Sólo dos meses después, el
Departamento de Agricultura suspendió por 120 días la importación
de cítricos argentinos.
Rivales y socios
En rigor, el limón tucumano les cae ácido a los fuertes agricultores
de los estados de Florida y California. En cuanto se enteraron del avance de
las negociaciones bilaterales, vinieron en comitiva, para evaluar a la competencia.
Cuentan sus anfitriones que “los norteamericanos se asombraron ante la calidad
de la fruta tucumana”.
“Ellos tienen costos muy superiores a los nuestros. La mano de obra es mucho
más cara, y una hectárea de tierra vale mucho más en California
que en Tucumán. Además, nuestra calidad es igual, o mejor”, razona
Lucci, quien sin embargo reconoce que la vía más recomendable
para conquistar el mercado estadounidense es el joint venture con sus
potenciales rivales.
“Estamos evaluando la alternativa de venderles el limón, para que ellos
lo ingresen al mercado. Los norteamericanos venden un cajón de fruta
a un precio que oscila entre US$ 13 y 30. Los argentinos podríamos llegar
a Estados Unidos en la época de baja oferta con un precio de US$ 12 a
15 por cajón.”
El fantasma de la sobreoferta
En 1994, Tucumán concentraba 15% de la producción mundial de
limón. Cuatro años después, la participación trepó
a 22%.
Las cifras parecen prometedoras, pero el fantasma de la hiperproducción
preocupa a los protagonistas del negocio. Entre enero y agosto de este año,
el sector citrícola local exportó 20% menos de fruta fresca que
en el mismo período de 1997, como consecuencia de la buena performance
de los españoles, que abastecieron al mercado europeo. También
incidieron en la caída un retraso en los envíos a la Unión
Europea, por razones climáticas, y la necesidad de evitar una sobreoferta
en ese mercado.
Con esos datos en la mano, Lucci refuerza su argumento de que “ya no solamente
se trata de producir, sino de abrir mercados. Estados Unidos es el primer productor
del mundo, pero nosotros podemos pasar del millón de toneladas. Y ahí
empiezan nuestras dificultades. Porque las grandes producciones generan problemas
de mercado. Al mismo tiempo, es importante contar con un volumen importante,
de modo que en cualquier parte del mundo sepan que en Tucumán encontrarán
una oferta permanente”.
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Salir a vender Vicente Ignacio Trápani, empresario del sector y directivo de “Hasta ahora, logramos un enorme crecimiento porque rápidamente Además, afirma el dirigente, “se requiere avanzar en mercados |
Le Fort avala las advertencias de Lucci sobre las condiciones de mercado. Y
apunta que “para entender esta actividad hay que comprenderla como un negocio
integrado en el que participan tres componentes: productor, exportador y comercializador.
La actividad nuclea a 500 productores, 20 empacadores y siete plantas industriales”.
En cuanto a las cadenas de comercialización, Le Fort explica que “la
explosión de la actividad ha generado una capacitación intensiva
en comercio exterior”.
“La actividad no es subsidiada, sus precios se mueven por la fluctuación
de la oferta y la demanda, de modo que hubo que salir a buscar mercados”, argumenta.
“Antes, solamente podíamos exportar aceites esenciales. Después
empezamos a colocar los jugos. Estamos entre los primeros productores del mundo,
y podemos superar a Estados Unidos. De todos modos, 80% de la producción
tucumana de fruta fresca está destinada a Europa que, como sabemos, subsidia
su producción.”
Nace una visión
El auge exportador del citrus no sólo le aportó divisas
a la economía tucumana. “Creo que el sector demostró visión
empresaria, al desarrollar una política agresiva de oferta del producto.
Logró una calidad internacional reconocida, tanto en la fruta como en
los sistemas de empaque, y en la presentación final del producto, de
acuerdo con las exigencias del consumidor actual”, afirma Le Fort. “Tanto en
la cabeza de los grandes grupos como en la del importante segmento de productores
medianos que son exportadores está claro que hay que trabajar
para el interés del consumidor.”
En 1996, los mercados externos absorbieron alrededor de 78% de la producción
de fruta fresca y 88% de los derivados industriales. El principal demandante
de aceites es la industria de las bebidas sin alcohol.
En 1997, la oferta local fue de 800.000 toneladas, lo que le permitió
a Tucumán cubrir 22% de la producción mundial de limones. Las
previsiones para 1999 apuntan a un millón de toneladas. Una cifra que
entusiasma y desvela por igual a los productores locales. Porque ya se demostró
que es posible sacarle nuevo jugo a la tierra tucumana. Ahora, se trata de encontrar
mercados.
Nora Lía Jabif
(en San Miguel de Tucumán)
Informe: Dante Erbetta
