jueves, 28 de mayo de 2026

    Cómo sacarle jugo a la tierra

    Cuesta pensar que “Tucumán,
    la dulce” tenga ahora el sello ácido del limón amarillo. En los
    últimos 20 años, la cuna de la industria azucarera ha venido registrando
    un cambio sustancial en su economía productiva. Las 33.000 hectáreas
    con plantaciones de citrus que se distribuyen en el territorio provincial
    dan cuenta de esta reconversión agrícola de neto perfil exportador.

    El negocio mueve alrededor de US$ 180 millones por año, equivalentes
    a algo más de la mitad de las cifras que exhibe el azúcar que,
    en 1997, sumaron US$ 350 millones. La actividad aporta hoy 20% del ingreso bruto
    provincial, y la provincia pelea con Estados Unidos y España el liderazgo
    mundial como productora de limones.

    Los ejes del negocio son la producción y exportación de fruta
    fresca, jugos cítricos que se incorporan a las bebidas sin alcohol, aceites
    esenciales y cáscara deshidratada.

    El boom del limón en Tucumán aparece obviamente vinculado
    a la caída en los precios internacionales del azúcar a partir
    de mediados de la década de los ´80. Se creó así el escenario
    económico propicio para la diversificación. Carlos Alberto Le
    Fort, productor y secretario de la Asociación Tucumana de Citrus, explica
    que “el tránsito del azúcar al citrus se acentuó
    en los últimos siete u ocho años. Paulatinamente, por las condiciones
    climáticas y por las características del suelo, se fueron destinando
    a la actividad citrícola tierras que eran cañeras”.

    Génesis del negocio

    En la gestación de este boom confluyeron al menos tres variables:
    clima apto, condiciones de suelo adecuadas y el factor humano. En la
    historia de esta explotación agrícola emergente es ineludible
    la referencia a Alfredo Guzmán y a la Estación Experimental Agroindustrial
    Obispo Colombres, cuyo departamento de citrus fue ­y sigue siendo­
    el principal laboratorio de ensayo para el desarrollo genético de las
    tres variedades de limón amarillo que mejor se adaptan a las condiciones
    del suelo tucumano.

    La importancia del factor humano no es menor: sucede que, a diferencia del
    cultivo de la caña de azúcar (donde se impone la sencilla premisa
    de “sembrar y dejar crecer, hasta cosechar”) los rendimientos de la producción
    del limón son lentos.

    Dos empresas familiares tucumanas, con larga raigambre en la zona, se destacan
    entre los siete grupos que dominan la explotación industrial de la fruta,
    y que controlan entre 60 y 70% del negocio en la provincia. También participan
    en la actividad Citromax (de capitales norteamericanos), Litoral Citrus y la
    Cooperativa COTA.

    Le Fort apunta que en la provincia hay siete plantas, en su mayoría
    integradas (son productores, exportadores e industrializadores). “Se tiende
    a la concentración”, admite. “Pero hay un importante segmento de productores
    medianos que son exportadores. Y suman cerca de 500 las empresas familiares
    que se dedican a la producción de limón.”

    Rumbo a Rusia

    Vicente Lucci, el presidente del directorio de la firma Citrusvil es el prototipo
    del self made man en versión italiana. “Mi actividad siempre fue
    ­y sigue siendo­ la construcción. Invertí en un pedazo
    de tierra, que tenía caña y citrus. Y llegué a la
    conclusión de que no tenía sentido mantener las dos cosas. Opté
    por los cítricos, que en esa época no representaban nada. Lo otro,
    la caña, era poco, pero seguro”, recuerda.

    En la década de los ´80 Lucci hizo su primera exportación de
    fruta fresca a Rusia. “Ahí acompañé a la Citrícola
    San Miguel, que tenía un compromiso de un millón de cajones”,
    explica don Vicente, hoy señalado como el primer productor individual
    de limón en el mundo.

    En septiembre, Domingo Cavallo visitó la planta de Citrusvil, en el
    municipio de Banda del Río Salí. Allí, ante un centenar
    de obreros, don Vicente y el padre de la Convertibilidad se prodigaron
    elogios recíprocos.

    Quienes conocen la trastienda del negocio aseguran que Lucci había rechazado
    poco antes una oferta de compra que le hizo el ex secretario del Tesoro de Estados
    Unidos, Nicholas Brady, quien es accionista de la Citrícola San Miguel.
    La firma, una sociedad anónima que desde el año pasado cotiza
    en la Bolsa de Buenos Aires, está controlada desde 1994 por el grupo
    MBP, (Miguens, Bemberg y Packard) y por el Merchant Bank.

    En 1996, la empresa San Miguel invirtió US$ 23 millones en la compra
    de dos empresas del grupo Macri: Citrus Trade y Magar, lo que le permitió
    consolidarse como el jugador más fuerte del sector. Sus exportaciones
    absorben actualmente 40% de la producción de limón tucumano, y
    las firma puso en marcha un importante programa de inversiones para ampliar
    su capacidad de molienda.

    El enigma del aceite

    “Tucumán era zona de naranjas. El limón tenía muy poca
    demanda”, relata Lucci. “Hasta que alguien recordó que del limón
    se extrae aceite esencial. Pero nadie sabía muy bien para qué
    servía. Don Antonio Mata, que era entonces el dueño de la Citrícola
    San Miguel, empezó a indagar en Italia y Estados Unidos. Esto fue hace
    medio siglo. Y el aprendizaje llevó 15 o 20 años. Al mismo tiempo,
    se produjo en todo el mundo el auge en el consumo de los productos naturales.”

    Una de las firmas pioneras, Vicente Trápani, abrió su planta
    industrial en 1967. Con una capacidad de tratamiento de 110.000 toneladas de
    limones por año, produce ahora 6.500 toneladas anuales de jugo concentrado.

    La empresa de los Trápani exhibe, como Citrusvil, la matriz de la estructura
    familiar (aunque es una sociedad anónima a la que, según afirman
    sus directivos, no le interesa cotizar en bolsa). Como sus competidores, cuenta
    con tecnología de última generación para toda la cadena
    de sus procesos industriales.

    Crecimiento sin barreras

    En los últimos años, los tres principales protagonistas del negocio
    invirtieron alrededor de US$ 30 millones de dólares en la renovación
    de sus plantas para lograr mayor productividad.

    Citrusvil amplió este año su capacidad de molienda y espera duplicar
    las cifras de producción de 1997. La firma está en plena expansión.
    Sobre la ruta que lleva a Cruz Alta, el grupo levanta una nueva planta con capacidad
    para procesar 400.000 toneladas anuales de fruta.

    El destino, en este caso, es el mercado norteamericano: la empresa de Lucci
    acaba de cerrar un contrato que la convierte en proveedora de jugos cítricos
    para la casa matriz de Coca Cola en Atlanta.

    Desde agosto los productores posaron su vista en el mercado estadounidense,
    luego de que ese país levantara las barreras fitosanitarias impuestas
    al ingreso de fruta fresca tucumana, gracias a una ardua negociación
    encarada por la Cancillería. Sólo dos meses después, el
    Departamento de Agricultura suspendió por 120 días la importación
    de cítricos argentinos.

    Rivales y socios

    En rigor, el limón tucumano les cae ácido a los fuertes agricultores
    de los estados de Florida y California. En cuanto se enteraron del avance de
    las negociaciones bilaterales, vinieron en comitiva, para evaluar a la competencia.

    Cuentan sus anfitriones que “los norteamericanos se asombraron ante la calidad
    de la fruta tucumana”.

    “Ellos tienen costos muy superiores a los nuestros. La mano de obra es mucho
    más cara, y una hectárea de tierra vale mucho más en California
    que en Tucumán. Además, nuestra calidad es igual, o mejor”, razona
    Lucci, quien sin embargo reconoce que la vía más recomendable
    para conquistar el mercado estadounidense es el joint venture con sus
    potenciales rivales.

    “Estamos evaluando la alternativa de venderles el limón, para que ellos
    lo ingresen al mercado. Los norteamericanos venden un cajón de fruta
    a un precio que oscila entre US$ 13 y 30. Los argentinos podríamos llegar
    a Estados Unidos en la época de baja oferta con un precio de US$ 12 a
    15 por cajón.”

    El fantasma de la sobreoferta

    En 1994, Tucumán concentraba 15% de la producción mundial de
    limón. Cuatro años después, la participación trepó
    a 22%.

    Las cifras parecen prometedoras, pero el fantasma de la hiperproducción
    preocupa a los protagonistas del negocio. Entre enero y agosto de este año,
    el sector citrícola local exportó 20% menos de fruta fresca que
    en el mismo período de 1997, como consecuencia de la buena performance
    de los españoles, que abastecieron al mercado europeo. También
    incidieron en la caída un retraso en los envíos a la Unión
    Europea, por razones climáticas, y la necesidad de evitar una sobreoferta
    en ese mercado.

    Con esos datos en la mano, Lucci refuerza su argumento de que “ya no solamente
    se trata de producir, sino de abrir mercados. Estados Unidos es el primer productor
    del mundo, pero nosotros podemos pasar del millón de toneladas. Y ahí
    empiezan nuestras dificultades. Porque las grandes producciones generan problemas
    de mercado. Al mismo tiempo, es importante contar con un volumen importante,
    de modo que en cualquier parte del mundo sepan que en Tucumán encontrarán
    una oferta permanente”.

    Salir a vender

    Vicente Ignacio Trápani, empresario del sector y directivo de
    la Federación de Citrus (Federcitrus), advierte, como el resto
    de los productores locales consultados por MERCADO, sobre los nuevos desafíos
    que se le presentan a la actividad.

    “Hasta ahora, logramos un enorme crecimiento porque rápidamente
    fuimos ocupando las ventanas de mercado que nos dejan ­como productores
    de contraestación­ las regiones productoras más importantes:
    Estados Unidos con 850.000 toneladas, España con 700.000, e Italia
    con 500.000. Hoy, tenemos que pensar en lograr la apertura de mercados
    como Estados Unidos o Japón, que tienen hábito de consumo
    de este tipo de limón, pero que ya están abastecidos. Hay
    que desplazar a sus proveedores habituales con calidad y precio.”

    Además, afirma el dirigente, “se requiere avanzar en mercados
    que no conocen de nuestros limones amarillos, como Brasil, India o México,
    que consumen limas ácidas. Para ello deberemos hacer, como región,
    fuertes inversiones en la promoción de nuestros frutos”.

    Le Fort avala las advertencias de Lucci sobre las condiciones de mercado. Y
    apunta que “para entender esta actividad hay que comprenderla como un negocio
    integrado en el que participan tres componentes: productor, exportador y comercializador.
    La actividad nuclea a 500 productores, 20 empacadores y siete plantas industriales”.

    En cuanto a las cadenas de comercialización, Le Fort explica que “la
    explosión de la actividad ha generado una capacitación intensiva
    en comercio exterior”.

    “La actividad no es subsidiada, sus precios se mueven por la fluctuación
    de la oferta y la demanda, de modo que hubo que salir a buscar mercados”, argumenta.
    “Antes, solamente podíamos exportar aceites esenciales. Después
    empezamos a colocar los jugos. Estamos entre los primeros productores del mundo,
    y podemos superar a Estados Unidos. De todos modos, 80% de la producción
    tucumana de fruta fresca está destinada a Europa que, como sabemos, subsidia
    su producción.”

    Nace una visión

    El auge exportador del citrus no sólo le aportó divisas
    a la economía tucumana. “Creo que el sector demostró visión
    empresaria, al desarrollar una política agresiva de oferta del producto.
    Logró una calidad internacional reconocida, tanto en la fruta como en
    los sistemas de empaque, y en la presentación final del producto, de
    acuerdo con las exigencias del consumidor actual”, afirma Le Fort. “Tanto en
    la cabeza de los grandes grupos como en la del importante segmento de productores
    medianos ­que son exportadores­ está claro que hay que trabajar
    para el interés del consumidor.”

    En 1996, los mercados externos absorbieron alrededor de 78% de la producción
    de fruta fresca y 88% de los derivados industriales. El principal demandante
    de aceites es la industria de las bebidas sin alcohol.

    En 1997, la oferta local fue de 800.000 toneladas, lo que le permitió
    a Tucumán cubrir 22% de la producción mundial de limones. Las
    previsiones para 1999 apuntan a un millón de toneladas. Una cifra que
    entusiasma y desvela por igual a los productores locales. Porque ya se demostró
    que es posible sacarle nuevo jugo a la tierra tucumana. Ahora, se trata de encontrar
    mercados.

    Nora Lía Jabif
    (en San Miguel de Tucumán)
    Informe: Dante Erbetta


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