Molinos ya tiene quien la compre
Molinos tendría comprador en puerta. A mediados del mes
pasado se supo que la candidata más fuerte para quedarse con
la principal empresa alimentaria argentina &endash;en una lista final
integrada por cinco aspirantes&endash; sería Conagra, un
gigante estadounidense del sector que factura US$ 27.000 millones al
año y que todavía no cuenta con presencia en la
región.
Cuatro meses atrás, el grupo Bunge & Born
decidió poner en venta todas sus compañías del
rubro alimentos. Además de Molinos, integran esa nómina
la brasileña Santista, la venezolana Gramoven y Bunge
Australia. La estrategia de B&B apunta a volver a concentrar
todas sus operaciones en lo que fueron los orígenes del
holding: el negocio de los commodities.
El responsable de la venta es el banco de inversión Credit
Suisse First Boston. En septiembre se supo que, junto a Conagra, las
que seguían en carrera eran la brasileña Sadia y tres
fondos de inversión, dos de ellos integrados por capitales
estadounidenses &endash;The Exxel Group y Hicks, Muse, Tate &
Furst, que ya tienen presencia en el país&endash; y el otro
piloteado por el Bradesco, uno de los más importantes bancos
de Brasil.
En principio habrían sido 32 las empresas que se
interesaron y pidieron información al Credit Suisse. La
entidad habría hecho una primera selección de 18 grupos
para llegar a los cinco finalistas.
Todos ellos ya recibieron información confidencial sobre
las compañías de Bunge & Born. Tras el proceso de
due dilligence que llevaban a cabo el mes pasado, cada uno
debía determinar qué activos incluirían en sus
ofertas.
Las posibilidades están abiertas: los grupos podrían
interesarse en comprar las empresas en bloque &endash;se dice que las
latinoamericanas tienen mayores oportunidades de ser adquiridas en
conjunto&endash; o hacer ofertas por separado.
Lo cierto es que a fines de septiembre se vencía el plazo
para que todas presentaran sus ofertas definitivas. El cambio de
manos se concretaría antes de que concluya el año.
Peñaflor viaja con Baesa
Buenos Aires Embotelladora (Baesa), la licenciataria local de
PepsiCo, fue una de las estrellas más fulgurantes en el
firmamento empresario de los ´90. Pero su suerte cambió cuando
intentó dar el salto a Brasil. Desde entonces, y a pesar de
seguir contando con una buena red de distribución, no pudo
levantar cabeza. Sus papeles dejaron de cotizar en la Bolsa y sus
deudas ya suman US$ 700 millones.
Sin embargo, en Baesa intentan dar un golpe de timón que
ayude a superar el mal momento. Mientras tratan de recomponer sus
finanzas, a la espera de que el comité de bancos acreedores
canjee entre 40 y 50% de la deuda por 98% de las acciones de la
empresa &endash;luego intentarían venderlas a un operador del
sector bebidas&endash;, la embotelladora selló una alianza con
Peñaflor para sacarle el jugo a su estructura
logística.
A mediados de agosto Baesa empezó a distribuir las marcas
de vinos de mesa Facundo, Crespi, Algarves y Casa de Troya, que la
empresa controlada por Luis Pulenta le compró hace unos meses
al grupo Marcó del Pont. Esas adquisiciones le permiten a la
bodega &endash;que también participa en el mercado de los
jugos con Cepita y Cipoletti y en el de las aguas, asociados al grupo
francés Danone, con Villa del Sur&endash; reforzar la
posición de liderazgo que les da Termidor.
Dentro del sector hay quienes ven en esta movida el interés de Peñaflor
por gestar una asociación futura con Baesa.
