miércoles, 15 de abril de 2026

    Los franceses que empezaron desde arriba

    “Vine al país con directivas claras. El grupo iniciaba un

    proceso de reingeniería que lo estaba llevando a concentrar

    sus esfuerzos en aquellos mercados en los que reunía mayores

    fortalezas: los productos lácteos frescos, las galletitas y

    las bebidas. Mi tarea en la Argentina fue analizar las marcas que

    participaban en esos tres mercados. Queríamos adquirir

    liderazgo o posiciones de challenger con potencial de número

    uno”, explica Philippe-Loïc Jacob, quien llegó a la

    Argentina en 1994 con la misión que le habían

    encomendado Antoine y Franck Riboud, padre e hijo, que en esos

    momentos se desempeñaban como chairman y CEO de la

    multinacional Danone, a la que querían hacer crecer fuera de

    Europa.

    La fórmula dio resultado: a cuatro años de su

    desembarco, Danone tiene el control de Bagley, primera en el mercado

    de galletitas, y logró asociarse con dos pesos pesados de la

    industria nacional: Mastellone y el Grupo Pulenta, para ser

    número uno en el mercado de los productos lácteos y

    ocupar un segundo puesto con expectativas de liderazgo en el de las

    aguas.

    “En realidad, las ventas sumadas de Villa del Sur, San Francisco,

    Wai Kiki y Evian nos instalan como la primera empresa de aguas del

    país, por encima de Villavicencio”, argumenta Jacob, CEO de

    Aguas Minerales, la responsable de desarrollar -junto a Villa

    Alpina- el negocio de Danone en el segmento.

     

    Tres golpes de efecto

    El proceso de desembarco de Danone en el país

    adquirió notoriedad a fines de noviembre de 1994, cuando los

    titulares de los diarios anunciaron que las Criollitas -la

    marca estrella de Bagley- habían pasado a manos del

    grupo francés. Danone pagó US$ 240 millones para

    hacerse de 51% de las acciones de la empresa (hasta entonces

    controlada por la Fundación Mosoteguy) líder del sector

    con un market share de 32%.

    Muchos analistas opinaron que el precio era demasiado alto: pocos

    meses antes, la estadounidense Nabisco había pagado US$ 360

    millones por la totalidad del paquete de Terrabusi. También se

    dijo que el monto de la operación había subido como

    resultado de la puja entre Danone, Nestlé y la propia Nabisco

    por adquirir el control de Bagley.

    Para Interbrand, una consultora británica especializada en

    valuación de marcas, por lo menos 50% de la operación

    correspondió al valor de las marcas que los franceses

    recibieron con la compra de la empresa (ver nota en la sección

    Marketing de esta edición).

    ¿Danone llegó tarde a la Argentina? “Eso no lo podemos

    medir”, asegura Jacob. Pero admite que “obviamente, me hubiera

    encantado hacer las compras en 1991, para disfrutar de los tres

    años de gloria de la Convertibilidad. Pero Nestlé, que

    llevaba décadas en el mercado argentino y había

    intentado durante años asociarse a la Fundación

    Mosoteguy y a Pascual Mastellone, tampoco pudo lograrlo”.

    Lo cierto es que el grupo no perdió el tiempo. En julio de

    1995 presentó en sociedad su joint-venture con Pascual

    Mastellone, en una demostración práctica del principio

    de aliarse a las líderes de cada sector.

    A comienzos de 1996, la sociedad entre los franceses y Mastellone,

    nacida para fabricar leches saborizadas, quesos frescos, postres y

    flanes, adoptó la forma de una nueva empresa: Danone Sociedad

    Anónima. El cambio le permitió a los franceses

    -que retenían 51% de las acciones y el control de la

    compañía- sumar la línea de yogures y

    asegurarse el manejo de las marcas La Serenísima y Ser para

    todos los productos de la flamante firma.

    Apenas dos meses después, Antoine y Franck Riboud llegaron

    a Buenos Aires para anunciar el cierre de las negociaciones con la

    familia Pulenta, propietaria del grupo Peñaflor, que les

    abría las puertas a 50% de las acciones de Aguas Minerales y

    les otorgaba el manejo de la empresa fabricante de las marcas Villa

    del Sur y San Francisco.

    A 16 meses de su primera incursión local, Jacob

    había completado parte importante de sus objetivos. “Danone

    llegó a ser líder en los tres negocios,

    asociándose con industriales que han trabajado durante 30 o 40

    años en el desarrollo del mercado.”

    Según expertos del sector, el precio total de la entrada de

    Danone a la Argentina se acerca a los US$ 500 millones. Para la

    empresa, que siempre eludió hacer comentarios sobre sus

    inversiones, la cifra es un secreto guardado bajo siete llaves.

     

    Marcas en la Web

    De los US$ 572 millones que el grupo facturó en la

    Argentina durante 1997, más de la mitad corresponde a Danone

    SA, su división de lácteos (ver gráfico).

    “El año pasado tuvimos ventas por US$ 293 millones, y la

    participación de nuestros productos llegó a 55% en el

    caso de los yogures y a 50% en los segmentos de flanes, postres y

    quesos frescos”, asegura François Salamon, gerente general del

    joint-venture entre los franceses y Mastellone.

    La casa matriz presta especial atención a su

    división de lácteos: las marcas La Serenísima y

    Ser son las únicas, entre todas las que adquirieron en la

    Argentina, que ocupan un lugar de privilegio en su página

    mundial de Internet.

    Y el interés no es casual: Danone es líder mundial

    en ese mercado y cuenta con un portafolio de productos innovadores

    que, a partir de este mes, comenzarán a ganar presencia en las

    góndolas argentinas.

    El punto de partida de esa estrategia es la nueva planta que, con

    una inversión de US$ 60 millones, inauguraron en la localidad

    bonaerense de Longchamps. “La fábrica tiene capacidad para

    procesar 600.000 litros diarios de leche, y concentrará la

    producción de todas nuestras líneas. Es la mayor de

    Sudamérica y la segunda a nivel mundial”, se enorgullece

    Salamon.

    Ahora, el objetivo es promover el crecimiento de la demanda.

    “Aunque el consumo estaba muy desarrollado cuando llegamos al

    país, fundamentalmente gracias al trabajo casi solitario que

    había hecho la empresa de don Pascual, los niveles locales de

    consumo se ubican lejos de los estándares mundiales”, afirma

    Salamon.

    En la Argentina, el consumo per cápita de yogures alcanza a

    6,5 kilos, y el de postres, flanes y quesos frescos, promedia 1 kilo.

    En Francia, esos valores son de 25 kilos en el caso de los yogures y

    de 7 kilos para el resto de los productos.

    Como parte de la estrategia de crecimiento, la sociedad

    lanzará un superyogur premium, con la marca La

    Selección, bajo el paraguas de La Serenísima, que

    contendrá trozos de frutas, algunas conocidas para el mercado

    -frutilla, durazno- y otras más exóticas,

    como la cereza negra.

    El desafío apunta a continuar la tradición

    innovadora de La Serenísima en un mercado que en los

    últimos tiempos convocó a nuevos jugadores, como el

    Grupo Macri y AVP, la sociedad inversora que capitanea Santiago

    Soldati, que ya adquirieron empresas lácteas. Esa misma

    dinámica le impone a Mastellone la necesidad de realizar cada

    vez más inversiones en sus propios negocios -la leche

    fluida y los quesos duros- que podrían, incluso, llegar

    a incidir en los planes futuros de la sociedad que lo liga a Danone

    (ver recuadro).

    Dulces y saladas

    De todos los negocios que el grupo Danone encaró en la

    Argentina, el de las galletitas todavía es, en cuanto a

    números, una apuesta a futuro. Aunque sus ventas representan

    37,2% de sus ingresos locales, las utilidades están lejos de

    las que obtuvieron en 1997 las divisiones de lácteos y aguas.

    En ambos casos, las ganancias fueron superiores a 10% (por encima

    de la tasa de 9% lograda por el grupo a nivel mundial). Bagley, en

    cambio, cerró su último ejercicio con utilidades de US$

    2,4 millones -que le permitieron revertir un ciclo de

    resultados negativos- sobre ventas por US$ 213,1 millones.

    “Si me preguntan si esa cifra nos resulta satisfactoria, la

    respuesta es no”, admite Thomas Kunz, quien desde hace seis meses

    ocupa el sillón principal de la empresa.

    El proceso de reingeniería encarado por Bagley llevó

    a abandonar algunos negocios -como el del café-

    y depurar líneas de productos, lo que le permitirá

    introducir innovaciones en el mercado. “Los resultados de esas

    acciones ya comienzan a verse. En el primer trimestre de este

    año las utilidades llegaron a 2,5%, más del doble de

    las que obtuvimos en el ´97. Nuestra intención es alcanzar

    6,5% en los próximos años”, explica Kunz.

    Bagley continúa al frente del mercado, con una

    participación de 27%, casi igual a la que obtiene el grupo

    Nabisco-Terrabusi, que recientemente adquirió el control de

    Mayco. Sobre ese escenario de paridad de fuerzas, sus apuestas

    apuntan a “lograr que el mercado crezca en volúmenes e

    innovaciones. En la Argentina se consumen 8 kilos anuales de

    galletitas, frente a los 30 kilos de otros países

    desarrollados”, señala Kunz.

    Las expectativas que el grupo deposita en Bagley se asientan sobre

    la fortaleza de sus marcas – Criollitas, que capta 20% de las

    ventas, y también Traviata, Opera, Mellizas y Rex-, en

    su capacidad de innovar y en el hecho que sus dos plantas

    -ubicadas en Villa Mercedes (San Luis) y la Capital

    Federal- le permiten exportar a Paraguay, donde son

    líderes con 40% del mercado.

    Esa confianza llevó al grupo a aumentar a 62,8% su

    participación accionaria en Bagley. “Somos conscientes de que

    todavía los números pueden ser más o menos

    favorables, pero nuestra experiencia nos da ventajas para manejar

    esos altibajos”, asegura Kunz.

     

    Divisoria de aguas

    En el mercado de las aguas, las tres marcas que comercializa

    Danone -Villa Del Sur, San Francisco y Evian- “captan

    30% del mercado nacional, frente a 29% de Villavicencio”, asegura

    Jacob, aunque reconoce que “es una pelea muy pareja. Ambos tenemos

    fortalezas en distintos segmentos”.

    “Sabíamos, desde el comienzo, que Villavicencio era la

    marca histórica, y que captaba parte importante en los

    mercados refrigerados (bares, restaurantes, cafeterías) y del

    interior del país. Pero Villa del Sur, que ya era fuerte en la

    Capital Federal y el Gran Buenos Aires, tenía más

    potencialidades de crecimiento.”

    La pelea por las aguas se libra en un mercado todavía

    modesto (US$ 300 millones al año con tasas de consumo de 16

    litros per cápita), y en el que, además de Danone y

    Cartellone (dueña de Villavicencio), buscan hacerse un lugar

    la cervecera Quilmes, con Eco de los Andes, la embotelladora Baesa,

    con Glaciar, y Coca Cola, a través de Kin.

    La estrategia de los franceses avanza aquí por una doble

    vía. “Incorporamos innovaciones a una góndola en la que

    todas las botellas tenían el mismo envase y color. En el ´96

    lanzamos el envase compactable, luego la botella de vidrio

    -para disputarle a Villavicencio el mercado

    refrigerado- y el año pasado introdujimos nuevos

    productos con valor agregado, como las aguas saborizadas y el envase

    sport cap”, apunta Jacob.

    Por otra parte, la adquisición, a fines del año

    pasado, de 65% de las acciones de Villa Alpina les permitió

    ingresar en el segmento de los botellones y dispensers, y sacar

    provecho del expertise de la empresa en la distribución puerta

    a puerta para encomendarle la atención del mercado

    refrigerado.

    “Ya somos líderes. Ahora buscamos crecer”, afirma Jacob.

    “Nuestra rentabilidad está entre las más altas dentro

    del mercado. Desde Francia, nos comparan con los negocios en

    Tailandia, Indonesia o Japón. Hoy por hoy, estoy seguro de que

    deben estar diciendo ´bueno, parece que en la Argentina no lo

    están haciendo tan mal´.”

    Mario Benechi

     

    Mastellone

    Momento de decisión

    A mediados de agosto circuló la versión de que

    Pascual Mastellone estaría dispuesto a abandonar, en dos o

    tres años, su participación en Danone SA para inyectar

    fondos frescos a Mastellone Hnos. y sostener las inversiones que

    demandan los negocios en los sectores de las leches y los quesos

    duros, y apuntalar su incursión en el Mercosur.

    Don Pascual ya hizo su primera compra fronteras afuera:

    adquirió Leitesol, una empresa que utilizará como

    plataforma de distribución de sus productos

    -especialmente la leche en polvo- en Brasil.

    Sin embargo, desmiente que esté prevista una venta, al

    menos a corto plazo. “No tenemos definido hacer tal cosa, aunque

    nunca se puede descartar totalmente alguna posibilidad”,

    respondió a MERCADO. Pero admite que “es difícil que

    nuestra asociación con Danone pueda extenderse a otras

    líneas de productos, como la leche fluida o en polvo, porque

    ellos enfocaron su trabajo mundial en los productos que ya forman

    parte de nuestra sociedad”.

    También los franceses niegan que vayan a producirse

    cambios, aunque observan con atención los pasos de sus socios.

    “La sociedad con Mastellone Hnos. funciona, y tenemos resultados que

    dan cuenta de eso. Si don Pascual se decidiera a ceder parte de las

    acciones, existe un preacuerdo que nos otorga la primera

    opción de compra. Nuestra política de marcas no

    cambiará en nada, ya sea que tengamos 51 u 80% de la empresa”,

    dice Salamon.

    Mientras tanto, Mastellone suma nuevos socios para mantener a su

    propia empresa en condiciones de competitividad. El 12 de agosto

    comunicó a la Bolsa de Comercio que esperaba “recibir a corto

    plazo un aporte de capital en efectivo de aproximadamente US$ 48

    millones”. En esos días ya se sabía que la suma

    provendría de una ampliación de capital que Mastellone

    acordó con el fondo Dallpoint Investments. A cambio, don

    Pascual se desprendió de 15% de su negocio de leches y quesos.

     

    Ventas consolidadas: US$ 572 millones (1997)

     

    Inversiones entre 1994 y 1998:

    US$ 500 millones (1)

    (1) Cifra estimada sobre datos del mercado.

     

    Ultima inversión:

    US$ 60 millones. En sociedad con Mastellone Hnos., para la

    construcción de la planta inaugurada el mes pasado en

    Longchamps.

     

    Expectativas de crecimiento para este año:

    entre 8 y 10%.

     

    Productos lácteos frescos

    Danone SA

    Ventas en 1997: US$ 293,9 millones.

    Principales marcas: yogures La Serenísima y Ser, postres

    Serenito, quesos frescos Casancrem, Casandiet, García.

    Participación accionaria: 51% (el resto pertenece a

    Mastellone Hnos.).

    Participación de mercado: 55% en yogures, 50% en flanes,

    postres y quesos frescos.

     

    Galletitas y snacks

    Bagley SA

    Ventas en 1997: US$ 213,1 millones.

    Principales marcas: Criollitas, Traviata, Rex.

    Participación accionaria: 62,8% (el resto de las acciones

    se encuentra en manos de la Fundación Mosoteguy e inversores

    de la Bolsa).

    Participación de mercado: 27%.

     

    Aguas

    Aguas Minerales SA

    Ventas en 1997: US$ 55 millones.

    Principales marcas: Villa del Sur, Evian, San Francisco.

    Participación accionaria: 50% (el resto es propiedad de

    Peñaflor).

    Participación de mercado: 30%.

    Villa Alpina SA

    Ventas 1997: US$ 10 millones.

    Actividad: distribuye Villa del Sur en bares, restaurantes y

    empresas.

    Participación accionaria: 65%.