&endash; ¿Estamos asistendo al final del milagro
asiático?
&endash; No. Hubo 15 años de gran crecimiento (con
promedios de 8 a 10%). El problema se generó en los
últimos tres años, que llevaron a un excesivo
endeudamiento. Si los países asiáticos hubieran tenido
un tipo de cambio flotante con respecto al dólar
norteamericano, nada habría pasado. Esto significa un
retroceso de dos a cuatro años.
La crisis no ha terminado todavía. Habrá problemas
de reestructuración del sistema financiero,
recapitalización de los bancos, desempleo, inmigración
ilegal.
&endash; ¿Cuándo y cómo volverá la
confianza a la región?
&endash; Cuando los gobiernos demuestren que entienden lo que el
mercado quiere que hagan y se decidan a hacerlo. Tienen que ajustarse
a los parámetros que ha fijado el FMI. Si no los respetan, no
van a poder recuperar la confianza.
&endash; ¿Qué sucede con Japón? ¿Puede
recuperarse Asia si persiste la debilidad del yen?
&endash; Es muy difícil. La economía japonesa debe
fortalecerse. Es la fuerza impulsora del este de Asia.
Todo se remonta a la economía de burbuja en la que
vivió Japón y al año 1990, cuando ellos
comenzaron a pinchar la burbuja. Optaron por el gradualismo en lugar
de resolver todos los problemas de una vez. Sus bancos están
sometidos a la presión de préstamos incobrables y no
pueden prestar dinero. No es que no lo comprendan sino que comenzaron
a pinchar la burbuja precisamente cuando el pueblo japonés
perdía la confianza en sus líderes por todos los
escándalos de corrupción. Entonces, si los dirigentes
salen a rescatar a los bancos, la gente siente que son los
políticos los que se benefician.
&endash; ¿Podría extenderse la crisis a China?
¿Prevé usted una devaluación?
&endash; Yo diría que no dentro de los próximos seis
meses o un año. Creo que están decididos a no devaluar.
Pero no me animaría a pronosticar si serán capaces de
enfrentar la desaceleración de la economía y de las
exportaciones e inversiones con un creciente desempleo durante un
período de dos años. Este sería un buen
escenario: dentro de un año las monedas de la región se
estabilizan y entonces el renminbi chino podría bajar entre
10% y 15% sin desencadenar otra ola de devaluaciones. Pero si
devalúan mientras la situación sigue siendo
volátil, seguramente habrá más devaluaciones.
&endash; China tiene problemas económicos que van
más allá del tipo de cambio relativo.
&endash; No creo que China marche hacia una crisis. Ellos no han
abierto su cuenta de capital. Un sistema cerrado impide que la divisa
del país sea devastada como ocurrió en Corea, Indonesia
o Tailandia. Los mercados bursátiles de China también
están restringidos. Por lo tanto no hay inversiones externas
lo suficientemente grandes como para que puedan retirarse
súbitamente y provocar el derrumbe de la moneda. Es cierto,
los bancos están llenos de deudas incobrables, pero han
convivido con ellas durante un largo tiempo. En tanto el pueblo no
pierda confianza en sus bancos y comience a retirar su dinero, no hay
crisis. La crisis podría surgir si la gente decidiera guardar
el dinero debajo del colchón.
&endash; Indonesia parece ser el país con más
dificultades.
&endash; Fue totalmente innecesario lo que ocurrió
allí, porque la economía no tenía un
déficit serio. Indonesia se estaba expandiendo, crecía
entre 6 y 8%. Tanto el déficit presupuestario como el
déficit en cuenta corriente y la inflación estaban bajo
control. El problema fue que durante los últimos cuatro a
cinco años liberalizaron su sistema bancario y aumentaron los
préstamos con excesiva rapidez. Los bancos europeos se dejaron
atrapar por la euforia: no querían perder el tren.
El sistema de Indonesia era mejor que el de Tailandia: la rupia
podía bajar 5% todos los años con respecto al
dólar y este índice moderado de devaluación le
dio al sector empresario indonesio la confianza suficiente como para
tomar préstamos en dólares.
Lamentablemente, al permitirse la flotación de la rupia,
los prestatarios privados corrieron a comprar dólares para
cubrir sus deudas, y la rupia se derrumbó. Recurrieron al FMI
en octubre y llegaron a un primer acuerdo. La crisis podría
haber terminado allí, pero no fue así. Cuando el
presidente de Indonesia anunció el presupuesto el 6 de enero,
no cumplía con los requisitos del FMI. El subsecretario del
Tesoro de Estados Unidos, Larry Summers, hizo comentarios adversos
con respecto a este tema, el mercado atacó a la rupia y
ésta se desplomó.
&endash; ¿Qué opina usted acerca de la
adopción de un sistema de convertibilidad para Indonesia?
&endash; Le veo ventajas y también desventajas. En Singapur
tuvimos una caja de conversión. Nosotros todavía no
decimos que tenemos un banco central sino una autoridad monetaria. Si
Indonesia adopta una caja de conversión puede crear liquidez
para sus bancos, pero esta caja no puede actuar como prestador de
último recurso. Ese es un régimen muy duro. Creo que no
es ventajoso estar unido a la divisa de un país importante y
tener una política económica impuesta por la Reserva
Federal.
&endash; ¿Dónde estaba el FMI cuando se produjo la
crisis? ¿No tenían ni el más mínimo
indicio, ni siquiera después de lo que sucedió en
México hace sólo unos años?
&endash; Hacer la autopsia siempre es fácil. Pero lo cierto
es que nadie tenía experiencia previa con respecto a la
velocidad con que el capital puede salir a través de los
mercados bursátiles y de divisas.
&endash; ¿A pesar de experiencias similares en
América latina?
&endash; Lo que sucedió en América latina fue
totalmente diferente. Allí hubo deuda pública y
excesivo gasto. En cambio, aquí los gobiernos tenían un
presupuesto relativamente prolijo; no había un gran
déficit. Pero la cuenta corriente no cerraba.
&endash; ¿Qué sucede con su país, Singapur?
¿Qué significa todo esto para ustedes?
&endash; Nos costará entre 2% y 3% del crecimiento pero, a
largo plazo, si hay una pérdida de confianza en toda la
región podría afectarnos más.
&endash; Cuando hablamos de Indonesia, usted
señaló que las empresas estaban tomando más
préstamos que los aconsejables. Eso se aplica, en realidad, a
toda la región.
&endash; En el caso de Tailandia, se invirtió demasiado en
proyectos improductivos como las propiedades, las oficinas y los
condominios. Y en el caso de Corea del Sur, no se prestó
suficiente atención a los resultados, porque lo que se buscaba
era participación en el mercado y expansión mundial.
Esa era la forma de hacer negocios de los chaebols. Cuando ya no
pudieron alimentarlos con el ahorro interno, los chaebols buscaron
préstamos externos.
&endash; ¿Por qué falló el control de los
bancos?
&endash; Por influencias políticas, por amiguismo. Hay
conglomerados que dirigen bancos, y los bancos toman el dinero de los
depositantes y lo invierten en otro rubro de actividad del
conglomerado. Por lo tanto, no había una evaluación
adecuada de la viabilidad de los proyectos. Hace falta una mejor
gobernabilidad, una mejor dirección empresaria.
&endash; Usted ha sido un gran impulsor de los valores
asiáticos pero, ¿no hay una contradicción
fundamental entre este sistema y el capitalismo moderno?
&endash; Ambos sistemas conviven en Singapur. Nos aseguramos de
que las empresas familiares sepan que ésta es la forma en la
que se rige el gobierno. No les imponemos la manera en la que deben
dirigir sus empresas en otra parte, pero en Singapur deben respetar
las reglas de un sistema abierto y transparente. Como resultado, la
segunda generación ha convertido a sus organizaciones en
estructuras empresarias adecuadas.
Si usted observa a los grandes magnates de Singapur de la primera
generación &endash;los años ´50, ´60 y ´70&endash;
verá que sus hijos, que se han hecho cargo de las
compañías en las décadas de los ´80 y ´90,
están contratando gerentes con experiencia en multinacionales
y en grandes compañías. Estos gerentes profesionales
están instituyendo sistemas. Esto está sucediendo
también en algunos otros países.
El amiguismo y la corrupción son una degradación de
los valores de Confucio. Las obligaciones con la familia y los amigos
deben cumplirse con la riqueza privada, y no con la pública.
Lamentablemente, estos principios han degenerado en abusos en el
ejercicio de la función pública y han socavado la
integridad del gobierno.
Pero, si no tuviéramos valores asiáticos, la
región no habría crecido tan rápidamente, y son
esos mismos valores los que le permitirán recuperarse: trabajo
duro, mucho ahorro, grandes inversiones, fuertes relaciones
familiares, énfasis en la educación.
En Singapur y Hong Kong preservamos lo mejor que nos dejaron los
británicos: sistemas en los que los funcionarios
públicos son árbitros y no participantes del mercado, y
las decisiones se toman sobre la base de una competencia abierta
sobre un terreno de juego equitativo, con ofertas abiertas, y no
relaciones cerradas.
A los demás les faltaron frenos y equilibrio. Consideremos
la situación de Indonesia: tenía 240 bancos. Y no
supieron sino hasta después de ocurridos los hechos que el
sector privado había tomado préstamos en el exterior
por más de US$ 70.000 millones.
&endash; Mucha gente en Occidente piensa que los sistemas se
derrumbaron porque eran en esencia autoritarios y porque se necesita
democracia para que el capitalismo funcione bien.
&endash; Observemos a Filipinas. Se la ha elogiado por su
democracia y por la libertad de prensa. Pero, ¿soportó
mejor esta crisis? Hacen falta sistemas, integridad, reglas de juego
parejas.
&endash; Muchos empresarios norteamericanos coinciden con usted
en que, a largo plazo, las perspectivas de Asia siguen siendo
favorables. Pero, si realizan inversiones hoy, ¿no se los
acusará después de hacerse de activos a un precio de
venta irrisoriamente bajo?
&endash; Todo depende de cómo se lo haga. Si el precio es
escandalosamente bajo y lo que usted está comprando son las
joyas de la Corona, es muy probable que esto genere resentimiento.
Pero las cosas serían distintas si usted trajera capital y
experiencia y reactivara el negocio con el accionista original que
sigue siendo parte de la empresa y con el que estaría
compartiendo su recuperación. Sería inteligente
proceder de este modo.
