Milton Friedman cumplió 85 años en julio del año
pasado. El Premio Nobel de economía, ahora senior research fellow
de la Hoover Institution en Stanford, acaba de terminar su autobiografía,
coescrita con su esposa Rose, de 59 años de edad. La obra, titulada
Two lucky people, será publicada próximamente por la University
of Chicago Press. Ahora, Friedman se dispone alegremente a aprender a dominar
el tema Internet. Forbes lo entrevistó cuando cumplió 80
(el 17 de agosto de 1992) y anteriormente a los 76 años (el 12 de
diciembre de 1988). Este último encuentro se realizó en su
departamento, con su espectacular vista de San Francisco. El viejo sabio
habla sobre deflación e inflación, explica por qué
es escéptico sobre el Sistema Monetario Europeo y dice por qué
el barullo económico de Asia puede ayudar a Alan Greenspan.
– Está de moda el tema deflación
– Creo que la posibilidad de que haya una deflación
al estilo de 1930 es mínima. Sólo puede haber ese tipo de
deflación si se tiene una mala política monetaria. Evitar
la deflación es la cosa más fácil del mundo: sólo
hay que imprimir más billetes.
– ¿A usted no le preocupa la deflación involuntaria
que se produce con el colapso de las instituciones financieras?
– Bueno, puede haber recesiones. Puede haber crisis económicas
y caída de instituciones financieras. Pero eso no va a producir
deflación en el sentido de caída de los precios, como en
los años ´30. En 1953 di una charla en Estocolmo, que titulé
“Por qué la economía de Estados Unidos es inmune a las depresiones”.
Tuve razón durante 45 años. ¿Por qué habría
de cambiar hoy mi historia? Y la razón por la que entonces dije
eso es la misma por la cual lo digo ahora. La Gran Depresión no
habría ocurrido si las autoridades monetarias hubieran actuado de
otra forma.
– Pero los precios cayeron en los últimos años
del siglo XIX
– Es posible tener una leve deflación, pero no tiene
por qué ser una depresión. Desde 1879 hasta 1896 los precios
en Estados Unidos cayeron a un promedio de 3% al año. Desde 1896
hasta 1914 subieron a un promedio de 3% al año. La tasa de crecimiento
económico fue idéntica en ambos períodos. Por eso
es bastante claro que deflación no significa depresión.
– Está bien: se puede tener una leve deflación
sin depresión. Pero hasta una leve deflación significa diferentes
estrategias de inversión. Significa menores tasas de interés
y mayores precios en los bonos. Este es todo un tema para Forbes, porque
el director nos tiene en línea diciendo que los bonos de Estados
Unidos son buenos para comprar.
– ¡Ah! ¡Bueno! (Risas) En este momento yo creo
que probablemente sean una compra bastante buena, pero no en el largo plazo.
En este momento tenemos una tasa de inflación de alrededor de 2%
a 2,5%. Tal vez 1% a 1,5%, si hacemos lugar a la exageración, porque
no hay duda de que las estadísticas oficiales exageran la tasa de
inflación, no toman en cuenta adecuadamente las mejoras cualitativas.
Hemos tenido una muy buena política monetaria desde que Alan Greenspan
asumió como presidente de la Reserva Federal, el mejor de todos
desde que se creó la Reserva Federal, en 1913. Pero Greenspan no
va a estar siempre. Hay euforia porque la inflación ha muerto. Sí,
es cierto. No vamos a tener inflación durante uno o dos años.
Pero en el más largo plazo la inflación va a subir, no bajar.
La oferta de dinero ha estado subiendo a razón de 3% o 4% al año,
y más recientemente a casi 7%. Y eso ya se estaba reflejando en
los salarios. Ahora, yo creo que los acontecimientos en el sudeste asiático
van a desacelerar las cosas. Pero yo no estaría dispuesto a afirmar
que durante los próximos 10 años van a funcionar los cálculos
de 2% a 2,5% de inflación. En algún momento, dentro de los
próximos 10 a 12 años, tendremos un período de inflación
mucho más alta.
– ¿Usted está absolutamente confiado en
que no vamos a ver una caída de precios por mucho tiempo? ¿No
podemos volver a la situación que se dio a fines del siglo XIX?
– Podría ser, pero no creo. Por la oposición
política, dado que ya sabemos cómo impedirla. Y por nuestra
historia pasada, en particular la Gran Depresión. Ahora, si hay
algún país donde el escenario de la deflación es posible,
ése es Japón en este momento. Yo no entiendo la forma en
que el banco central de Japón ha estado funcionando. Ya deberían
estar imprimiendo más dinero. Y tarde o temprano lo van a hacer,
me parece. Vea, el problema es que los funcionarios del banco central tienen
la idea fija de que deberían preocuparse por las tasas de interés.
El banco central japonés dice: “Hemos hecho todo lo que pudimos;
vean qué bajas están las tasas de interés”. Pero tienen
otra alternativa. No necesitan preocuparse por las tasas de interés.
Pueden ir y comprar títulos del gobierno. Si llevan la tasa de interés
a cero, ¿cuál es la diferencia? El efecto sería poner
más dinero en circulación y compensar esa extraordinaria
situación en la que tenían una burbuja especulativa; la rompieron
cortando la oferta de dinero y han venido sufriendo desde entonces porque
no pueden lograr un impulso hacia arriba.
– ¿Es eso lo que va a dar origen a la próxima
recesión en Estados Unidos? ¿Los problemas de un socio comercial?
– No, yo creo que el siguiente problema en Estados Unidos
va a ser un aumento inflacionario de la oferta de dinero. Lo que siempre
pasa en esas circunstancias es que cuando la Reserva comienza a subir la
tasa de interés, se le va la mano. (Risas) El mercado va a tener
una reacción exagerada. Y ahí es donde usted va a tener su
recesión.
– ¿Qué piensa de la bolsa de valores?
– Creo que el mercado bursátil está sobrevaluado.
Pero no va camino a un colapso.
– Cuando conversamos la vez anterior, usted vaticinó
que la unión monetaria europea se desplomaría. Y así
fue: Gran Bretaña e Italia devaluaron.
– Sí, colapsó. Yo siempre dije que el euro
no va a concretarse. Todavía no estoy seguro de estar equivocado.
Los costos han sido enormes. Para preservar la relación entre el
franco y el marco alemán los franceses han tenido que adoptar una
rígida política monetaria y fiscal. Tienen desempleo y recesión
de dos dígitos. Gran Bretaña e Italia dejaron flotar sus
monedas y prosperaron.
– ¿Por qué los europeos hacen esto?
– Por objetivos políticos estrictamente nobles. (El
ex presidente francés, François) Mitterrand y (el canciller
alemán, Helmut) Köhl querían ser los últimos
líderes de sus países en sufrir la Segunda Guerra Mundial.
Estaban decididos a instalar un sistema en el que la Segunda Guerra Mundial
no pudiera volver a ocurrir. Y para eso estaban dispuestos a pagar un enorme
precio económico.
– ¿Qué cree usted que va a ocurrir ahora?
– Estoy muy desconcertado; realmente no sé. Jerry
Jordan, de Cleveland (Reserva Federal), hace un planteo muy bueno. Supongamos
que el euro existe, con un banco central controlándolo. ¿Con
qué activos va a operar? Si el banco central de Estados Unidos quiere
aumentar la oferta monetaria, compra bonos del gobierno de Estados Unidos.
Si quiere reducir la oferta monetaria, vende bonos de Estados Unidos. En
los balances del banco central europeo, para empezar, los activos van a
ser francos o marcos alemanes y demás. Pero si quiere aumentar la
oferta monetaria, ¿qué compra? ¿Bonos alemanes, italianos,
franceses?
– Cualquier cosa que haga, ¿va a afectar en forma
diferente a los diversos países?
– Exactamente. Si primero tuviéramos una unificación
política de Europa y los diferentes bonos nacionales se convirtieran
en una emisión de la Unión Europea, no habría problema.
O si el banco europeo comenzara deflacionando, podría vender sus
propios títulos y luego tendría algo con que negociar. Pero
con el tiempo va a ir expandiendo el dinero, porque para mantener los precios
estables sin que crezca la producción tiene que aumentar el flujo
de dinero. Muy bien: ¿cómo lo hace? Para los franceses, italianos
o alemanes la situación es muy diferente según qué
bonos se usen.
Van hacia la unificación política de atrás para
adelante. Todavía no quiero apostar mi cabeza diciendo que el euro
se va a hacer realidad. Yo creo que hay muchas posibilidades de que todo
se venga abajo.
– Pero la voluntad que muestra la elite política
europea es fenomenal.
– Fenomenal. La gente se opone. Y los estúpidos en
todo esto, en mi opinión, son los integrantes de la comunidad empresaria
de Europa. No se van a beneficiar con el euro, van a sufrirlo.
– ¿Por qué?
– Porque el euro los va a conducir a una Europa menos próspera.
Por ejemplo, España es afectada por algo. No puede hacer un ajuste
bajando la tasa de cambio.Va a ajustar con reglas, con regulaciones, con
más control.
– ¿El euro va a ser un factor inflacionario o deflacionario
en la economía mundial?
– Ni una cosa ni la otra, si se dejan flotar las tasas de
cambio. Y la mayoría de las tasas flotan. Pero, ¿quién
sabe qué va a pasar si se van hacia el euro? Va a haber una verdadera
batahola en Europa.
– ¿Suficiente para afectar al mundo?
– Oh, sí.
– ¿No está aumentando la intervención
de los bancos centrales en las tasas de cambio? ¿No hay más
flotaciones sucias?
– Siempre hubo flotaciones sucias. Las únicas que
no son sucias son las de Hong Kong, por ahora. Tal vez la Argentina, Lituania,
Estonia. Los tailandeses han atado el baht al dólar estadounidense.
Cuando el dólar se revalúe, ellos tendrán un verdadero
problema. Pero todos los sistemas de cambio pegados a una moneda tienden
a ir siempre en la misma dirección. Si hay una intervención
del banco central, se desacomodan.
– ¿Cómo encaja en todo esto la campaña
de editoriales de The Wall Street Journal a favor de tasas fijas de cambio?
– Creo que es simplemente una aberración. ¡Por
Dios! ¿Cómo diablos pueden sostener eso? Tienen la idea fija.
Como la tienen sobre la inmigración. Es obvio que no se puede tener
inmigración libre y un estado de bienestar. El debate sobre las
tasas de cambio flotantes ha sido ganado por los flotadores. Excepción
hecha de (el economista de la Universidad de Columbia, Robert) Mundell,
que es un no flotador entre los grandes economistas estadounidenses.
– El director de The Wall Street Journal, Robert Bartley,
dice que piensa que el Estado-nación está muerto, que nos
movemos hacia un mundo dirigido por los mercados, movimiento libre de trabajo
y capital. No estoy seguro de cómo cree él que serán
las instituciones políticas. ¿Qué opina usted?
– No, yo no creo que el Estado-nación esté
muerto. Y todos los intentos por apartarse del Estado-nación en
dirección a las Naciones Unidas y a los Estados unidos de Europa
hasta ahora han sido un total desastre. Creo que es bastante difícil
lograr que el público estadounidense avance mucho en esa dirección.
No están muy felices con las Naciones Unidas. Ya hay rumores sobre
oposición al FMI.
– Mucha de la oposición al Nafta se originó
por el temor a la pérdida de soberanía
– Yo pensé que el Nafta era un tratado terrible, aunque
era mejor que nada. (Risas) Preferiría tener comercio libre unilateral
en Estados Unidos. Otros ejemplos (de fracasadas instituciones supranacionales)
son el FMI y el Banco Mundial. Nunca haríamos con nuestro propio
dinero lo que han hecho el FMI y el Banco Mundial. Mire lo que está
pasando ahora con Irak: Estados Unidos quiere esconderse detrás
de las Naciones Unidas. Nuestra política para Irak ha sido estúpida
desde el comienzo. Deberíamos declararnos derrotados. Abandonar.
Decir que no vamos a ser policía de los europeos. Llámelo
aislacionista si quiere, pero yo no veo otra salida.
– Hablando de aislacionismo: el Congreso acaba de negarse
a renovar la Vía Rápida (la autoridad extraordinaria del
presidente para negociar más tratados de libre comercio). En la
derecha política hay claramente un aumento del interés por
el proteccionismo, por ejemplo el que promociona Pat Buchanan. ¿A
usted le preocupa?
– Buchanan no es tonto, pero en economía es terrible.
Bueno, históricamente la derecha norteamericana siempre ha sido
proteccionista. McKinley, la elección de 1896 No creo que sea una
gran amenaza económica, dados el tamaño de Estados Unidos,
la cantidad de comercio interno y la posibilidad de sortear el proteccionismo
a través de Internet o de varios otros medios. No creo que el proteccionismo
sea una verdadera amenaza.
– ¿Volvemos a vernos en el 2002?
– (Risas) ¡Las posibilidades están en mi contra!
Pero me encantará.
Peter Brimelow
© Forbes / MERCADO
