miércoles, 3 de junio de 2026

    Un Gol para pelear la punta

    Para pasar el invierno de los años 80, Volkswagen y Ford se
    refugiaron en Autolatina, un joint venture orientado a bajar costos y
    desarrollar escala.

    Nueve años después sobrevino la separación.
    El negocio se había tornado mucho más atractivo y
    exigía superar las restricciones de la convivencia. El
    régimen automotor de 1991, la integración con Brasil y
    la reactivación de la demanda interna – 500.000
    vehículos en 1994 – convencieron a las dos
    compañías de que era hora de agrandarse por cuenta
    propia.

    El primer año de marcha individual arrojó, en
    conjunto, ventas por US$ 2.720 millones; esto es, 55% más que
    el último ejercicio de Autolatina, que concluyó con
    1.760 millones. Y casi la mitad de ese total provenía de
    Volkswagen, una empresa que antes de la fusión mordía
    apenas 8% del mercado y que durante los años de matrimonio no
    superó los 11 puntos.

    En 1996, en cambio, terminó primera con 22,3% de share y en
    diciembre pasado marchaba tercera, con 87.907 unidades y 21% de
    participación, apenas un punto por debajo del líder,
    Fiat.

    “Para ser sinceros, al principio de 1996 yo no creí que
    pudiéramos llegar a ser primeros. Sabíamos que ninguna
    terminal iba a acumular 35 o 40% de share porque todos
    teníamos muchos modelos, pero tampoco pensábamos que
    íbamos a estar peleando la punta y que el Gol iba a ser
    durante dos años el auto más vendido”, admite el
    presidente de la filial local de VW, Norberto Dubar.

     

    Renovación y cambio

    En la empresa opinan que el régimen automotriz y la
    conformación del Mercosur fueron los ingredientes claves de la
    fórmula que le permitío crecer a VW. “Hasta ese momento
    teníamos un mercado muy cerrado, en el que fabricar un coche
    requería 90% de integración nacional y que no nos
    permitía, por una simple cuestión de volúmenes,
    pagar la incorporación de tecnología”, explica Dubar.
    “Pasar de un mercado de 30 millones de personas a uno de 200 millones
    y de fabricar 2.000 o 3.000 unidades de un montón de modelos
    distintos a especializarnos con sólo una o dos plataformas
    modificó totalmente nuestra competitividad”.

    Hacia adentro, el aprovechamiento de estas condiciones
    comenzó con la instalación de una fábrica de
    tecnología de avanzada en sólo seis meses. “Mientras se
    hacía la fábrica, en 1995, a un costado
    armábamos el Gol en una línea precaria. No se puede
    contar lo que fue ese proceso”, recuerda entre sonrisas Dubar. Pese
    al apuro, los US$ 260 millones invertidos derivaron en el complejo
    automotor más moderno de Sudamérica.

    Una vez logrado el techo propio, la empresa se lanzó a un
    esquema operativo orientado hacia la tercerización. En lugar
    de recibir piezas separadas, optó por los conjuntos armados,
    con lo que redujo su nómina de 400 proveedores directos a 230.
    El outsourcing, y la robotización de las líneas de
    montaje, condujeron que un auto que antes demandaba 70 horas de
    producción se terminara en 32. Y el objetivo de VW para este
    año es llegar a ensamblar un Polo en 28 horas.

    “Con la tercerización ahorramos tiempo y recursos. Por un
    lado, nos dedicamos a nuestra tarea central que es armar autos, no
    tableros o asientos. Por otro, no duplicamos funciones: lo que entra
    a la empresa tiene un responsable que hace innecesario recorrer todos
    los pasos de control. Y por último, la tercerización
    ofrece tecnología de punta que nosotros no podemos desarrollar
    por nuestra cuenta”, explica Dubar.

    Este modelo abarca tanto a grandes componentes – por
    ejemplo, ejes, paneles o asientos – como al mantenimiento o la
    logística de insumos y repuestos, a cargo de la multinacional
    TNT.

    Además, la tercerización pone buena parte de la mano
    de obra fuera de la órbita de VW. Esto, junto con un convenio
    laboral que contempla una suspensión semanal, le da a la
    empresa flexibilidad para enfrentar caídas de demanda como la
    que soporta desde hace tres meses en el frente brasileño,
    donde coloca 60% de su producción.

    Las estimaciones a principios del 97 apuntaban a 70.000 autos
    exportados en todo el año. El tobogán de la crisis
    iniciada en octubre hizo descender la cifra real a 55.000, una
    performance que, cree Dubar, se repetirá en 1998. Este es un
    dato peligroso, porque ubica la producción total por debajo de
    las 100.000 unidades, que para los expertos es el piso de
    competitividad internacional. La retracción alcanzará a
    toda la industria que, según el presidente de VW,
    volverá a producir alrededor de 430.000 unidades.

     

    Oferta múltiple

    Durante el matrimonio, a VW le correspondían los autos de
    bajo costo y a Ford los medianos y grandes. El mercado de más
    de 400.000 unidades, sin embargo, abría otras oportunidades.
    Así, luego de la separación, VW no sólo
    copó con el Gol el segmento de los chicos (un segmento que
    creció de 21% del total en 1993 a 45% en 1997) sino que
    atacó el de los mayores con el Polo, el Passat y toda la
    línea Golf.

    Para este año, VW espera robustecerse en la franja inferior
    con el Gol cuatro puertas y presentar la Gol Country y una
    versión nueva del utilitario Saveiro. Además, la
    empresa planea la introducción de camiones desde Brasil para
    dar pelea también en ese negocio.

    El Grupo VW tiene tres plantas en Sudamérica: la de Pacheco
    y dos en Brasil (una cuarta se levanta en Curitiba, donde
    fabricará el Audi). A la Argentina le tocó la
    exclusividad del Polo Classic y fabrica, como las otras dos
    terminales brasileñas, el Gol.

    En los planes de la empresa, sin embargo, el 2000 los
    encontrará produciendo el Polo o su sucesor “y otro
    vehículo de valor unitario mayor, en el que una diferencia de
    un par de cientos de dólares en la mano de obra o en ciertos
    materiales no afecta la competitividad”.

    Dubar, con su sonrisa más diplomática, ni lo
    confirma ni lo niega, pero al parecer ese segundo modelo sería
    el Passat, la actual estrella de VW en Europa.

     

    La fórmula de Volkswagen


    • Instalaciones de última tecnología.
    • Especialización y competitividad internacional.
    • Tercerización.
    • Apertura a nuevos segmentos de mercado.

     

    Ventas de VW entre 1993 y 1997