martes, 2 de junio de 2026

    La agenda de las empresas en 1998

    El escenario del mercado local en el año que despunta
    estaría delineado por factores como la reducción del
    crecimiento del consumo, un fuerte aumento de la presión
    competitiva, el avance de la fragmentación de la demanda, una
    exigencia de mayor y mejor servicio como valor diferencial, la
    intensificación de la concentración de los canales, la
    innovación en los productos y un cambio en la actitud del
    consumidor.

    Estos, entre otros, fueron los conceptos desplegados por
    Rubén Ordóñez, titular de
    Ordóñez/Bianco Consultores, en una conferencia del
    ciclo Business to Business organizado por MERCADO, cuya
    síntesis se expone a continuación.

    Dentro del ámbito de la microeconomía, y
    concretamente en los mercados, hay fenómenos muy claros que se
    destacan en el horizonte de 1998. Obviamente, muchos de ellos se han
    iniciado antes, pero harán eclosión en este año
    que se inicia.

    En primer lugar, cabe un breve comentario sobre la demanda. Hasta
    mediados de septiembre, en los ejercicios presupuestarios que
    hacíamos con nuestros clientes estimábamos un
    incremento del consumo global en la Argentina de 5% a 5,2%, con
    algunos sectores de más rápido crecimiento. Por
    ejemplo, el de construcciones, que lo veíamos aumentando
    prácticamente 15% en relación con 1997, que fue
    brillante comparado con el año anterior.

    En este momento estamos corrigiendo esos pronósticos y
    estimamos todavía un crecimiento de 2 a 3% del consumo global.
    También pronosticamos una desaceleración importante
    &endash;en relación con las previsiones anteriores&endash; de
    los sectores más dependientes del crédito:
    básicamente construcciones, vivienda y semidurables, como
    automóviles y electrodomésticos. Esto esencialmente
    obedece a un muy probable aumento de la tasa activa.

    En cuanto a los distintos sectores, se observan algunos creciendo
    con mucho vigor aún en este contexto internacional. Todo lo
    que tiene que ver con la informática hogareña, con la
    electrónica de consumo, presenta más oportunidades que
    los productos tradicionales.

    Lo que sí se ve con mucha claridad &endash;y esto no se
    modifica demasiado, simplemente se exacerba frente a una demanda que
    crece menos&endash; es la presión competitiva, que
    aumentará en todos los sectores de la economía, tanto
    en productos como en servicios. Esta es una tendencia que lleva ya
    algunos años, pero la presión se incrementa
    dramáticamente, intensificando la competencia vía
    precios, vía herramientas promocionales y publicitarias y a
    través de los nuevos medios alternativos que acumulan
    importantes inversiones.

    Otro rasgo saliente será la extensión de
    prácticas que tradicionalmente estuvieron limitadas a los
    productos de consumo masivo &endash;alimentos, bebidas, tabaco,
    limpieza, tocador, etc.&endash; a sectores donde esto era
    desconocido, como en el de los servicios financieros,
    construcción y alta tecnología. Promociones, concursos,
    descuentos y bonificaciones y la irrupción de prácticas
    como las del Banco Francés y el Río: el Libretón
    y la Super Cuenta con sorteos. Curiosamente, esto sucede en un
    momento en el que en el campo del consumo masivo se empieza a debatir
    la efectividad de estas herramientas frente a la saturación
    del consumidor, que ya muestra signos de cansancio frente a tantas
    raspaditas, a tantos sorteos y ofertas, y está comenzando a
    revalorizar las prácticas más transparentes de
    competencia. Por esa razón, dentro del consumo masivo es
    razonable imaginar un escenario donde se verán más
    prácticas caracterizadas por lo que se conoce como
    “políticas de Procter & Gamble”, una
    compañía que hace mucho tiempo eliminó
    absolutamente las promociones y los descuentos y traslada todo
    directamente al precio.

     

    Demanda: fragmentación y servicio

    Un rasgo que se agudizará en el ´98 es la
    fragmentación de la demanda, con una intensificación de
    la exigencia de soluciones específicas. El concepto de la
    familia tipo es algo del pasado, en el sentido instalado de que
    mayoritariamente los argentinos viven dentro de la familia tipo. Eso
    es falso: la cantidad de hogares tipo hoy es minoritaria frente a 30%
    de hogares donde el principal soporte es la mujer, por ejemplo, o
    frente a los 3 millones de argentinos que viven solos. El mito del
    consumidor promedio o del cliente promedio va a quedar
    definitivamente enterrado.

    Otra cosa que se ve es que en los segmentos medios y medios/altos
    &endash;que conforman entre 26% y 27% de la población
    argentina y aproximadamente 80% de la demanda de ciertos consumos
    fuera de los básicos y de la alimentación&endash; el
    tiempo comienza a ser un factor tan escaso como el dinero. Ya hay en
    la ciudad de Buenos Aires 30% de personas que plantean que no es que
    no tienen tiempo libre para dedicar a sus intereses; se quejan de que
    les empieza a faltar tiempo de sueño, que no duermen lo
    suficiente. La presión que está ejerciendo la sociedad
    sobre su tiempo es de tal naturaleza y magnitud que la
    fantasía del tiempo propio &endash;para leer o dedicarse a un
    hobby&endash; ha cambiado o directamente ha desaparecido. Esto
    significa que, desde la oferta, aquel que pueda devolverle 10 minutos
    a un cliente, simplificándole de alguna manera la interfaz,
    tal vez va a recibir más premio que aquel que reduzca 10% del
    precio. Quizás esto suene exagerado, pero lo cierto es que la
    competencia por el tiempo va a ser tan importante como la competencia
    por los presupuestos.

    Se puede predecir también la demanda de más cantidad
    y mayor calidad de servicios, tanto por parte del consumidor final
    como de los consumidores intermedios, el área del business to
    business. Esto obedece a varias razones; una de ellas tiene que ver
    con lo mencionado acerca del tiempo. Por naturaleza, el servicio
    produce una simplificación, un ahorro de tiempo; es como
    reemplazar tiempo del otro al facilitar una gestión o un
    proceso. La segunda razón es que los productos se están
    commoditizando; son cada vez más parecidos entre sí. En
    consecuencia, para diferenciarse van a tener que venir
    acompañados de paquetes de servicios. El comprador está
    percibiendo esto con mucha claridad, lo está exigiendo y
    está empezando a discriminar esas diferencias.

    En el pasado, toda la cadena productiva estaba saturada de stocks.
    Frente a una situación de esa naturaleza, la velocidad de un
    servicio de entrega no tenía ninguna ventaja; al contrario, el
    que podía entregar más rápido era penalizado
    porque se le decía: “No me mande tan rápido porque
    tengo los depósitos llenos”. Hoy en día, cuando se
    está trabajando con stocks tendientes a cero en toda la
    cadena, ese mismo servicio es no solamente valorizado sino exigido.
    Decía recientemente el presidente de una empresa de consumo
    masivo, refiriéndose a Carrefour, que no quieren un servicio
    de entrega, quieren un servicio de ambulancias. Es efectivamente
    así; están pidiendo para algunas categorías
    entregas diarias por boca. Las exigencias sobre los sistemas
    logísticos, en consecuencia, se hacen muy difíciles de
    manejar.

     

    Dueños de marcas, dueños de clientes

    Los canales de distribución en la Argentina vienen
    concentrándose desde hace muchos años y este proceso va
    a continuar y se va a agudizar durante el ´98, porque va a resultar
    cada vez más difícil poder competir desde posiciones
    reducidas. En consumo masivo, este proceso se hace doloroso para los
    fabricantes porque el canal concentrado comienza a plantear: “Usted
    es el dueño de la marca, pero yo soy el dueño del
    cliente”.

    Hoy ya estamos viendo a Carrefour utilizando una práctica
    que hace muchos años utilizan ellos y las demás cadenas
    de Europa, que es visitar a clientes y decirles: “Yo soy un comprador
    profesional. No necesito que me vendan; yo sé comprar.
    ¿Cuánto le cuestan los vendedores a usted? ¿Dos y
    medio por ciento? Sáquelos, no me los mande más. Les
    quitan tiempo a mis compradores, no tienen poder de decisión y
    no me brindan ningún servicio. Páseme ese dos y medio
    al precio”. Esto está ocurriendo hoy en la Argentina.

    Hace apenas semanas apareció en el mercado el primer
    meganegocio de automóviles usados. Estar allí para
    vender servicios como créditos prendarios o seguros del
    vehículo tiene un costo que no tenía estar en las
    concesionarias de autos tradicionales o lo que cuesta hoy estar en
    una concesionaria chica.

    Claramente, el poder de negociación y, en consecuencia, el
    poder económico, se está transfiriendo del productor al
    propietario del cliente, o sea, al canal de distribución.

    Este mismo fenómeno va a agudizar aún más lo
    que se caracteriza como la promiscuidad de los canales. Esa
    denominación surgió cuando, en la década del
    ´70, comenzaron a aparecer productos de perfumería y tocador
    en las farmacias, y luego también productos alimenticios. Hoy
    ya hay comidas rápidas en las estaciones de servicio, venta de
    combustible en los supermercados, de teléfonos celulares
    allí y en negocios que venden música. Todo esto se
    origina en la presión competitiva que se señalaba al
    principio. Uno encuentra nuevas alternativas de salida de sus
    productos y, obviamente, la competencia sale a pelear por esos mismos
    canales y continúa esa tendencia a la promiscuidad, donde cada
    punto de venta, cada lugar por donde pasa gente se convierte en un
    atractivo para exhibir y vender productos que antes nadie
    habría imaginado. Si cuando yo era chico me hubieran mandado a
    comprar medialunas a la YPF de la esquina, me habría parecido
    un delirio.

    Otra cosa que se va a ver es esta tendencia al gigantismo en el
    comercio minorista. Las grandes superficies se van a expandir a otros
    rubros que hoy no tocan. Aparecerán las primeras megastores de
    electrónica, de electrodomésticos y también las
    megaagencias multimarca de automóviles. Los planes
    están en desarrollo y ya hay operadores instalados en la
    Argentina en búsqueda de localizaciones.

     

    Innovación y valor

    Para los proveedores de empresas y los que comercializan a
    través de canales indirectos, o sea, la gran mayoría de
    las empresas del país, las presiones que van a recibir sobre
    los costos van a ser muy fuertes. La deflación no se consigue
    espontáneamente; se logra a través de presiones que se
    trasladan a través de toda la cadena de valor agregado.
    Estamos viéndolo prácticamente en todos los campos de
    la economía, salvo en aquellos que detentan alguna
    posición monopólica o cuasi monopólica.

    Por otra parte, el consumidor, tanto en empresas como en hogares,
    se está tornando más racional. Voy a ilustrarlo con un
    ejemplo, pero esto se extiende a cualquier campo. En la década
    del ´80 la marca líder en mayonesa sostenía con
    comodidad una diferencia de 20% en el precio con respecto a la
    segunda marca. Hoy, cuando se aleja un poquito de 5% de diferencia,
    su demanda cae.

    Por último, estamos previendo un crecimiento de no menos de
    30% en la tasa de lanzamiento de nuevos productos y servicios. Esto
    es consecuencia de una serie de factores. Por un lado, situaciones
    como las que hemos expuesto exigen una tasa de innovación muy
    superior a la del pasado. La vida de los productos es cada vez
    más corta; en áreas donde tradicionalmente una marca
    vivía cómodamente diez años, hoy se considera
    que cinco años es larga vida, y esto exige una
    reposición permanente.

    Por otro lado, los esfuerzos en investigación y desarrollo
    se multiplicaron enormemente en los últimos dos años y
    los vamos a ver en el mercado en el ´98. Y esto en todos los campos,
    no solamente en aquellos que como la informática, por ejemplo,
    tienen una altísima tasa de innovación, sino en
    áreas que en el pasado eran mucho más lentas en la
    innovación y que en el ´98 se mostrarán hiperactivas.

    Recuerdo que en 1974, uno de los años negros de la
    Argentina, apareció en la portada de una revista el personaje
    Inodoro Pereyra, de Fontanarrosa, que decía: “Y el año
    que viene, ¿pa´ que viene?”. Es posible que tengamos esa misma
    sensación frente al ´98, un año que, por lo menos,
    aparece como amenazador pero que, seguramente, va a ser entretenido.