miércoles, 3 de junio de 2026

    Crecer desde el mundo privado

    “Son dos empresas distintas.” Con pocas palabras, Roberto Monti
    – vicepresidente ejecutivo y CEO de YPF desde abril de
    1997 – resume la historia que separa a la ex petrolera estatal
    de la compañía que, reestructurada a partir de 1991 y
    privatizada en julio del ´93, concretó en los últimos
    cuatro años una verdadera revolución puertas adentro.

    En ese tiempo las ventas, exportaciones y utilidades instalaron a
    YPF en un claro lugar de liderazgo entre las empresas argentinas. “La
    clave del cambio – asegura Monti – fue la
    privatización: hoy YPF es una empresa que se traza como
    prioridades crecer, generar ganancias y crear valor para el
    accionista.”

    “Los resultados marcan claramente el tránsito de una a otra
    empresa: entre el ´82 y el ´90 la compañía tuvo
    pérdidas operativas por US$ 3.000 millones. Y del ´91 al ´96
    logró ganancias por US$ 5.000 millones”, señala Monti.

    Las cifras también muestran que al momento de su traspaso a
    manos privadas, la facturación de YPF llegaba a US$ 3.956
    millones. Tres años más tarde sus ventas alcanzaban a
    US$ 5.919 millones. Entre ambos extremos, YPF acumuló un
    crecimiento cercano a 50%.

    Al analizar las condiciones del escenario económico que
    contribuyeron a la expansión de la empresa, Monti menciona, en
    primer lugar, “la apertura de los mercados y la libre disponibilidad
    de la producción. El hecho de que ahora podamos decidir
    dónde colocar nuestras ventas de crudo y productos refinados
    nos permite regirnos por los objetivos de crecimiento que fija la
    empresa y en los cuales nos sentimos cómodos, antes que por
    las reglamentaciones impuestas desde el gobierno”.

    Hacia el interior de la compañía, el cambio
    requirió poner en marcha una estrategia orientada a
    reconvertir la producción. YPF debió invertir en
    tecnologías que permitieran a sus refinerías de La
    Plata y Luján de Cuyo – las dos más importantes
    del país – comenzar a producir naftas de calidad
    superior a las que salían de esas mismas refinerías
    cuando, según Monti, “el motor de la producción era el
    volumen. La YPF estatal destilaba naftas de muy baja calidad. La idea
    era cargar las destilerías al máximo, para utilizar a
    pleno los activos de la empresa e incorporar a la mayor cantidad
    posible de empleados”.

    La primera decisión que tomó la conducción de
    la YPF privatizada fue reducir la carga de las refinerías,
    “para evitar perder plata vendiendo naftas de baja calidad a un
    precio inferior al equivalente del barril de crudo”, dice Monti. De
    una utilización superior a 95% de la capacidad de
    refinación a principios de los ´90, YPF llegó a emplear
    67% en 1995.

    Las inversiones totales de la empresa – US$ 8.000 millones
    desde el ´93, a los que se sumarán otros US$ 10.000 millones
    en los próximos cinco años – le permitieron,
    entre otras cosas, concretar una acelerada reconversión de sus
    refinerías y mejorar sustancialmente la calidad de sus naftas.
    “En 1996 pasamos a un empleo de 73% de la capacidad instalada; hacia
    fines del año pasado subimos hasta 86% y para el ´98 estaremos
    en cerca de 90%, pero en condiciones distintas. Actualmente, todas
    las naftas destiladas por YPF son productos que agregan valor y
    permiten cumplir con los objetivos de una compañía
    privada.”

     

    La apuesta internacional

    El año pasado, por primera vez en su historia, YPF
    logró que sus naftas llegaran al consumidor final
    estadounidense. “Antes vendíamos naftas de base a muy bajo
    precio para refinerías de Estados Unidos que se encargaban de
    otorgarles la calidad necesaria para ser comercializadas en el
    mercado. Durante 1997, al menos cuatro millones de autos en Estados
    Unidos llenaron sus tanques con naftas destiladas por YPF.”

    La internacionalización es otra de las estrategias que
    Monti destaca como determinante de la expansión reciente. “A
    partir de 1993, YPF se propuso crecer fronteras afuera, tomando
    bloques de exploración en Bolivia, Perú, Ecuador y el
    golfo de México. Pero llegamos a la conclusión de que
    deberíamos invertir mucho tiempo para internacionalizar
    efectivamente nuestras operaciones.”

    En medio de ese proceso se presentó la oportunidad de
    comprar Maxus, “una compañía que operaba en Bolivia,
    Ecuador, Venezuela, el estado norteamericano de Texas e Indonesia.
    Tenía buenas propiedades, buena gente de campo, pero muy pobre
    liderazgo. En mayo del ´95 YPF decidió adquirirla para
    acelerar su internacionalización”, recuerda Monti, el
    responsable de dirigir, desde agosto de ese año, la
    transformación interna de Maxus, convertida luego en la
    división internacional de YPF.

    “Durante 1997, las exportaciones de YPF – sumando el crudo
    despachado desde la Argentina y los productos refinados por
    Maxus – representaron 42% de las ventas totales de la
    compañía. Si se tiene en cuenta que hasta hace cuatro
    años la totalidad de la producción de YPF se
    comercializaba en el país, es fácil ver el valor de
    esas cifras”, dice Monti.

    Otra decisión posterior a la privatización
    llevó a YPF a encarar una drástica reducción del
    personal: de los 45.000 trabajadores que integraban su plantel en
    1993, sólo quedaron 5.000. “Pero en los últimos
    años generamos otros 5.000 nuevos puestos de trabajo. Y lo
    hicimos en silencio. YPF quiere seguir creciendo, y a medida que
    incursione en nuevos negocios necesitará más gente.
    Ojalá llegue el día en que la empresa pueda dar trabajo
    a 50.000 personas. Lo único que quiero es tener actividades,
    negocios y ganancias que lo justifiquen”, declara Monti.

    Hacia adelante, los esfuerzos se concentran en la
    generación de retorno para el accionista. Para lograrlo, se
    puso en marcha una estrategia que requiere que cada una de las
    unidades de negocios de YPF – desde una estación de
    servicio a un campo petrolífero en Comodoro Rivadavia o un
    pozo gasífero en Indonesia – sea juzgada a través
    de un coeficiente conocido por su sigla inglesa Roce (Return On
    Capital Employed).

    “La idea es identificar cada uno de los puntos fuertes y
    débiles dentro de la organización para mejorar todos.
    Actualmente, YPF registra un índice de retorno sobre el
    capital empleado cercano a 11%, tres puntos por debajo del que
    obtienen las principales compañías a nivel
    internacional. Nuestro desafío es que para el 2002 el conjunto
    de la empresa logre un retorno de 15%.”

     

    La fórmula de YPF


    • Privatización de la empresa.
    • Profesionalización de la gerencia.
    • Planificación de los objetivos para cada unidad de
      negocios.
    • Incorporación de tecnología y mejoramiento en la
      calidad de los productos.
    • Internacionalización de las operaciones.

     

    Ventas de YPF entre 1992 y 1996