lunes, 15 de junio de 2026

    Los escenarios del día después

    Las elecciones del 26 de octubre marcaron, entre otras cosas, el
    comienzo de un delicado período, en el que la necesidad del
    oficialismo de recuperar terreno político puede definir
    diferentes rumbos en la economía.

     

    Cuando en julio de 1996 se produjo el reemplazo de la
    conducción económica y los sucesores de Cavallo
    hicieron público el fuerte déficit fiscal heredado y,
    poco después, enviaron al Parlamento un paquete tributario
    destinado a recortar ese desequilibrio, algunos analistas sugirieron
    que se trataba de un camino destinado a ganar tiempo. Si con el
    restablecimiento del equilibrio en las cuentas del Estado se
    garantizaba la continuidad del flujo financiero externo y el paraguas
    del FMI, era razonable pensar que cuando se llegara a las elecciones
    de legisladores, en octubre de 1997, la situación
    económica podría haber mejorado y, de esa manera,
    crecería la fortuna electoral del oficialismo.

    El pronóstico fue acertado en el sentido de que la
    coyuntura económica podría mejorar; fue errado en
    términos de que esto garantizaría la victoria del
    gobierno en las urnas. Esta es, quizá, la paradoja más
    singular del actual momento político. En realidad,
    difícilmente se podría haber esperado un panorama
    económico mejor que el que muestran los indicadores de
    producción, inversión, consumo, depósitos y
    créditos.

    Lo que no estuvo previsto fue, por un lado, que la
    oposición se habría de unir para construir un polo de
    alternativa de poder y, por el otro, que, más allá de
    la buena marcha de los indicadores económicos, una
    proporción creciente de la sociedad demandara otros bienes
    públicos sobre los que percibe carencias.

    La cuestión es que, a partir del 26 octubre, se abre un
    nuevo período en el que estarán en juego las
    candidaturas presidenciales. Y la lucha del actual oficialismo por
    conservar el gobierno habrá de impregnar decididamente la
    conducción y la marcha de las cuestiones económicas.

     

    Tres caminos

    En estas condiciones, se abren tres escenarios básicos. El
    primero, que el gobierno, en la búsqueda de recomponer su
    imagen política, se lance a una estrategia económica de
    carácter más populista; esto es, más gasto
    público y más protección a las actividades
    internas. La preocupación ante esta alternativa fue expresada
    por el secretario de Asuntos Latinoamericanos del gobierno de Clinton
    durante su reciente visita a la Argentina, y flota en las
    conversaciones de numerosos núcleos empresarios.

    La segunda alternativa es que las autoridades apuesten a la
    estrategia opuesta para conservar el poder; es decir, avanzar en las
    reformas estructurales pendientes -la más importante es la
    flexibilización del mercado de trabajo- que desde largo tiempo
    atrás vienen reclamando los organismos financieros
    internacionales y todos los agentes económicos locales y
    externos. A juzgar por recientes expresiones del Presidente,
    éste sería el camino que se siente más inclinado
    a seguir.

    El tercer escenario muestra a un gobierno acosado por los fuertes
    conflictos internos que se desatarán dentro del partido
    oficial. En especial, desde el lado del gobernador de la provincia de
    Buenos Aires y casi seguro candidato del partido gobernante, que,
    aparentemente, es más proclive a seguir el curso de la primera
    de las alternativas mencionadas.

     

    El contexto económico

    Por otra parte, deben tenerse en cuenta dos cuestiones
    adicionales: el posible escenario internacional y algunos aspectos
    delicados de la actual situación económica nacional.

    En tal sentido, la mayoría de los analistas locales e
    internacionales prevén algún endurecimiento de la
    política monetaria norteamericana que podría conducir a
    una situación de menores flujos financieros hacia los
    países emergentes. A esto cabría sumar, en el caso
    argentino, el deterioro en los precios de los principales productos
    de exportación y, en el plano regional, las dificultades
    contenidas que exhibe la economía brasileña.

    En un contexto de este tipo no parece muy amplio el margen
    disponible para políticas de corte populista y, mucho menos
    aún, en el caso de que se pretenda continuar con los programas
    de asistencia del FMI y del Banco Mundial. En tal sentido, cualquier
    intento en esa dirección enajenaría, casi con
    seguridad, el apoyo de estos organismos financieros y, con ello, se
    resentiría severamente la corriente de capitales externos.

    Pero, por otro lado, la alternativa de avanzar con las reformas
    estructurales pendientes, aunque contaría con el
    beneplácito de los agentes económicos internos y
    externos, difícilmente encuentre un amplio y sólido
    respaldo dentro de las filas del partido oficial.

    De ahí que el escenario más probable esté
    marcado por las pujas permanentes para llevar adelante, aunque sea en
    forma limitada, algunas iniciativas de aumento del gasto
    público y de medidas de protección y, también,
    esfuerzos por implementar algunas de las reformas pendientes.

    En otras palabras, más que un escenario de inmovilidad
    debería esperarse otro de conflicto interno y
    neutralización.

    Al mismo tiempo, deben tenerse en cuenta ciertos aspectos
    espinosos de la actual coyuntura económica. En especial, los
    vinculados con las cuentas públicas y las del sector externo.

    Algunos analistas sostienen que el crecimiento del déficit
    fiscal impulsa el desequilibrio en la cuenta corriente del balance de
    pagos. Pero la evidencia del año 1997 y las proyecciones del
    año próximo sugieren que tal conexión, si
    existe, no es sólida. En 1997 el déficit consolidado
    del sector público no financiero será inferior al de
    1996 y, sin embargo, el quebranto del sector externo será
    mayor. Durante 1997 la proyectada reducción del resultado
    negativo de las cuentas fiscales estará acompañada,
    también, de un aumento en el déficit externo.

    En otras palabras, el incremento del saldo negativo externo parece
    tener más que ver con un exceso de gasto del sector privado
    que se financia con ingresos de capitales. Dado que el incremento
    constante del déficit en la cuenta corriente constituye una
    situación no sostenible en el mediano plazo, cabe preguntarse
    por las opciones de política disponibles; en particular, a
    partir del escenario que se puede presentar desde el próximo
    26 de octubre.

    En tal sentido, corregir el desequilibrio en un marco de
    sostenimiento de la paridad cambiaria supone, al menos, tres
    alternativas o una combinación de ellas: impulsar la
    flexibilización laboral para ganar competitividad en la mano
    de obra; aumentar el ahorro público a través de una
    mayor presión tributaria o una reducción de gastos o
    enfriar la economía mediante un aumento de la tasa de
    interés interna.

     

    Márgenes estrechos

    Como se observa, cualquiera de ellas resulta poco atractiva para
    un escenario de fuerte puja política con vistas a la
    renovación presidencial de 1999. En especial, porque reducen
    aún más los estrechos márgenes para acciones
    económicas de corte populista y acentúan las medidas de
    corte estructural. No obstante, la que menores resistencias
    podría ofrecer dentro de las filas del partido gobernante es
    el enfriamiento de la economía a través del aumento en
    las tasas de interés domésticas que induciría un
    incremento en los encajes que, a su vez, conduciría a un
    recorte en la capacidad prestable del sistema bancario.

     

     

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