miércoles, 29 de abril de 2026

    Para competir en el Cono Sur

    Desde la década pasada los grandes bancos y
    compañías multinacionales vienen concentrando su
    atención en una de las más atrayentes fronteras de
    crecimiento: los mercados emergentes, en particular el Cono Sur de
    América latina.

    El autor, vicepresidente de la consultora internacional
    Booz·Allen & Hamilton -a cargo de las operaciones de la
    firma en la Argentina, Brasil, Chile y Uruguay-, analiza aquí
    las oportunidades que surgen de la rápida
    transformación regional y las lecciones que han dejado, en
    este terreno, las historias de éxitos y fracasos.

     

    Durante gran parte de los años ´80 las perspectivas de la
    mayoría de los países emergentes eran bastante
    sombrías: la crisis de la deuda, la inflación y las
    conmociones políticas internas convirtieron a estas regiones
    en la pesadilla de cualquier planificador. Luego comenzaron a surgir
    milagros económicos que llevaron la atención hacia
    Europa oriental, Asia, China, India y, hacia fines de la
    década, América latina.

    ¿Por qué los países emergentes ocupan hoy
    un lugar prioritario en la agenda de quienes toman las decisiones? La
    primera y obvia respuesta se apoya en datos puramente
    matemáticos. Como solía decir Willie Sutton al explicar
    su interés por los bancos: “Es allí donde está
    el dinero”. En lo que hace a la economía mundial, es
    allí, en los países emergentes, donde está el
    crecimiento:

    * En la actualidad los países emergentes sin duda
    representan la mayor parte de la población mundial.

    * Las expectativas de crecimiento van desde 4 – 5% anual en
    América latina hasta 6 – 7% en el sudeste asiático y
    10% en China. Estas cifras por lo general duplican o triplican las
    tasas de crecimiento estimadas para los países desarrollados

    * En todos estos países el crecimiento invariablemente
    conducirá a la expansión de nuevas clases medias, con
    un gran incremento en las necesidades de bienes de consumo duraderos,
    vivienda y transporte. En la mayoría de los ejercicios de
    planeamiento de mercado en los que participa Booz·Allen &
    Hamilton los países emergentes llegan a representar de 50 a
    80% del crecimiento de la demanda de bienes de consumo duraderos
    durante los próximos diez años.

    * Este crecimiento requerirá inversiones sin precedentes en
    infraestructura. Para las empresas líderes en
    ingeniería y construcción y para los principales
    fabricantes de bienes de capital, la supervivencia a largo plazo
    depende de la efectividad con que aprovechen las oportunidades de
    crecimiento ofrecidas por los países emergentes.

    Nuevo centro de gravedad

    Este desplazamiento global del centro de gravedad de las
    oportunidades se refleja en el modo en que los principales analistas
    plantean las prioridades de política exterior para Estados
    Unidos y otros países desarrollados. Dos ejemplos sirven para
    ilustrar este punto:

    · Un artículo de Foreign Affairs, escrito por un
    equipo encabezado por Paul Kennedy, sostiene que la política
    exterior norteamericana debería concentrarse en “un
    pequeño número de países cuyo destino es
    incierto y cuyo futuro afectará de manera profunda a las
    regiones circundantes”. Los países identificados como estos
    estados pivotes son Argelia, Brasil, Egipto, India, Indonesia,
    México, Paquistán, Sudáfrica y Turquía.

    · El analista internacional John Stremlou afirma, en un
    artículo publicado por Foreign Policy, que la prioridad de la
    política exterior norteamericana debería orientarse
    hacia los “diez grandes países emergentes”: la Argentina,
    Brasil, China, India, Indonesia, México, Polonia,
    Sudáfrica, Corea del Sur y Turquía. Stremlou calcula
    que estos diez países aportarán 44% del crecimiento de
    las importaciones mundiales (excluido Estados Unidos) y que para el
    2010 podrán ser, para Estados Unidos, socios comerciales
    más importantes que Europa y Japón sumados.

    Este desplazamiento en el foco estratégico se ha
    traducido en un crecimiento importante de las inversiones extranjeras
    directas y los flujos de cartera hacia países emergentes. (La
    inversión extranjera directa representa inversiones en
    instalaciones y equipos mientras que los flujos de cartera
    están relacionados con la deuda y las posiciones de patrimonio
    neto.) El valor total de inversiones extranjeras directas en los
    países emergentes ha llegado a aumentar de alrededor de US$
    100.000 millones en 1980 a más de 700.000 millones en 1995, y
    es habitual encontrar los mismos nombres familiares entre los
    países receptores. En orden decreciente, por valor total de
    inversiones extranjeras directas, éstos son: China,
    México, Singapur, Indonesia, Brasil, Malasia, la Argentina y
    Hong Kong.

    Agenda estratégica

    Ante este panorama de crecimiento extremadamente atractivo,
    no es sorprendente que Booz·Allen haya verificado la siguiente
    evolución en la conducta de las principales
    compañías multinacionales y de las empresas y gobiernos
    locales con las que la firma trabaja en el diseño e
    implementación de agendas estratégicas:

    · Las multinacionales están concentrando sus
    esfuerzos de inversión en los países emergentes. Esto
    requiere estrategias de ingreso en países nuevos o poco
    conocidos, o bien estrategias de crecimiento en países que
    están abriendo o desregulando sus mercados.

    · Las empresas locales líderes en sus países
    de origen enfrentan un importante desafío cuando los gobiernos
    comienzan a desmantelar las políticas de sustitución de
    importaciones que las habían protegido durante mucho tiempo.
    Deben decidir si se pueden adaptar a su nuevo entorno (tratando de
    crecer a nivel internacional o desarrollando alianzas con operadores
    de jerarquía mundial) o si simplemente tienen que salir de
    escena, vendiendo la firma a una multinacional.

    Los gobiernos nacionales están empeñados en una
    amplia gama de políticas para persuadir a las multinacionales
    de que lleven instalaciones y personal calificado a sus
    países. Estas iniciativas van desde esfuerzos por obtener una
    clasificación favorable en los distintos rankings de
    “competitividad” o “libertad económica” hasta campañas
    muy específicas destinadas a atraer unidades de
    producción de gran envergadura como las de las industrias
    automotriz, electrónica y de bienes duraderos.

    La transformación latinoamericana

    Durante la mayor parte de la década del ´80
    América latina luchó contra la pesada carga de la
    crisis de la deuda, la hiperinflación, la recesión y la
    transición de regímenes autoritarios a
    democráticos. La mayoría de los analistas denomina a
    los años ´80 como la década perdida de la
    región.

    Algunas cifras reflejan notablemente el grado de deterioro
    que sufrió la región: mientras el producto bruto
    interno de los países asiáticos crecía a un
    ritmo de casi 7% anual (6% anual per capita) durante el
    período 1986-1995, el PBI latinoamericano avanzaba a poco
    más de 2% , que se traducía en un crecimiento
    prácticamente nulo en el cálculo per capita. Entre 1970
    y 1995 el PBI por habitante de la Argentina descendió de 44%
    a apenas 29% del promedio de los países de la Ocde.

    El único país latinoamericano que mejoró
    de modo sistemático su posición competitiva durante la
    década perdida fue Chile, que puede compararse con un “tigre
    asiático” desde el punto de vista de su rendimiento
    económico y su transformación institucional.

    Hacia fines de los ´80 la mayoría de los gobiernos de
    la región advirtieron que, de manera gradual, se habían
    vuelto irrelevantes para las decisiones de inversión de los
    principales operadores internacionales y que, en forma lenta pero
    inexorable, terminarían perdiendo terreno a favor de Asia y
    Europa oriental. En consecuencia, comenzaron a adoptar lo que algunos
    analistas llaman “programas democráticos de
    transformación”, esfuerzos que de manera generalizada se
    conocen como variantes del “consenso de Washington”.

    Las diferentes iniciativas apuntaban a incrementar
    significativamente el atractivo de los países para los
    inversores internacionales. Tanto México a finales de los ´80
    como la Argentina desde 1987-89 y Brasil en 1990 diseñaron
    políticas de transformación que apuntaban a los
    siguientes objetivos:

    · Lograr la estabilización económica y un
    mecanismo de funcionamiento de precios como elementos básicos
    de la economía capitalista. Los planes Salinas, Cavallo y Real
    son variaciones de los mismos programas, que están destinados
    a construir la base para la toma de decisiones racionales en el
    terreno económico.

    · Crear las condiciones para una recuperación a gran
    escala de la demanda interna. Los esfuerzos de estabilización,
    combinados con una tasa de cambio constante, pronto se tradujeron en
    una marcada recuperación en términos de salarios
    reales, con el consiguiente incremento de la demanda de bienes
    envasados y duraderos.

    Lanzar programas de privatización a gran escala. Al
    transferir la propiedad de la mayoría de las empresas
    estatales de servicios públicos, los gobiernos procuraban
    paliar sus necesidades financieras, pero también estaban
    tratando de ofrecer a las empresas extranjeras negocios con enormes
    potenciales sin explotar. A través de este mecanismo
    ingresaron a la región miles de millones de dólares en
    inversiones provenientes de operadores líderes como Stet,
    Telefónica de España, France Telecom, GTE, Lyonnaise
    des Eaux, EDF, British Gas y varias empresas chilenas.

    Poner en marcha iniciativas de integración regional. Los
    países de la región comprendieron que tendrían
    que unir fuerzas para atraer el interés de las
    multinacionales. Al mismo tiempo, vieron la necesidad de ofrecer a
    las empresas nacionales un entorno más tolerante para
    reorganizarse y crecer. Las dos iniciativas principales en este
    sentido son el Mercosur y el Pacto Andino.

     

    Del tamaño de España

    Poco a poco, estos esfuerzos se van combinando para brindar a
    los encargados de tomar decisiones una imagen de la
    transformación latinoamericana que se está traduciendo
    en un marcado impulso de los flujos de inversión en la
    región. Esa percepción se basa en los siguientes
    factores determinantes:

    · Los países latinoamericanos hoy tienen
    regímenes democráticos y son sociedades capitalistas en
    las que el proceso de transformación se encuentra
    considerablemente avanzado. La perspectiva de estallidos de violencia
    y conmociones a gran escala se considera muy poco probable.

    · Hoy en día, conglomerados de zonas urbanas, tanto
    en el corredor Caracas-Bogotá-Quito como en el de Santiago de
    Chile-Belo Horizonte, son centros de demanda significativos.

    Tomemos como ejemplo el corredor Santiago de Chile-Belo
    Horizonte. Este agrupamiento de las diez ciudades más grandes
    de la Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay es la columna
    vertebral del Mercosur, una unión económica con un
    producto bruto interno de US$ 1,2 trillones, casi el equivalente de
    la economía italiana.

    Estos diez centros urbanos representan alrededor de 60% del
    producto bruto interno del Mercosur y conforman una economía
    del tamaño de la española, con un poder adquisitivo per
    capita similar a los niveles de Portugal y el sur de España.

    La parte más interesante de la historia es que la
    región muestra un notable potencial para el crecimiento en
    bienes de consumo duraderos. El número de propietarios de
    automóviles, computadoras y otros productos es tan bajo, en
    relación con los estándares europeos, que el mercado
    aún sin explotar es enorme.

    Por ejemplo, para llegar al nivel de Grecia en materia de
    posesión de automóviles, la región
    tendría que multiplicar por dos la cantidad total de
    vehículos, y para alcanzar a España casi debería
    cuadruplicar esa cifra. En el terreno de las computadoras, se
    necesitaría un incremento de 250% para equiparar el porcentaje
    de penetración en Portugal. Cifras como éstas siempre
    hacen soñar a los responsables de la planificación
    empresaria.

    Sin embargo, el tentador mercado de los bienes de consumo
    duraderos es apenas el prólogo. A causa de los cambios
    regulatorios y sociodemográficos, la mayoría de los
    países de la región están destinados a sufrir
    discontinuidades que crearán importantes desplazamientos en la
    demanda:

    · Hay una enorme escasez de viviendas dignas en la
    región; se estima que faltan 3 millones en la Argentina y que
    esta cifra es más de diez veces mayor en Brasil. El potencial
    de crecimiento para viviendas de calidad y de bajo costo es inmenso.

    · Los sistemas previsionales administrados por el Estado no
    son viables (al igual que en la mayoría de los países
    desarrollados). Chile tomó la delantera en este terreno al
    establecer un régimen privado de fondos de pensión, que
    hoy en día maneja US$ 30.000 millones y se ha convertido en el
    principal motor de las inversiones en Chile y en el extranjero. La
    Argentina reformó su sistema en 1994, Uruguay en 1996 y Brasil
    será el próximo. La perspectiva de administrar fondos
    de hasta US$ 200.000 millones para el 2010 está atrayendo a
    los principales operadores mundiales a este mercado.

    · La edad promedio de la población ha ido en aumento
    de manera sostenida y las expectativas de demanda de servicios para
    las personas de la tercera edad son inmensas. La prestación de
    estos servicios por parte del gobierno es inexistente o de calidad
    inaceptable. Por esa razón, segmentos cada vez mayores de
    personas de la tercera edad pertenecientes a la clase media
    tendrán que pagar por ellos.

    En resumen, a esta altura ya debería ser evidente que
    los conglomerados emergentes del norte (Caracas-Bogotá-Quito)
    y del sur (Santiago de Chile-Belo Horizonte) ofrecen enormes
    oportunidades de crecimiento para las multinacionales a una escala
    que sólo se puede comparar con el potencial de la clase media
    de la India en los sectores de bienes de consumo, duraderos y de
    servicios.

    Oportunidades y desafíos

    Cuando analizamos las perspectivas para las multinacionales en
    el aprovechamiento de las oportunidades de crecimiento en la
    región, es útil diferenciar entre tres situaciones muy
    contrastantes en las que se encuentran:

    a) El operador multidoméstico, que debe adoptar un plan
    preliminar y un modelo de gestión de carácter regional.

    b) El operador multinacional que está comenzando a
    expandirse en la región.

    c) El operador multinacional que está ingresando en la
    región o pensando en la posibilidad de ingresar.

    Analicemos una a una estas situaciones estratégicas.

    El multidoméstico

    Algunas multinacionales son nombres muy conocidos en
    América latina desde hace varias décadas. La
    mayoría creció a través de la creación de
    posiciones específicas para cada país que permitieran
    aprovechar las políticas particulares de sustitución de
    importaciones. Sin embargo, a comienzos de la década del ´90
    los efectos combinados de la apertura a la importación y la
    formación de acuerdos de integración regional llevaron
    a estas multinacionales a reformular sus estrategias, planes de
    producción y modelos de gestión. En realidad, se
    encontraban frente a situaciones que ya habían visto en la
    Europa de los años ´70:

    · una estructura de producción integrada por
    demasiadas instalaciones, muchas de ellas de escasa envergadura y con
    una variedad de productos demasiado amplia.

    · un número de unidades locales autónomas,
    cada una con su dirección y funciones administrativas propias.

    · intercambio comercial y cooperación limitados
    entre las unidades locales.

    · una cultura multidoméstica, con escasa
    producción de conocimientos e intercambio entre las unidades
    locales.

    Booz·Allen ha participado en el rediseño de
    varios de estos modelos de gestión, en procesos que abarcaron
    desde la revisión de estrategias hasta el desarrollo de una
    estructura organizativa y una serie de procesos de gestión
    clave a nivel regional.

    Al llevar a cabo esta tarea, la firma ha estudiado las
    lecciones aprendidas durante la reorganización de las
    más importantes multinacionales en Europa en el período
    que culminó en 1992, así como los esfuerzos similares
    realizados por las multinacionales en países emergentes. Los
    modelos incluyen las siguientes características principales:

    · La reorganización de las unidades locales en
    “conglomerados regionales”, cada uno de los cuales combina varios
    países.

    · El avance hacia una matriz en la que el conocimiento
    técnico y el funcional comiencen a complementarse con las
    capacidades concentradas en el aspecto geográfico.

    · La generación de interacciones entre el gerente
    local y los dos nuevos operadores: el gerente regional de producto o
    de capacidades y el gerente regional funcional.

    · El avance hacia una nueva estructura de
    producción, con mayor especialización de las
    instalaciones, más intercambio comercial entre regiones
    (quizás incluso a través de la conexión de la
    planta regional con la red comercial mundial de la empresa) y, en
    algunos casos, la consolidación de las capacidades.

    · La creación de unidades regionales para desarrollo
    del producto, conocimiento industrial especializado y áreas
    funcionales en las que el costo es importante (tales como
    logística y servicios administrativos) o en las que la calidad
    uniforme y los estándares comunes son factores de importancia
    primordial (como recursos humanos y tecnología de la
    información).

    Las fases de diseño e implementación son
    extremadamente complejas y están plagadas de conflictos. Pero
    hemos descubierto que las multinacionales que logran la
    transición de una perspectiva multidoméstica a una
    regional terminan creando una poderosa plataforma para el
    éxito futuro. Por lo general comienzan a cosechar una serie de
    beneficios:

    · Mayores ingresos. Al crear un producto regional o un
    conocimiento técnico sobre una base regional que cada unidad
    local sería incapaz de desarrollar, se racionaliza la variedad
    de productos y se ajusta el enfoque de comercialización. Esto
    suele traducirse en una mayor participación en el mercado.

    Reducción de costos. La combinación de una
    reducción en los costos administrativos (a través de la
    fusión de varias unidades locales que antes eran
    independientes) y en los gastos operativos (a través de la
    racionalización y la fusión de instalaciones de
    producción y unidades funcionales) puede dar por resultado un
    ahorro de costos de hasta 30% en el conjunto de las operaciones
    regionales.

    Capacidad de atraer recursos humanos de alta jerarquía.
    Mediante la adopción de un enfoque regional, la empresa ofrece
    muchas más oportunidades profesionales para su plantel
    directivo. El gerente de línea de producto en Chile, por
    ejemplo, ahora tiene la oportunidad de dirigir una unidad del Cono
    Sur que involucra una responsabilidad diez veces mayor.

    La multinacional que está comenzando a expandirse

    En sectores tradicionalmente dominados por operadores locales,
    como los alimentos envasados, se ha producido durante los
    últimos cinco años un notable desplazamiento del
    control a manos de compañías multinacionales. Las
    fusiones y adquisiciones han aumentado de manera muy acentuada en la
    región, a medida que gigantes de la industria como Procter
    & Gamble, Nabisco, Parmalat y BSN, entre otros, fueron
    adquiriendo a las firmas locales. (Esto también se observa en
    los servicios financieros, donde bancos como Bilbao Vizcaya y
    Santander, de España, y ABN Amor, de Holanda, han crecido en
    forma sustancial gracias a recientes adquisiciones.) Para estos
    operadores la oportunidad de crecimiento es significativa, pero
    implica enfrentar una serie de desafíos:

    · Cómo capitalizar marcas locales muy conocidas
    que, por lo general, tienen una variedad de productos mediocre y
    sistemas de distribución muy poco eficaces.

    · Cómo comenzar a complementar la variedad local con
    productos invencibles en su categoría a nivel mundial, y
    cómo distribuir los recursos entre la línea “local” de
    productos y la “global”.

    · Cómo mejorar en forma significativa la calidad de
    producción, envase, distribución y relaciones entre
    canales. En resumen, cómo incorporar a un “operador local
    indolente pero exitoso” a una cadena global.

    · Cómo manejar los recursos humanos. En la empresa
    adquirida suele coexistir una camada de gerentes autodidactas
    cercanos a la edad de jubilarse con una segunda línea muy
    débil y algunos jóvenes brillantes, todos dentro de una
    cultura paternalista y autoritaria. El mayor de todos los
    desafíos es cómo comenzar a inyectar sangre nueva y a
    la vez asegurarse de que los extranjeros no destruyan esa cultura.

    Historias ejemplares

    En este punto vuelven a aparecer una serie de historias de
    éxitos y fracasos que podemos analizar en toda la
    región. En general, la mayoría de los desastres en
    materia de adquisiciones y estrategias de ingreso tienen una serie de
    características en común (que, por otra parte, trazan
    un paralelo con los casos a los que nos hemos enfrentado en Europa
    durante finales de la década del ´80):

    · Precios de compra extremadamente altos. Siempre hay un
    momento en estos programas de transformación (España a
    mediados de los ´80, la Argentina en 1993-94, Brasil en la
    actualidad) en el que se produce una estampida de ansiosas
    multinacionales, todas corriendo detrás de las mismas diez
    empresas locales. Esta situación da por resultado evaluaciones
    superficiales, “sinergias” muy exageradas y, en general,
    cálculos poco realistas de retornos financieros.

    · Horizontes de inversión demasiado limitados.
    Después de haber pagado un precio excesivo por la
    adquisición, los gerentes se encuentran bajo la presión
    de lograr retornos muy altos en el corto plazo. La consiguiente
    carrera para producir resultados financieros conduce a una serie de
    errores estratégicos; por ejemplo, explotar en exceso las
    marcas exitosas y realizar escasas inversiones en marcas nuevas o en
    infraestructura.

    Atención limitada a los recursos humanos y la cultura. Si
    bien está claro que la multinacional normalmente trae recursos
    humanos y prácticas de gestión superiores, el factor
    clave es cómo se incorpora este potencial a la empresa local.
    Las subsidiarias que tienen que confiar en el personal extranjero
    porque no han podido retener o atraer a los gerentes locales por lo
    general terminan fracasando a largo plazo.

    La multinacional que está ingresando en la
    región

    Para varias multinacionales que han descubierto recientemente
    la promesa de América latina, el desafío es cómo
    construir una presencia regional viable mientras la ventana de
    oportunidad todavía está abierta. Esta es la
    situación de algunos operadores europeos, de firmas
    estadounidenses en el sector de servicios financieros y de empresas
    asiáticas que hoy en día intentan ingresar en la
    región. Cabe destacar que éste también es el
    caso de las empresas chilenas líderes, que se encuentran con
    límites para el crecimiento en los mercados internos y ahora
    se están expandiendo hacia la Argentina, Brasil y Perú.

    La mayoría de estas compañías se enfrentan
    a los siguientes desafíos:

    · Confirmar el mercado potencial. En teoría, la
    región ofrece un potencial ilimitado para cualquier producto o
    servicio, desde artículos de tocador hasta software y banca
    minorista. Pero, ¿cuál es la envergadura de ese potencial
    y en qué plazo puede hacerse efectivo? Hemos visto varios
    casos de empresas que sobreestimaron de manera desmesurada los
    potenciales para adopción de productos y servicios sobre la
    base de la experiencia en sus países de origen o en Europa.
    Una segmentación cuidadosa y la comprensión de la
    dinámica del consumo son factores indispensables para evitar
    costosos fracasos.

    · Diseñar estrategias de ingreso viables. Durante
    años el sentido común indicaba que era mejor adquirir
    una empresa ya establecida en lugar de empezar de la nada en un
    mercado nuevo y poco conocido. Creemos que en la actualidad la
    desregulación y los cambios en las actitudes de los
    consumidores y en los mercados de recursos humanos exigen una
    reformulación global de esta perspectiva. Según indica
    nuestra experiencia, siempre es mejor comenzar con una “hoja de papel
    en blanco”, estrategia que debe abandonarse sólo frente a
    obstáculos imposibles de sortear o si surge una oportunidad de
    alianza/adquisición increíblemente atractiva.

    · Competir por los recursos humanos de primer nivel. En
    toda la región la reserva de recursos humanos es muy reducida.
    Si se busca un gerente de marketing de productos de consumo o de
    servicios financieros de categoría internacional, será
    raro encontrar a más de 10 o 15 candidatos atrayentes en cada
    país. Acercarse con una propuesta de trabajo seductora,
    utilizar con eficacia a los buscadores de talentos y mezclar en forma
    adecuada recursos locales e internacionales son elementos clave para
    el éxito.

    la versión original del presente
    artículo fue publicada en la edición Nº 7 de
    Strategy & Business, de Booz-Allen & Hamilton.



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