miércoles, 29 de abril de 2026

    La Argentina del 2007

    ¿Cómo creen los argentinos que estará el
    país dentro de una década? Las respuestas a esta
    pregunta proporcionan datos reveladores en más de un sentido.
    Por un lado, las visiones del futuro permiten examinar a un nivel
    más profundo el estado de ánimo colectivo. En agitadas
    épocas preelectorales, como ésta, la gente es
    particularmente proclive a dramatizar sus percepciones del presente.
    Extender la mirada más allá del 2000 exige, en cambio,
    un ejercicio de reflexión, y permite medir con más
    rigor los grados de optimismo o pesimismo.

    Por otra parte, aquí se presenta, hasta cierto punto, el
    caso de la profecía que garantiza su propio cumplimiento. En
    el balance entre el entusiasmo y el escepticismo de los argentinos de
    hoy se encuentra un valioso indicador del rumbo futuro.

    Por estas razones, MERCADO encomendó, para esta
    edición aniversario, una extensa investigación sobre el
    tema, diseñada por el sociólogo Heriberto Muraro. La
    encuesta y el procesamiento de los datos estuvieron a cargo de la
    firma Telesurvey. Fueron consultadas 300 personas mayores de 18
    años en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.

     

    ¿Cómo sigue la estabilidad?

     

    Algo más de la mitad de los encuestados (54%) cree que en
    la Argentina del 2007 los precios se mantendrán estables. La
    confianza es mayor entre los más jóvenes, los que
    completaron estudios terciarios y los que pertenecen al segmento
    socioeconómico más alto. Decrece, en cambio, en el
    segmento de 30 a 49 años, y en los sectores de menores
    ingresos.

    La fe en la vigencia de la fórmula un peso, un
    dólar es menos firme. La mitad cree que habrá una
    devaluación en el curso de la próxima década.
    Casi dos tercios de los mayores de 50 años se inclina por esa
    hipótesis. En cambio, el índice desciende a 41% entre
    los jóvenes.

    En cuanto al fenómeno del desempleo, las previsiones son
    decididamente pesimistas: 42% pronostica un aumento, 30% cree que las
    cosas seguirán igual y sólo 26% augura un alivio. En la
    franja de 18 a 29 años, ocho de cada diez no anticipan ninguna
    mejora. Una proporción similar se registra en el nivel
    socioeconómico medio. Los hombres, por cierto, se muestran
    mucho menos optimistas que las mujeres.

    Es aún más crudo el pronóstico con respecto a
    la pobreza. Dos de cada tres encuestados creen que en el 2007
    habrá más familias con necesidades básicas
    insatisfechas. Y sólo 17% estima que aumentarán los
    ingresos reales de los trabajadores. En cuanto a la
    distribución de la riqueza, más de la mitad piensa que
    se profundizarán las actuales brechas.

    Con respecto a la futura intervención del Estado en la
    creación de empleos y la búsqueda de solución a
    los problemas sociales, la muestra se divide, curiosamente, en tres
    partes iguales entre quienes pronostican mayor protagonismo
    gubernamental, quienes creen que se acentuará el laissez faire
    y los que piensan que nada cambiará.

    Entrar al mundo

     

    Un poco más de la mitad de los encuestados (55%) vaticina
    que dentro de una década la economía argentina
    dependerá de las importaciones en mayor medida que ahora. El
    dato no necesariamente refleja pesimismo, sino más bien una
    creciente conciencia del irrefrenable avance de la globalidad. Son
    casi dos tercios los que piensan que las inversiones extranjeras
    tendrán una im portancia aún más crucial que la
    actual, y tres de cada cuatro pronostican un incremento de la deuda
    externa. Al mismo tiempo, 42% confía en que las exportaciones
    argentinas tendrán un mayor componente de productos
    industrializados.

    Notablemente, a pesar de los publicitados enfrentamientos
    comerciales con Brasil durante el período en que se
    realizó esta encuesta, la imagen del Mercosur se proyecta con
    fuerza hacia el futuro. Una clara mayoría de 61% vaticina un
    aumento del intercambio dentro de la región (frente a 44% que
    formula un pronóstico similar con respecto a
    Norteamérica y apenas 36% en relación con Europa). Un
    índice menor, pero sustancial (44%), apuesta a que
    habrá una moneda única del Mercosur antes del 2007. Y
    siete de cada diez entrevistados piensan que para entonces los
    ciudadanos de los países miembros compartirán un
    pasaporte único.

     

    Las comparaciones

     

    Ante esta aceptación del futuro global, vale la pena
    constatar hasta qué punto son correctas las percepciones de
    los argentinos sobre su propia posición en el mundo y,
    más precisamente, en América latina.

    El error de apreciación más notable surge de las
    respuestas a la pregunta sobre cuál, entre cuatro
    países de la región (Brasil, México, la
    Argentina y Chile), exhibe la mayor producción de bienes y
    servicios. Brasil fue correctamente ubicado en el primer puesto, pero
    a partir de allí el panorama aparece curiosamente
    distorsionado. Los encuestados le otorgaron el segundo lugar a Chile,
    que en realidad exhibe el PBI más bajo de los cuatro. La
    Argentina se ubica en el tercer puesto. Y México, sólo
    superado por Brasil en la región, aparece relegado al
    último lugar.

    La cuestión del nivel de vida de la población es,
    por cierto, más difícilmente mensurable. Para los
    encuestados, el primer lugar del podio le corresponde a Chile,
    seguido por la Argentina, México y Brasil, en ese orden. Lo
    cierto es que, si se toma como parámetro el PBI per capita, la
    Argentina marcha primera con ventajas sustanciales. A México
    le correspondería el segundo lugar, a Brasil el tercero y a
    Chile el último.

    La buena imagen (y la buena prensa) del milagro chileno se
    trasunta también al examinar el tema de la corrupción
    en los cuatro países. Con escasa piedad por sí mismos,
    los argentinos se consideran líderes en ese terreno. Le
    otorgan el segundo lugar a Brasil y el tercero a México (donde
    la cuestión asume conocidas proporciones históricas).
    Chile, en cambio, aparece como el menos afectado por el
    fenómeno.

    En cuanto a dónde hay más respeto por los derechos
    políticos de los ciudadanos, Chile vuelve a sacar la mejor
    nota, seguido por la Argentina, México y Brasil.

    En materia de educación, los encuestados le reconocen
    más ventajas a la Argentina. Chile aparece en segundo
    término, México en el tercer lugar y Brasil en el
    último. Las cifras de alfabetización, al menos,
    justifican este ordenamiento.

     

    El horizonte político

     

    El bipartidismo no tiene futuro en la Argentina, a juzgar por las
    respuestas de casi un tercio de la muestra, que pronostica que en el
    2007 el caudal electoral se distribuirá entre cuatro o
    más organizaciones políticas. Una proporción
    mayor (39%) cree que serán tres los partidos en pugna.

    Dos tercios de los encuestados piensan que los votos
    dejarán de tener dueños permanentes: se
    acentuará, dicen, la tendencia del electorado a cambiar
    periódicamente de partido.

    Pero, aunque una sólida mayoría de 58% (que se
    fortalece en la franja de los mayores de 50 años y en la clase
    media) confía en que habrá mayor control del poder
    ciudadano sobre los políticos, las previsiones acerca de la
    extensión de la corrupción adquieren un tono
    sombrío: 39% vaticina que se acentuará el
    fenómeno y 24% dice que nada cambiará. El pesimismo es
    notablemente mayor entre los jóvenes de menos de 29
    años y en la clase media.

    No es sorprendente, por lo tanto, que 40% afirme que
    disminuirá la credibilidad de partidos y dirigentes.
    Aquí las diferencias entre los sexos son pronunciadas.
    Sólo 36% de las mujeres sostiene esta opinión, frente a
    43% de los hombres. Y algo parecido se observa en la pregunta acerca
    de si la Justicia será más independiente: 50% del
    público femenino contesta afirmativamente, en tanto que apenas
    43% de los hombres se inclina por el optimismo.

    Pero la verdadera sorpresa en el terreno del género surge
    cuando se les pregunta a los encuestados si las mujeres de la
    Argentina del 2007 tendrán mayor participación en la
    vida política. Los hombres se juegan con un abrumador 91% de
    respuestas positivas. Las mujeres, en cambio, dudan: 86%
    confía en que así será; 14% no sabe, o no
    contesta.

    En cambio, ante el interrogante más general sobre la
    participación de la gente en la actividad política, las
    mujeres aventajan claramente a los hombres (59% frente a sólo
    37%) en los vaticinios positivos.

    Las actividades comunitarias son el escenario de fuertes
    divergencias de pronósticos. Los mayores de 50 años,
    los que sólo exhiben nivel educacional primario y los de
    más bajos ingresos creen que dentro de una década
    habrá mayor participación de la gente. Pero los
    jóvenes y los que completaron una formación terciaria
    se muestran menos entusiastas.

    El optimismo es más parejo alrededor de la tolerancia con
    respecto al sexo (63% dice que será mayor, aunque los
    jóvenes parecen menos convencidos).

    En cambio, 81% muestra escepticismo acerca del cuidado del medio
    ambiente (creen que la contaminación aumentará). Pero
    también anticipan una mayor participación de los
    jóvenes en los movimientos ecologistas (83% sostiene esa
    opinión).

    Los más pesimistas en cuanto a la tendencia en el consumo
    de drogas por parte de los jóvenes son los propios
    jóvenes: ocho de cada diez pronostican que la situación
    empeorará. Son también ellos (con 81%) y la clase media
    (también con 81%) los más firmemente convencidos de que
    aumentará la inseguridad urbana.

    Quizá porque ven en la cuestión la clave de su
    propio futuro, son los niveles socioeconómicos más
    bajos y los encuestados que sólo completaron la escuela
    primaria los más inclinados (con 60 y 69% respectivamente) a
    vaticinar que en la próxima década aumentará el
    nivel educacional en el país. El promedio general suma, sin
    embargo, sólo 48%, con un índice particularmente magro
    entre los jóvenes (38%) .

     

    El futuro en singular

     

    Cuando se les pregunta a los argentinos cómo ven su propia
    situación económica personal dentro de diez años
    surge un cuadro de tibio optimismo. Los que confían en una
    mejora suman 43%, los pesimistas representan 12%, llegan a 38% los
    que no anticipan cambios y 6% no arriesga una respuesta.

    Pero las discrepancias son grandes. Los jóvenes se
    muestran, por una vez, más optimistas: 53% piensa que su vida
    será mejor. También se registran índices
    superiores al promedio en el nivel socioeconómico más
    alto (57%) y entre los que cuentan con estudios terciarios (53%). En
    cambio, los pronósticos son claramente negativos entre los
    mayores de 50 años (sólo 26% confía en mejorar)
    y el sector de menores ingresos (33% de optimismo).

    Para colocar este cuadro en un contexto adecuado se requiere, sin
    embargo, compararlo con las respuestas a la pregunta sobre la
    situación personal actual. Sólo 5% indica que los
    ingresos de su grupo familiar son suficientes y les permiten ahorrar
    (incluso en el sector socioeconómico más alto el
    índice apenas asciende a 12%). Los que dicen que les alcanza
    justo, sin dificultades suman 44% (con porcentajes más altos
    entre los jóvenes y los que completaron estudios terciarios).
    A 26% de la muestra el dinero no le alcanza y enfrenta dificultades.
    Aquí la gravitación del nivel educacional es evidente:
    el índice se sitúa en torno de 33% entre quienes
    completaron estudios primarios o secundarios, pero desciende
    abruptamente a 18% entre los que cuentan con una formación de
    nivel terciario.

    Uno de cada cuatro entrevistados se ha visto obligado a reducir
    sus gastos. La proporción es sustancialmente más
    elevada entre los mayores de 50 años (39%), las mujeres (31%)
    y los que no pasaron de la escuela primaria (52%).



     

    Dolores Valle

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