El Estado fue en Neuquén tradicionalmente planificador.
Pero el esquema de desarrollo trazado hace tres décadas no se
cumplió. En gran medida, porque suponía que la
provincia tendría energía barata, basada en la
producción hidroeléctrica. Las redes de
distribución acabaron con esa ventaja.
En segundo lugar, el organismo de planificación estatal, el
Copade, consideró hasta ahora que la microeconomía del
desarrollo debía quedar a cargo de las empresas. Se
encargó por eso de la infraestructura, montó parques
industriales importantes y pensó atraer de ese modo la
inversión privada, sobre todo en el sector
petroquímico.
Pero así como la energía es hoy en Neuquén tan
cara como en el resto del país, la petroquímica se
instaló en Bahía Blanca, un puerto al que llega la
materia prima casi sin costo adicional, por medio de oleoductos.
Consecuencia: Neuquén tiene que repensar su destino industrial
y estratégico.
En los últimos años, las unidades agrícolas
tradicionalmente productivas, que no superaban las cinco
hectáreas, han dejado de ser rentables. Se habló de
estimular al productor unipersonal, generar formas cooperativas y,
por último, reconvertir a los microproductores
frutícolas al rubro hortícola. En el campo de la
fruticultura se esperaba una explosión productiva.
Pero hay obstáculos serios. “El pequeño productor
no tiene cultura cooperativa y es muy difícil reunirlo en
cooperativas eficientes”, dice el economista Sergio Ponte, para
quien semejante característica de individualismo
“dificulta el montaje de unidades de producción viables
por agregado de micropropietarios”.
Ponte considera, además, que “pasar de la fruticultura a
la horticultura requiere un cambio cultural no menos fuerte, porque
las hortalizas piden más trabajo y cuidado que las
frutas”, y se muestra escéptico respecto de la anunciada
revolución frutícola: “Hace años que se
viene hablando de ella, pero graves problemas de manejo del agua
dificultan su desarrollo”, explica.
El manejo inadecuado de las grandes represas satura las napas
freáticas, y la prioridad absoluta que sus operadores dan a la
generación hidroeléctrica los conduce a negarle agua al
riego. Sólo aceptan los usos con fines turísticos y de
navegación.
A eso se agrega que no hay una cultura de la tierra, porque el
paisano tradicional es criador, no agricultor.
Además, para aprovechar el agua hacen falta grandes
inversiones en alta tecnología de riego, y no existen estudios
acabados acerca de montos, plazos y modos de realizar una
política semejante. “El estado provincial no tiene una
política agrícola de desarrollo”, dice Ponte.
Cuando otorgó tierras fiscales no terminó de
privatizarlas, por lo cual muchos chacareros mantuvieron una tenencia
precaria que atentó contra el propio compromiso
productivo.
Gran parte de los expertos coincide con Ponte en que las
características de la Patagonia como zona ecológica son
una ventaja comparativa digna de ser aprovechada a la hora de
desarrollar una agroindustria para exportación. Pero
también advierten que, más allá de la iniciativa
privada, un proceso de desarrollo sostenido sólo es posible
con promoción, asistencia y capacitación estatales
activas. “No basta con construir infraestructura y ofrecer
dinero barato: hay que orientar desde el punto de vista
técnico y gerencial a los empresarios interesados”,
señala Ponte.
Un tema político
Carlos Francisco, presidente de la Asociación del Comercio,
Industria, Producción y Afines de Neuquén (Acipan),
confirma esa interpretación y resume el desafío actual:
“Neuquén tiene todavía dos veces más
comercios por persona que el resto del país (un promedio de 80
contra 40), pero de lo que se trata hoy es de transformarse en una
región productora”.
Francisco critica también las políticas de
desregulación que se han seguido, por las consecuencias que
tuvieron sobre los precios de la electricidad y la nafta, “que
son hoy más caras aquí, donde se producen, que en
Buenos Aires”. El empresario sostiene que Neuquén no
tiene “ninguna ventaja comparativa” y que está
“financiando indirectamente el desarrollo de otras regiones del
país sin recibir nada a cambio”.
El presidente de Acipan también señala dificultades en
el campo comercial: “Se han instalado grandes supermercados,
como Tía y Wal-Mart, que no sólo pueden acceder a otros
costos de electricidad, sino que gozan de beneficios desiguales, como
las comisiones que les cobran las tarjetas de crédito, de 1%,
contra 10% que imponen a los pequeños comercios”,
comenta, y se queja de que “lo más notable es que la
llegada de estas grandes tiendas es bienvenida”.
Algunos indicios sugieren que el problema central es político.
“En los últimos años, Acipan entregó al
estado provincial dos proyectos de desarrollo integral, pero no se ha
hecho nada hasta ahora”, dice Francisco, aunque reconoce que
“es lógico, teniendo en cuenta que el Estado fue rico y
pudo atender las necesidades de la provincia con políticas
asistencialistas, pero la distribución se acabó porque
el Estado tiene que achicarse a un tercio de lo que es”. No
obstante, advierte que, “para poder hacerlo, tiene que generar
fuentes de trabajo alternativas”.
El dirigente empresario cuenta que Acipan propuso derivar 50% de la
recaudación del impuesto a los ingresos brutos para financiar
proyectos de desarrollo en lugar de dedicarlos a sostener la
actividad del sector público. “Pero no recibimos
respuesta”, lamenta, y reclama lo mismo que los partidos de
oposición: que el gobierno tome conciencia plena de que, antes
que cuidar los votos, es necesario generar transformaciones.
Una Tía próspera
Tía instaló su primer local en Neuquén en
1984. Su gerente local, Eulogio Minardi, explica que la
compañía “consideró muy importante tener
presencia en la Patagonia y eligió Neuquén por su
prosperidad”. Once años más tarde la
compañía tuvo la oportunidad de comprarle al
Ejército una manzana céntrica de la capital provincial.
Allí erigió “el primer hipermercado de la
Patagonia y el comercio más grande de la región del
Alto Valle”, según Minardi.
La inversión sumó $ 17 millones para 20.500 metros
cuadrados cubiertos de construcción con casi 9.000 metros de
salón de venta (con una línea de 42 cajas), y
laboratorios propios. El local cuenta también con playa de
estacionamiento para 350 vehículos —con dos entradas y
dos salidas—, enfermería, sistema de seguridad contra
incendios, 270 lockers, compactadora de residuos, un patio de comidas
de 1.200 metros cuadrados con 400 asientos y un laboratorio
fotográfico.
Tía tiene una oferta de 15.000 artículos que incluyen
elaboración propia de panadería, pastelería,
rotisería y pastas frescas, así como productos de
terceros de comestibles —incluidos congelados—,
perfumería, higiene personal, ropa, bazar, ferretería,
papelería, librería, disquería,
juguetería, cotillón, accesorios para automotores,
electrodomésticos y plantas naturales.
La empresa recibe por mes a unos 300.000 clientes, que gastan un
promedio de $ 31 por persona, lo que genera un ingreso aproximado a $
9,5 millones cada 30 días. Con 350 personas, atiende no
sólo a los pobladores de la capital y su conurbano, sino
también a los de las localidades vecinas de Cinco Saltos,
Senillosa, Villa Regina, Zapala y Cutral-Co.
Aga hace lo suyo
La empresa de origen sueco Aga llegó a Neuquén en
1987, con una comercializadora que hoy dirige Ricardo Chucrallah
desde su puesto de gerente de Ventas de la sucursal Neuquén.
La firma produce y vende toda clase de gases del aire para uso
industrial y médico. Tiene 10 sucursales propias en el
país y cinco concesiones oficiales. “Acabamos de cambiar
de estructura, dando en concesión muchas de nuestras antiguas
plantas y sucursales”, relata el ejecutivo.
El cambio nació de la necesidad de atender mejor a los
clientes minoristas. “El nuevo esquema nos torna más
ágiles”, asegura Chucrallah, quien cuenta que en
Neuquén se hizo cargo de la concesión el ingeniero
Santiago Nabaes, antiguo empleado de la empresa y hoy dueño de
Gases Neuquén.
“Nuestros grandes consumidores son las empresas petroleras, que
consumen 70% de la producción anual, pero también
atendemos a hospitales y algunas industrias con necesidades muy
específicas, como plantas de tratamiento y altos hornos”,
relata Nabaes.
El empresario cuenta que la planta local tiene seis meses de
antigüedad y costó $ 8 millones. Fabrica unas 50
toneladas diarias de gases, que se reparten según las
necesidades del mercado. “Tiene tecnología de vanguardia,
está completamente automatizada, trabaja con siete operarios
las 24 horas y atiende todo el mercado sureño, hasta Punta
Arenas”, se entusiasma.
La planta factura alrededor de $ 10 millones por año. De ese
total, la distribuidora local toma sólo una parte, ya que
cubre las necesidades de una región comprendida por casi todo
Neuquén, Choele-Choel al este y San Carlos de Bariloche al
sudoeste: unos $ 2 millones al año.
Flores para comer
Desde hace seis años, Alberto Zanella y su socio producen
plantines florales en Plottier. “En verano llegan de Buenos
Aires $ 60.000 por día en plantines”, dice Zanella, y
agrega: “Cuando vimos esto, notamos que existía en la
región una demanda insatisfecha que podemos atender desde
aquí, de modo que el dinero de los consumidores quede en la
provincia”.
“Incorporamos entonces la tecnología necesaria y
abandonamos el tomate, que cultivábamos hasta entonces, para
pasarnos a las flores, que son menos estresantes”, relata. El
emprendimiento, cuya razón social es Productora La Herradura,
cuenta con dos hectáreas de viveros, desde los cuales se
atiende la demanda de 24 supermercados, desde Villa Regina y Zapala
hasta Viedma, Carmen de Patagones e incluso Caleta Olivia.
“Vendemos entre 400 y 1.500 plantas por supermercado y por
mes”, afirma Zanella.
El productor se queja de que “el negocio lo hace el
supermercado, que se lleva la mitad de los $ 4 promedio que cuesta
una plantita al público” y asegura que, con el resto,
él y su socio deben vivir y reinvertir. “En temporada,
entre agosto y noviembre, sacamos alrededor de 300.000 plantines,
pero en estos tiempos, sólo la décima parte”, dice
Zanella. Con todo, se trata de un negocio que bordea los $ 700.000 al
año.
La Herradura cultiva alrededor de una hectárea, con unos 2.000
metros cubiertos. “Más que suficiente, porque en un metro
cuadrado caben 144 plantines, así que completamos nuestra
oferta con una serie de plantas ornamentales que nos ayudan en las
épocas de baja de las flores”, señala Zanella, y
apunta que en cinco años llevan invertidos $ 80.000.
Busco basura plástica
Jorge Danielle tiene en Plottier una de las empresas más
originales del Gran Neuquén y, probablemente, de la Argentina.
Recicladora de Plásticos Dangen procesa toda clase de
plásticos. Pero su iniciativa, que implicó una
inversión de alrededor de $ 200.000, tiene una
característica que la hace única: desarrolló su
propia tecnología de compactación y fabricación
de madera plástica, casi 10 veces más barata que la que
manejan alemanes y norteamericanos, e igualmente eficiente.
“Hace seis años, cuando empecé con este negocio,
los municipios no nos tomaban en serio; les parecía una bonita
iniciativa, pero no veían su valor económico”,
dice Danielle, y agrega: “Hoy, la cosa empieza a cambiar.
Desarrollamos una tecnología para mezclar todo tipo de
plástico, y eso nos ha permitido lograr un producto con el que
fabricamos bancos, rejas, tejas y muchos otros
artículos”.
El material que se consigue parte principalmente de botellas de
detergente y lavandina, agua mineral y refrescos. Agregando un
pigmento se le da el color que se desee. “Se trata de un
material inoxidable, imputrescible, inerte a la humedad y al salitre,
y que casi no requiere mantenimiento, porque ni siquiera hay que
pintarlo”, explica Danielle.
Recicladora de Plásticos Dangen produce alrededor de 25
toneladas por mes, que vende a $ 1 la tonelada. “Por el momento,
es una compañía modesta”, dice el joven
empresario. “La dificultad que tengo para seguir creciendo es
que la estructura de la firma es muy ligera: yo tengo que hacer tanto
el trabajo de producción como el de promoción y
ventas”, agrega.
Dangen hizo, sin embargo, contactos con inversores chilenos, con
Coca-Cola y con un par de inversores locales. Todavía no hay
resultados, pero el empresario apunta a ampliar su negocio con los
municipios y a conquistar el favor del sector privado para montar una
compañía “con un auténtico departamento de
marketing y una unidad de diseño que mejoraría el
producto final”. Para ello se necesitará una
inversión de $ 500.000.
Ecológicamente incompetente
“Debemos ser el único lugar en el mundo con 10
derrames petroleros en un solo mes”, protesta Mónica
Ocaña, del Ala Blanca del Movimiento Popular Neuquino (MPN).
“No sé cómo hace YPF para que sus inversores
norteamericanos ignoren que están invirtiendo en una industria
sucia”, agrega.
La socióloga entiende que “el daño
ecológico es un signo inequívoco de que se utiliza una
tecnología obsoleta en un contexto legal deficiente”, y
afirma que “la consecuencia inmediata es que la cuenca del
Río Colorado, límite de la Patagonia, que es una de las
pocas zonas ecológicamente limpias en el mundo, está
irremediablemente contaminada”.
“Hay que decirlo: nuestra industria petrolera es
ecológicamente incompetente”, concluye.

