miércoles, 17 de junio de 2026

    Data Bank

    — ¿Por qué se hizo público ahora, y no
    antes, el hecho de que usted sea el propietario de la mayoría
    de las acciones de Oca?


    — Oca es una compañía de servicios que el 7 de
    octubre cumplirá 40 años. Los socios fundadores eran
    muy amigos de mi padre. Yo tengo 22 años en la empresa. A
    mediados de los ’80 tuve mi primera participación
    accionaria y a partir de entonces comencé a tener mayor
    injerencia en las decisiones. En el ’87, la situación de
    Oca era muy comprometida y los accionistas le ofrecimos a Alfredo
    Yabrán, que era el dueño de Ocasa, que comprara Oca. Yo
    soy amigo personal de Yabrán, quien realmente fue un
    visionario en la actividad. Yabrán no quiso comprar Oca por
    los problemas que había entre las familias accionistas y por
    las deudas con bancos que eran clientes suyos, pero nos dijo que, si
    se le presentaba un plan de trabajo consistente, él estaba
    dispuesto a ofercerle a su cuñada (Blanca Pérez de
    Alonso) y al marido (Raúl Alonso) que entraran como
    accionistas. El paquete quedó repartido en partes iguales
    entre ellos y el grupo original. Desde ese momento, el que condujo la
    empresa fui yo. Posteriormente, fui incrementando mi
    participación accionaria. Así llegamos al año
    pasado.

    — ¿Qué sucedió?

    — Ocasa sufrió muchísimo la pelea de
    Yabrán con Domingo Cavallo. El año pasado Yabrán
    la puso en venta, pero para nosotros era imposible: se hablaba de $
    300 millones. A través del tiempo, por la pérdida de
    grandes clientes, Ocasa fue perdiendo valor. Oca compró 40% de
    Ocasa cuando ésta valía $ 80 millones. Para evitar
    suspicacias, hicimos la ingeniería financiera a través
    de Prudential Securities. Le puse a Yabrán dos condiciones:
    que ni él ni ningún miembro de su plana mayor tuviera
    ningún tipo de incidencia en la estrategia de la empresa y que
    tuviéramos la opción para comprar el paquete total.
    Pronto me di cuenta de que con sólo 40% había algunos
    problemas con los clientes tradicionales de Ocasa y de Oca. Los
    parientes de Yabrán aceptaron que compráramos otro 50%,
    pero no quisieron asumir más riesgos y el aporte de capital ($
    4 millones) para acceder a los créditos lo hice
    mayoritariamente yo. A partir de esa asamblea, que fue en septiembre
    u octubre del año pasado, pasé a tener casi 75% del
    paquete de Oca, que incluye 90% de Ocasa. Y tenemos la opción
    de compra por el restante 10% que mantiene Yabrán, a la
    cotización fijada de $ 80 millones.

    — ¿Por qué antes no se sabía
    quién era el dueño de Oca?

    — Todos mis principales clientes conocían mi
    situación dentro de la empresa. Oca no tuvo la costumbre de
    salir públicamente porque no era una empresa con incidencia en
    la economía argentina. Estamos hablando de una empresa que hoy
    factura $ 250 millones por año.

    — Aun desde el punto de vista de la vanidad, sorprende su
    posición. Generalmente, cuando uno es accionista mayoritario y
    participa del management, ocupa el cargo de presidente, no el de
    vice.

    — Eso tiene una explicación. Nelson Pozzoli
    (presidente de Oca) era amigo de mi padre, venía a casa a
    jugar a las cartas. Yo estoy todo el tiempo arriba del sector
    comercial y del sector operativo. Necesariamente, debo tener alguien
    de mucha confianza para ocuparse de las relaciones institucionales.

    — Dos años atrás, cuando explotó
    públicamente el episodio Yabrán-Cavallo, usted no
    consideró necesario salir a hacer aclaraciones
    públicas. ¿Por qué ahora sí?

    — Porque ahora se metió a Oca en el juego. Antes,
    cuando se mencionaba a Oca, era esporádicamente y por
    equivocación. Si no fuera que en esta embestida se pone en
    juego a una empresa que da trabajo a 5.500 personas —y realmente
    ahí sí siento que me están tocando lo
    mío—, tampoco hubiese salido. Si yo no cuido muy bien
    qué es lo que se transmite de Oca y me llega a pasar lo mismo
    que le pasó a Ocasa, sería catastrófico.

    — La gran sorpresa es que todos esperaban ver a Oca en
    alguno de los grupos que se presentaron para la privatización
    de Encotesa. ¿Qué pasó?

    — Teníamos la propuesta hecha, y la decisión
    de no presentarnos se tomó muy pocos días antes. Es un
    negocio para tomarlo con mucha firmeza. Hay que invertir $ 250
    millones en diez años. Más de $ 150 millones durante el
    primer año. Es una inversión muy fuerte que requiere de
    ingeniería y asistencia financieras, y hay que cambiar el
    concepto de productividad, que hoy Encotesa no tiene. Eso es
    difícil, va a demandar mucha rotación de personal
    (nosotros la estimamos en 50%). Si a eso le sumamos que esto puede
    ser utilizado por quienes pretenden usarnos como bandera de una lucha
    a la que somos ajenos y puede meternos en un problema
    político, preferimos seguir haciendo todo el esfuerzo en Oca,
    insertándola en nuevos proyectos tecnológicos y de
    comunicación, y mostrándoles a nuestros clientes que
    estamos dispuestos a competir. Además, creo que la lucha
    Cavallo-Yabrán dejó fantasmas. Quienes prepararon el
    pliego tuvieron algunos fantasmas en cuenta y pusieron una
    cláusula que llamaron antimonopólica, que dice que
    pueden descartar a cualquier empresa cuya oferta pudiera implicar una
    posición dominante de mercado. Como tenemos 25% del mercado y
    Encotesa 44%, pensé que me iban a descalificar aunque sea
    imposible tener posición dominante del mercado, ya que el
    decreto que llamó a licitación asegura un mercado
    postal abierto y competitivo. Con sólo $ 5.000 cualquiera
    puede armar una empresa de correo. Y la autodistribución:
    cualquiera puede distribuirse sus propias cartas. ¿De qué
    posición dominante hablamos? Entonces, ¿qué
    hubiese pasado si Oca se presentaba y ganaba? ¿En qué
    podía terminar esto? ¿En un juicio contra el Estado? Eso
    perjudicaría mucho nuestra imagen. Preferimos no participar.
    La prueba de que esto no estuvo hecho a la medida de Oca es la
    magnitud de los grupos que participan.

     

    Los jugadores

    Samuel
    Liberman (95%): Accionista de la empresa de televisión por
    cable VCC.

    Row Group (3%): Empresa del grupo Román. Cuenta con una flota
    de 500 vehículos y 150.000 metros cuadrados de
    depósitos en Capital Federal y Gran Buenos Aires.

    Transportes Automotores Cuyo (TAC)(2%): Una de las principales
    compañías de transporte terrestre, con una flota
    operativa de más de 600 vehículos. Incursiona desde
    hace dos años en el servicio postal privado.

    Asesor técnico: Correo estatal alemán (Deutsche Post
    A.G). Maneja 18.100 millones de piezas postales por año, con
    19.200 oficinas, 190.000 vehículos para transporte de
    encomiendas y una facturación anual de US$ 1.000 millones.

    Itrón
    (46,5%): Empresa de sistemas del grupo Macri, con ventas anuales por
    US$ 208 millones.

    Sideco Americana (39%): Constructora del grupo Macri. En 1996
    facturó US$ 415,7 millones.

    Banco de Galicia y Buenos Aires (14,5%): Uno de los principales
    bancos privados de la Argentina.

    Asesor Técnico: British Post Office (correo estatal
    inglés). Tiene ingresos anuales por US$ 9.713 millones y mueve
    18.322 millones de piezas por año con 208 mil empleados.


    Compañía de Inversiones en Telecomunicaciones
    (Cointel)(67%): Controlante de Telefónica de Argentina, en la
    que participan por partes iguales Telefónica Internacional y
    Citicorp Equity Investments (CEI).

    Caja de Ahorro y Seguro (33%): Privatizada hace tres años y
    hoy controlada por el grupo Werthein.

    Asesor técnico: New Zealand Post Lmtd. Correo privatizado de
    Nueva Zelanda que, con una facturación anual de US$ 691
    millones y 6.500 empleados, mueve por año 800 mil piezas
    postales.