Los primeros contactos con Rosario desconciertan. La ciudad parece
la suma de muchas variantes, entremezcladas en un revuelto edilicio
donde compiten codo a codo señoriales edificios de comienzos
de siglo, viejas casas derruidas, arquitectura funcional de los
años ´40 o ´50, residencias y rascacielos geométricos
de los ´60 y los ´70, calles angostas y rotas, cafés a la
moda, restaurantes decorados según el gusto ecléctico y
algo retro de los ´90, ropa de finísimo diseño,
marroquinerías, McDonald´s y sandwicherías, recogidas
plazas, hoteles y librerías grandes y pequeños,
tienditas escondidas con el jazz y el rock más exquisitos,
grandes disquerías en las que atruena lo comercial,
lencerías y casas de deportes, todo bajo un cielo retorcido
por marañas de cables que salvan las calles de casa en casa.
La gente también sorprende. Los rosarinos no tienen la
estructurada conciencia de sí de los cordobeses: su trato no
se encuentra medido por la cortesía bien educada de una
sociedad que se quiere dueña de sí misma y sabe a
dónde va y cómo llegar allí. Al contrario, viven
al son de los acontecimientos, sin entender muy bien qué es
ser rosarino, mirando al mismo tiempo al interior y a Buenos Aires,
con un pasado en los barcos que llegaban de Italia y otro en la
ciudad. Se sienten, quizá, un poco inermes frente a la gran
capital, pero no resignan el deseo de crecer y convertirse nuevamente
en la ciudad más importante del interior. Coinciden en decir
que Rosario es “muy rara, horrible”, y en defenderla, disfrutarla y
quererla. Eso sí, divididos en una de dos subespecies: Rosario
Central y Newell´s Old Boys, rivalidad futbolística de la que
nadie escapa y que también los une. Como los une el proyecto
de hacer del río el eje ordenador de la vida urbana y de su
futuro.
Historia reciente
Todo este desorden al fin y al cabo fecundo quizá se deba
a que Rosario creció alrededor de una capilla sin fundador.
Era un poblado de 50 casas en 1763 y entró en la historia en
1812, cuando Manuel Belgrano, su padre simbólico,
enarboló en sus barrancas la bandera argentina. Pero
volvió a eclipsarse hasta 1853, cuando después de la
batalla de Caseros tornó en centro de atracción para
los inmigrantes.
Entonces empezó su historia actual. Nacieron empresas
portuarias, navieras, comerciales, industriales, colonizadoras y de
transporte; se establecieron colegios privados, se construyó
un Mercado de Abasto; se fundaron instituciones sociales de socorros
mutuos que iniciaron la tradición cooperativa local, y se
levantaron dos teatros, anunciando el amor por la música que
aún la caracteriza. La guerra del Paraguay la obligó a
fabricar cañones y proyectiles: primera metalurgia. En 1867 se
fundó el diario La Capital, hoy único matutino de la
ciudad, y poco después se instalaron el telégrafo y la
iluminación a gas.
El fin del siglo pasado y el comienzo de éste fueron la
etapa dorada de Rosario. Los ferrocarriles la enlazaron con el resto
del país, aparecieron la Bolsa de Comercio y los teatros
Colón demolido en los ´50- y Del Círculo, que
recibieron figuras relevantes. En 1887, con 51.000 almas, se
inauguró la Refinería Argentina, primera gran aceitera.
En 1905 transitaron por el puerto varias navieras internacionales y
2,5 millones de toneladas de cargas. En 1906, el censo municipal
consignó 150.845 habitantes. Hoy, apenas 90 años
después, Rosario tiene casi un millón, o un
millón y medio si se consideran los suburbios (Gran Rosario).
Diez veces más, y 40% de la provincia.
Salud, educación y trabajo
Este crecimiento fulgurante, difícil de asimilar, produjo
fenómenos que marcaron su destino. En 1910 se construyó
el Hospital Nacional del Centenario, entonces el mayor del
país, y en el ´19 Rosario recibió la Escuela de
Medicina de la recién fundada Universidad del Litoral, y
montó el mejor sistema de salud pública del país
(aún lo es). Por otro lado, se instalaron en la pampa
aledaña los gringos italianos y centroeuropeos, que la
hicieron florecer. Como consecuencia, el puerto y la Bolsa de
Comercio concentraron la mayor parte del comercio de granos y de
aceite del país, y aparecieron miles de pequeñas
empresas agroindustriales, metalmecánicas dedicadas sobre
todo a la fabricación de maquinaria agrícola, textiles
y químicas. Rosario se convertía en la Chicago
argentina: su vocación de gran ciudad quedaba consolidada.
Para 1968, la filial Rosario de la Universidad del Litoral se
transformó en la Universidad de Rosario (hoy 54.000 alumnos).
La creación pictórica, teatral y sobre todo musical
florecieron.
La primera devastación empezó en 1976, y
afectó sobre todo a la cultura y la universidad. La segunda
comenzó en 1991, cuando la apertura irrestricta de las
fronteras y la nueva paridad cambiaria, que apuró
créditos cuyos intereses ascendían a veces a 60% anual,
destruyeron el cinturón industrial.
Hoy la ciudad se reconstruye. Aporta 60% del producto bruto
interno provincial, con 53% del empleo y 62% de la industria. Algunas
de sus Pymes, altamente especializadas en alimentos y en bienes de
capital, prosperan en el concierto nacional y empiezan a fundar su
futuro en las exportaciones, compitiendo con la mejor oferta
internacional. Grandes empresas, como Acindar o los
frigoríficos Paladini (especialista en chacinados) y Swift
instalada en Rosario desde 1924 y que en el ´93 invirtió US$
126 millones en una planta de ciclo completo, movilizan la
economía mientras la llegada de General Motors esperanza al
sector automotor. La Bolsa de Comercio maneja el mayor mercado de
granos disponibles de la república 10 millones de toneladas
al año y tiene una Cámara Arbitral de Cereales que es
punto de referencia nacional e ineludible para la soja.
Pero el centro del actual proyecto rosarino es el puerto, que
compite con los terminales privados del frente fluvial media docena,
sobre los 45 kilómetros que van desde San Martín, al
norte, hasta Punta Alvear, potenciados por el auge de la industria
de alimentos y las aceiteras. Empresas como Aceitera General Deheza,
Cargill, Aceitera del Plata, Vincentín y Dreyfus, que hoy
elaboran 64.000 toneladas diarias, proyectan procesar 89.000
toneladas por día en 1998 (64% del total nacional). Por los
puertos citados salen 63% de los granos y 75% del aceite argentinos.
Futuro fluvial
Por eso, todo Rosario promueve la hidrovía
Paraná-Paraguay y Paraná-Tieté. Este doble
canal, por el que bogan 8,6 millones de toneladas por año,
comunica fácilmente con Brasil, Paraguay y Bolivia. Rosario es
el puerto fluvial-marítimo por excelencia: el último
del Paraná capaz de recibir cargueros atlánticos 32
pies, que pueden ser 34 y el mejor del país, ya que no
requiere grandes dragados y los buques de mar pueden atracar
directamente, sin ser remolcados como en Buenos Aires.
Sin embargo, la hidrovía puede generar costosos
desarreglos: Ríos Vivos, organización no gubernamental
internacional de la que forma parte el Taller Ecologista de Rosario,
ha mostrado que los estudios ambientales realizados hasta hoy son
insuficientes, y que los costos provocados por problemas
ecológicos e hidrológicos derivados del dragado, de la
canalización de meandros y del cierre de afluentes pueden
superar con creces los beneficios generados. También indica
que el Estado nacional subsidia indirectamente a los operadores: la
hidrovía costará $ 1.300 millones, no $ 500 millones,
como se pretende. Por eso apoya reducir la intervención,
adaptando los barcos a las exigencias del río no al
revés y organizando un uso estacional.
Acompañando el reacomodamiento económico, los
rosarinos renuevan su política municipal. Por tercera vez en
la intendencia, los socialistas, con Hermes Binner a la cabeza,
intentan un Plan Estratégico semejante al de Córdoba o
al de Barcelona, España, que garantice la
descentralización del poder municipal y fije las pautas para
el desarrollo sostenido de la ciudad.
Rosario, que “vivió de espaldas al río”, está
cambiando. Principal ciudad de Santa Fe pero no su capital, sociedad
de inmigrantes como Buenos Aires, pero pieza clave del interior,
empieza a entrever un destino: ser el puerto fluvial-marítimo
multipropósito más importante del Mercosur y el centro
del comercio entre los estados del sudeste del Brasil y la Argentina.
Y desplegar, con esa ventaja, la principal industria agrícola
y lechera del país.
Es una aspiración que todos comparten. Pero muchos dudan de
su concreción y de la armonía del desarrollo futuro.
Con 20% de desocupación y una cifra incierta de pobladores
marginales entre 90.000 y 200.000, en Rosario los dirigentes no han
alcanzado cohesión suficiente, y el espíritu de trabajo
conjunto no acaba de madurar. Los esfuerzos por constituir un
organismo empresarial único, con poder de decisión, han
fracasado, y muchas medidas importantes la privatización del
Banco de la Provincia, por ejemplo están paralizadas por
pugnas surgidas dentro del empresariado, o por un sentido localista
primario (la ubicación del puente Rosario-Victoria fuera de
los límites municipales, única razonable, ha sido
protestada por la población).
Sin embargo, hay conciencia de estas limitaciones. Cada uno de los
sectores de la vida rosarina la universidad, los empresarios, la
dirigencia política busca vías de colaboración
y coincidencia, mientras la ciudadanía, preocupada por
sí misma y por su ciudad, empieza a agruparse en centros
vecinales y otras ONG cuya actividad crece a diario.
Rosario no permite previsiones: llena de problemas y de
oportunidades, se balancea entre las consecuencias de la seguidilla
de quiebras que ha destruido su industria y la posibilidad de
convertirse en una estrella única, comercial y agroindustrial,
del firmamento Mercosur.
El puerto y el río
Potenciar el puerto de Rosario es útil para la ciudad,
el país y el Mercosur, pero el proyecto de la hidrovía,
tal como está planteado, tiene sus bemoles.
En 1996, por el conjunto de puertos centrado en Rosario
salieron 21 millones de toneladas de granos, subproductos y aceites,
sobre 31 millones que suma el país. También pasan por
Rosario vinos, azúcar tucumano, frutas del norte santafecino,
minerales y productos agroindustriales y metalmecánicos
cordobeses, y entran agroquímicos, fertilizantes y autopartes.
A esto se agrega que Rosario es un nudo ferroviario y carretero que
une el este, el oeste, el norte y el sur de la república y
que, además, puede comunicar con San Pablo, vía
Paraná-Tieté, y con Paraguay, Bolivia y el suroeste del
Brasil, por el Paraná-Paraguay. Las industrias mineras
bolivianas y brasileñas, las madereras del norte argentino, e
incluso Cuyo y Chile, encuentran en él una herramienta
valiosísima.
Pero para potenciarlo hacen falta grandes obras de
infraestructura en muelles, playas y sistemas de carga y descarga;
hay que resolver las condiciones de ocupación de tierras y
mejorar el servicio aduanero, combatiendo el burocratismo y la
dependencia de Buenos Aires, e informatizándolo. Una parte de
la inversión necesaria debe provenir del Estado nacional, como
compensación por el daño causado al puerto desde 1942,
cuando se lo nacionalizó, dicen los dirigentes rosarinos.
Porque también hay que mejorar el servicio ferroviario,
construir el puente Rosario-Victoria y terminar de habilitar la
hidrovía, dragando y balizando adecuadamente el río
Paraná para permitir el tránsito nocturno.
La Fundación Banco Municipal de Rosario realizó
un estudio entre potenciales usuarios del puerto. Según
él, las automotrices estarían dispuestas a derivar a
Rosario hasta 70% de su carga; Cormec (Fiat) propone mover 18.000
contenedores anuales por Rosario a partir de 1997; las
fábricas de maquinaria agrícola piensan en un
mínimo de 180 contenedores anuales; las metalúrgicas
hablan de 125.000 toneladas de palanquilla y unos 60 contenedores;
los cuatro frigoríficos consultados, que exportan anualmente
unos US$ 200 millones por Buenos Aires, derivarían 13.000
toneladas de carga refrigerada y 1.600 contenedores; las empresas
alimentarias prometen 13.500 toneladas y 25 contenedores, y una
multitud de pequeñas compañías de otros sectores
se apuntan con unas 26.000 toneladas de carga paletizada y 260
contenedores.
Aguas turbias
Nadie discute el proyecto portuario, pero la hidrovía
llama a reflexión. Elba Stancich, miembro del Taller
Ecologista de Rosario, ONG que forma parte de Ríos Vivos (300
organizaciones en Europa y América), señala que el
Comité Intergubernamental de la Hidrovía convocó
en noviembre del ´96, en Buenos Aires, a un foro para analizar la
evaluación del proyecto. El panel, solicitado por el Banco
Interamericano de Desarrollo y el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo, que financiaron las investigaciones,
convocó a científicos de la Argentina y Estados Unidos,
quienes sostuvieron que no hay prueba de que los impactos ambientales
de la hidrovía no sean desastrosos e irreversibles.
El grupo criticó los trabajos de Hidroservice y de Louis
Berger Asociados porque “no consideran los impactos a largo plazo en
los valles aluviales”, y el de Taylor- Golder-Consular-Connal porque
“empleó herramientas de simulación sumamente
simplistas”, de modo que no se puede prever si habrá o no
destrucción masiva de tierras, flora y fauna, y grandes
inundaciones, como ocurrió en proyectos similares, como el
Missisippi-Missouri. Por otra parte, Stephen Hamilton mostró
que pequeños cambios en el nivel del río Paraguay
pueden provocar la desecación de amplias áreas del
pantanal brasileño-paraguayo, que es el humedal más
grande del mundo. Esto acarrearía graves problemas
climáticos, de biodiversidad y de régimen en el
río Paraná. Así, las pérdidas y los
costos de mantenimiento pueden multiplicar muchas veces el monto de
los beneficios.
Por eso se solicitaron nuevos estudios y un programa de
monitoreo constante, y se propuso como alternativa navegar el
río sólo en ciertos períodos no
constantemente, construyendo en sus orillas depósitos para
almacenamiento temporario, y adaptar las embarcaciones al sistema
fluvial, no viceversa, disminuyendo la intervención. ¿Se
los escuchará?
Liderar el cambio
La Universidad de Rosario sale a buscar a las empresas y los
municipios para aportar lo que tiene: conocimientos.
La vida cultural rosarina corre por canales institucionales e
informales. La actividad informal se concentra en la pintura y la
música, sobre todo, aunque la fotografía, el teatro, la
poesía y la novelística tienen fuertes representantes.
Rosario se enorgullece de sus glorias Castagnino, Berni, y de sus
éxitos: Baglietto, Fito Páez, cuando no Olmedo,
Libertad Lamarque y Fontanarrosa.
Quizá por eso las dos vías se cruzan: la
Universidad Nacional de Rosario tiene ocho licenciaturas y un
profesorado en música, y una licenciatura y dos profesorados
en Bellas Artes; es el epicentro de la cultura institucional, con
más de 88% de los estudiantes universitarios, tres colegios
secundarios y varios institutos de investigación; contaba en
1996 con 54.000 inscriptos, 5.900 docentes y 2.100 no docentes para
12 facultades que dictaban 55 carreras, tres doctorados, nueve
maestrías y 15 especializaciones. Ofrece también 20
carreras de nivel medio y terciario, y tiene un Centro de Estudios
Interdisciplinarios y seis institutos en convenio con el Conicet.
“La Universidad no debe tan sólo repetir, debe generar
conocimiento y velar porque llegue donde hace falta”, reflexiona
Raúl Arino, su rector. “Por eso explica tratamos de producir
un cambio cultural interno que enlace nuestra actividad con las de
los empresarios y la administración local. Tanto el futuro
económico, sobre todo el de las Pymes, que tienen que
reconvertirse y mejorar su competitividad, como la gestión
estatal y municipal, dependen del conocimiento. La Universidad debe
liderar esos cambios, por eso quiere reorientar sus proyectos de
investigación (hay 441) hacia los problemas regionales.”
Es difícil. Primero, por el lastre cultural “tanto del
empresariado, que hasta hace poco ignoraba a la Universidad porque
despreciaba la tecnología propia, como de los universitarios,
puristas por tradición”, dice Arino. “Pero también
agrega porque la UNR está muy marginada en el presupuesto”:
se le asignan $ 1.963 por empleado contra $ 5.329 de promedio
nacional y $ 9.699 para la Universidad de Quilmes. Esto dificulta
desde el mantenimiento edilicio hasta la inversión: 94,35% del
presupuesto ´97 va a sueldos. Sólo 2,12% será para
investigación; el resto son gastos operativos. “Así y
todo dice Arino, en 1991 creamos la Fundación de la
Universidad de Rosario, ente de vinculación tecnológica
con el medio, a fin de asociar al municipio y a los empresarios con
la Universidad. En el Instituto Politécnico obtuvimos una
cooperación de la GTZ, un organismo alemán que
permitió enlazar con las Pymes y crear la carrera de
Técnico Superior Universitario en Plástico y Caucho,
que ya tiene egresados trabajando. Las cámaras de esos
sectores son miembros del comité académico y del Centro
de Asistencia Tecnológica a la Industria que acompaña a
la carrera. Es un ejemplo.”
“También concluye hemos radicado carreras terciarias
en poblaciones del interior; por ejemplo, tecnología de
alimentos, en El Trébol. Así evitamos la
emigración y se aporta valor agregado a la comunidad.
Además, asesoramos a varios municipios. De hecho, estamos
participando en la elaboración del Plan Estratégico de
Rosario, herramienta fundamental de desarrollo a largo plazo.”
A la mesa
“Si tengo que establecer el atractivo turístico de Rosario,
digo las mujeres”, sostiene Roberto Fontanarrosa, y lo explica: “Son
de lo poco característico; ellas y el río, que
empezó a integrarse a la vida cotidiana cuando los
ferrocarrilles dejaron tierra libre a los balnearios”.
“Rosario fue muy maltratada y depredada: recién ahora
empezamos a cuidar las hermosas construcciones de principios de
siglo, que han sido arrasadas”, dice. “Y sin ellas agrega nos
quedamos sin identidad: no hay nada más. Fueron las
últimas tres intendencias, unos 12 años, las que
empezaron a hacer obra y a embellecer la ciudad; eso sí: se
han multiplicado los cafés, las tienditas, los centros
comerciales. Algunos desaparecen, otros perduran.”
“También hay una larga tradición teatral, una
escuela de cine, una línea de pintores del Litoral
reconocidos, y un movimiento musical que empezó por los ´60 y
que, con Litto Nebbia, Baglietto y Fito Páez, motiva la
imitación de los más jóvenes”, reflexiona. “La
creación añade es nuestra única
diversión: sin ella, nos aburrimos. Otra cosa que tiene que
ver con la cultura local es la Feria de las Colectividades, que ocupa
dos semanas de noviembre y está centrada en la
gastronomía. Los gallegos, los vascos, los piamonteses, los
del Veneto, los yugoslavos, los iraníes, los chinos, los
armenios, los griegos cocinan sus platos típicos y todo
Rosario se reúne a comer.” Y para terminar, se define: “Ojo,
soy de Rosario Central”.
Lo bueno y lo malo
Oscar Ielpi fue secretario de Cultura de la intendencia de
Usandizaga (1983-1989) y concejal radical entre el ´90 y el ´95. Es
periodista, poeta, novelista y autor de innumerables canciones.
“Rosario dice es una ciudad deudora de sí misma. En la
década de los ´10 fue el puerto granero más importante
del mundo y es el eje de la principal región agrícola
del país, pero no lo aprovechó porque nunca tuvo
patriciado colonial. Esto hizo que el poder político
descansara en Santa Fe, mientras los inmigrantes hacían de
Rosario el centro productivo de la provincia. Pero no le dieron
cohesión social. Así, en los momentos cruciales Rosario
no pudo tomar decisiones propias. Por eso somos suspicaces y no
confiamos en nosotros mismos.”
“Sin embargo sigue Ielpi, de Rosario salió la muy de
vanguardia Mutual de Artistas Plásticos que formó
Antonio Berni. Aquí nació Lucio Fontana, reconocido en
el mundo. Tenemos el movimiento coral más importante del
país, con el coro Pro Música, que ganó varios
festivales internacionales y ha exhumado música antigua,
ignorada. También hay un movimiento poético de peso. En
contraste con ello, hay aquí gente que revuelve la basura para
encontrar qué comer, y esto no se va a resolver sin
solidaridad y sin el resurgimiento de las Pymes.”
El hombre que nunca existió
Hay en Rosario una avenida Francisco de Godoy, en honor al
fundador de la ciudad: “Es alguien que nunca existió dice el
escritor y ex secretario de Cultura Oscar Ielpi; no es juego cuando
se dice que Rosario se hizo a sí misma. Ultimamente le
atribuimos nuestro origen urbano a un señor Santiago
Montenegro. En realidad, se trata de nuestro primer corredor
inmobiliario; lo que hizo fue comprar terrenos que loteó y
vendió, generando así el centro de la ciudad.”
Para muestra
Peccata Minuta (pequeños pecados) es un localcito metido en
el fondo de uno de los más viejos pasajes, hoy galería,
de la ciudad. Su propietaria, Florencia Ballestra, es también
una de las artistas que vende allí su trabajo. Con cerca de 40
años, representa a toda una generación: “En mi negocio
cuenta hay más de 60 artistas y artesanos de Rosario, todos
ligados por un estilo común, me parece. Somos gente que se
apartó de lo académico, de lo ´serio y solemne´, para
llevar el arte, la reflexión y la belleza a la vida cotidiana:
fabricamos objetos utilitarios de toda clase. Cosas pequeñas,
ligeras, como fragmentos”. Peccata es una buena muestra del estilo
informal y fresco de Rosario, ciudad amante del diseño, donde
también las plantas, los cuadros y los colores alegres dan a
los interiores una personalidad especial.
Salud y producción
Salud física y social y producción son los
objetivos clave de una intendencia que, para conseguirlos, busca la
participación y la cooperación de la población.
“La industria de mano de obra intensiva ha dejado de existir:
incluso la reactivación del puerto, institución que
define a Rosario, dependerá de la tecnología”,
señala Hermes Binner, intendente de la ciudad.
“¿Cómo hace el Estado municipal para acompañar ese
proceso y paliar sus consecuencias sociales negativas?”, se pregunta.
“La única salida responde es la solidaridad. Nuestro plan de
obras públicas, concentrado en la redefinición del
transporte, el problema de la basura y las áreas verdes, da
prioridad a las empresas que incorporan mayor cantidad de mano de
obra. Por otro lado, dedicamos a la salud 25% del presupuesto ($ 250
millones), 9% a la cultura y 8% a la asistencia social, tratando de
morigerar los males socioeconómicos del momento.”
Afirma que su gestión intenta lograr un acuerdo entre
iniciativas públicas y privadas. Para ello puso en marcha el
Plan Estratégico de Rosario, en el que participan,
además de la Municipalidad, las organizaciones empresarias, de
trabajadores, cooperativas, vecinales, de profesionales, de
jubilados, juveniles, ambientalistas, de discapacitados y de la
mujer; los medios de comunicación; las fundaciones, y las
instituciones culturales, religiosas y de servicios. El PER ya
definió cinco emprendimientos de cumplimiento obligatorio: la
construcción del puente Rosario-Victoria, la
reactivación del puerto, la autopista Rosario-Córdoba,
la reactivación del aeropuerto y el mejoramiento y
mantenimiento de los accesos viales a Rosario.
Además, la Secretaría de Producción
promoverá el desarrollo local, el empleo y la acción
cooperativa y mutual. Para ello fomentará la
cooperación entre Pymes; constituirá un banco de datos
apto para servicios de información; impulsará la
presencia rosarina en misiones comerciales y ferias internacionales,
e implementará programas de autoempleo y microempredimientos.
Hay cuatro iniciativas de capacitación para jóvenes
empresarios, almaceneros y talleristas. Los servicios de
información a las Pymes comprenden evaluación de
proyectos, con programas de visita a las empresas, y un programa de
calidad total. También se inició un relevamiento del
sector productivo, un programa de informacion sobre financiamiento a
Pymes con el Banco Municipal, una bolsa de subcontratación
industrial y programas de radicación de industrias y de
iniciativa privada.
Durante este año se impulsará la presencia de
Rosario en ExpoParaguay, ExpoCruz, Fisa (Santiago, Chile) y cinco
ferias sectoriales de Brasil y Buenos Aires. Además,
habrá misiones comerciales a Porto Alegre, Belo Horizonte,
Santiago y Montevideo, y, en 1998, dos ferias rosarinas:
Metalmecánica Rosario y Fiar (Feria Internacional de la
Alimentación Rosario).
En cuanto a los programas de empleo, hay iniciativas propias
de intermediación en el mercado laboral, de apoyo a Pymes y
de empleo temporal y en convenio con Unicef y con la OIT. La
Secretaría de Salud, en tanto, mantiene una maternidad donde
nacen 50% de los rosarinos; ha invertido en tecnología para
ofrecer, gratis, servicios de avanzada como tomografía,
resonancia magnética nuclear, ecografía y terapia
hematológica en Rosario se realizan, en instituciones
municipales, trasplantes de médula, y está
descentralizando la atención primaria a través de
más de 50 centros vecinales, a fin de descongestionar los
hospitales, al tiempo que mantiene un centro de investigaciones.
Pequeñas empresas, grandes resultados
Hay en Rosario pequeñas y medianas empresas exitosas que
han iniciado la batalla por los mercados externos.
La economía rosarina tuvo tres grandes momentos que
hicieron crecer a la ciudad: en 1920, con los grandes
frigoríficos; en la década de los ´30, con el auge
portuario, intensivo en mano de obra, y en los ´70, por la industria
de la construcción. Junto a ellos se expandieron siempre el
comercio de granos y la industria aceitera. La metalmecánica
fue muy importante desde el ´47, cuando llegaron a Rosario grandes
contingentes de italianos bien preparados y jóvenes, hasta el
´91. Creció como proveedora de la agroindustria y de las
fábricas de automotores, pero una tecnología
restringida y errores de manejo mermaron su presencia cuando se
abrió la importación.
Hoy el futuro no está claro, pero los
frigoríficos (Swift, Paladini), la industria de alimentos que
tiene líderes nacionales, como La Montevideana, la
metalmecánica ligada al frío (Market Constand, Gafa),
la de bienes de capital, las fábricas de cristales para
anteojos (Rosario atiende 80% del consumo nacional) y las aceiteras
tendrán un papel importante que jugar. La instalación
de General Motors puede reactivar a los autopartistas, y hay varias
fábricas de indumentaria informal (Disweek, Redbrown,
Sólido, Hidrógeno) que no sólo captan buena
parte del mercado nacional sino que entraron al Mercosur a punta de
calidad y de un diseño original, refinado y atrevido, que es
uno de los fuertes rosarinos.
Todo ello muestra que la actividad industrial local está
tomando nuevas formas, en las que el aporte de materia gris es cada
día más importante. Empresas como Mario Allioco
(fabricante de maquinaria metalmecánica que factura $ 15
millones por año y exporta) o René Franco Vigth
(principal proveedor argentino de la industria pesada como productor
de bridas, juntas caldereras, coronas, bielas, cabezas de pozo
petrolero, piñones para tractor, con $ 12 millones de
facturación anual) tienen casi medio siglo de tradición
y son buenos ejemplos de firmas que aportan alto valor agregado y
crecen 20% interanual, en ambos casos merced a calidad,
confiabilidad y diseño.
De este modo, quizá Rosario puede ser vanguardia en el
proceso de generación nacional de Pymes mundialmente
competitivas, es decir: conocimiento-intensivas.
San Ignacio
La fábrica de dulce de leche San Ignacio tiene 60
años. Carlos Casanello, ex estudiante de Letras y nieto del
fundador, la dirige hace 10. “Facturábamos $ 2,5 millones por
año dice: trabajamos duro en pro de la calidad de la marca y
en 1994 llegamos a tener 15,5% del mercado bonaerense, detrás
de Gándara (16%) y de La Serenísima (25%). Invertimos
mucho en tecnología, porque desde 1989 la facturación
se multiplicó por seis: vendimos $ 15 millones en 1996 y
seguimos creciendo 20% anual.”
Pero no todo fueron rosas: “En el ´95 sigue Casanello tuvimos
problemas financieros, por el esfuerzo de inversión, y
suspendimos la publicidad; en mayo del ´96 dejamos de distribuir con
Molinos y montamos una distribuidora, con gran parte de la
producción tercerizada. Entonces mi primo quiso vender su
parte: armé un pool con dos tamberos proveedores y el
principal vendedor de refrigeradores para tambos en la Argentina. Hoy
tengo 55% de la firma y los nuevos socios aportan integración
vertical.”
“Por esa razón dice, la participación en el
mercado porteño cayó a 6%, este año estamos
volviendo a las grandes cadenas y retornaremos a 15%; además,
estamos rediseñando empaques, para ser más atractivos
en góndola y afirmarnos en el exterior. Llegamos a Alemania,
España (un contenedor por mes), Inglaterra (estuvimos en 150
supermercados durante el ´96), Canadá y, sobre todo, Brasil.”
San Ignacio también fabrica dulce de leche para otras 10
firmas, una de ellas brasileña, lo que representa 14% de su
facturación. El mercado argentino de ese producto suma 7.000
toneladas por mes US$ 10 millones, y la empresa ocupa el tercer
lugar, con casi 15%.
Argental
Lido Ambrosi nació en Verona hace 75 años y
llegó a Rosario en 1947, licenciado en ciencias
económicas y en la vía. Aquí, el pan se
hacía a mano, y Ambrosi, conocedor del negocio y pariente de
dos técnicos en la materia, vio la oportunidad y buscó
socio. Pero el principal empresario metalmecánico rosarino no
quiso saber nada: “En la Argentina el pan se hace y se seguirá
haciendo a mano”, predijo. Ambrosi, entonces, trajo a sus familiares,
construyó un primer hornito y lo presentó en una
reunión de panaderos a la que asistió el presidente
nacional del gremio “el señor Peregrino Herrera”, recuerda
minuciosamente hoy, quien, tras probar en su panadería un
equipo Ambrosi, puso los US$ 200.000 necesarios para montar la
fábrica. Corría 1949.
Hoy, Argental factura US$ 30 millones y es una de las 10 primeras
en el mundo. Sólo en Italia hay dos mayores; en América
latina, ninguna. Provee maquinaria panadera para 70% del mercado
nacional la Argentina es el país latinoamericano más
tecnificado en el rubro y tiene 15 representantes en todos los
países de América hispana.
“Hace dos años cuenta Ambrosi pusimos una sucursal en
Brasil, donde calculamos facturar $ 1,5 millón este
año. Los reinvertiremos: cultivaremos ese mercado como lo
hicimos aquí, hasta tener también allí 15
representantes. También hemos exportado a Angola, pero es una
plaza atomizada y no quiero dispersarme: quedarse en América
latina es la mejor forma de desalentar la competencia.”
El secreto de Argental “consiste en estar actualizada: vivimos
visitando ferias internacionales e incorporando tecnología de
última hora, para mantener eficiencia y calidad de absoluta
vanguardia”, revela. “Por eso yo no gasto lo que gano; está
aquí”, dice, señalando la fábrica. “Y no tenemos
deudas añade, lo que también es importante.
Además, ofrecemos servicio al cliente: diseñamos la
línea de montaje para cada panadería, la armamos parte
por parte donde está el cliente, y le mandamos un panadero
para que lo entrene.”
La Cumbre
Hace 42 años nació la panadería y
confitería artesanal La Cumbre, que en 1982 se
transformó en industria: incorporó maquinaria italiana
y se especializó en pan dulce. Con él conquistó
los mercados de todas las provincias argentinas y de la ciudad de
Buenos Aires, y se afianzó especialmente en Corrientes (30%
del mercado), y en Bahía Blanca y la Patagonia (35%) con su
marca local Lanín.
En 1991 La Cumbre realizó su primera exportación, a
Brasil. En el ´96 colocó US$ 1 millón entre Brasil,
Uruguay, Paraguay y Chile (más de un millón de
unidades). Este año fue a Miami. “Exportar es difícil,
porque los argentinos han sido inconsecuentes con sus clientes, tanto
en periodicidad como en calidad”, explica Graciela Altomonte de
Alabarce, directora comercial de la firma. “Por otro lado
continúa, creo que las políticas de
exportación de mi sector son erróneas: la
panificación argentina es la mejor de América latina,
pero grandes empresas locales prefieren bajar la calidad de su pan
dulce para penetrar por precio. A la larga, esto desvaloriza el
producto, daña la denominación de origen y se pierden
mercados. Nuestra ventaja comparativa es la calidad. No es
lógico resignarla: el balance será negativo.”
La Cumbre mejora constantemente los empaques y, para romper con la
estacionalidad del pan dulce, acaba de lanzar una línea de
budines de estilo europeo, fabricados con maquinaria y técnica
italianas. Hasta el momento, las exportaciones representan 40% de su
facturación, proporción que este año debe
crecer, porque, “a hombros del mercado exterior”, sus directivos
piensan aumentar 25% los ingresos de la compañía, “que
desde 1991 ha crecido 80%”, según la directora comercial.
Iturrospe
José Iturrospe, tornero, inició la empresa
diseñando y haciendo prensas hidráulicas para la
fabricación de mosaicos. Desarrolló luego maquinaria
para la industria del caucho y de la madera, y por fin se
dedicó a las máquinas para estampado
metalúrgico. “Los permanentes viajes al exterior lo
mantuvieron al día, en diseño y prestaciones”, explica
Arnaldo Potalivo, gerente comercial de José Iturrospe Saic.
Hoy es Héctor, hijo del fundador, quien maneja la firma. “Hay
más de 1.500 máquinas nuestras en todo el país
indica Potalivo; fabricamos a pedido y a medida, por eso pudimos
prosperar mientras otros desaparecieron. Además, mantenemos un
servicio técnico permanente y directo.” Con el tiempo,
Iturrospe desarrolló también guillotinas, plegadoras
hidráulicas y grandes prensas para industria pesada, con
clientes como Pescarmona o las automotrices.
La compañía participa en todas las ferias
internacionales importantes. “Es la única forma de mercadear
bienes de este tipo”, explica el gerente. “Hoy prosigue exportamos
a Chile, Uruguay, Paraguay, Perú, Cuba y, desde el ´95, a
Brasil. El año pasado entramos en Estados Unidos, donde
tenemos ya 15 máquinas instaladas, y en Canadá, con
dos. La industria norteamericana anda muy bien, de modo que
impulsaremos allí nuestra marca Itux, y esperamos que las
exportaciones representen en 1997 bastante más que el habitual
20% de nuestra facturación (unos US$ 5 millones).”
También en el mercado interno hubo satisfacciones: Orbis,
de origen alemán, eligió a Iturrospe, contra otras
firmas europeas, como proveedor de ocho prensas electrónicas
para su fábrica local. “En los últimos años
explica Potalivo renovamos la tecnología. Nuestras
máquinas son casi todas electrónicas. Importamos el
control numérico de Suiza, y la robótica de Italia y
Japón. No hay en el mundo fierros más modernos ni
más sólidos; igual sí, pero no más.”
La Morocha
“Cuando asumió el presidente Carlos Menem dice Carlos
Rodríguez, director titular de La Morocha, nuestra empresa,
que tiene 70 años, pensó que la clase obrera iba a ser
la más beneficiada, así que orientó su
producción hacia ella: de las 76 grandes fábricas
rosarinas que compraban pastas frescas, 52 eran nuestras. Pero
cerraron todas. En el ´93 habíamos invertido US$ 2,5 millones
en tecnología italiana y, de pronto, tuvimos ese submarino
atómico bogando en el lago del Parque Independencia.”
“Entonces prosigue, mis hermanos y yo nos jugamos el todo por el
todo y volvimos a invertir, pero en desarrollo comercial. Hoy tenemos
un producto a la altura de los europeos: nuestras pastas duran 90
días y no tienen conservantes. Por eso, y por la variedad,
pudimos empezar a exportar. La Morocha llega a Guayaquil y a Boston.
Este año estaremos en las principales cadenas de supermercados
de San Pablo, Porto Alegre y Florianópolis, para lo cual hubo
que enfrentar toda clase de controles: los argentinos hemos sido
malos exportadores. Brasil es muy exigente y, con un mercado tan
grande, marca la pauta.”
En el mercado nacional, La Morocha creció muchísimo.
Presente en 35.000 puntos de venta, es líder en Cuyo y la
Patagonia. Está en el Gran Buenos Aires, pero no en la Capital
Federal. “Todavía no, porque entrar en los supermercados es
caro”, dice el gerente. El mercado interno representa 80% de la
facturación de la firma, que vendió más de US$ 5
millones en 1996. “Pero las exportaciones asegura Rodríguez
nos harán crecer mucho más: solamente la cadena Pan de
Azúcar, de San Pablo (ciudad con 38 millones de habitantes),
mueve en su depósito principal 1.500 camiones diarios; tres
veces lo que el mercado de Liniers.”
