jueves, 2 de abril de 2026

    Rosario, hacia buen puerto

    Los primeros contactos con Rosario desconciertan. La ciudad parece
    la suma de muchas variantes, entremezcladas en un revuelto edilicio
    donde compiten codo a codo señoriales edificios de comienzos
    de siglo, viejas casas derruidas, arquitectura funcional de los
    años ´40 o ´50, residencias y rascacielos geométricos
    de los ´60 y los ´70, calles angostas y rotas, cafés a la
    moda, restaurantes decorados según el gusto ecléctico y
    algo retro de los ´90, ropa de finísimo diseño,
    marroquinerías, McDonald´s y sandwicherías, recogidas
    plazas, hoteles y librerías grandes y pequeños,
    tienditas escondidas con el jazz y el rock más exquisitos,
    grandes disquerías en las que atruena lo comercial,
    lencerías y casas de deportes, todo bajo un cielo retorcido
    por marañas de cables que salvan las calles de casa en casa.

    La gente también sorprende. Los rosarinos no tienen la
    estructurada conciencia de sí de los cordobeses: su trato no
    se encuentra medido por la cortesía bien educada de una
    sociedad que se quiere dueña de sí misma y sabe a
    dónde va y cómo llegar allí. Al contrario, viven
    al son de los acontecimientos, sin entender muy bien qué es
    ser rosarino, mirando al mismo tiempo al interior y a Buenos Aires,
    con un pasado en los barcos que llegaban de Italia y otro en la
    ciudad. Se sienten, quizá, un poco inermes frente a la gran
    capital, pero no resignan el deseo de crecer y convertirse nuevamente
    en la ciudad más importante del interior. Coinciden en decir
    que Rosario es “muy rara, horrible”, y en defenderla, disfrutarla y
    quererla. Eso sí, divididos en una de dos subespecies: Rosario
    Central y Newell´s Old Boys, rivalidad futbolística de la que
    nadie escapa y que también los une. Como los une el proyecto
    de hacer del río el eje ordenador de la vida urbana y de su
    futuro.

     

    Historia reciente

    Todo este desorden al fin y al cabo fecundo quizá se deba
    a que Rosario creció alrededor de una capilla sin fundador.
    Era un poblado de 50 casas en 1763 y entró en la historia en
    1812, cuando Manuel Belgrano, su padre simbólico,
    enarboló en sus barrancas la bandera argentina. Pero
    volvió a eclipsarse hasta 1853, cuando después de la
    batalla de Caseros tornó en centro de atracción para
    los inmigrantes.

    Entonces empezó su historia actual. Nacieron empresas
    portuarias, navieras, comerciales, industriales, colonizadoras y de
    transporte; se establecieron colegios privados, se construyó
    un Mercado de Abasto; se fundaron instituciones sociales de socorros
    mutuos que iniciaron la tradición cooperativa local, y se
    levantaron dos teatros, anunciando el amor por la música que
    aún la caracteriza. La guerra del Paraguay la obligó a
    fabricar cañones y proyectiles: primera metalurgia. En 1867 se
    fundó el diario La Capital, hoy único matutino de la
    ciudad, y poco después se instalaron el telégrafo y la
    iluminación a gas.

    El fin del siglo pasado y el comienzo de éste fueron la
    etapa dorada de Rosario. Los ferrocarriles la enlazaron con el resto
    del país, aparecieron la Bolsa de Comercio y los teatros
    Colón demolido en los ´50- y Del Círculo, que
    recibieron figuras relevantes. En 1887, con 51.000 almas, se
    inauguró la Refinería Argentina, primera gran aceitera.
    En 1905 transitaron por el puerto varias navieras internacionales y
    2,5 millones de toneladas de cargas. En 1906, el censo municipal
    consignó 150.845 habitantes. Hoy, apenas 90 años
    después, Rosario tiene casi un millón, o un
    millón y medio si se consideran los suburbios (Gran Rosario).
    Diez veces más, y 40% de la provincia.

     

    Salud, educación y trabajo

     

    Este crecimiento fulgurante, difícil de asimilar, produjo
    fenómenos que marcaron su destino. En 1910 se construyó
    el Hospital Nacional del Centenario, entonces el mayor del
    país, y en el ´19 Rosario recibió la Escuela de
    Medicina de la recién fundada Universidad del Litoral, y
    montó el mejor sistema de salud pública del país
    (aún lo es). Por otro lado, se instalaron en la pampa
    aledaña los gringos italianos y centroeuropeos, que la
    hicieron florecer. Como consecuencia, el puerto y la Bolsa de
    Comercio concentraron la mayor parte del comercio de granos y de
    aceite del país, y aparecieron miles de pequeñas
    empresas agroindustriales, metalmecánicas dedicadas sobre
    todo a la fabricación de maquinaria agrícola, textiles
    y químicas. Rosario se convertía en la Chicago
    argentina: su vocación de gran ciudad quedaba consolidada.
    Para 1968, la filial Rosario de la Universidad del Litoral se
    transformó en la Universidad de Rosario (hoy 54.000 alumnos).
    La creación pictórica, teatral y sobre todo musical
    florecieron.

    La primera devastación empezó en 1976, y
    afectó sobre todo a la cultura y la universidad. La segunda
    comenzó en 1991, cuando la apertura irrestricta de las
    fronteras y la nueva paridad cambiaria, que apuró
    créditos cuyos intereses ascendían a veces a 60% anual,
    destruyeron el cinturón industrial.

    Hoy la ciudad se reconstruye. Aporta 60% del producto bruto
    interno provincial, con 53% del empleo y 62% de la industria. Algunas
    de sus Pymes, altamente especializadas en alimentos y en bienes de
    capital, prosperan en el concierto nacional y empiezan a fundar su
    futuro en las exportaciones, compitiendo con la mejor oferta
    internacional. Grandes empresas, como Acindar o los
    frigoríficos Paladini (especialista en chacinados) y Swift
    instalada en Rosario desde 1924 y que en el ´93 invirtió US$
    126 millones en una planta de ciclo completo, movilizan la
    economía mientras la llegada de General Motors esperanza al
    sector automotor. La Bolsa de Comercio maneja el mayor mercado de
    granos disponibles de la república 10 millones de toneladas
    al año y tiene una Cámara Arbitral de Cereales que es
    punto de referencia nacional e ineludible para la soja.

    Pero el centro del actual proyecto rosarino es el puerto, que
    compite con los terminales privados del frente fluvial media docena,
    sobre los 45 kilómetros que van desde San Martín, al
    norte, hasta Punta Alvear, potenciados por el auge de la industria
    de alimentos y las aceiteras. Empresas como Aceitera General Deheza,
    Cargill, Aceitera del Plata, Vincentín y Dreyfus, que hoy
    elaboran 64.000 toneladas diarias, proyectan procesar 89.000
    toneladas por día en 1998 (64% del total nacional). Por los
    puertos citados salen 63% de los granos y 75% del aceite argentinos.

     

    Futuro fluvial

     

    Por eso, todo Rosario promueve la hidrovía
    Paraná-Paraguay y Paraná-Tieté. Este doble
    canal, por el que bogan 8,6 millones de toneladas por año,
    comunica fácilmente con Brasil, Paraguay y Bolivia. Rosario es
    el puerto fluvial-marítimo por excelencia: el último
    del Paraná capaz de recibir cargueros atlánticos 32
    pies, que pueden ser 34 y el mejor del país, ya que no
    requiere grandes dragados y los buques de mar pueden atracar
    directamente, sin ser remolcados como en Buenos Aires.

    Sin embargo, la hidrovía puede generar costosos
    desarreglos: Ríos Vivos, organización no gubernamental
    internacional de la que forma parte el Taller Ecologista de Rosario,
    ha mostrado que los estudios ambientales realizados hasta hoy son
    insuficientes, y que los costos provocados por problemas
    ecológicos e hidrológicos derivados del dragado, de la
    canalización de meandros y del cierre de afluentes pueden
    superar con creces los beneficios generados. También indica
    que el Estado nacional subsidia indirectamente a los operadores: la
    hidrovía costará $ 1.300 millones, no $ 500 millones,
    como se pretende. Por eso apoya reducir la intervención,
    adaptando los barcos a las exigencias del río no al
    revés y organizando un uso estacional.

    Acompañando el reacomodamiento económico, los
    rosarinos renuevan su política municipal. Por tercera vez en
    la intendencia, los socialistas, con Hermes Binner a la cabeza,
    intentan un Plan Estratégico semejante al de Córdoba o
    al de Barcelona, España, que garantice la
    descentralización del poder municipal y fije las pautas para
    el desarrollo sostenido de la ciudad.

    Rosario, que “vivió de espaldas al río”, está
    cambiando. Principal ciudad de Santa Fe pero no su capital, sociedad
    de inmigrantes como Buenos Aires, pero pieza clave del interior,
    empieza a entrever un destino: ser el puerto fluvial-marítimo
    multipropósito más importante del Mercosur y el centro
    del comercio entre los estados del sudeste del Brasil y la Argentina.
    Y desplegar, con esa ventaja, la principal industria agrícola
    y lechera del país.

    Es una aspiración que todos comparten. Pero muchos dudan de
    su concreción y de la armonía del desarrollo futuro.
    Con 20% de desocupación y una cifra incierta de pobladores
    marginales entre 90.000 y 200.000, en Rosario los dirigentes no han
    alcanzado cohesión suficiente, y el espíritu de trabajo
    conjunto no acaba de madurar. Los esfuerzos por constituir un
    organismo empresarial único, con poder de decisión, han
    fracasado, y muchas medidas importantes la privatización del
    Banco de la Provincia, por ejemplo están paralizadas por
    pugnas surgidas dentro del empresariado, o por un sentido localista
    primario (la ubicación del puente Rosario-Victoria fuera de
    los límites municipales, única razonable, ha sido
    protestada por la población).

    Sin embargo, hay conciencia de estas limitaciones. Cada uno de los
    sectores de la vida rosarina la universidad, los empresarios, la
    dirigencia política busca vías de colaboración
    y coincidencia, mientras la ciudadanía, preocupada por
    sí misma y por su ciudad, empieza a agruparse en centros
    vecinales y otras ONG cuya actividad crece a diario.

    Rosario no permite previsiones: llena de problemas y de
    oportunidades, se balancea entre las consecuencias de la seguidilla
    de quiebras que ha destruido su industria y la posibilidad de
    convertirse en una estrella única, comercial y agroindustrial,
    del firmamento Mercosur.

     

    El puerto y el río

    Potenciar el puerto de Rosario es útil para la ciudad,
    el país y el Mercosur, pero el proyecto de la hidrovía,
    tal como está planteado, tiene sus bemoles.

     

    En 1996, por el conjunto de puertos centrado en Rosario
    salieron 21 millones de toneladas de granos, subproductos y aceites,
    sobre 31 millones que suma el país. También pasan por
    Rosario vinos, azúcar tucumano, frutas del norte santafecino,
    minerales y productos agroindustriales y metalmecánicos
    cordobeses, y entran agroquímicos, fertilizantes y autopartes.
    A esto se agrega que Rosario es un nudo ferroviario y carretero que
    une el este, el oeste, el norte y el sur de la república y
    que, además, puede comunicar con San Pablo, vía
    Paraná-Tieté, y con Paraguay, Bolivia y el suroeste del
    Brasil, por el Paraná-Paraguay. Las industrias mineras
    bolivianas y brasileñas, las madereras del norte argentino, e
    incluso Cuyo y Chile, encuentran en él una herramienta
    valiosísima.

    Pero para potenciarlo hacen falta grandes obras de
    infraestructura en muelles, playas y sistemas de carga y descarga;
    hay que resolver las condiciones de ocupación de tierras y
    mejorar el servicio aduanero, combatiendo el burocratismo y la
    dependencia de Buenos Aires, e informatizándolo. Una parte de
    la inversión necesaria debe provenir del Estado nacional, como
    compensación por el daño causado al puerto desde 1942,
    cuando se lo nacionalizó, dicen los dirigentes rosarinos.
    Porque también hay que mejorar el servicio ferroviario,
    construir el puente Rosario-Victoria y terminar de habilitar la
    hidrovía, dragando y balizando adecuadamente el río
    Paraná para permitir el tránsito nocturno.

    La Fundación Banco Municipal de Rosario realizó
    un estudio entre potenciales usuarios del puerto. Según
    él, las automotrices estarían dispuestas a derivar a
    Rosario hasta 70% de su carga; Cormec (Fiat) propone mover 18.000
    contenedores anuales por Rosario a partir de 1997; las
    fábricas de maquinaria agrícola piensan en un
    mínimo de 180 contenedores anuales; las metalúrgicas
    hablan de 125.000 toneladas de palanquilla y unos 60 contenedores;
    los cuatro frigoríficos consultados, que exportan anualmente
    unos US$ 200 millones por Buenos Aires, derivarían 13.000
    toneladas de carga refrigerada y 1.600 contenedores; las empresas
    alimentarias prometen 13.500 toneladas y 25 contenedores, y una
    multitud de pequeñas compañías de otros sectores
    se apuntan con unas 26.000 toneladas de carga paletizada y 260
    contenedores.

     

    Aguas turbias

     

    Nadie discute el proyecto portuario, pero la hidrovía
    llama a reflexión. Elba Stancich, miembro del Taller
    Ecologista de Rosario, ONG que forma parte de Ríos Vivos (300
    organizaciones en Europa y América), señala que el
    Comité Intergubernamental de la Hidrovía convocó
    en noviembre del ´96, en Buenos Aires, a un foro para analizar la
    evaluación del proyecto. El panel, solicitado por el Banco
    Interamericano de Desarrollo y el Programa de las Naciones Unidas
    para el Desarrollo, que financiaron las investigaciones,
    convocó a científicos de la Argentina y Estados Unidos,
    quienes sostuvieron que no hay prueba de que los impactos ambientales
    de la hidrovía no sean desastrosos e irreversibles.

    El grupo criticó los trabajos de Hidroservice y de Louis
    Berger Asociados porque “no consideran los impactos a largo plazo en
    los valles aluviales”, y el de Taylor- Golder-Consular-Connal porque
    “empleó herramientas de simulación sumamente
    simplistas”, de modo que no se puede prever si habrá o no
    destrucción masiva de tierras, flora y fauna, y grandes
    inundaciones, como ocurrió en proyectos similares, como el
    Missisippi-Missouri. Por otra parte, Stephen Hamilton mostró
    que pequeños cambios en el nivel del río Paraguay
    pueden provocar la desecación de amplias áreas del
    pantanal brasileño-paraguayo, que es el humedal más
    grande del mundo. Esto acarrearía graves problemas
    climáticos, de biodiversidad y de régimen en el
    río Paraná. Así, las pérdidas y los
    costos de mantenimiento pueden multiplicar muchas veces el monto de
    los beneficios.

    Por eso se solicitaron nuevos estudios y un programa de
    monitoreo constante, y se propuso como alternativa navegar el
    río sólo en ciertos períodos no
    constantemente, construyendo en sus orillas depósitos para
    almacenamiento temporario, y adaptar las embarcaciones al sistema
    fluvial, no viceversa, disminuyendo la intervención. ¿Se
    los escuchará?

     

    Liderar el cambio

     

    La Universidad de Rosario sale a buscar a las empresas y los
    municipios para aportar lo que tiene: conocimientos.

     

    La vida cultural rosarina corre por canales institucionales e
    informales. La actividad informal se concentra en la pintura y la
    música, sobre todo, aunque la fotografía, el teatro, la
    poesía y la novelística tienen fuertes representantes.
    Rosario se enorgullece de sus glorias Castagnino, Berni, y de sus
    éxitos: Baglietto, Fito Páez, cuando no Olmedo,
    Libertad Lamarque y Fontanarrosa.

    Quizá por eso las dos vías se cruzan: la
    Universidad Nacional de Rosario tiene ocho licenciaturas y un
    profesorado en música, y una licenciatura y dos profesorados
    en Bellas Artes; es el epicentro de la cultura institucional, con
    más de 88% de los estudiantes universitarios, tres colegios
    secundarios y varios institutos de investigación; contaba en
    1996 con 54.000 inscriptos, 5.900 docentes y 2.100 no docentes para
    12 facultades que dictaban 55 carreras, tres doctorados, nueve
    maestrías y 15 especializaciones. Ofrece también 20
    carreras de nivel medio y terciario, y tiene un Centro de Estudios
    Interdisciplinarios y seis institutos en convenio con el Conicet.

    “La Universidad no debe tan sólo repetir, debe generar
    conocimiento y velar porque llegue donde hace falta”, reflexiona
    Raúl Arino, su rector. “Por eso explica tratamos de producir
    un cambio cultural interno que enlace nuestra actividad con las de
    los empresarios y la administración local. Tanto el futuro
    económico, sobre todo el de las Pymes, que tienen que
    reconvertirse y mejorar su competitividad, como la gestión
    estatal y municipal, dependen del conocimiento. La Universidad debe
    liderar esos cambios, por eso quiere reorientar sus proyectos de
    investigación (hay 441) hacia los problemas regionales.”

    Es difícil. Primero, por el lastre cultural “tanto del
    empresariado, que hasta hace poco ignoraba a la Universidad porque
    despreciaba la tecnología propia, como de los universitarios,
    puristas por tradición”, dice Arino. “Pero también
    agrega porque la UNR está muy marginada en el presupuesto”:
    se le asignan $ 1.963 por empleado contra $ 5.329 de promedio
    nacional y $ 9.699 para la Universidad de Quilmes. Esto dificulta
    desde el mantenimiento edilicio hasta la inversión: 94,35% del
    presupuesto ´97 va a sueldos. Sólo 2,12% será para
    investigación; el resto son gastos operativos. “Así y
    todo dice Arino, en 1991 creamos la Fundación de la
    Universidad de Rosario, ente de vinculación tecnológica
    con el medio, a fin de asociar al municipio y a los empresarios con
    la Universidad. En el Instituto Politécnico obtuvimos una
    cooperación de la GTZ, un organismo alemán que
    permitió enlazar con las Pymes y crear la carrera de
    Técnico Superior Universitario en Plástico y Caucho,
    que ya tiene egresados trabajando. Las cámaras de esos
    sectores son miembros del comité académico y del Centro
    de Asistencia Tecnológica a la Industria que acompaña a
    la carrera. Es un ejemplo.”

    “También concluye hemos radicado carreras terciarias
    en poblaciones del interior; por ejemplo, tecnología de
    alimentos, en El Trébol. Así evitamos la
    emigración y se aporta valor agregado a la comunidad.
    Además, asesoramos a varios municipios. De hecho, estamos
    participando en la elaboración del Plan Estratégico de
    Rosario, herramienta fundamental de desarrollo a largo plazo.”

     

     

    A la mesa

     

    “Si tengo que establecer el atractivo turístico de Rosario,
    digo las mujeres”, sostiene Roberto Fontanarrosa, y lo explica: “Son
    de lo poco característico; ellas y el río, que
    empezó a integrarse a la vida cotidiana cuando los
    ferrocarrilles dejaron tierra libre a los balnearios”.

    “Rosario fue muy maltratada y depredada: recién ahora
    empezamos a cuidar las hermosas construcciones de principios de
    siglo, que han sido arrasadas”, dice. “Y sin ellas agrega nos
    quedamos sin identidad: no hay nada más. Fueron las
    últimas tres intendencias, unos 12 años, las que
    empezaron a hacer obra y a embellecer la ciudad; eso sí: se
    han multiplicado los cafés, las tienditas, los centros
    comerciales. Algunos desaparecen, otros perduran.”

    “También hay una larga tradición teatral, una
    escuela de cine, una línea de pintores del Litoral
    reconocidos, y un movimiento musical que empezó por los ´60 y
    que, con Litto Nebbia, Baglietto y Fito Páez, motiva la
    imitación de los más jóvenes”, reflexiona. “La
    creación añade es nuestra única
    diversión: sin ella, nos aburrimos. Otra cosa que tiene que
    ver con la cultura local es la Feria de las Colectividades, que ocupa
    dos semanas de noviembre y está centrada en la
    gastronomía. Los gallegos, los vascos, los piamonteses, los
    del Veneto, los yugoslavos, los iraníes, los chinos, los
    armenios, los griegos cocinan sus platos típicos y todo
    Rosario se reúne a comer.” Y para terminar, se define: “Ojo,
    soy de Rosario Central”.

    Lo bueno y lo malo

     

    Oscar Ielpi fue secretario de Cultura de la intendencia de
    Usandizaga (1983-1989) y concejal radical entre el ´90 y el ´95. Es
    periodista, poeta, novelista y autor de innumerables canciones.
    “Rosario dice es una ciudad deudora de sí misma. En la
    década de los ´10 fue el puerto granero más importante
    del mundo y es el eje de la principal región agrícola
    del país, pero no lo aprovechó porque nunca tuvo
    patriciado colonial. Esto hizo que el poder político
    descansara en Santa Fe, mientras los inmigrantes hacían de
    Rosario el centro productivo de la provincia. Pero no le dieron
    cohesión social. Así, en los momentos cruciales Rosario
    no pudo tomar decisiones propias. Por eso somos suspicaces y no
    confiamos en nosotros mismos.”

    “Sin embargo sigue Ielpi, de Rosario salió la muy de
    vanguardia Mutual de Artistas Plásticos que formó
    Antonio Berni. Aquí nació Lucio Fontana, reconocido en
    el mundo. Tenemos el movimiento coral más importante del
    país, con el coro Pro Música, que ganó varios
    festivales internacionales y ha exhumado música antigua,
    ignorada. También hay un movimiento poético de peso. En
    contraste con ello, hay aquí gente que revuelve la basura para
    encontrar qué comer, y esto no se va a resolver sin
    solidaridad y sin el resurgimiento de las Pymes.”

     

    El hombre que nunca existió

     

    Hay en Rosario una avenida Francisco de Godoy, en honor al
    fundador de la ciudad: “Es alguien que nunca existió dice el
    escritor y ex secretario de Cultura Oscar Ielpi; no es juego cuando
    se dice que Rosario se hizo a sí misma. Ultimamente le
    atribuimos nuestro origen urbano a un señor Santiago
    Montenegro. En realidad, se trata de nuestro primer corredor
    inmobiliario; lo que hizo fue comprar terrenos que loteó y
    vendió, generando así el centro de la ciudad.”

     

    Para muestra

     

    Peccata Minuta (pequeños pecados) es un localcito metido en
    el fondo de uno de los más viejos pasajes, hoy galería,
    de la ciudad. Su propietaria, Florencia Ballestra, es también
    una de las artistas que vende allí su trabajo. Con cerca de 40
    años, representa a toda una generación: “En mi negocio
    cuenta hay más de 60 artistas y artesanos de Rosario, todos
    ligados por un estilo común, me parece. Somos gente que se
    apartó de lo académico, de lo ´serio y solemne´, para
    llevar el arte, la reflexión y la belleza a la vida cotidiana:
    fabricamos objetos utilitarios de toda clase. Cosas pequeñas,
    ligeras, como fragmentos”. Peccata es una buena muestra del estilo
    informal y fresco de Rosario, ciudad amante del diseño, donde
    también las plantas, los cuadros y los colores alegres dan a
    los interiores una personalidad especial.

     

    Salud y producción

    Salud física y social y producción son los
    objetivos clave de una intendencia que, para conseguirlos, busca la
    participación y la cooperación de la población.

     

    “La industria de mano de obra intensiva ha dejado de existir:
    incluso la reactivación del puerto, institución que
    define a Rosario, dependerá de la tecnología”,
    señala Hermes Binner, intendente de la ciudad.
    “¿Cómo hace el Estado municipal para acompañar ese
    proceso y paliar sus consecuencias sociales negativas?”, se pregunta.
    “La única salida responde es la solidaridad. Nuestro plan de
    obras públicas, concentrado en la redefinición del
    transporte, el problema de la basura y las áreas verdes, da
    prioridad a las empresas que incorporan mayor cantidad de mano de
    obra. Por otro lado, dedicamos a la salud 25% del presupuesto ($ 250
    millones), 9% a la cultura y 8% a la asistencia social, tratando de
    morigerar los males socioeconómicos del momento.”

    Afirma que su gestión intenta lograr un acuerdo entre
    iniciativas públicas y privadas. Para ello puso en marcha el
    Plan Estratégico de Rosario, en el que participan,
    además de la Municipalidad, las organizaciones empresarias, de
    trabajadores, cooperativas, vecinales, de profesionales, de
    jubilados, juveniles, ambientalistas, de discapacitados y de la
    mujer; los medios de comunicación; las fundaciones, y las
    instituciones culturales, religiosas y de servicios. El PER ya
    definió cinco emprendimientos de cumplimiento obligatorio: la
    construcción del puente Rosario-Victoria, la
    reactivación del puerto, la autopista Rosario-Córdoba,
    la reactivación del aeropuerto y el mejoramiento y
    mantenimiento de los accesos viales a Rosario.

    Además, la Secretaría de Producción
    promoverá el desarrollo local, el empleo y la acción
    cooperativa y mutual. Para ello fomentará la
    cooperación entre Pymes; constituirá un banco de datos
    apto para servicios de información; impulsará la
    presencia rosarina en misiones comerciales y ferias internacionales,
    e implementará programas de autoempleo y microempredimientos.

    Hay cuatro iniciativas de capacitación para jóvenes
    empresarios, almaceneros y talleristas. Los servicios de
    información a las Pymes comprenden evaluación de
    proyectos, con programas de visita a las empresas, y un programa de
    calidad total. También se inició un relevamiento del
    sector productivo, un programa de informacion sobre financiamiento a
    Pymes con el Banco Municipal, una bolsa de subcontratación
    industrial y programas de radicación de industrias y de
    iniciativa privada.

    Durante este año se impulsará la presencia de
    Rosario en ExpoParaguay, ExpoCruz, Fisa (Santiago, Chile) y cinco
    ferias sectoriales de Brasil y Buenos Aires. Además,
    habrá misiones comerciales a Porto Alegre, Belo Horizonte,
    Santiago y Montevideo, y, en 1998, dos ferias rosarinas:
    Metalmecánica Rosario y Fiar (Feria Internacional de la
    Alimentación Rosario).

    En cuanto a los programas de empleo, hay iniciativas propias
    de intermediación en el mercado laboral, de apoyo a Pymes y
    de empleo temporal y en convenio con Unicef y con la OIT. La
    Secretaría de Salud, en tanto, mantiene una maternidad donde
    nacen 50% de los rosarinos; ha invertido en tecnología para
    ofrecer, gratis, servicios de avanzada como tomografía,
    resonancia magnética nuclear, ecografía y terapia
    hematológica en Rosario se realizan, en instituciones
    municipales, trasplantes de médula, y está
    descentralizando la atención primaria a través de
    más de 50 centros vecinales, a fin de descongestionar los
    hospitales, al tiempo que mantiene un centro de investigaciones.

     

    Pequeñas empresas, grandes resultados

     

    Hay en Rosario pequeñas y medianas empresas exitosas que
    han iniciado la batalla por los mercados externos.

     

    La economía rosarina tuvo tres grandes momentos que
    hicieron crecer a la ciudad: en 1920, con los grandes
    frigoríficos; en la década de los ´30, con el auge
    portuario, intensivo en mano de obra, y en los ´70, por la industria
    de la construcción. Junto a ellos se expandieron siempre el
    comercio de granos y la industria aceitera. La metalmecánica
    fue muy importante desde el ´47, cuando llegaron a Rosario grandes
    contingentes de italianos bien preparados y jóvenes, hasta el
    ´91. Creció como proveedora de la agroindustria y de las
    fábricas de automotores, pero una tecnología
    restringida y errores de manejo mermaron su presencia cuando se
    abrió la importación.

    Hoy el futuro no está claro, pero los
    frigoríficos (Swift, Paladini), la industria de alimentos que
    tiene líderes nacionales, como La Montevideana, la
    metalmecánica ligada al frío (Market Constand, Gafa),
    la de bienes de capital, las fábricas de cristales para
    anteojos (Rosario atiende 80% del consumo nacional) y las aceiteras
    tendrán un papel importante que jugar. La instalación
    de General Motors puede reactivar a los autopartistas, y hay varias
    fábricas de indumentaria informal (Disweek, Redbrown,
    Sólido, Hidrógeno) que no sólo captan buena
    parte del mercado nacional sino que entraron al Mercosur a punta de
    calidad y de un diseño original, refinado y atrevido, que es
    uno de los fuertes rosarinos.

    Todo ello muestra que la actividad industrial local está
    tomando nuevas formas, en las que el aporte de materia gris es cada
    día más importante. Empresas como Mario Allioco
    (fabricante de maquinaria metalmecánica que factura $ 15
    millones por año y exporta) o René Franco Vigth
    (principal proveedor argentino de la industria pesada como productor
    de bridas, juntas caldereras, coronas, bielas, cabezas de pozo
    petrolero, piñones para tractor, con $ 12 millones de
    facturación anual) tienen casi medio siglo de tradición
    y son buenos ejemplos de firmas que aportan alto valor agregado y
    crecen 20% interanual, en ambos casos merced a calidad,
    confiabilidad y diseño.

    De este modo, quizá Rosario puede ser vanguardia en el
    proceso de generación nacional de Pymes mundialmente
    competitivas, es decir: conocimiento-intensivas.

     

    San Ignacio

     

    La fábrica de dulce de leche San Ignacio tiene 60
    años. Carlos Casanello, ex estudiante de Letras y nieto del
    fundador, la dirige hace 10. “Facturábamos $ 2,5 millones por
    año dice: trabajamos duro en pro de la calidad de la marca y
    en 1994 llegamos a tener 15,5% del mercado bonaerense, detrás
    de Gándara (16%) y de La Serenísima (25%). Invertimos
    mucho en tecnología, porque desde 1989 la facturación
    se multiplicó por seis: vendimos $ 15 millones en 1996 y
    seguimos creciendo 20% anual.”

    Pero no todo fueron rosas: “En el ´95 sigue Casanello tuvimos
    problemas financieros, por el esfuerzo de inversión, y
    suspendimos la publicidad; en mayo del ´96 dejamos de distribuir con
    Molinos y montamos una distribuidora, con gran parte de la
    producción tercerizada. Entonces mi primo quiso vender su
    parte: armé un pool con dos tamberos proveedores y el
    principal vendedor de refrigeradores para tambos en la Argentina. Hoy
    tengo 55% de la firma y los nuevos socios aportan integración
    vertical.”

    “Por esa razón dice, la participación en el
    mercado porteño cayó a 6%, este año estamos
    volviendo a las grandes cadenas y retornaremos a 15%; además,
    estamos rediseñando empaques, para ser más atractivos
    en góndola y afirmarnos en el exterior. Llegamos a Alemania,
    España (un contenedor por mes), Inglaterra (estuvimos en 150
    supermercados durante el ´96), Canadá y, sobre todo, Brasil.”

    San Ignacio también fabrica dulce de leche para otras 10
    firmas, una de ellas brasileña, lo que representa 14% de su
    facturación. El mercado argentino de ese producto suma 7.000
    toneladas por mes US$ 10 millones, y la empresa ocupa el tercer
    lugar, con casi 15%.

     

    Argental

     

    Lido Ambrosi nació en Verona hace 75 años y
    llegó a Rosario en 1947, licenciado en ciencias
    económicas y en la vía. Aquí, el pan se
    hacía a mano, y Ambrosi, conocedor del negocio y pariente de
    dos técnicos en la materia, vio la oportunidad y buscó
    socio. Pero el principal empresario metalmecánico rosarino no
    quiso saber nada: “En la Argentina el pan se hace y se seguirá
    haciendo a mano”, predijo. Ambrosi, entonces, trajo a sus familiares,
    construyó un primer hornito y lo presentó en una
    reunión de panaderos a la que asistió el presidente
    nacional del gremio “el señor Peregrino Herrera”, recuerda
    minuciosamente hoy, quien, tras probar en su panadería un
    equipo Ambrosi, puso los US$ 200.000 necesarios para montar la
    fábrica. Corría 1949.

    Hoy, Argental factura US$ 30 millones y es una de las 10 primeras
    en el mundo. Sólo en Italia hay dos mayores; en América
    latina, ninguna. Provee maquinaria panadera para 70% del mercado
    nacional la Argentina es el país latinoamericano más
    tecnificado en el rubro y tiene 15 representantes en todos los
    países de América hispana.

    “Hace dos años cuenta Ambrosi pusimos una sucursal en
    Brasil, donde calculamos facturar $ 1,5 millón este
    año. Los reinvertiremos: cultivaremos ese mercado como lo
    hicimos aquí, hasta tener también allí 15
    representantes. También hemos exportado a Angola, pero es una
    plaza atomizada y no quiero dispersarme: quedarse en América
    latina es la mejor forma de desalentar la competencia.”

    El secreto de Argental “consiste en estar actualizada: vivimos
    visitando ferias internacionales e incorporando tecnología de
    última hora, para mantener eficiencia y calidad de absoluta
    vanguardia”, revela. “Por eso yo no gasto lo que gano; está
    aquí”, dice, señalando la fábrica. “Y no tenemos
    deudas añade, lo que también es importante.
    Además, ofrecemos servicio al cliente: diseñamos la
    línea de montaje para cada panadería, la armamos parte
    por parte donde está el cliente, y le mandamos un panadero
    para que lo entrene.”

     

    La Cumbre

     

    Hace 42 años nació la panadería y
    confitería artesanal La Cumbre, que en 1982 se
    transformó en industria: incorporó maquinaria italiana
    y se especializó en pan dulce. Con él conquistó
    los mercados de todas las provincias argentinas y de la ciudad de
    Buenos Aires, y se afianzó especialmente en Corrientes (30%
    del mercado), y en Bahía Blanca y la Patagonia (35%) con su
    marca local Lanín.

    En 1991 La Cumbre realizó su primera exportación, a
    Brasil. En el ´96 colocó US$ 1 millón entre Brasil,
    Uruguay, Paraguay y Chile (más de un millón de
    unidades). Este año fue a Miami. “Exportar es difícil,
    porque los argentinos han sido inconsecuentes con sus clientes, tanto
    en periodicidad como en calidad”, explica Graciela Altomonte de
    Alabarce, directora comercial de la firma. “Por otro lado
    continúa, creo que las políticas de
    exportación de mi sector son erróneas: la
    panificación argentina es la mejor de América latina,
    pero grandes empresas locales prefieren bajar la calidad de su pan
    dulce para penetrar por precio. A la larga, esto desvaloriza el
    producto, daña la denominación de origen y se pierden
    mercados. Nuestra ventaja comparativa es la calidad. No es
    lógico resignarla: el balance será negativo.”

    La Cumbre mejora constantemente los empaques y, para romper con la
    estacionalidad del pan dulce, acaba de lanzar una línea de
    budines de estilo europeo, fabricados con maquinaria y técnica
    italianas. Hasta el momento, las exportaciones representan 40% de su
    facturación, proporción que este año debe
    crecer, porque, “a hombros del mercado exterior”, sus directivos
    piensan aumentar 25% los ingresos de la compañía, “que
    desde 1991 ha crecido 80%”, según la directora comercial.

     

    Iturrospe

     

    José Iturrospe, tornero, inició la empresa
    diseñando y haciendo prensas hidráulicas para la
    fabricación de mosaicos. Desarrolló luego maquinaria
    para la industria del caucho y de la madera, y por fin se
    dedicó a las máquinas para estampado
    metalúrgico. “Los permanentes viajes al exterior lo
    mantuvieron al día, en diseño y prestaciones”, explica
    Arnaldo Potalivo, gerente comercial de José Iturrospe Saic.
    Hoy es Héctor, hijo del fundador, quien maneja la firma. “Hay
    más de 1.500 máquinas nuestras en todo el país
    indica Potalivo; fabricamos a pedido y a medida, por eso pudimos
    prosperar mientras otros desaparecieron. Además, mantenemos un
    servicio técnico permanente y directo.” Con el tiempo,
    Iturrospe desarrolló también guillotinas, plegadoras
    hidráulicas y grandes prensas para industria pesada, con
    clientes como Pescarmona o las automotrices.

    La compañía participa en todas las ferias
    internacionales importantes. “Es la única forma de mercadear
    bienes de este tipo”, explica el gerente. “Hoy prosigue exportamos
    a Chile, Uruguay, Paraguay, Perú, Cuba y, desde el ´95, a
    Brasil. El año pasado entramos en Estados Unidos, donde
    tenemos ya 15 máquinas instaladas, y en Canadá, con
    dos. La industria norteamericana anda muy bien, de modo que
    impulsaremos allí nuestra marca Itux, y esperamos que las
    exportaciones representen en 1997 bastante más que el habitual
    20% de nuestra facturación (unos US$ 5 millones).”

    También en el mercado interno hubo satisfacciones: Orbis,
    de origen alemán, eligió a Iturrospe, contra otras
    firmas europeas, como proveedor de ocho prensas electrónicas
    para su fábrica local. “En los últimos años
    explica Potalivo renovamos la tecnología. Nuestras
    máquinas son casi todas electrónicas. Importamos el
    control numérico de Suiza, y la robótica de Italia y
    Japón. No hay en el mundo fierros más modernos ni
    más sólidos; igual sí, pero no más.”

     

    La Morocha

     

    “Cuando asumió el presidente Carlos Menem dice Carlos
    Rodríguez, director titular de La Morocha, nuestra empresa,
    que tiene 70 años, pensó que la clase obrera iba a ser
    la más beneficiada, así que orientó su
    producción hacia ella: de las 76 grandes fábricas
    rosarinas que compraban pastas frescas, 52 eran nuestras. Pero
    cerraron todas. En el ´93 habíamos invertido US$ 2,5 millones
    en tecnología italiana y, de pronto, tuvimos ese submarino
    atómico bogando en el lago del Parque Independencia.”

    “Entonces prosigue, mis hermanos y yo nos jugamos el todo por el
    todo y volvimos a invertir, pero en desarrollo comercial. Hoy tenemos
    un producto a la altura de los europeos: nuestras pastas duran 90
    días y no tienen conservantes. Por eso, y por la variedad,
    pudimos empezar a exportar. La Morocha llega a Guayaquil y a Boston.
    Este año estaremos en las principales cadenas de supermercados
    de San Pablo, Porto Alegre y Florianópolis, para lo cual hubo
    que enfrentar toda clase de controles: los argentinos hemos sido
    malos exportadores. Brasil es muy exigente y, con un mercado tan
    grande, marca la pauta.”

    En el mercado nacional, La Morocha creció muchísimo.
    Presente en 35.000 puntos de venta, es líder en Cuyo y la
    Patagonia. Está en el Gran Buenos Aires, pero no en la Capital
    Federal. “Todavía no, porque entrar en los supermercados es
    caro”, dice el gerente. El mercado interno representa 80% de la
    facturación de la firma, que vendió más de US$ 5
    millones en 1996. “Pero las exportaciones asegura Rodríguez
    nos harán crecer mucho más: solamente la cadena Pan de
    Azúcar, de San Pablo (ciudad con 38 millones de habitantes),
    mueve en su depósito principal 1.500 camiones diarios; tres
    veces lo que el mercado de Liniers.”

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