El veredicto en cuanto al desempeño de las ART en el
campo de la prevención es virtualmente unánime, y
negativo. La calificación mejora cuando se habla de
atención de siniestros.
El mercado, mientras tanto, se reestructura. Tres aseguradoras
transfirieron sus carteras. Otras tantas negocian su venta, todo lo
cual no permite avizorar grandes cambios en el servicio a corto
plazo.
Pero lo cierto es que muchos gerentes de recursos humanos
consideran esta cobertura como un impuesto más al trabajo.
“Ambas partes estamos aprendiendo. En mi opinión, las
ART brindan cuidados adecuados a los accidentados”, opina José
Elia, director de recursos industriales de Ford. “El cambio no nos
preocupó, ni causó molestias a la gente. Mantuvieron la
calidad de la prestación que nosotros brindábamos
antes.”
La escasa demanda registrada hasta junio de 1996 tuvo efectos
devastadores. La gran mayoría de las empresas prefirió
esperar para obtener rebajas sustanciales, lo que llevó a que
se concedieran descuentos superiores a 50% en las alícuotas de
las operaciones concretadas a último momento. De ahí en
más, los empresarios se preguntaron si la calidad del seguro
no disminuiría en igual proporción.
“Estamos, hoy por hoy, en la segunda etapa. Las aseguradoras
empiezan a preguntarse si los números les cierran. Y esto, a
su vez, conduce a las fusiones dentro del sector”, reflexiona Carlos
Bianchi, gerente de Relaciones Industriales de Perez Companc.
“Vendrá después el tercer período.
Empezarán entonces a diferenciarse por el servicio.”
No se escuchan, en general, quejas por la atención y
seguimiento de los siniestrados. El servicio, señalan en las
empresas, es adecuado, tanto para casos graves como para los leves.
La tramitación no es engorrosa y no se observan trabas
burocráticas.
Así y todo, hubo sorpresas en las cartillas de
prestadores de algunas ART. Algunas empresas se tomaron el trabajo de
verificarlas y descubrieron que se incluían prestadores
aún no contratados. Estas falencias se detectaron sobre todo
en el interior.
¿Sólo carteles ?
“La normativa y la creación de estas aseguradoras apunta
más hacia las compañías que no hacían
nada en materia de seguridad”, observa Bianchi. “Las empresas que nos
preocupamos por este tema nos vimos en un brete. Debíamos
cumplir con la ley. Teníamos que elegir entre una ART o
autoasegurarnos.”
Una altísima proporción del mercado de
accidentes laborales (86%) son empresas con cinco empleados, que
aportan sólo 30% de sus ingresos. Su inspección se
torna, por lo tanto, costosa en tiempo y recursos.
El segmento de las grandes compañías
también presenta dificultades. Cuentan con muchas
instalaciones. Se debe confeccionar un plan de mejora para cada una.
Por lo tanto, la tarea de inspección es complicada y
prolongada.
“Pagamos un servicio y esperábamos apoyo para la
prevención. No queríamos que nos invadieran con
carteles (´Use protector auditivo´, ´No corra por las escaleras´).
Buscábamos algo intermedio”, señala Darío
Hermida Martínez, gerente de Recursos Humanos de Ledesma. “La
aseguradora podría haber brindado cierta asistencia para la
capacitación y para evitar siniestros. Esto no existe en los
hechos.”
La posibilidad de que se modifique la actual ley de seguridad
e higiene juega en contra. Demora la puesta en marcha de los planes
de mejoramiento. Se dice que sería inminente la firma de un
decreto modificatorio de esa norma.
” Faltan prevención y concientización a todo nivel.
No queremos abstracciones o una tarjeta por si pasa algo. De lo que
se trata es de saber qué hay que hacer para evitar
accidentes”, reclamó off the record un director del
área de recursos humanos.
Viejos hábitos
Según los expertos, esos resultados son el producto
lógico del marco en que se lanzó el sistema. Las ART
conviven con una legislación bastante desconectada de la
realidad. Al mismo tiempo, ciertas aseguradoras arrastran las
fortalezas y las debilidades de sus empresas madres.
“Muchas compañías de seguros se vieron obligadas
a presentarse en este mercado. De lo contrario hubieran perdido
cartera en otros rubros”, advierte María José
Decloux, personnel representative en Argentina, Chile y Uruguay de
Federal Express. “No trataron a fondo la cuestión hasta el
último día. Esta actitud no es seria, porque estamos
hablando de la salud del empleado.”
Esa postura y la guerra de alícuotas perjudicaron al
sector. Aceleraron, además, la salida de unas cuantas ART, y
dan sustento a los vaticinios de que quedará en pie una media
docena.
“El costo fue importante a la hora de elegir. Nadie
conocía entonces casi nada del régimen. En ese momento,
se compraba precio”, reconoce Decloux. “Muchas firmas ya se dieron
cuenta de lo importante que es que a uno le respondan cuando lo
necesita. Una aseguradora poco seria cuesta un montón de horas
hombre, y de maltratos para con la gente.”
Había muchas compañías que eran
potenciales candidatas al autoseguro. Sin embargo, la gran
mayoría lo descartó por una cuestión de valores.
Las ART ofrecían alícuotas increíblemente bajas.
“Autoasegurarse era complejo. Resultaba muy complicado reunir
toda la documentación necesaria”, explica Hermida
Martínez. “La ley exigía servicios médicos
propios que muchas empresas ya teníamos. Pero debíamos
también ofrecer una garantía económica
inaceptable.”
Las condiciones básicas para que una
compañía pueda optar por el autoseguro son:
*Tener un plantel mínimo de 200 a 300 empleados
*Constituir un fideicomiso financiero equivalente a $ 1
millón o 16% de una prima anual presunta por la cobertura
contratada a un tercero.
Ese último requisito es, según los expertos,
determinante a la hora de decidir. Pero el monto no es el
único inconveniente. Sucede que si una empresa se autoasegura
durante un período y opta, luego, por contratar a una
aseguradora, el fideicomiso queda bloqueado durante cinco
años. Esta inmovilización está destinada a
garantizar la cobertura de siniestros ocurridos a lo largo del
autoseguro.
Volver a empezar
Sin embargo, a pesar de los inconvenientes que presenta la
autocobertura, algunas compañías han vuelto a
considerar seriamente la alternativa. La calidad de la
prestación de ciertas ART impulsa este cambio de planes. “Si
aumentan las primas para la renovación de los contratos, nos
vamos al autoaseguro”, afirma el directivo de un holding. Esta
postura es compartida por varias empresas.
“Quedan todavía por definirse algunos procesos
determinados en la norma”, señala Elia, de Ford. “No
está, por ejemplo, muy claro a cargo de quién
están los exámenes médicos anuales.”
Otras firmas, en cambio, no se preocupan tanto sobre estas
cuestiones. Saben que éste no es un casamiento de por vida.
Pueden cambiar de aseguradora después de seis meses de haberla
contratado, y son muchos los que ya comenzaron a buscar nuevos
prestadores.
Los gerentes de recursos humanos se consultan entre sí
para evaluar la realidad de la plaza y reciben propuestas
periódicamente. Por eso ya se preparan para renegociar estos
seguros. Saben muy bien que la guerra entre las ART está muy
lejos de haber terminado.
