viernes, 3 de abril de 2026

    Curar, antes que prevenir

    El veredicto en cuanto al desempeño de las ART en el
    campo de la prevención es virtualmente unánime, y
    negativo. La calificación mejora cuando se habla de
    atención de siniestros.

    El mercado, mientras tanto, se reestructura. Tres aseguradoras
    transfirieron sus carteras. Otras tantas negocian su venta, todo lo
    cual no permite avizorar grandes cambios en el servicio a corto
    plazo.

    Pero lo cierto es que muchos gerentes de recursos humanos
    consideran esta cobertura como un impuesto más al trabajo.

    “Ambas partes estamos aprendiendo. En mi opinión, las
    ART brindan cuidados adecuados a los accidentados”, opina José
    Elia, director de recursos industriales de Ford. “El cambio no nos
    preocupó, ni causó molestias a la gente. Mantuvieron la
    calidad de la prestación que nosotros brindábamos
    antes.”

    La escasa demanda registrada hasta junio de 1996 tuvo efectos
    devastadores. La gran mayoría de las empresas prefirió
    esperar para obtener rebajas sustanciales, lo que llevó a que
    se concedieran descuentos superiores a 50% en las alícuotas de
    las operaciones concretadas a último momento. De ahí en
    más, los empresarios se preguntaron si la calidad del seguro
    no disminuiría en igual proporción.

    “Estamos, hoy por hoy, en la segunda etapa. Las aseguradoras
    empiezan a preguntarse si los números les cierran. Y esto, a
    su vez, conduce a las fusiones dentro del sector”, reflexiona Carlos
    Bianchi, gerente de Relaciones Industriales de Perez Companc.
    “Vendrá después el tercer período.
    Empezarán entonces a diferenciarse por el servicio.”

    No se escuchan, en general, quejas por la atención y
    seguimiento de los siniestrados. El servicio, señalan en las
    empresas, es adecuado, tanto para casos graves como para los leves.
    La tramitación no es engorrosa y no se observan trabas
    burocráticas.

    Así y todo, hubo sorpresas en las cartillas de
    prestadores de algunas ART. Algunas empresas se tomaron el trabajo de
    verificarlas y descubrieron que se incluían prestadores
    aún no contratados. Estas falencias se detectaron sobre todo
    en el interior.

     

    ¿Sólo carteles ?

     

    “La normativa y la creación de estas aseguradoras apunta
    más hacia las compañías que no hacían
    nada en materia de seguridad”, observa Bianchi. “Las empresas que nos
    preocupamos por este tema nos vimos en un brete. Debíamos
    cumplir con la ley. Teníamos que elegir entre una ART o
    autoasegurarnos.”

    Una altísima proporción del mercado de
    accidentes laborales (86%) son empresas con cinco empleados, que
    aportan sólo 30% de sus ingresos. Su inspección se
    torna, por lo tanto, costosa en tiempo y recursos.

    El segmento de las grandes compañías
    también presenta dificultades. Cuentan con muchas
    instalaciones. Se debe confeccionar un plan de mejora para cada una.
    Por lo tanto, la tarea de inspección es complicada y
    prolongada.

    “Pagamos un servicio y esperábamos apoyo para la
    prevención. No queríamos que nos invadieran con
    carteles (´Use protector auditivo´, ´No corra por las escaleras´).
    Buscábamos algo intermedio”, señala Darío
    Hermida Martínez, gerente de Recursos Humanos de Ledesma. “La
    aseguradora podría haber brindado cierta asistencia para la
    capacitación y para evitar siniestros. Esto no existe en los
    hechos.”

    La posibilidad de que se modifique la actual ley de seguridad
    e higiene juega en contra. Demora la puesta en marcha de los planes
    de mejoramiento. Se dice que sería inminente la firma de un
    decreto modificatorio de esa norma.

    ” Faltan prevención y concientización a todo nivel.
    No queremos abstracciones o una tarjeta por si pasa algo. De lo que
    se trata es de saber qué hay que hacer para evitar
    accidentes”, reclamó off the record un director del
    área de recursos humanos.

     

    Viejos hábitos

     

    Según los expertos, esos resultados son el producto
    lógico del marco en que se lanzó el sistema. Las ART
    conviven con una legislación bastante desconectada de la
    realidad. Al mismo tiempo, ciertas aseguradoras arrastran las
    fortalezas y las debilidades de sus empresas madres.

    “Muchas compañías de seguros se vieron obligadas
    a presentarse en este mercado. De lo contrario hubieran perdido
    cartera en otros rubros”, advierte María José
    Decloux, personnel representative en Argentina, Chile y Uruguay de
    Federal Express. “No trataron a fondo la cuestión hasta el
    último día. Esta actitud no es seria, porque estamos
    hablando de la salud del empleado.”

    Esa postura y la guerra de alícuotas perjudicaron al
    sector. Aceleraron, además, la salida de unas cuantas ART, y
    dan sustento a los vaticinios de que quedará en pie una media
    docena.

    “El costo fue importante a la hora de elegir. Nadie
    conocía entonces casi nada del régimen. En ese momento,
    se compraba precio”, reconoce Decloux. “Muchas firmas ya se dieron
    cuenta de lo importante que es que a uno le respondan cuando lo
    necesita. Una aseguradora poco seria cuesta un montón de horas
    hombre, y de maltratos para con la gente.”

    Había muchas compañías que eran
    potenciales candidatas al autoseguro. Sin embargo, la gran
    mayoría lo descartó por una cuestión de valores.
    Las ART ofrecían alícuotas increíblemente bajas.

    “Autoasegurarse era complejo. Resultaba muy complicado reunir
    toda la documentación necesaria”, explica Hermida
    Martínez. “La ley exigía servicios médicos
    propios que muchas empresas ya teníamos. Pero debíamos
    también ofrecer una garantía económica
    inaceptable.”

    Las condiciones básicas para que una
    compañía pueda optar por el autoseguro son:

    *Tener un plantel mínimo de 200 a 300 empleados

    *Constituir un fideicomiso financiero equivalente a $ 1
    millón o 16% de una prima anual presunta por la cobertura
    contratada a un tercero.

    Ese último requisito es, según los expertos,
    determinante a la hora de decidir. Pero el monto no es el
    único inconveniente. Sucede que si una empresa se autoasegura
    durante un período y opta, luego, por contratar a una
    aseguradora, el fideicomiso queda bloqueado durante cinco
    años. Esta inmovilización está destinada a
    garantizar la cobertura de siniestros ocurridos a lo largo del
    autoseguro.

     

    Volver a empezar

     

    Sin embargo, a pesar de los inconvenientes que presenta la
    autocobertura, algunas compañías han vuelto a
    considerar seriamente la alternativa. La calidad de la
    prestación de ciertas ART impulsa este cambio de planes. “Si
    aumentan las primas para la renovación de los contratos, nos
    vamos al autoaseguro”, afirma el directivo de un holding. Esta
    postura es compartida por varias empresas.

    “Quedan todavía por definirse algunos procesos
    determinados en la norma”, señala Elia, de Ford. “No
    está, por ejemplo, muy claro a cargo de quién
    están los exámenes médicos anuales.”

    Otras firmas, en cambio, no se preocupan tanto sobre estas
    cuestiones. Saben que éste no es un casamiento de por vida.
    Pueden cambiar de aseguradora después de seis meses de haberla
    contratado, y son muchos los que ya comenzaron a buscar nuevos
    prestadores.

    Los gerentes de recursos humanos se consultan entre sí
    para evaluar la realidad de la plaza y reciben propuestas
    periódicamente. Por eso ya se preparan para renegociar estos
    seguros. Saben muy bien que la guerra entre las ART está muy
    lejos de haber terminado.

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