miércoles, 17 de junio de 2026

    Cirugía mayor

    La reforma del sistema abre promisorias perspectivas al sector,
    que ya comienza a atraer a nuevos y poderosos protagonistas. En
    contrapartida, muchos quedarán fuera del escenario y todos
    deberán adaptarse a nuevas reglas de juego. Según un
    estudio de la consultora Ernst & Young, las empresas de medicina
    prepaga podrían ver incrementados sus ingresos anuales de los
    actuales $ 3.000 millones a $ 15.000 millones en el próximo
    quinquenio.

     

    Según los cálculos más conservadores, en
    la Argentina se gastan US$ 11.500 millones anuales en atención
    médica. Algunas consultoras y organismos multilaterales miden
    las dimensiones del mercado en valores que van de US$ 15.000 a US$
    20.000 millones, si se incluyen los medicamentos. De ese volumen,
    alrededor de US$ 7.000 millones corresponden a los ingresos de las
    obras sociales y del Pami.

    Aunque es casi imposible calcular con certeza cuánto
    gastan los argentinos en salud, no hay dudas acerca de la enorme
    envergadura del negocio que tiene ante sí el sector privado
    con la desregulación del sistema, que después de
    marchas y contramarchas comenzó a concretarse
    tímidamente a principios de año.

    Sin embargo, para los empresarios, la atracción
    generada por un mercado potencial de 16 millones de afiliados de
    obras sociales y provinciales, a los que se suma cerca de un
    millón de beneficiarios enrolados en las entidades de personal
    de dirección, es casi proporcional a la incertidumbre con que
    se evalúan los plazos y el alcance de la apertura. Algunas de
    las casi 160 firmas de medicina prepaga, las compañías
    nacionales y las internacionales relacionadas con la salud, los
    seguros y las finanzas observan de cerca los movimientos del
    gobierno, que por ahora sólo les abrió la puerta para
    que, en un futuro todavía impreciso, puedan captar afiliados
    de las obras sociales de los ejecutivos. Hoy, tanto la
    legislación que permitirá a las compañías
    de medicina privada competir con las obras sociales de personal de
    dirección como la que regulará el funcionamiento de las
    prepagas están siendo analizadas por la Jefatura de Gabinete y
    el Ministerio de Salud.

    En octubre pasado el Poder Ejecutivo dio luz verde para
    desregular las obras sociales, primer paso para la competencia entre
    las entidades sindicales y el sector privado. Ahora los afiliados
    podrán elegir libremente a cuál de ellas quieren
    pertenecer y, en adelante, tendrán la posibilidad de cambiarse
    de institución una vez al año. “A pesar de que hubo
    100.000 consultas, hasta el momento apenas se realizaron 4.000
    cambios, mientras que en el sistema de AFJP se concretan 80.000
    traspasos mensuales. Hay dos motivos por los cuales tan poca gente
    decidió optar por otra obra social: por un lado, les falta
    información y, por otro, este tipo de organizaciones
    todavía no tienen alguien que tienda un puente entre una y
    otra, ni fuerza de venta para robar afiliados”, opina Daniel Marcu,
    director ejecutivo de la consultora Towers Perrin/Marcu y Asociados.

    Sin embargo, la competencia no parece destinada a dirimirse
    entre las 300 obras sociales que existen en el país, porque
    varias quedarán en el camino. Las que quieran sobrevivir
    deberán ser capaces de ofrecer el Programa Médico
    Obligatorio (PMO), un piso mínimo de cobertura con el que se
    equipararán las prestaciones de todas las entidades. Si
    están dispuestas a reconvertirse -previa calificación-,
    estas instituciones contarán con los US$ 350 millones que ya
    destinó el Banco Mundial para la reestructuración del
    sistema. Si no pueden ofrecer el PMO, las obras sociales
    deberán fusionarse o, de lo contrario, el nuevo ente regulador
    -la Superintendencia de Salud, que reemplazará a la
    Administración Nacional de Seguro de Salud (Anssal)-
    será el encargado de liquidarlas o fusionarlas. “Por
    unión o fusión, de los 363 planes de cuidado de la
    salud actuales, quedarán cien”, estima la consultora Ernst
    & Young (E&Y) en un reciente informe sobre el mercado (ver
    recuadro).

     

    En las gateras

     

    Con este panorama, las compañías de medicina
    privada se preparan para la apertura con un ojo puesto en los pasos
    del Estado y el otro en sus propias cuentas. No sólo tienen
    que evaluar qué mercados sumarán a los 2 millones de
    socios con los que cuentan actualmente, sino cuáles les
    conviene captar. Desde este punto de vista, la población se
    divide en cinco segmentos: el de las obras sociales de convenio (8
    millones de personas), el de las entidades provinciales (otros 8
    millones), el de las de personal de dirección (900.000), el
    del Pami (4 millones) y el amplio sector que recurre a los hospitales
    públicos (11 millones).

    También hay quienes no tienen ninguna cobertura -desde
    desempleados hasta personas del segmento ABC1 que hoy no están
    enroladas en ningún sistema y pagan sus propios gastos: “12
    millones de habitantes no están cubiertos por un plan de salud
    o de asistencia médica, y un tercio de esa población
    habita la zona más rica del país”, indica el estudio de
    Ernst & Young.

    En el mismo informe se estima que 10% de los 34 millones de
    argentinos estarían pagando doble cobertura, lo que da una
    idea de los problemas de eficiencia en la asignación de
    recursos para la salud.

    Aunque los observadores más pesimistas del sector
    privado estiman que deberán esperar, por lo menos, a que pasen
    las elecciones legislativas de octubre para que los funcionarios
    pongan la fecha a partir de la cual podrán salir a captar
    afiliados, no comenzará 1998 sin que tengan, por lo menos, la
    posibilidad de disputarles el terreno a las aproximadamente 20
    entidades que atienden al personal jerárquico.

    Por el momento, su interés se concentra en los
    beneficiarios de multisectoriales como ASE u Osde y sectoriales como
    Osdic (construcción), Luis Pasteur (laboratorios) u Osim
    (metalúrgicos), entre otras. Pero a algunas prepagas no se les
    estaría ofreciendo un mercado virgen. Varias ya venden sus
    servicios a las obras sociales de personal directivo. Como mucho,
    entonces, allí podrían ahorrarse el intermediario y
    convertirse en los agentes de captación de 85% de los aportes
    obligatorios de los trabajadores en relación de dependencia,
    que actualmente se llevan esas entidades.

    “Hoy, las obras sociales de personal de dirección que
    no tienen planes propios se ocupan de la cobranza. De la cuota de 8%
    del salario que reciben -3% del empleado y 5% del empleador- giran
    15% al fondo de redistribución de la Anssal (las otras obras
    sociales aportan 10%). El resto de ese dinero es utilizado para la
    administración de la entidad y aproximadamente 80% se destina
    a pagar las prestaciones de las empresas de medicina prepaga. Si ese
    porcentaje no alcanza para hacer frente al servicio, es el
    beneficiario el que corre con la diferencia”, explica Enrique Braun
    Estrugamou, presidente y dueño de 70% de Qualitas. (El
    restante 30% está en manos de The Principal Financial Group,
    entidad aseguradora norteamericana que administra activos por US$
    60.000 millones).

    Qualitas, cuyo target apunta a la población de
    más alto poder adquisitivo, es una de las
    compañías del sector a las que no les interesa la
    apertura más allá del mercado de US$ 800 millones que
    mueven las obras sociales de los ejecutivos. Es que, mientras que la
    cobertura mínima que están obligadas a brindar si
    quieren competir con las obras sociales -el PMO- se fijó en
    US$ 17 por persona, el precio del servicio que ofrecen las diez
    prepagas con más socios del país no baja de los US$ 40
    mensuales por beneficiario y aumentó más de 100% desde
    la puesta en marcha de la Convertibilidad.

    Por eso, algunas compañías no están en
    condiciones de ajustar sus costos, y a otras directamente no les
    interesa. Según Tomás Sánchez de Bustamante,
    asesor legal de Osde, “quizás Amsa, Docthos o Diagnos se
    pongan a tiro de las obras sociales, pero a las más caras ese
    mercado no les va a resultar atractivo”. El directivo de la
    multisectorial que les quitó a las prepagas unos 400.000
    socios opina, además, que, “si las prepagas van a incursionar
    en las obras sociales, tendrán que desarrollar una cultura de
    prestación de servicios más igualitaria, porque hoy la
    relación de poder que existe entre las empresas de medicina
    privada y el socio no es la misma que van a tener con el afiliado de
    una obra social”.

     

    Una de cal, una de arena

     

    Mientras intentan desmitificar la magnitud que se le asigna
    al futuro negocio, las empresas privadas de salud contemplan con
    cierta desconfianza las nuevas normas del juego. El Estado les
    está abriendo la puerta de un mercado, pero también
    estudia alinearlas bajo una normativa que regule el sector, hoy
    exento de IVA y controlado por la Inspección General de
    Justicia. Las firmas pasarían a recibir el tratamiento de
    cualquier sociedad con fines comerciales.

    “En el aspecto político, el panorama no es demasiado
    alentador, porque el optimismo transmitido por las autoridades al
    anunciar la desregulación de las obras sociales se ha
    transformado en el pesimismo dictado por la injerencia de nueva
    legislación en los convenios particulares, la anunciada
    regulación burocrática de la actividad y, desde ya, una
    demora incomprensible en la prometida desregulación de la
    seguridad social”, se queja Braun.

    A favor de un mayor control de las prepagas se alinean las
    compañías de seguros que, debido a los requisitos de
    patrimonio mínimo en relación con la cartera que
    manejen, se encuentran en desventaja para competir con las
    compañías de medicina privada. “Entre estas empresas y
    las de seguros hay una diferencia de costos de 30%”, calcula Alberto
    Fernández, titular de Gerenciar, el holding del Banco de la
    Provincia de Buenos Aires que agrupa a las aseguradoras de la
    entidad.

    La nueva regulación que se está analizando
    incluye la exigencia de capitales mínimos para poder operar en
    el sistema. Además, la Superintendencia de Salud
    controlará que cumplan con una serie de garantías de
    calidad y prestaciones básicas y se encargará de
    defender los derechos de los usuarios ante incumplimientos de
    contrato por parte de las empresas. “Se está mezclando lo que
    es regulación con defensa del consumidor; lo que hay que hacer
    es aplicar las legislaciones que existen sobre defensa de los
    usuarios y sacar una norma que fije capitales mínimos y de
    reservas. Pero una norma de detalle absoluto como la que se
    está estudiando no se justifica”, afirma Luis
    Zorraquín, gerente general de Docthos.

    Habrá que ver cuántas de las prepagas pasan por
    el filtro de la futura regulación. “Luego de este severo
    proceso de reestructuración que estamos viviendo, la cantidad
    de entidades se reducirá a la mitad, pero sólo veinte
    de ellas concentrarán 80% de los adherentes”, anticipa Braun.

     

    Los unos y los otros

     

    La medicina prepaga cubre en forma directa a casi 6% de la
    población, aunque ese porcentaje puede subir un poco si se
    cuentan los clientes que atienden a través de las obras
    sociales de personal de dirección que no tienen planes
    propios. Desde hace un par de años, la facturación del
    sector se mantiene en un nivel estimado entre US$ 2.900 y US$ 3.100
    millones. El informe de Ernst & Young anticipa que, tras la
    reforma del sistema de salud, estas empresas podrían llegar a
    mover US$ 15.000 millones en cinco años.

    Si no se cuenta a Osde, con 800.000 adherentes -50% de los
    cuales son cautivos- y una facturación de US$ 380 millones, el
    líder por cantidad de afiliados es Amsa. Según las
    últimas cifras que manejan los analistas del sector (la
    mayoría de las empresas líderes prefieren no dar a
    conocer ni sus números ni sus proyectos en el área),
    Amsa tiene unos 200.000 beneficiarios que pagan US$ 95 millones
    anuales.

    En el terreno de los ingresos, el primer puesto aparece
    disputado entre Medicus, con US$ 170 millones, y el Exxel Group, que,
    con sus compañías TIM y Galeno-Life, suma US$ 167
    millones. Ambos exhiben una nómina de 150.000 afiliados. El
    resto de los top ten está integrado por Swiss Medical, con $
    98 millones de facturación y 90.000 beneficiarios, Docthos ($
    97 millones y más de 100.000 socios), Omint ($ 90 millones y
    80.000 adherentes), Diagnos ($ 42 millones y 32.000 beneficiarios),
    Qualitas ($ 38 millones y 25.000 socios) y Amil ($ 22 millones y
    17.000 asociados).

    Junto a estos diez grupos, que cubren a aproximadamente
    1.200.000 personas, conviven unas 190 compañías con un
    total de 1.300.000 beneficiarios, lo que equivale a un promedio de
    7.000 por cada una.

    Los analistas del sector coinciden en que la existencia de
    tantas firmas no parece viable. Paulo Marcos Senra Souza, presidente
    de Amil, no ahorra críticas a esta situación: “Cuando
    pasa lo que vemos en la Argentina, los precios de la salud se
    duplican y los costos se sobredimensionan. Amil puede estar en el
    país porque comparte sus gastos con la casa matriz de Brasil.
    No es posible sobrevivir con menos de 500.000 afiliados por empresa y
    no debería haber más de nueve o diez firmas, cada una
    especializada en un nicho. Por ejemplo, el negocio corporate va a
    tender a especializarse por sectores y no tanto por nivel de
    ingreso”.

    Su empresa, con presencia en varios estados norteamericanos,
    llegó al país como parte del proyecto de estar en todo
    el continente y no por la apertura de las obras sociales. De todos
    modos, el nuevo negocio que se vislumbra no les resulta indiferente.
    “En Brasil hay 150 millones de habitantes y 50 millones cubiertos por
    medicina privada, mientras que en la Argentina, esa relación
    es de 35 a 2. Esto quiere decir que, si hubiera una buena oferta, en
    la Argentina tendría que haber unos 9 millones de personas en
    el sistema privado con o sin regulación, y el resto de la
    gente se mantendría en el sistema de obras sociales y
    hospitales. No puede ser que, en un país donde todo
    está privatizado, la salud la maneje el Estado”, argumenta
    Senra Souza.

    Para el empresario brasileño, como para el resto del
    sector, la clave está en que los privados bajen sus costos,
    asignen mejor sus recursos, mejoren su management, y que los
    prestadores se integren en redes. “Los que quieran estar en un
    mercado de volumen, deberán aggionarse”, advierte
    Zorraquín, de Docthos, para quien se está gestando un
    mercado con cambios en el sistema administrativo: “En dos años
    todo el sector estará informatizado, habrá mayor
    diversidad de planes, un retroceso de los planes abiertos y de
    reintegros, la inclusión de los médicos en el control
    de gestión y una vuelta al médico de cabecera”.

    Las prepagas quieren concentrar las atenciones en los
    médicos clínicos para poder tener mayor control sobre
    el gasto. Así, sólo tendrían que supervisar a un
    profesional, que es el que deriva al paciente a otros médicos.
    Según Norberto Ferrari, director comercial de TranSalud,
    empresa que desarrolló un sistema integrado para el control de
    las transacciones del área de salud, actualmente 20% de la
    facturación de las prepagas corresponde a sobreprestaciones de
    los médicos que, de esa manera, compensan los bajos ingresos.
    “También hay que encarar una redistribución de los
    recursos -señala Sánchez de Bustamante, de Osde-,
    porque en Buenos Aires, por ejemplo, hay más tomógrafos
    que en todo el resto del país.”

     

    La salud de la competencia

     

    Las prepagas no sólo tendrán que modernizarse, bajar
    costos y ajustarse el corsé de los nuevos controles.
    También deberán defenderse del embate de otros sectores
    que se lanzarán sobre un mercado que, hasta ahora, no les
    había llamado demasiado la atención. Muchas empresas no
    habían ingresado al negocio de la salud porque no se
    justificaba invertir en un segmento de 2,5 millones de personas.

    Los potenciales competidores de las prepagas provienen de
    diferentes campos: compañías internacionales de salud,
    que cuentan con know how específico en el área; las que
    tienen una cartera de clientes a los que pueden brindarles otros
    servicios (bancos, compañías de seguros, ART, AFJP), o
    fondos de inversión que ven una buena posibilidad de aumentar
    sus utilidades. “Considerando que el sector será modificado,
    hay compañías muy interesadas en entrar en el sistema.
    Se estima que habrá fusiones de medicina prepaga con
    compañías de seguros”, vaticina el estudio de Ernst
    & Young.

    El Banco Provincia, por ejemplo, está negociando con
    dos empresas de seguros y un fondo de inversión norteamericano
    para sumarlos a su inminente incursión en el negocio de la
    salud. “Por la potencia del banco no tendremos problemas en captar
    unas 400.000 personas en un año. Apuntaremos a parte del
    personal jerárquico y de la gente que hoy no está
    cubierta por ningún sistema. Además, tenemos los
    600.000 afiliados de la ART, el millón de la AFJP y 300.000
    clientes del banco como posible mercado”, afirma Fernández.

    Otras firmas empezaron mucho antes a dar señales de su
    fe en el desarrollo del sector. Por el lado de las prepagas, el Exxel
    Group puso un pie en el negocio tras comprar TIM y Galeno-Life. El
    fondo de inversión importó de Estados Unidos a John
    Cuny, un especialista en el área, para que se haga cargo de la
    dirección ejecutiva y la gerencia general de las empresas de
    salud del grupo.

    Los chilenos de Intersalud -donde participa la AFP trasandina
    Provida- adquirieron Ceprimed y Mediplan. Capitales locales
    provenientes del exterior conformaron el Swiss Medical Group
    después de fusionar CIM, Salud y la Maternidad Suizo
    Argentina, y hace cinco años la brasileña Amil se
    instaló en la Argentina.

    Se dice que entre los más recientes interesados en
    ingresar al negocio se encuentran Blue Cross, de Estados Unidos, Cruz
    Blanca, de Chile, ITT Hartford (en joint-venture con la aseguradora
    local Cenit), la norteamericana International Medical Insurance
    Company y la británica Wasa International Group, que formaron
    IMG y hoy administran varias obras sociales, Aetna -que ya vende
    seguros de salud-, La Caja, los principales bancos y hasta un par de
    laboratorios nacionales.

     

    Efecto dominó

     

    Cuando se abre un nuevo negocio, como sucedió con el de
    las AFJP y las ART, no son sólo las empresas con posibilidades
    de atender directamente los nuevos mercados las que ensayan la
    puntería. Alrededor de la salud ya se había creado un
    núcleo de proveedores -además de los prestadores
    médicos- que atendían los nichos que dejaban libres las
    prepagas.

    Por ejemplo, firmas como San Nicolás ya ofrecen
    cobertura para trasplantes y cirugía de alta complejidad en el
    país y en el exterior. Las tarjetas de crédito
    también se sumaron al negocio con programas que complementan a
    las prepagas. “American Express desarrolló, junto a Zurich
    Seguros, un producto exclusivo para sus miembros, llamado Worldwide
    Medical Plan, que cubre tres tipos de trasplantes”, señala el
    informe de Ernst & Young. Otro nicho que destaca la consultora es
    el seguro por mala praxis médica, atendido por siete
    compañías. De acuerdo con sus datos, de los 67.000
    médicos activos, sólo 12.000 cuentan con este tipo de
    cobertura.

    Las empresas de informática investigaron las carencias
    del mercado y ofrecen ahora interconexiones on-line para administrar
    sociedades de asistencia médica. Itron, del grupo Macri, junto
    con Hewlett-Packard e Informix, lanzó Itronmed, un sistema que
    facilita el intercambio de información entre prepagas, obras
    sociales, prestadores y pacientes. SDA, una Pyme dedicada a sistemas,
    también quiere participar en el negocio mediante la
    adaptación de un software que ya vendió entre las ART,
    y la empresa Excelencia también comercializa software
    especializado.

    TranSalud, con una inversión de US$ 10 millones y un
    año y medio de desarrollo, está ofreciendo un sistema
    para conectar en tiempo real a prestadores con administradores de
    salud. “En 1997 esperamos intercomunicar a las empresas con unos
    2.500 prestadores y facturar US$ 5 millones.” Hasta ahora, TranSalud
    tiene tres clientes con los que está haciendo pruebas piloto.

    Como éstas, muchas otras firmas de diferentes
    orígenes ya están intentando ubicarse en el mercado de
    la salud y, aunque la carrera apenas comienza, ninguna arista del
    negocio parece estar librada al azar.

     

     

    Una radiografía completa

     

    Una de las investigaciones más completas y recientes
    sobre el sector de la salud en la Argentina es la que realizó
    la consultora internacional Ernst & Young, a la que MERCADO tuvo
    acceso para la elaboración de este informe.

    Ernst & Young es una de las firmas líderes en
    servicios de auditoría, consultoría en impuestos,
    administración y finanzas, cuenta con oficinas en 550 ciudades
    de 130 países y el año pasado obtuvo un récord
    de ingresos de US$ 7.800 millones. En la Argentina está
    representada por Henry Martin, Lisdero y Asociados.

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