miércoles, 17 de junio de 2026

    A otro perro con ese hueso

    Los empresarios del sector de alimentos balanceados para
    mascotas se frotan las manos. Aunque también podría
    decirse que mueven la cola y afilan los colmillos: este año
    esperan una facturación récord de entre US$ 200 y US$
    250 millones.

    El mercado de comida para perros y gatos se viene expandiendo a
    un ritmo de 20% anual y, aunque para 1997 se espera un crecimiento
    algo menor, las cifras son más que alentadoras. La llegada al
    país de las principales marcas mundiales demuestra que se
    trata de un negocio muy tentador. Mientras en Europa y Estados Unidos
    80% de las mascotas comen alimentos balanceados, en la Argentina el
    público consumidor oscila entre 30% y 40%, de modo que el
    potencial de crecimiento es enorme.

    La competencia en el sector se intensificó a partir de
    la comercialización de los alimentos para animalitos
    domésticos en los supermercados, en cuyas góndolas se
    libran pequeñas batallas para llamar la atención de los
    compradores.

     

    Los primeros pasos

     

    La historia de la comida para mascotas comenzó en el
    país a fines de los años ´50, pero los productos no
    eran de buena calidad. No se hacían los controles necesarios
    en la selección de las materias primas, se elaboraban con una
    escasa cantidad de proteínas y tenían marcadas
    deficiencias en la saborización.

    El cambio se inició en 1975, cuando Cargill
    desembarcó en el mercado con las mismas máquinas
    -extrusoras- utilizadas para la elaboración de snacks, y
    lanzó su línea de productos Dogui y Gati, que
    alcanzaron en los primeros años una participación de
    95%.

    Con el paso del tiempo, otras empresas comenzaron a producir en
    la Argentina, dispuestas a robarle a la multinacional parte de la
    torta: así aparecieron Sagemüller, Lawler y Ganave.
    “Hasta 1994 la competencia era sólo local, salvo algunas
    excepciones. Pero en los últimos dos años llegaron al
    país las marcas más reconocidas a nivel internacional.
    Vinieron todas, y con inversiones muy poderosas en materia de
    publicidad y promociones. Esto representa, al mismo tiempo, una
    amenaza y un gran desafío, ya que nos obliga a esforzarnos en
    nuevos desarrollos”, afirma Carlos Camporino, gerente de la
    División Nutrición Animal de Cargill.

    La transformación del mercado devoró a las
    compañías locales. Sólo quedó
    Sagemüller, con su línea de productos Bacán.
    Lawler fue comprada por la empresa francesa Royal Canin, y Ganave,
    que pertenecía a la firma Alimentos Pilar, pasó a manos
    de la norteamericana Heinz.

    Entre los importadores se destacan Ralston Purina (ProPlan),
    Eukanuba (Iams), Effem (Pedigree y Whiskas), Nestlé (Friskies)
    y Hill´s (Science Prescription Diet).

    A mediados de año, cuando termine de instalar su planta
    industrial en la localidad de Mercedes, Effem aspira a convertirse en
    una empresa importadora, productora local y exportadora de pet food.
    Otros importadores tienen planeado seguir sus pasos en el corto plazo
    y radicarse en el país.

     

    Para todos los gustos

     

    Debido a la gran oferta de marcas, y al deseo y la necesidad de
    diferenciarse, existe actualmente en el mercado una variedad enorme
    de alimentos balanceados que se comercializan a través de
    distintos canales de distribución. Según el
    último informe de la consultora Claves, 40% de los productos
    se venden en los supermercados, otro 40% en forrajerías y pet
    shops, y el restante 20% entre las veterinarias y los criadores.
    Los alimentos balanceados representan para las
    veterinarias alrededor de 60% de su facturación total, por lo
    que algunas se han convertido en verdaderos pet shops, poco
    desarrollados hasta ahora en el país.

    El precio de los alimentos varía entre $ 1 y $ 4 el
    kilogramo, y están clasificados en cuatro categorías de
    comida para perros (económica, estándar, premium o
    super premium) y en dos en el segmento de gatos (estándar y
    premium).

    “Lo que mucha gente todavía no entiende es que el precio
    está directamente relacionado con la calidad del producto.
    Mientras un alimento de $ 1 tiene 80% de vegetales, el de $ 4
    está elaborado con 80% de carne”, asegura Horacio Dewey, ex
    presidente de Lawler y actual director de Royal Canin Argentina.

     

    Un mensaje claro

     

    Para captar nuevos consumidores, los empresarios coinciden en
    que es necesario enviar continuamente mensajes que sirvan para
    convencer a los dueños de las mascotas acerca de la calidad de
    las materias primas utilizadas y de la eficacia en los controles, por
    lo que las principales inversiones se destinan a desarrollos
    tecnológicos.

    Por eso, y debido a que todavía se percibe una cuota de
    desconfianza por parte de los compradores, los alimentos de las
    categorías premium y super premium se comercializan
    preferentemente en los circuitos especializados, donde los
    veterinarios pueden dar consejos acerca de las características
    de los distintos productos que ofrecen.

    “Hay gente que aún hoy se siente culpable al darle al
    perro un producto químico. En tiempos en que los seres humanos
    comen cada vez más comidas rápidas y poco nutritivas,
    no tendrían que tener problemas en darles a los perros y gatos
    alimentos balanceados, que contienen todas las proteínas que
    necesitan para estar bien”, señala Dewey. Royal
    Canin, que exhibe una participación de 18% en el mercado
    europeo de alimentos secos para perros y está presente en 80
    países, continuará comercializando los alimentos
    nacionales que antes elaboraba Lawler, Carnegui y Performance, y que
    se ubican dentro de la categoría estándar.
    Además, lanzará al mercado un producto premium (Casco)
    y un super premium (Royal Canin), sobre el que se articulará
    toda la estrategia publicitaria.

    “No vamos a invertir mucho dinero en publicidad, sólo lo
    necesario para dar a conocer la marca. No apuntamos a los
    supermercados sino a los circuitos especializados. Por eso, los
    principales esfuerzos se concentrarán en los veterinarios y no
    en el consumidor final”, agrega Dewey.

     

    Desarrollo constante

     

    En Cargill, en cambio, afirman que sus redes de
    distribución les permiten estar presentes en todos los canales
    de comercialización y la totalidad de los targets, a lo largo
    y ancho del país. Con los alimentos premium Excell, que se
    venden en veterinarias, los productos dirigidos al segmento
    económico “Mi amigo” para las forrajerías, una
    línea para animales enfermos, además de los conocidos
    Dogui y Gati, la empresa que lidera el mercado con un market share de
    alrededor de 45% marca su presencia en todas las categorías.

    Para lograr esa variedad, Cargill cuenta con un departamento de
    desarrollo que trabaja intensamente en la elaboración de
    nuevos productos. Las mascotas son las que tienen la última
    palabra al elegir el alimento a través de su preferencia.
    “Cuando comenzamos a elaborar Gati la aceptación fue
    extraordinaria. Los gatos maullaban y rompían las alacenas,
    por lo que tuvimos que bajar el nivel de saborizantes. Por eso hay
    que aclarar muy bien que el hecho de que un producto sea aceptado por
    el animal no significa para nada que sea nutritivo”, explica
    Camporino.

    Para que el sector de alimentos balanceados para mascotas haya
    llegado a alcanzar un volumen de 90 mil toneladas anuales tuvieron
    que confluir algunos factores. El aumento en el precio de la carne
    roja fue determinante para que muchos se volcaran a este tipo de
    productos, aunque todavía no están al alcance de todos.

    El hecho de que las mujeres, que por lo general son las que se
    encargan de la comida de perros y gatos, estén más
    ocupadas o simplemente tengan menos ganas de cocinar especialmente
    para las mascotas también contribuyó al negocio de pet
    food.

    Pero el logro mayor, en el que los empresarios saben que tienen
    que seguir insistiendo, se obtuvo al revertir la idea de que los
    alimentos balanceados eran elaborados a partir de desechos. El
    desafío que les queda consiste en seducir a ese 60% o 70% de
    las mascotas que todavía no consumen esta comida, logrando que
    sus dueños se la hagan probar. Lo que viene después
    debería ser una tarea fácil si, como afirman, “los
    animales que empiezan a comer este tipo de alimentos nunca vuelven a
    la carne”.

     

     

    Los consentidos de la casa

     

    Ralston Purina inició sus actividades en 1894 en Saint
    Louis, Estados Unidos, con la producción de alimentos
    agropecuarios y cereales para el desayuno, hasta que en 1920 se
    lanzó al mercado de las mascotas, en el que hoy asume el
    liderazgo dentro del ámbito norteamericano, y es uno de los
    referentes mundiales en investigación y desarrollo en la
    materia.

    “La empresa se estableció en la Argentina en 1992”,
    señala Ricardo Vega, director de Operaciones; “en 1996
    definimos la instalación de una planta industrial en Santo
    Tomé, provincia de Santa Fe, con una inversión en
    activos de US$ 10 millones. La fábrica, que comenzará a
    operar a mediados de este año y contará con una
    dotación de 50 personas, será la más moderna y
    de mejor tecnología de Purina en todo el mundo, y pensamos
    producir para el mercado local -ya que hasta ahora sólo
    importamos- y para el Mercosur”.

    Purina -que exhibe un market share de 35% en veterinarias y 10%
    en supermercados- cuenta con una amplia gama de alimentos para perros
    y gatos, pero su nave insignia es Pro Plan, “un super premium que es
    el Rolls Royce de la línea”, apunta Vega. Claro que un Rolls
    no cuesta lo mismo que un “fitito”: “Un super premium ronda los $ 3
    el kilo, cuando un alimento común vale $ 1”, reconoce Vega.
    Pero el precio no necesariamente define el target; “aunque se
    podría suponer que los compradores pertenecen al nivel medio
    alto, uno se encuentra con muchas sorpresas porque hay un componente
    que es el amor por la mascota. Así, gente de menores recursos
    hace el esfuerzo porque quiere darle lo mejor”.

    La estrategia de marketing de la firma introdujo un elemento
    novedoso: dejar que perros y gatos elijan y transformarlos en los
    verdaderos clientes del producto. “La imagen que tenía el
    consumidor era ´le compro el alimento balanceado y se lo doy´, pero
    el perro por ahí no lo quería y quedaba ahí dos
    o tres días hasta que, muerto de hambre, tenía que
    resignarse a comerlo; o no, y entonces había que tirarlo”,
    comenta Vega; “y el dueño sufría porque había
    gastado plata en algo que no le daba resultado. Entonces dijimos:
    ´Démosle la oportunidad al animal de que elija su comida y que
    el dueño no se moleste con él; o sea que le diga:
    ´¿No te gusta?, no hay problema, a mí me devuelven el
    dinero y te compro otra cosa´. Ese es el concepto, que el comprador
    pueda devolver el alimento si su mascota no lo come”.

    Vega asegura que hasta ahora no han tenido un solo caso de
    devolución.

    Mariano Thieberger

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