jueves, 2 de abril de 2026

    Vaivenes, audios y videos

    Si hay algo que tienen en claro todas las empresas fabricantes e
    importadoras de productos de electrónica de consumo
    (televisión, audio y video) es que en la Argentina no existen
    años normales para el sector.

    Ya sea por razones específicamente económicas
    —como la hiperinflación de fines de los ‘80, la
    aparición del crédito a partir de 1991 o el tequila del
    año pasado— o más sociales —como los
    mundiales de fútbol o las olimpíadas—, en la
    última década las ventas de la industria
    electrónica —que hoy mueve cerca de US$ 600
    millones— tuvieron alzas y bajas mucho más pronunciadas
    que las del resto de los sectores.

    En 1995, la producción de televisores cayó 37% mientras
    que en materia de videograbadoras la baja alcanzó a 31%. A
    pesar de que todavía no existen cifras globales del sector,
    para el año que acaba de terminar se estima un crecimiento
    moderado —entre 5% y 7%— y que el mercado de televisores
    llegue al millón de unidades —lo que representa US$ 350
    millones anuales— y el de videos a 220.000 unidades (incluyendo
    importación y producción local), sumando
    aproximadamente US$ 75 millones.

    En el caso de los productos de audio es mucho más
    difícil hacer proyecciones. El negocio mueve cerca de US$ 150
    millones al año, y a diferencia de lo que sucede en el
    segmento de los televisores y las videos en el cual la incidencia de
    la importación es mínima, la producción local de
    audio es muy reducida. En la actualidad, más de 90% de las
    ventas corresponden a artículos de origen asiático que
    son comercializados en el país por los mismos fabricantes de
    TV y video, grandes cadenas de hipermercados y artículos para
    el hogar y pequeños importadores. Prácticamente en el
    único segmento en el cual los fabricantes argentinos son
    fuertes es en el de autorradios, donde el liderazgo lo pelean Philips
    y Philco, que son proveedores de varias terminales automotrices.

    Además, para crear mayor inestabilidad en el sector, a partir
    de 1991 los precios de los productos se fueron a pique. Hace cinco
    años un televisor color de 20’ costaba al público
    un promedio de US$ 1.000, mientras que hoy se consigue por menos de
    US$ 400, y otro tanto sucedió con las videograbadoras, que en
    el mismo lapso bajaron de US$ 800 a US$ 350.

    En este contexto no resulta extraño que varias empresas
    importantes hayan quedado en el camino, lo que incluso generó
    que se llegara a hablar de una maldición de las
    líderes. En los últimos quince años muchas de
    las compañías y marcas que ocuparon los primeros
    puestos en ventas al poco tiempo se presentaron en convocatoria o
    desaparecieron del mercado, como Kenia/Sharp, Zenith, Talent, ITT, o
    el caso más reciente de Aurora, que de la mano de Grundig
    llegó a facturar US$ 264 millones en 1994 y ahora se encuentra
    al borde del abismo, con su producción en Río Grande
    parada y deudas por más de 70 US$ millones.

    “El sector es muy sensible a factores socioeconómicos, lo
    que lo convierte en un mercado muy fluctuante. Ahora somos
    optimistas, aunque estamos preocupados. En 1995 el consumo
    cayó casi 50%; sin embargo, en el último año el
    negocio parece más estabilizado”, explica Juan
    Larrañaga, director de la división Sound & Vision
    de Philips Argentina.

     

    Globalización y valor

    La globalización también llegó al mercado
    local de electrónica. Repitiendo lo que pasa en otras partes
    del mundo, en la actualidad Philips es la líder en la
    Argentina con ventas anuales por US$ 140 millones, lo que representa
    poco más de 50% de su facturación total, que en 1995
    alcanzó a US$ 255 millones. “Hoy estamos primeros con una
    participación que según el segmento varía entre
    20% y 25%”, asegura Larrañaga.

    La compañía de origen holandés fabrica en su
    planta de Río Grande, provincia de Tierra del Fuego, 250.000
    televisores y 50.000 videograbadoras al año, de los cuales
    aproximadamente 20% se exporta a algunos países de la
    región como Uruguay, Paraguay y Venezuela. A su vez, importa
    toda la línea de audio que comercializa en el país
    —minicomponentes, radiograbadores, estéreos para autos,
    accesorios (micrófonos, auriculares)— desde las distintas
    plantas que tiene Philips en todo el mundo. “En materia de audio
    prácticamente no hay producción local porque la
    economía de escala de la Argentina no alcanza. La gama de
    productos es muy amplia y el ciclo de vida muy corto: apenas un
    año frente a los dos que tienen los televisores y las
    videos”, señala Larrañaga.

    Tradicionalmente, Philips Argentina siempre tuvo una presencia muy
    fuerte en el negocio de los televisores, en especial en el segmento
    de más alto precio. “El mercado es muy competitivo, pero
    vivió una fuerte depuración en los últimos
    años. Como sucedió en la época de
    Martínez de Hoz cuando llegaron a existir hasta 70 marcas, a
    principios de los ‘90 el mercado sufrió una
    explosión de ventas con la aparición de muchos nuevos
    competidores. Pero ahora se está concentrando y no quedan
    más de 10 o 12 marcas”, afirma Larrañaga.

    En el mismo segmento de las primeras marcas internacionales hoy su
    rival más duro es New San. La firma surgió en 1991 como
    un joint-venture entre socios locales —vinculados a la
    fabricante de televisores Sansei— y Sanyo Japón, que
    hasta ese momento se encontraba operando en la Argentina a
    través de una filial propia, Sanelco. “El nacimiento de
    New San coincidió justo con la explosión del mercado de
    la electrónica en la Argentina, que prácticamente se
    cuadruplicó en un año, lo que nos permitió
    alcanzar rápidamente una posición dominante, con una
    participación en las ventas de 10%”, asegura
    Andrés Wasserman, gerente de Negocios de la empresa.

    New San cuenta con una fábrica en Ushuaia en la que produce
    televisores y videograbadoras bajo las marcas Sanyo, Fisher y Sansei,
    con una facturación cercana a US$ 100 millones. “Con las
    tres marcas apuntamos a diferentes segmentos, pero la apuesta
    más fuerte es Sanyo, que tiene un posicionamiento similar al
    de Philips, aunque haciendo hincapié en su origen
    japonés. En la Argentina, como no existen otras marcas
    japonesas con una fuerte presencia en el mercado, nos agarramos mucho
    de este concepto”, asegura Wasserman.

    En el negocio del audio New San tiene una participación
    minoritaria de alrededor de 3%. La número uno en ventas es
    Electronic System, que importa para la Argentina la línea
    Aiwa. A pesar de que en Japón la marca compite con Sanyo,
    aquí las dos forman parte del mismo grupo, ya que la totalidad
    del paquete de Electronic System —que factura US$ 25 millones al
    año— pertenece a los socios locales de New San. “A
    través de Electronic System y otros importadores
    pequeños, Aiwa es la líder clara del negocio del audio
    con un market share cercano a 25% y que en algunos segmentos, como
    minicomponentes, crece hasta 50%”, apunta Wasserman.

    Este mercado en la Argentina se encuentra muy atomizado, con una
    fuerte incidencia de los productos “no marca” en algunos
    segmentos, como radiorrelojes o walkmans. Generalmente de origen
    chino, estos artículos son comercializados por importadores
    directos y las grandes cadenas de hipermercados, y representan cerca
    de 25% de las ventas de audio.

     

    High tech oriental

    En los últimos dos años las marcas japonesas
    dirigidas al segmento más alto —el high tech—
    empezaron a ganar cada vez más espacio en las vidrieras de las
    casas de electrodomésticos y las góndolas de los
    supermercados. Entre las más importantes se encuentran algunas
    que trabajan con licenciatarios locales como JVC —representada
    por Audinac— y Toshiba —Realmac—, y otras que
    están instaladas directamente como Panasonic, aunque la que
    encabeza la invasión nipona es Sony.

    En 1995 la compañía decidió dejar de trabajar
    con representantes y abrir una filial local para el manejo de todo el
    negocio de productos electrónicos en la Argentina. “Hasta
    ese momento trabajábamos con un distribuidor, aunque ahora
    consideramos que lo más importante es llegar directamente al
    consumidor, para brindar mayor información sobre todos los
    avances que se están produciendo a nivel tecnológico en
    el mundo. Además, el mercado argentino es muy atractivo para
    Sony. Creemos que existe un gran potencial porque el consumidor local
    es muy exigente y sofisticado, lo que le abre grandes posibilidades a
    la marca”, sostiene Kunimasa Suzuki, presidente de Sony
    Argentina.

    La empresa está comercializando en el país todas sus
    líneas de video (Trinitron) y audio (X-Art), que incluyen
    televisores, videograbadoras, camcorders, telefonía, radios,
    equipos de audio, walkmans y discmans (las dos últimas son
    marcas registradas a nivel mundial por la compañía).
    Para el año que acaba de terminar las estimaciones apuntaban a
    alcanzar una facturación cercana a la que tuvo Sony en 1994
    —US$ 25 millones—, cuando la marca estaba en manos de un
    licenciatario pero el mercado era el doble de grande.

    Hoy, del total de sus ventas en el país la mitad corresponde
    al mercado de audio, donde su market share oscila entre 15% y 20%
    según el segmento. “Las perspectivas para los
    próximos años son medianamente positivas. Creo que el
    mercado está en una meseta y que de acá en más
    va a crecer a un ritmo muy lento de entre 3% y 5% anual. En la
    Argentina, más allá de aumentar nuestro market share lo
    que buscamos es abrir nuevos segmentos, poniéndonos a las
    vanguardia tecnológica e incorporando nuevos productos para el
    mercado local”, asegura Jeffrey Krevitt, director de marketing
    de la compañía.

    En la región, Sony está presente con filiales propias
    en Panamá, Puerto Rico, México, Chile y Venezuela,
    aunque en el único país en el que tiene fábricas
    es en Brasil. Por el momento, en la Argentina sólo produce una
    línea reducida de televisores en Tierra del Fuego, a
    través del sistema de tercerización. “Estamos
    evaluando la posibilidad de contar con una planta de televisores en
    la Argentina, aunque para tomar esta decisión queremos tener
    en claro la relación de producción entre Tierra del
    Fuego y Manaos”, explica Suzuki.

    Desde 1972 las empresas instaladas en la provincia austral gozan de
    varios beneficios bajo el régimen de Areas Aduaneras, como la
    exención del pago del IVA y la importación de partes
    con arancel cero, lo que fue decisivo para la creación del
    actual polo electrónico fueguino. En este momento su futuro es
    el centro de intensas negociaciones entre los gobiernos de la
    Argentina y Brasil en el marco del Mercosur. Por ley, el
    régimen especial de Tierra del Fuego caduca en el 2003, aunque
    ahora la postura argentina sería la de extenderlo hasta el
    2013 para armonizar su situación con la de la zona franca de
    Manaos.

     

    Las históricas y el futuro

    Con 85 años de trayectoria, si hay algo de lo que se pueden
    jactar en BGH es de ser una de las empresas que mejor conoce el
    negocio de artefactos eléctricos y electrónicos de la
    Argentina. La compañía, fundada en 1911, hoy cuenta con
    una planta en Río Grande en la que produce su línea de
    electrodomésticos, que abarca desde cocinas y hornos hasta
    pequeños aparatos, televisores y videos. En este último
    mercado, la firma tiene la licencia para la Argentina de las marcas
    Telefunken y General Electric, de la multinacional Thomson Consumer
    Electronics. “Desde 1980 estamos asociados con Thomson a
    través de Telefunken y hace un año y medio sumamos la
    marca de General Electric, aunque siempre estuvimos presentes en el
    negocio de los televisores, trabajando con otras marcas, como BGH y
    Motorola”, explica Vicente Mucci, gerente de la división
    Negocios Electrónica, cuyas ventas anuales suman US$ 33
    millones, aproximadamente un tercio de la facturación total de
    la compañía.

    En la actualidad, su participación de mercado tanto en el
    negocio de televisores como en el de videograbadoras es de alrededor
    de 10%, aunque en BGH apuestan a hacerla crecer a partir del
    lanzamiento del servicio de Televisión Directa al Hogar (DTH),
    también conocida como televisión satelital. “En el
    primer año de operaciones de la televisión satelital en
    Estados Unidos se vendieron un millón de aparatos y en la
    Argentina esperamos llegar, en el mismo período, a un total de
    100.000 usuarios. Nuestro objetivo es captar 5% de este mercado a
    través de la venta de los decodificadores y, a su vez,
    potenciar las de los televisores General Electric aprovechando que
    los aparatos cuentan con prestaciones particulares que permiten un
    mejor acceso al sistema”, señala Mucci.

    Por su parte, el negocio del audio es visto como un área menor
    para BGH. Todos los productos que comercializan en el mercado local,
    bajo la marca General Electric, son importados desde Estados Unidos.
    “Se trata de un segmento muy dinámico, con niveles de
    protección arancelaria del orden de 20%, muy inferiores a los
    de los televisores, donde rondan 29%, lo que lo vuelve mucho
    más abierto a la importación”, explica Mucci.

    Otra de las históricas en el sector es Radio Victoria, que
    desde 1960 produce y comercializa televisores. Diez años
    después sumó la licencia de la marca japonesa Hitachi,
    bajo la cual hoy fabrica televisores y videograbadoras en su planta
    de Río Grande e importa la línea de audio desde
    distintos puntos del Sudeste Asiático. “Hoy el consumo no
    alcanza al millón de unidades anuales, aunque creemos que
    puede crecer a 1,2 millón, tomando como referencia otros
    países que en relación con la cantidad de
    población y poder adquisitivo de la gente tienen un parque
    mucho mayor”, explica Manuel Jurkowski, presidente de Radio
    Victoria, con ventas anuales en el negocio de electrónica de
    consumo por US$ 75 millones.

    Su visión optimista también la extiende al negocio de
    las videograbadoras. En el mejor momento la relación entre
    ventas de televisores y videos en la Argentina fue de 3 a 1, aunque
    hoy las últimas pierden por una goleada de 5 a 1. “En los
    últimos dos años la producción de videos tuvo un
    bajón muy fuerte que se explica por razones económicas,
    y no por un auge de la televisión por cable. Es más,
    por lógica, el mercado de las videos tendría que crecer
    gracias a la TV por cable, ya que debería aumentar su uso para
    grabar la gran cantidad de programas que ofrecen los más de 60
    canales”, asegura Jurkowski.

    Sin embargo, la gran apuesta de la compañía está
    depositada en el negocio de la televisión satelital. Al igual
    que BGH, Radio Victoria cerró un acuerdo con la
    compañía norteamericana Galaxy Latin America
    —dueña del satélite a través del cual se
    transmite este servicio— para iniciar la comercialización
    de los decodificadores y antenas en el país. Para atender este
    mercado, la firma creó una subsidiaria, Megasat, encargada de
    la producción y comercialización de una nueva marca de
    televisores: RCA, que también pertenece al grupo Thomson y con
    la cual esperan capturar 10% del mercado. “Ya empezamos la
    producción de televisores y videos RCA en la planta que tiene
    la compañía en Río Grande, y próximamente
    se iniciará la comercialización de los decodificadores
    y las antenas a través de las casas de
    electrodomésticos para que ellas los ofrezcan a los hogares,
    como un servicio diferente o complementario al de la TV por cable. Y
    donde creemos que el sistema va a tener una mayor penetración
    es en el interior del país”, explica Jurkowsi.

    A fines de los ‘80, los dueños de Radio Victoria
    decidieron diversificar su presencia en el negocio de la
    electrónica a través de la incorporación de la
    licencia para la Argentina de la marca GoldStar, perteneciente al
    grupo coreano LG Electronics, y la creación de una nueva
    firma: Sontec. “La empresa tiene un funcionamiento completamente
    independiente de Radio Victoria, compitiendo en todos los frentes. Es
    más, no tenemos ningún problema en salir a robarle
    mercado a Hitachi”, asegura Aldo Senigaglia, gerente comercial
    de Sontec.

    La compañía surgió en 1989 para trabajar
    específicamente la línea GoldStar, y hoy cuenta con una
    planta en Río Grande con capacidad para producir 150.000
    televisores y 40.000 videograbadoras. También importa desde
    Corea toda la línea de audio y sus ventas anuales alcanzan a
    US$ 50 millones, de las cuales entre 40% y 50% corresponden a los
    televisores y el resto se reparte entre videos, equipos de audio y la
    línea blanca. “Desde que comenzamos a operar siempre
    fuimos creciendo en facturación, con la excepción de
    1995, que fue un año pésimo. Hoy estamos quintos en
    ventas, detrás de Philips, Sanyo, Philco e Hitachi, pero igual
    somos muy ambiciosos. Nuestro objetivo es ser los número uno
    del mercado para el año 2000”, asegura Senigaglia.

    Para alcanzar esta meta la compañía cuenta con el
    respaldo de GoldStar, que junto con Daewo y Samsung es uno de los
    tres monstruos de la poderosa industria electrónica coreana.
    “La producción en Corea llegó a un grado de
    perfección que la hizo comparable con la de Japón, e
    incluso hoy varias compañías coreanas son proveedoras
    de marcas de origen japonés. En la Argentina, cuando
    comenzamos a trabajar existían ciertos pruritos, aunque los
    productos coreanos están levantando fuertemente su imagen. Los
    comerciantes del sector ya lo tienen bien claro, y ahora sólo
    nos falta terminar de convencer a ciertos segmentos del
    público”, señala Senigaglia.

    LG Electronics/GoldStar también está presente en Brasil
    aunque, a diferencia del caso argentino, en el socio del Mercosur los
    coreanos están instalados en forma directa con plantas en
    Manaos y San Pablo. “El próximo paso que estamos
    estudiando es la complementación de la producción entre
    las plantas de GoldStar en Brasil y la de Sontec en Tierra del Fuego,
    pero recién estamos iniciando las conversaciones”,
    asegura Senigaglia.

     

    Sortear el temporal

    Así como el negocio de los electrodomésticos fue uno
    de los más beneficiados por el plan de Convertibilidad, con
    picos de ventas en el ‘92 que hoy resultan inimaginables,
    también vivió sus consecuencias cuando en 1995 el
    tequila golpeó a las puertas del mercado. La recesión
    se hizo sentir con especial fuerza entre las fábricas
    radicadas en Tierra del Fuego, que en los dos últimos
    años se vieron obligadas a despedir personal y afrontar el
    fantasma del concurso de acreedores.

    Una de las pocas que logró sortear con éxito esta
    situación fue Noblex. La empresa local, fundada hace 60
    años, se presentó en convocatoria en septiembre de
    1995, aunque un año después el juez a cargo del
    concurso homologó la propuesta de pago que les hizo a sus
    acreedores quirografarios. A cambio de la deuda de US$ 29 millones
    que tenía con un grupo de bancos, proveedores y Samsung
    —la empresa a la que representaba hasta 1995—, Noblex
    entregó en calidad de pago la totalidad de sus inmuebles,
    incluyendo sus oficinas y depósitos en Almagro, una planta de
    radios y microondas en Chaco y la fábrica de televisores y
    videos en Tierra del Fuego. “Nuestra propuesta fue aceptada por
    más de 80% de los acreedores y ahora vamos a seguir trabajando
    normalmente, alquilando las instalaciones que teníamos en
    Río Grande”, explica Juan Idel Fernández, asesor
    financiero de la compañía.

    Después de superar la crisis financiera, la empresa ahora
    quiere recuperar el terreno perdido en el último tiempo,
    cuando su facturación cayó de US$ 100 millones en 1994
    a US$ 57 millones en 1995. Aunque la tarea no será
    fácil, ya que el año pasado Noblex perdió la
    licencia de la coreana Samsung, que acaba de cerrar un acuerdo con
    New San para que le fabrique en el país sus líneas de
    TV y video. “La idea no es reemplazar a Samsung con otra
    licencia sino afianzar la presencia en el mercado de nuestras marcas
    Noblex —en televisores, audio, videos y microondas— y Atma
    —en pequeños electrodomésticos—, que a pesar
    de todos los avatares siempre mantuvieron muy buena imagen entre los
    consumidores argentinos” señala Ricardo Cataldi, gerente
    comercial de la compañía.

    La otra licencia internacional con que cuenta Noblex es la de la
    línea de audio Yamaha, de Japón, aunque en este caso
    todavía están analizando cuáles serán los
    pasos a seguir. “En el segmento en el que trabajamos con Yamaha,
    que es el de audio pesado (equipos modulares), el mercado es muy
    pequeño, así que todavía no tenemos definido
    qué vamos a hacer”, explica Cataldi.

     

    Imágenes del naufragio

    Sin embargo, otras empresas del sector no tuvieron la misma suerte
    (o capacidad) que Noblex para enfrentar las nuevas reglas de juego.
    “En un momento llegaron a existir 256 marcas en el mercado
    argentino, aunque la debacle llegó en 1994 con la circular
    2180 del Banco Central, que establecía distintos tipos de
    riesgo, y puso contra la pared a muchas firmas de
    electrodomésticos que se quedaron sin acceso al
    financiamiento”, explica Pablo Tigani, de la consultora Hacer,
    especializada en el rubro electrodomésticos. Según su
    visión el mercado marcha indefectiblemente hacia la
    concentración en unas pocas empresas. “De la mano de los
    avances tecnológicos, la velocidad de cambio en este negocio
    es altísima. Si bien no se puede saber qué productos se
    van a estar fabricando dentro de diez años, lo que es seguro
    es que se va a dar una mayor concentración, con una presencia
    cada vez más fuerte de las marcas internacionales”,
    sostiene el consultor.

    Así como en menos de una década desaparecieron una gran
    cantidad de empresas y marcas, como Telesud, Columbia Sava, Norman,
    ITT y Tonomac, y otras fueron absorbidas, como Ken Brown —que
    fue adquirida por Teleushuaia— o Talent y Zenith —que
    pasaron a manos de la importadora Víctor Pardo SA—, a
    partir de 1994 varias compañías se vieron obligadas a
    paralizar sus líneas de producción. En diciembre de ese
    año se presentó en concurso Kenia (Sharp), con deudas
    por US$ 33 millones, y otro tanto hizo Foxman Fueguina (Crown
    Mustang) en julio de 1995, con un pasivo de US$ 7,6 millones,
    mientras que para la misma fecha fue decretada la quiebra de
    Continental Fueguina, la licenciataria de General Electric y Kenwood.
    Por su parte, Philco —con ventas en 1995 por US$ 80
    millones— llegó a un acuerdo con el club de bancos para
    renegociar su deuda, que ascendía a US$ 90 millones. La
    empresa, presidida por Jorge Blanco Villegas, se comprometió a
    cancelar su pasivo antes de octubre de 1998, a través del pago
    de seis cuotas, de las cuales ya lleva abonadas las primeras dos.

    Pero la que, sin duda, mantiene en vilo a todo el sector es Aurora.
    El futuro de la empresa se tornó incierto desde el momento en
    que se conoció la decisión de la alemana Grundig de no
    ejercer la opción para aumentar de 10% a 90% su
    participación en el capital de la firma argentina.

    La operación habría fracasado ante la imposibilidad de
    encontrar alguna empresa interesada en adquirir la línea
    blanca (lavarropas, heladeras, cocina) de Aurora para concentrarse en
    la fabricación de electrónica de consumo. Esta venta
    era un requisito para que Grundig se quedara con Aurora, ya que
    Philips —la dueña internacional de la
    compañía alemana— había llegado a un
    acuerdo con Whirlpool por el cual no ingresaría al negocio de
    línea blanca en la Argentina, donde la norteamericana tiene su
    propia producción. Como la venta fracasó —ni
    Whirlpool ni ninguna otra empresa quiso quedarse con la planta—,
    Grundig se retiraría del negocio en la Argentina para
    concentrarse en Brasil, lo que dejaría a Aurora al borde del
    abismo.

    Después de intentar varios salvatajes a través del
    pedido de créditos blandos a los gobiernos nacional y
    provincial, la empresa se presentó en convocatoria en
    noviembre del año pasado. Ahora se encuentra con sus
    fábricas prácticamente paralizadas —aunque
    está negociando con una cooperativa que formaron sus empleados
    para que las sigan explotando— y sus deudas superan los US$ 70
    millones. “La verdad es que es muy díficil que salgan de
    ésta. La empresa tendría que haber encarado un proceso
    de reingeniería en 1993, cuando ya eran claros los problemas
    de management, financieros y productivos que tenía. Ahora creo
    que es demasiado tarde”, deslizó un hombre de la
    competencia.

     

     

    La primera de las segundas

    Frente al avance de las marcas internacionales, una de las pocas
    de origen nacional que queda en el mercado —junto con
    Noblex— es Serie Dorada, de Athuel Electrónica. La
    empresa nació en 1982 para trabajar en el mercado de audio
    (radiograbadores y centros musicales), y a fines de los ‘80
    incorporó la línea de videograbadoras y televisores,
    aunque ahora sólo participa en este último mercado.
    “En la actualidad, en nuestra planta de Río Grande
    estamos volcados casi exclusivamente a la producción de
    televisores, que son los artículos de mayor salida. Hace
    prácticamente un año que no fabricamos videograbadoras
    y tenemos muy poco en audio, aunque es algo transitorio. Cuando se
    estabilice el mercado vamos a volver a producir todas las
    líneas”, explica Gabriel Martínez, gerente de
    ventas de la compañía, que produce cerca de 100.000
    televisores al año.

    Si bien el ejecutivo prefiere no revelar la facturación de su
    empresa, asegura que la participación de mercado de Serie
    Dorada en los últimos doce meses aumentó de 6% a 10%.
    “A partir de 1990 fuimos creciendo en forma paulatina con un
    fuerte bajón en el ‘95, cuando nuestras ventas cayeron
    30% con respecto a un año atrás. Pero a pesar de la
    baja no tuvimos que afrontar problemas financieros y ahora retomamos
    el crecimiento, consolidándonos como la primera de las
    segundas marcas del mercado”, asegura Martínez.
    Según el gerente de Athuel, Serie Dorada está dirigida
    al segmento medio de la población, con una importante
    presencia en todo el país, aunque su mercado más fuerte
    es el del Gran Buenos Aires.

     

     

    De góndolas y cadenas

    Con un target orientado a las capas medias y aprovechando la
    distribución geográfica de sus locales, los hiper y
    supermercados se lanzaron también a competir en el rubro con
    distinto éxito. Así, Disco realizó una fugaz
    incursión en este campo con artículos importados de
    Oriente que duraron poco tiempo en las góndolas, aunque
    según sus directivos la iniciativa se halla sólo
    “discontinuada” por el momento.

    Distinto es el caso de First Line, la marca privada lanzada hace un
    par de años por la cadena de hipermercados Carrefour y que se
    comercializa únicamente en sus establecimientos. La empresa no
    tiene planta propia y la producción de sus líneas de
    audio, televisión y video se la encargan a fabricantes
    nacionales y extranjeros. “Tecnológicamente estamos a
    nivel de las líderes, aunque podemos ofrecer el precio
    más bajo del mercado porque nos ahorramos una serie de costos,
    principalmente en materia de publicidad y canales de
    distribución”, explica Carlos Richter, director de
    Mercadería de la cadena.

    El ejecutivo de Carrefour se resiste a hablar de la
    facturación de su línea de electrodomésticos,
    pero señala que en sus locales —que comercializan todas
    las marcas— First Line concentra un promedio de 25% de las
    ventas. “Nuestra política en marcas propias es muy clara.
    No tenemos una ambición desmedida y por eso trabajamos con
    todos los productos del mercado. Con First Line apuntamos
    únicamente a los modelos con más salida bajo el esquema
    20/80: es decir, trabajar con 20% de cada línea, que
    representa 80% de las ventas. Además, en el segmento de
    precios más altos sería muy difícil entrar a
    competir, por ejemplo, con Sony, porque la gente es muy
    marquista”, sostiene Richter.

    La incidencia que tienen los hipermercados en la
    comercialización de los productos electrónicos no es
    menor. Según un estudio de la consultora Hacer, en sólo
    cinco años su participación creció de 9% de las
    ventas totales que tenían en 1990 a 22% en 1995. La mayor
    parte del terreno se la ganaron a los comercios pequeños y
    medianos —que en el mismo período cayeron de 48% a
    35%— y a los grandes distribuidores, que pasaron de 19% a 5%. El
    otro canal que se fue para arriba fue el de las grandes cadenas de
    artículos para el hogar, que aumentaron su
    participación de 20% a 35%, con ventas, en algunos casos
    —como el de Frávega o Garbarino—, superiores a las
    de varios fabricantes.

    La evolución en la demanda del sector también
    provocó un cambio en las reglas de juego, aumentando el poder
    de negociación de las cadenas de artículos para el
    hogar y los hipermercados, que en el último año
    recibieron varias denuncias por ventas por debajo del costo. Frente a
    esta situación, hace poco más de un año cinco de
    las más importantes compañías del sector
    —New San, Philco, BGH, Aurora y Noblex— decidieron unir sus
    fuerzas para crear una nueva cadena de venta minorista, Top &
    Best, y llegar al consumidor final sin intermediarios, en una
    señal de que los fabricantes no están dispuestos a
    quedarse de brazos cruzados.