viernes, 3 de abril de 2026

    Nubes en el horizonte

    El cielo está despejado, aunque hay algunas nubes. Tenemos
    buen tiempo y, sin embargo, no es agorero vigilar la marcha de esas
    nubes para estar preparados en el caso de que terminen en lluvia.
    Algo parecido ocurre con la economía argentina. La
    reactivación económica se extenderá a lo largo
    de 1997, y es altamente probable que se alcance la previsión
    oficial de crecimiento del PBI: 5%.

    Pero también con la reactivación reaparecen algunos
    problemas —de menor dimensión que los que solía
    haber antaño—, los que hay que observar cuidadosamente.
    Por ejemplo, retornará el déficit comercial que para
    todo el año se estima en US$ 2 mil millones. No es una cifra
    exagerada, especialmente si la composición de las
    importaciones refleja, como se calcula, una alta participación
    de bienes de capital destinados a aumentar la productividad de la
    economía.

    El tema es que el déficit comercial ayuda a complicar lo que
    se conoce como la vulnerabilidad del sector externo. En el sector de
    servicios financieros de la cuenta corriente de la balanza de pagos,
    hay ahora dos elementos cuya presencia debe admitirse como
    estructural:

    a) un aumento en el nivel de los intereses de la deuda pública
    que se hace patente cuando se renueva deuda. La actual tasa del
    mercado financiero internacional no ha crecido, pero sin duda es
    más alta que la obtenida hace unos años, cuando se
    practicó la “renovación compulsiva”
    después de no pagar la deuda externa como secuela de la crisis
    de 1982.

    b) empieza a pesar, cada año más, el costo de las
    remisiones de utilidades y dividendos generados por las inversiones
    extranjeras. La privatización también tiene su lado
    desagradable, lo mismo que el acceso al capital internacional: el
    momento de pagar.

    ¿Cómo se hace para compensar el efecto combinado (a+b) de
    estas dos situaciones? Hay dos posibilidades.

    La primera. Fuerte crecimiento de las exportaciones, para lo cual la
    economía debe demostrar que sigue ganando en productividad y
    competitividad. Si este proceso es sostenible hay razón para
    el optimismo; si se agota, estamos frente a un grave problema.

    La segunda. Que la Argentina siga ofreciendo oportunidades para la
    inversión externa. Si continúan ingresando capitales
    foráneos en la medida adecuada, el horizonte se despeja.

    Esta es, en breve, la temática de la vulnerabilidad del sector
    externo, sin duda un gran problema de la economía argentina.
    Pero hay otro gran problema: el financiamiento del déficit
    público.

    La situación es que el déficit es del orden del 2% del
    PBI, porcentaje que en sí mismo no es demasiado preocupante.
    Incluso a medida que crece el PBI, aumenta la capacidad de endeudarse
    manteniendo el 2% como techo.

    Hay tres posiciones frente a este problema:

    1) los halcones de la convertibilidad quieren eliminar todo
    déficit y obtener superávit. Es decir, el Estado debe
    vivir con algo menos que lo que es capaz de recaudar.

    2) los que tienen miedo a la “alegre irresponsabilidad” de
    los políticos sufren una pesadilla: que el déficit
    fiscal siga en aumento en un período preelectoral permanente,
    como el que se inicia con los comicios de renovación
    legislativa de este año y termina con la elección
    presidencial en 1999.

    3) los realistas que concentran todos sus esfuerzos en mantener el
    actual nivel del déficit y en evitar que aumente a una cota
    donde el FMI se vería obligado a retirar su respaldo.

    Entre los que sueñan con el superávit y los que temen
    al desborde de los políticos, la situación más
    difícil es la de los realistas, que están frente a una
    misión casi imposible: mantener el actual nivel del
    déficit.

    En un tiempo con fuerte presión electoral, donde la reforma
    del Estado significó renunciar a ingresos importantes (que se
    destinaron a constituir las AFJP y a reducir las cargas patronales),
    no queda más remedio que bajar el gasto corriente. ¿Por
    qué? Porque el efecto combinado de a+b, explicado antes,
    implica que, al renovar deuda —lo que se está haciendo
    exitosamente, y está bien que se haga—, mayor
    proporción de los recursos deben aplicarse a enjugar mayor
    tasa de interés.

    En síntesis: para mantener el actual nivel del déficit
    en 2% del PBI hay que, inexorablemente, reducir gasto corriente.
    ¿Es posible vivir el largo período preelectoral que se
    avecina en medio de un ajuste permanente?

    Que algunos en el gobierno son conscientes de esta situación
    lo demuestran a las claras las iniciativas de Pedro Pou desde el
    Banco Central: red de seguridad para el sistema financiero
    doméstico con un seguro externo de US$ 6 mil millones;
    rigurosa aplicación de las normas BASIC a los bancos,
    más estrictas que las de Basilea, y la cerrada
    oposición a que aumente el endeudamiento en pesos.

    Vanguardia del saber

    Está creciendo el empleo en el sector de la
    tecnología de punta, y no hay señales de que la
    tendencia se interrumpa en el futuro previsible. Pero para mantener
    su competitividad, los especialistas en tecnología deben
    actualizar permanentemente sus habilidades y mantenerse siempre en la
    vanguardia del conocimiento.

    Las oportunidades son muy prometedoras para los programadores de
    bases de datos, especialistas en multimedia y armadores de redes de
    computación.

    En ningún otro sector la demanda de técnicos es tan
    alta y la oferta tan pequeña como en la creación de
    software. La predicción es de J. Michael Farr, quien en
    America’s 50 Fastest Growing Jobs vaticina que entre 1995 y 2005
    crecerá 112% la oferta de empleo para técnicos y
    científicos en computación y 110% para analistas de
    sistemas.

    Simultáneamente, el National Center for Education Statistics
    del Departamento de Educación de Estados Unidos asegura que el
    número de títulos de grado en ciencias de la
    computación viene cayendo sostenidamente desde 1986.

    En este momento, un graduado en ciencias de la computación que
    se inicia en su vida laboral puede ganar más que un obrero con
    25 años de antigüedad en una planta automotriz. El
    salario inicial promedio para un graduado en ciencias de la
    computación viene subiendo año a año, aunque en
    el que acaba de terminar cayó 10% —a US$ 35.222
    anuales— con respecto al promedio de 1994.

    Los especialistas en “nuevos medios” seguirán
    disfrutando de esta bonanza en la próxima década,
    mientras se siguen multiplicando las formas de usar las
    páginas de la Web con fines educativos y de marketing. Son
    muchísimos los casos en que jóvenes y creativos
    expertos en computación se ubican muy bien en empresas nuevas
    o fundan empresas propias especializadas en diseñar y crear
    sitios en la Web de la Internet. Se calcula que, solamente en la
    ciudad de Nueva York, las oportunidades de trabajo en nuevos medios
    se duplicarán para 1998, hasta llegar a 142.000.

    Hace apenas dos meses, la revista Graduating Engineer publicaba:
    “Cuando la Nasa perdió el monopolio de lanzar
    satélites al espacio, se desarrolló todo un nuevo
    mercado laboral para los técnicos recién recibidos, al
    tiempo que empresas grandes y pequeñas se sumaban a la carrera
    por la conquista del espacio. Además de la industria del
    satélite comercial está el crecimiento del sector
    espacial, desde trajes espaciales hasta plataformas para lanzamientos
    desde el mar. Y ese crecimiento está generando mucho empleo
    para los técnicos y científicos en
    computación”. La Aerospace Industries Association of
    America asegura que en el sector aeroespacial se crearán este
    año 153.000 nuevos puestos de trabajo.

    Los técnicos e ingenieros en electrónica ahora
    pertenecen a un sector de rápido desarrollo. La industria de
    la microonda, en particular, soporta una escasez global de ingenieros
    capaces de diseñar productos para la comunicación
    inalámbrica.

    Los sistemas de transmisión de voz, video y datos para
    empresas, hogares y escuelas están creciendo desmesuradamente,
    y el potencial futuro es enorme.

    Las empresas se abalanzan para conseguir contratos en los
    países en desarrollo que necesitan construir infraestructura
    inalámbrica. AT&T, por ejemplo, en la década pasada
    tenía menos de 100 personas trabajando en el exterior: ahora
    tiene 50.000 empleados fuera de su país de origen. El aumento
    de teléfonos celulares digitales hará llegar al
    millón las oportunidades de trabajo en el mercado
    inalámbrico para el año 2005, según la Cellular
    Telecommunications Industry Association.

    Las habilidades interpersonales se están convirtiendo en un
    requerimiento laboral tan importante como el conocimiento y la
    experiencia técnica.

    Aparecerán nuevas especialidades al aumentar las innovaciones
    relacionadas con la computación. Por ejemplo, los
    investigadores médicos y farmacéuticos informan que hay
    un enorme caudal de datos científicos que necesita ser
    registrado y procesado. Sin embargo, los grandes institutos
    científicos informan que no pueden encontrar candidatos que
    reúnan experiencia en tecnología de la
    información y en ciencias físicas.

    En cualquier profesión, las habilidades en computación
    significan, por lo general, un aumento de salario del 15%. Esta
    diferencia se agrandará a medida que saber computación
    se convierta en un requisito más que en una preferencia.

    Información y conocimiento

    Si en esta economía globalizada en la que cualquiera, desde
    cualquier lugar, puede acceder a las materias primas y la
    tecnología es fácil de copiar, la única ventaja
    competitiva que queda para una empresa es el conocimiento de sus
    trabajadores. El conocimiento es el único instrumento
    válido frente a nuestros competidores.

    Pero para mantener esa diferencia que nos hace competitivos en el
    mercado, la empresa no puede quedarse quieta porque los competidores
    no se van a detener. Para mantener su condición de
    competitiva, la empresa deberá renovarse una y otra vez, lo
    que significa que gerentes y empleados en todos los niveles de la
    organización deben adquirir constantemente nuevos
    conocimientos y habilidades.

    Muchos gerentes confunden “información” con
    conocimiento. La información, por más interesante y
    útil que sea, no agrega valor a menos que sea
    “aplicada” al trabajo. Las estadísticas no sirven
    para nada si los empleados no las usan para trabajar mejor.

    En un interesante libro que tituló Aprendizaje
    transformacional (John Wiley and sons), Daniel R. Tobin, explica que
    las empresas deben enfrascarse en un proceso continuo e
    ininterrumpido de identificar, adquirir y aplicar conocimiento que
    las ayude a lograr sus objetivos. A este proceso continuo lo llama
    “aprendizaje transformacional”.

    La “ignorancia inconsciente” es la peor de todas. Es cuando
    una empresa no sabe qué es lo que no sabe. Los fabricantes de
    autos estadounidenses la sufrieron durante décadas. El
    conocimiento que necesitaban estaba a su disposición; todo lo
    que tenían que hacer era preguntar a los consumidores. Pero la
    arrogancia les impidió hacerlo… hasta que llegaron los
    japoneses. Por eso, el primer paso para adquirir conocimiento es
    tomar conciencia de que hay algo que no sabemos. Entonces habremos
    llegado al nivel de la “ignorancia consciente”.

    A veces los empleados de una empresa tienen conocimientos que no
    saben que tienen. Su experiencia laboral, por ejemplo, ha ido
    enriqueciendo su bagaje de conocimientos, pero ellos lo ignoran
    porque nadie les ha pedido que lo usen. Estamos ante un caso de
    “aptitud inconsciente”.

    Claro que siempre hay trabajadores que se dan cuenta de los
    conocimientos que tienen, aun cuando nadie se los pida. Son los que
    tienen “aptitud consciente”. El objetivo del aprendizaje es
    aumentar la aptitud consciente de los trabajadores y de la
    empresa.

    Según Tobin, las empresas están tirando conocimiento a
    la basura cuando se achican y desjerarquizan eliminando a muchos
    gerentes intermedios.

    Un gerente medio es alguien que probablemente ha estado en la empresa
    durante diez o quince años y que se destacó, porque de
    lo contrario no habría sido nombrado gerente. Es probable que
    sepa más sobre el funcionamiento de la empresa que muchos
    otros. Cuando uno elimina esas capas de jerarquía mediana y
    las tira a la basura, está perdiendo recursos de conocimiento
    que a la empresa le tomó décadas crear. La
    pérdida es terrible porque esos recursos no se reemplazan con
    facilidad.

    Los educadores profesionales siguen siendo necesarios, pero tienen
    que empaparse de los principales procesos de la empresa y no ser
    simplemente una organización de apoyo teórico que
    permanece al margen haciendo lo suyo. Si no hacen esto, muchas
    empresas terminarán realizando lo que ya se está
    comenzando a ver: el cierre de los departamentos de
    capacitación.

    Información y conocimiento

    Si en esta economía globalizada en la que cualquiera, desde
    cualquier lugar, puede acceder a las materias primas y la
    tecnología es fácil de copiar, la única ventaja
    competitiva que queda para una empresa es el conocimiento de sus
    trabajadores. El conocimiento es el único instrumento
    válido frente a nuestros competidores.

    Pero para mantener esa diferencia que nos hace competitivos en el
    mercado, la empresa no puede quedarse quieta porque los competidores
    no se van a detener. Para mantener su condición de
    competitiva, la empresa deberá renovarse una y otra vez, lo
    que significa que gerentes y empleados en todos los niveles de la
    organización deben adquirir constantemente nuevos
    conocimientos y habilidades.

    Muchos gerentes confunden “información” con
    conocimiento. La información, por más interesante y
    útil que sea, no agrega valor a menos que sea
    “aplicada” al trabajo. Las estadísticas no sirven
    para nada si los empleados no las usan para trabajar mejor.

    En un interesante libro que tituló Aprendizaje
    transformacional (John Wiley and sons), Daniel R. Tobin, explica que
    las empresas deben enfrascarse en un proceso continuo e
    ininterrumpido de identificar, adquirir y aplicar conocimiento que
    las ayude a lograr sus objetivos. A este proceso continuo lo llama
    “aprendizaje transformacional”.

    La “ignorancia inconsciente” es la peor de todas. Es cuando
    una empresa no sabe qué es lo que no sabe. Los fabricantes de
    autos estadounidenses la sufrieron durante décadas. El
    conocimiento que necesitaban estaba a su disposición; todo lo
    que tenían que hacer era preguntar a los consumidores. Pero la
    arrogancia les impidió hacerlo… hasta que llegaron los
    japoneses. Por eso, el primer paso para adquirir conocimiento es
    tomar conciencia de que hay algo que no sabemos. Entonces habremos
    llegado al nivel de la “ignorancia consciente”.

    A veces los empleados de una empresa tienen conocimientos que no
    saben que tienen. Su experiencia laboral, por ejemplo, ha ido
    enriqueciendo su bagaje de conocimientos, pero ellos lo ignoran
    porque nadie les ha pedido que lo usen. Estamos ante un caso de
    “aptitud inconsciente”.

    Claro que siempre hay trabajadores que se dan cuenta de los
    conocimientos que tienen, aun cuando nadie se los pida. Son los que
    tienen “aptitud consciente”. El objetivo del aprendizaje es
    aumentar la aptitud consciente de los trabajadores y de la
    empresa.

    Según Tobin, las empresas están tirando conocimiento a
    la basura cuando se achican y desjerarquizan eliminando a muchos
    gerentes intermedios.

    Un gerente medio es alguien que probablemente ha estado en la empresa
    durante diez o quince años y que se destacó, porque de
    lo contrario no habría sido nombrado gerente. Es probable que
    sepa más sobre el funcionamiento de la empresa que muchos
    otros. Cuando uno elimina esas capas de jerarquía mediana y
    las tira a la basura, está perdiendo recursos de conocimiento
    que a la empresa le tomó décadas crear. La
    pérdida es terrible porque esos recursos no se reemplazan con
    facilidad.

    Los educadores profesionales siguen siendo necesarios, pero tienen
    que empaparse de los principales procesos de la empresa y no ser
    simplemente una organización de apoyo teórico que
    permanece al margen haciendo lo suyo. Si no hacen esto, muchas
    empresas terminarán realizando lo que ya se está
    comenzando a ver: el cierre de los departamentos de
    capacitación.