viernes, 3 de abril de 2026

    Los argentinos que sobrevivieron

    En 1986 siete de las diez empresas que más facturaban en la
    Argentina eran nacionales, frente a tres de capital extranjero. En
    los diez años pasados, la revolución que cambió
    la economía argentina invirtió los tantos. En el
    último ranking de MERCADO, sólo dos empresas de capital
    nacional sobreviven como tales en la lista de las top ten, en tanto
    que las extranjeras o mixtas han trepado a ocho.

    La Lotería Nacional es el último bastión estatal
    que permanece en ese cuadro de honor, después del proceso de
    privatizaciones que movilizó cerca de US$ 25.000 millones,
    provenientes en gran parte de inversores del exterior.

    Sevel, la otra representante nacional entre los top ten, supo
    aprovechar las condiciones favorables para la industria automotriz,
    pero, tras la pérdida de la licencia de Fiat, este año
    difícilmente logre mantener su puesto como una de las primeras
    diez empresas del país.

    El ingreso de capitales extranjeros a las empresas líderes de
    la Argentina comenzó con las privatizaciones pero no se detuvo
    ahí. Compañía Química, Terrabusi, Alba,
    Indupa, Cablevisión y Supermercados Norte fueron algunas de
    las empresas que dejaron de ser argentinas en el proceso de
    transnacionalización que vino de la mano de la nueva
    economía.

    Pero otras permanecieron y crecieron. Es el caso de Arcor, Aceitera
    General Deheza, Siderar, Acindar y Mastellone. Algunas, como Papel de
    Tucumán, Propulsora Siderúrgica, Bodegas Gargantini, La
    Cantábrica y El Hogar Obrero quedaron en el camino por
    quiebras, fusiones o disoluciones.

    La explicación de este escenario, según el economista
    Pablo Gerchunoff, reside en la combinación entre apertura
    económica y tipo de cambio fijo.

    Las nuevas reglas obligaron a las empresas a aumentar la eficiencia y
    la inversión. No todas estaban preparadas para mover las
    piezas en el nuevo tablero de competencia global. No todas pudieron,
    en el corto plazo que se requería, reducir sus costos,
    modernizar la producción, generar nuevos negocios e
    incursionar en los mercados regionales o internacionales.

    Según Gerchunoff, son muchas las empresas nacionales que han
    podido aceptar al desafío y sostenerse, pero estuvieron
    condicionadas por el acceso a fuentes de financiamiento
    internacional. La banca local no pudo abastecer el incremento de la
    demanda de capital a tasas razonables. “Las grandes empresas
    nacionales que pudieron acceder al mercado financiero internacional
    consiguieron, entonces, un capital para la reconversión que no
    tuvieron las demás. Las empresas nacionales que no pudieron
    aumentar su eficiencia lo suficiente y financiar un plan de
    inversiones como el que era necesario para sostenerse en ese
    escenario tuvieron dos alternativas: la quiebra o la venta, la
    desnacionalización.”

     

    Un bocado apetitoso

    En 1989 se puso en marcha el proceso que transfirió a
    empresarios privados canales de televisión, servicios de gas,
    agua y cloacas, electricidad y teléfonos, aerolíneas,
    subterráneos, rutas y accesos, ramales ferroviarios, empresas
    petroquímicas, reservas y empresas petroleras. La
    posesión de estas empresas es actualmente compartida por
    compañías del exterior que encontraron la oportunidad
    de expandir sus negocios, grupos nacionales que habían sido
    proveedores del Estado y buscaron adecuarse a las nuevas reglas del
    juego, e inversores, básicamente del exterior, que aspiraban a
    una rentabilidad mayor a la de otros mercados.

    La participación de capitales externos es significativa.
    Así, por ejemplo, 35,7% de Gas Natural BAN pertenece a Gas
    Natural Limited, de origen español; British Gas, de Gran
    Bretaña, controla 28,7% de MetroGas y otro 29,8% de las
    acciones de esta compañía está en manos de
    inversores privados internacionales. La participación en Aguas
    Argentinas de Lyonnaise des Eaux y Compagnie Générale
    des Eaux (Francia), Aguas de Barcelona (España), Anglian Water
    (Gran Bretaña) y la Corporación Financiera
    Internacional totaliza 52,6%.

    Pero más allá del fenómeno de privatizaciones,
    que sin duda transformó a muchas de las más grandes
    empresas locales en filiales de compañías del exterior,
    el proceso de desnacionalización también alcanzó
    a tradicionales empresas privadas de la Argentina.

    Tita, Rhodesia, Rumba y Merengadas fueron devoradas de un solo bocado
    por las multinacionales. Entre 1994 y 1995, la norteamericana Nabisco
    y la francesa Danone se quedaron con la porción más
    grande del mercado local de galletitas y golosinas, al adquirir
    Terrabusi y Bagley, respectivamente. El sector de los alimentos fue
    uno de los más conmocionados en cuanto al traspaso de
    dueños. Se suman, a Terrabusi y Bagley, Bonafide (Inversiones
    Trasandinas, Chile), La Montevideana (Philip Morris, Estados Unidos),
    Stani (Cadbury Schweppes, Gran Bretaña) y recientemente
    Delifrance (Grand Metropolitan, Reino Unido), que con su cadena
    Delicity se convirtió en sinónimo de franchising en la
    Argentina. Por estas empresas, los gigantes internacionales
    desembolsaron un monto que supera los US$ 700 millones.

    En general, los sectores de la economía argentina que han
    captado la mayor porción de interés de empresarios
    internacionales han sido los orientados al consumo masivo y
    generadores de altas tasas de crecimiento (al menos, más altas
    que en los países de origen de las empresas inversoras).
    Así, las grandes multinacionales han obtenido una importante
    tajada de los mercados de bebidas, pinturas, limpieza y
    cosméticos, papel e imprentas. Procter & Gamble, Unilever,
    Inland Container y Clorox, por mencionar algunas de las
    compañías que apostaron a estos sectores de la
    economía argentina, se expandieron mediante la compra y
    absorción de empresas locales de gran envergadura, como
    Compañía Química, Llauró Hermanos,
    Establecimiento Guereño, Massuh y Poett.

    Y no sólo las grandes multinacionales pusieron la mira en las
    empresas locales. Grupos de Chile han apostado a
    compañías que les permitan establecer una base para el
    mercado regional. Los trasandinos se han posicionado fuertemente en
    el sector de energía a través de las privatizaciones, y
    también adquirieron Papelera del Plata, Bonafide, Rosario y
    Mendoza Refrescos y Cerámica San Lorenzo, entre otras
    compañías.

    En los últimos cinco años se sumaron a este proceso
    nuevos jugadores: los grupos de inversión que se dedican a
    comprar empresas, agregarles valor y revenderlas a un precio mayor.
    El pionero en la Argentina fue el Citicorp Equity Investement (CEI).
    Luego florecieron el Exxel, Bisa y Argentine Venture Capitals. Todas
    estas compañías fueron creadas con una base empresaria
    local, pero con aportes mayoritarios de capitales de plazas
    internacionales. El Exxel Group fue protagonista a comienzos de
    diciembre de una de las adquisiciones más importantes de los
    últimos tiempos: compró Cadesa, dueña de los
    supermercados Norte, en US$ 440 millones.

    Guillermo Acuña, socio local de la consultora Roland Berger,
    explica que este proceso de ingreso de capitales extranjeros en las
    empresas nacionales se observa también en organizaciones de
    menor envergadura. “Hay un exceso de fondos en el mercado
    internacional que están experimentando un nivel de
    insatisfacción de rentabilidad en los países donde
    operan, y se están formando los fondos de venture capitals con
    inversiones de participación en empresas de un nivel
    intermedio, con niveles de facturación que van de US$ 20 a 100
    millones. Están invirtiendo en participaciones, no de control,
    pero sí de acompañamiento, en aquellas empresas que
    apunten a un nicho, que tengan un potencial y un perfil con sesgo
    exportador. Esto se está dando mucho en el sistema de salud,
    en algunas empresas de consumo masivo intermedias, en proveedores de
    empresas de consumo masivo, en empresas de packaging y en algunas
    empresas de minería que tienen productos muy
    específicos”.

     

    Los ganadores

    Molinos Río de la Plata, del holding nativo Bunge y Born,
    se ha mantenido en todos los rankings de MERCADO (1969 a 1996) entre
    las cien empresas que más facturan en la Argentina;
    Laboratorios Bagó ha duplicado sus exportaciones en los
    últimos dos años; Oleaginosa Moreno y Aceitera General
    Deheza no sólo lideran el mercado local sino que exportan
    fuertemente hacia el Lejano Oriente; Arcor obtuvo en el ejercicio
    1995 más de US$ 55 millones de ganancias y continuó
    consolidando su presencia en más de 60 países; Coto,
    Tía y Disco treparon en los rankings de facturación
    pese a la fortaleza de grandes competidores como Carrefour o
    Jumbo.

    Estas empresas lograron armarse y luchar exitosamente contra los
    competidores extranjeros. Otras optaron por vender o asociarse. La
    cuestión que quedará para resolver en el futuro es si
    las grandes empresas que hoy siguen en manos del capital local
    podrán ganar la batalla o si finalmente verán en la
    venta de sus paquetes accionarios mayoritarios una oportunidad de
    negocios.

    Esta es, por lo tanto, una muestra incompleta, y provisoria, de los
    casos más notables de este fenómeno.

    Aceitera General Deheza

    Es la más grande empresa exportadora de Córdoba.
    Durante años fabricó marcas blancas para el mercado
    interno, pero en los últimos años introdujo marcas
    propias y salió a disputarles el liderazgo a nombres
    tradicionales, como Cocinero, de Molinos, y Mazola, de
    Refinerías de Maíz. Tras una fuerte campaña de
    publicidad concentrada en su producto Natura, logró acaparar
    20% del mercado nacional de aceites. Las unidades de negocio que
    componen la empresa, en orden de importancia, son :
    industrialización de oleaginosas, procesamiento de maní
    confitería, refinación y envasado de aceites,
    exportación de cereales y siembras asociadas.

    Coto Cicsa

    En sólo diez años dejó de ser una red de
    carnicerías, para convertirse en una fuerte cadena de
    supermercados y llegar a ocupar un lugar entre las 20 empresas de
    mayor facturación de la Argentina. Tras la venta de Norte al
    Exxel Group, es el canal minorista nacional de mayor envergadura.
    Compite con gigantes internacionales como Wal-Mart y Carrefour
    mediante una clara estrategia de expansión y un buen manejo de
    la relación con proveedores. Actualmente, Coto controla el
    Spinetto Shopping, hipermercados, maximercados, supermercados,
    carnicerías, un frigorífico y campos. Emplea a 9.000
    personas y en su último ejercicio facturó US$ 1.034
    millones.

     

    Molinos Río de la Plata

    En 1991, la consultora internacional McKinsey le recomendó
    a Bunge y Born que se concentrara en alimentos y pinturas. El grupo
    fue aún más drástico y apostó todas sus
    fichas a la industria de los comestibles. Con Molinos Río de
    la Plata, pretende convertirse en líder del sector para el
    Mercosur. La mitad de los US$ 300 millones que el holding obtuvo de
    la venta de Compañía Química, Alba, Centenera y
    las petroquímicas, fue invertido en Molinos, que logró
    captar en el último año 7% de las ventas de los
    supermercados argentinos. El desafío es ambicioso,
    especialmente ante la creciente y fortalecida presencia de las
    compañías multinacionales, como Nabisco, General Foods
    (Kraft), Danone, Parmalat y Nestlé. Tras una seguidilla de
    balances con resultados en rojo, en 1995 Molinos obtuvo una ganancia
    de US$ 50 millones. Para lograrlo, la empresa aumentó el
    capital, consiguió un préstamo, absorbió a todas
    las empresas controladas (Vadial, Fanacoa, Tres Cruces y Mells) e
    invirtió en tecnología.

    Siderar

    La ex compañía estatal Somisa se privatizó en
    1992 y se transformó en Siderar, una empresa por la que
    Techint pagó US$ 164 millones. En manos públicas, la
    siderúrgica exhibía un déficit de US$ 400
    millones por año. En 1995, la tendencia se revirtió, y
    las ganancias sumaron US$ 60,3 millones. También ese
    año obtuvo la calificación internacional ISO 9000 y
    exportó por US$ 250 millones a Asia, Australia, Europa y
    Estados Unidos. Para lograr este espectacular crecimiento de la
    rentabilidad, Techint se concentró en el negocio de laminados
    planos, cerrando todas las plantas que no estuvieran vinculadas a
    esta actividad. Actualmente, Techint controla 54% de Siderar. Este
    año, 10% del capital cotizó en Bolsa.

    Laboratorios Bagó

    Fundada en La Plata por Sebastián Bagó en 1934, es
    una de las primeras empresas farmacéuticas argentinas. Con
    más de 100 procesos patentados en Estados Unidos y Europa,
    tiene una fuerte orientación hacia la exportación. Su
    estrategia actual reside en la diversificación de mercados y
    apunta a China, India, Turquía y el sudeste asiático.
    Además, tiene representaciones en nueve países de
    América latina y ha concretado varias alianzas con
    laboratorios extranjeros para la fabricación y venta de
    medicamentos bajo licencia. Estas estrategias han permitido que en
    los últimos dos años la empresa duplique sus
    exportaciones. Para mantener el crecimiento, Bagó incrementa
    sus niveles de inversión: en 1994 desembolsó $ 5,5
    millones y para fines de este año esa cifra se habrá
    duplicado. La organización está integrada por 15
    empresas que operan en la Argentina y en el exterior. Sus actividades
    son: especialidades medicinales, distribución, veterinaria,
    seguros, computación y sistemas de alta tecnología para
    fabricación medicinal.

    Arcor

    Mientras otros productores de golosinas vendían sus
    empresas a los grandes grupos que desembarcaban en el país,
    Arcor ponía en marcha un singular proceso de expansión
    que la llevó a multiplicar por tres su facturación en
    los últimos seis años y a fortalecer su crecimiento en
    el Mercosur. Nacida en Arroyito, Córdoba, hace algo más
    de 45 años como una pequeña fábrica de
    golosinas, de la mano de la familia Pagani, hoy no sólo
    manufactura y comercializa golosinas, sino que se ha integrado
    verticalmente y produce aceites de maíz, glucosa y harinas,
    fabrica sus propios envases, elabora conservas, alimentos en polvo y
    galletitas. Con la competencia internacional al acecho, hace algo
    más de un año abandonó su bajo perfil y se
    lanzó a consolidar internacionalmente su imagen
    institucional.

    Cervecerías Quilmes

    Los argentinos consumen algo más de 1.000 millones de
    litros de cerveza por año, de los cuales 98% son de origen
    nacional. Quilmes, del grupo Bemberg, controla alrededor de 85% del
    mercado de la cerveza, uno de los que más crecimiento ha
    registrado en los últimos años. A comienzos de 1996
    desembarcó en Chile y compró 50% de las dos principales
    cerveceras bolivianas. Desde hace unos años incursiona en
    Brasil enfrentando a los titanes locales. Los 33 litros de cerveza
    por habitante que se consumen cada año en la Argentina y que
    podrían crecer a 50 litros en el próximo quinquenio
    alimentan el crecimiento de Quilmes entre las estrellas
    nacionales.

    Mastellone

    Comenzó como una pequeña empresa familiar en 1929.
    Hoy, su marca La Serenísima controla 60% del mercado argentino
    de leche fresca y yogures. Desde su base de operaciones en General
    Rodríguez, Pascual Mastellone comanda la expansión de
    la compañía que en 1995 concretó exportaciones
    por US$ 34,1 millones y se ocupa de fortalecer su posición en
    el mercado local. Sabiendo que el gigante francés de los
    alimentos Danone iba a apostar fuertemente en la Argentina,
    Mastellone optó por asociarse en un joint venture orientado a
    la fabricación de quesos untables, flanes, postres y leches
    saborizadas.

    Alpargatas

    Fundada en 1883, es una de las empresas argentinas más
    tradicionales. Ha sobrevivido en un sector golpeado por la apertura
    de la importación: el calzado deportivo, que representa 66% de
    su facturación. Se ha orientado fuertemente al mercado
    externo, donde coloca 45% de su producción. Para lograr su
    posición actual ha pasado por continuos procesos de
    reorganización, se asoció con empresas del exterior,
    como Nike, Greenwood Mills y Lockwood Greene, y puso 20% de su
    capital en manos de inversores internacionales.

    Acindar

    Llevó adelante un proceso de transformación que le
    demandó, hasta julio pasado, un desembolso de US$ 84 millones,
    que invirtió en la incorporación de un segundo horno
    cuchara en la planta de Villa Constitución, la
    instalación de una planta de tratamiento superficial de acero,
    la modernización de dos trenes de laminación, la compra
    de una nueva planchada de enfriamiento y la construcción de
    una fábrica de tubos. Se reestructuró en 1995 en cuatro
    unidades de negocios: construcciones y servicios, Acindex (comercio
    exterior), productos estructurales, y alambres y cables. El proceso
    de transformación dejó los números de los
    últimos balances en rojo, pero a la empresa modernizada y
    preparada para competir y exportar.  

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