En este momento, 20% de la población laboral en Estados Unidos está haciendo algún tipo de trabajo en turnos; en los países competitivos del Extremo Oriente, por ejemplo Singapur, llega a 40% la proporción de la población que cumple ese tipo de horarios. Esta problemática -globalización mediante- ya llega a la Argentina y, según los especialistas, va a marcar el punto de inflexión de los próximos años: cómo optimizar los recursos en el caso de los que trabajan en horarios fuera de su ritmo biológico habitual. El trabajo en turnos responde, en primer lugar, a la necesidad de tiempos prolongados en la operación industrial, pero la exigencia también se registra entre los proveedores de servicios. La urgencia por retornar el capital invertido y competir en el mercado hace que se evolucione hacia una sociedad en pleno funcionamiento las 24 horas del día. “Al introducir el trabajo en turnos, aparece un factor perdido y que no está incluido hoy en los diseños ergonómicos: el factor del alerta”, señala Daniel Cardinalli, médico y biólogo, profesor titular de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Cardinalli es especialista en cronobiología, una disciplina orientada a estudiar la estructura diaria de la función fisiológica. La Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo definen como trabajo en turnos aquel que se cumple fuera del horario diurno habitual. Una situación que se está haciendo muy común en el mundo -sobre todo a partir de la experiencia en Estados Unidos- y que asoma crecientemente en la Argentina es el trabajo extendido o conocido como semana comprimida. “Esto se ve sobre todo en el personal sanitario: rotaciones prolongadas de cuatro semanas, rotación irregular, y la semana comprimida, que es probablemente la modalidad que más ha crecido en este último tiempo, que implica el trabajo de doce horas durante tres o cuatro días, unos tres o cuatro días libres y luego doce horas invertidas”, describe Cardinalli. La semana comprimida es una opción atractiva para muchos empleados, debido a que las jornadas de trabajo por año pueden reducirse, por ejemplo, de 250 a 190. Para los empresarios, la opción ofrece la ventaja de requerir menos relevos, un factor que se considera determinante en el deterioro de la eficiencia y la productividad. Pero, según advierte Cardinalli, hay que prestar atención a los riesgos, “ya que el operario no puede mantener un alerta doce horas continuadas. La sociedad de 24 horas se concreta a expensas de altos costos para las empresas en lo que hace a errores humanos: 70% de los trabajadores en turnos tiene alteración del sueño y un porcentaje minoritario presenta episodios de algún grado de peligrosidad”. Alerta máximaEpisodios como Chernobyl, el escape de gas en Bhopal, el derrame de Exxon Valdés, los accidentes nucleares -por ejemplo Three Mile Island en Estados Unidos- ocurrieron en un período crítico entre la una y las cinco de la madrugada, en el que claramente cae el nivel de alerta. En los sistemas de monitoreos fisiológicos de trabajadores en turnos se utiliza la temperatura corporal como elemento indicativo del nivel del alerta. La temperatura corporal alcanza su mínimo entre las tres y cuatro de la mañana, que es el momento de más bajo nivel de alerta y de máxima profundidad del sueño, y luego comienza a subir, incluso anticipatoriamente al momento de despertar. Cuando la privación de sueño supera las veinte a veinticinco horas, el alerta desciende a un nivel mínimo y se reduce la temperatura corporal. Ese suele ser el estado del trabajador en la primera fase del turno. Cuando esa persona vuelve a su casa e intenta dormir durante la mañana, su temperatura corporal permanece alta y el sueño no resulta reparador. El problema del trabajador en turnos es tratar de dormir en un momento en el que la sociedad está despierta. “Con respecto a los índices de productividad, aparecen algunos datos interesantes: un sistema que no mantiene un adecuado mecanismo de turnos para sus operarios experimenta entre 5 y 10% de caída de la productividad. Esto representa un monto realmente importante: en Estados Unidos alcanza a US$ 60. 000 millones”, afirma Cardinalli. Así como hay factores rígidos -por ejemplo, la tolerancia individual y la edad-, existen otros, como la organización de los turnos y las condiciones ambientales, que pueden modificarse para evitar las numerosas y variadas consecuencias negativas del trabajo en turnos: insomnio, somnolencia, trastornos emocionales, aumento de errores y accidentes, problemas familiares -el trabajador en turnos tiene una incidencia de aproximadamente 70/80% más de divorcios que el trabajador en régimen diurno- y los cambios crónicos que llevan a alteraciones, sobre todo gastrointestinales -ésa es la patología más clara del trabajador en turnos luego de varios años-, enfermedades cardiovasculares y alteraciones crónicas del sueño. “Hemos tenido la oportunidad de observar esto en trabajadores en turnos de doce horas, en los cuales el número de incidentes -no de accidentes sino de incidentes mínimos-, que son los que más aportan a la caída de productividad de una empresa, se dan alrededor del cuarto día del turno”. Para Cardinalli, en el trabajo en turnos se torna imprescindible planificar la velocidad de las rotaciones, adecuar el ambiente luminoso, así como también monitorear el estado físico del operario, de vigilia -esto se puede realizar con métodos automáticos- y, por supuesto, la educación y concientización del trabajador. “El diseño ergonómico del ámbito de trabajo de la persona que trabaja en turnos es diferente del que corresponde cuando se trabaja en horarios comunes, algo que no es precisamente despreciable cuando se lo analiza en términos de productividad. “”Desde el alerta al sueño profundo y al sueño REM -que es el sueño en el que hay movimientos oculares- se da una periodicidad de aproximadamente 90 minutos a lo largo de toda la noche. Durante el día también tenemos episodios de ups and downs. Recién a comienzos de este siglo se precisó que no era simplemente a causa del cambio día-noche del exterior, sino que es algo inherente a nuestro sistema nervioso central. ” Uno de los descubrimientos que más entusiasma a los viajeros frecuentes que sufren los cambios al trasladarse de un huso horario a otro es el de la utilización de la melatonina como regulador del reloj biológico. “Así como la luz es lo que nos indica a nosotros el día, en nuestro organismo la noche es medida por la melatonina, que permite restablecer el sueño cuando está perdido, ya que es el código químico por el cual nuestros tejidos saben que es de noche o de día. “Cardinalli recomienda realizar el relevamiento de las condiciones de trabajo, reuniones con el personal, implementación de las metodologías, la determinación óptima del perfil del personal de trabajo, la puesta en marcha de sistemas telemáticos y la asistencia permanente. “No sé si es fisiológicamente lógico o ilógico; nuestro cuerpo no está diseñado para esta sociedad de 24 horas, pero esta sociedad es una realidad y la tendremos que enfrentar muy rápidamente. Es importante aplicar programas de concientización en las empresas que disponen una rutina de trabajo en turnos. Las ventajas son obvias para la calidad de vida del trabajador y también para la empresa. ”
