Como otras provincias pequeñas donde el costo del auxilio para
el Tesoro Nacional es accesible, Jujuy ha continuado arrastrando
problemas de fondo que le han generado sucesivas crisis y
conflictos, especialmente con los agentes de la administración
pública local. En 1995, estimaciones anteriores al cierre del
ejercicio fiscal ubicaban el monto del déficit anual en una
cifra cercana a los $ 80 millones en comparación con un
desequilibrio de $ 124 millones durante 1994. Si bien la
reducción en las necesidades de financiamiento de la provincia
habría sido significativa entre estos dos años, el déficit
como porcentaje de los recursos en 1995 representó 17%, una tasa
considerablemente superior a la de la media nacional, de 10,6%.
La estructura y el nivel del gasto del sector público parecen
ser datos insoslayables al analizar el desequilibrio fiscal de la
provincia. El gasto en personal representa 55% de las erogaciones
totales, muy por encima de la media nacional de 51,2%. En 1994,
las transferencias a los municipios (coparticipación provincial)
representaban 24% del total de las erogaciones, algo por encima
de la media nacional en ese año, pero cayeron abruptamente en
1995 a 21,5%, lo que revela que la provincia financió su
desequilibrio parcialmente con retenciones de coparticipación a
los municipios. Con respecto a la inversión pública, medida a
través de los gastos de capital, representó 13% del total de
erogaciones en 1995, en comparación con 16% en 1994, de lo que
se desprende que ésta fue otra válvula de escape para achicar
el déficit durante el año pasado.
Llover sobre mojado
Si bien la estructura del gasto no parece estar tan alejada de lo
que muestran otras jurisdicciones, los aumentos otorgados al
personal de la administración pública en 1993 y 1994 agravaron
una situación que ya era difícil, y que necesitaba de un
importante incremento en los fondos a ser recibidos por
coparticipación federal para mantener cierto equilibrio. Sin
embargo, y para complicar el estado de las cosas, en 1995 no
sólo los ingresos por coparticipación no aumentaron, sino que
cayeron fuertemente debido a la recesión desatada tras la
devaluación del peso mexicano. Por otra parte, el tamaño de la
administración pública provincial en relación con su PBI, de
aproximadamente 16,5%, supera ampliamente el promedio observado
para la totalidad de las provincias, de 8,9%.Con respecto a los
ingresos fiscales de Jujuy, 74% proviene de recursos de origen
nacional, entre coparticipación, aportes del Tesoro y otros
fondos. La proporción de recursos de origen nacional con
respecto a los ingresos corrientes totales se sitúa por debajo
del promedio del NOA (82%) pero muy por encima de la media
nacional, de 57%. Existen dos fuerzas que empujan a la provincia
a realizar los ajustes necesarios para equilibrar los números en
el corto plazo. Por un lado, en 1993, en ocasión del Pacto
Fiscal celebrado entre la Nación y las provincias, Jujuy
recibió $ 132 millones en bonos en concepto de reconocimiento de
deudas. Esos mismos fondos fueron utilizados en 1995, sin que la
provincia registre algún remanente significativo. Por otra
parte, el banco provincial, habitualmente utilizado como
prestamista de última instancia, se halla en vías de
privatización, y sus futuros dueños evaluarán cuidadosamente
la salud de las cuentas del sector público antes de financiarlo.
En ausencia de mecanismos que le permitan diferir el ajuste,
Jujuy deberá enfrentarse con la necesidad de equilibrar sus
cuentas sobre bases permanentes, lo que conduce inevitablemente a
una reducción en el nivel del gasto público. Para terminar de
complicar el panorama, cabe mencionar que en el primer trimestre
de 1996 la provincia recibió un nivel 6,6% inferior de recursos
de origen nacional con respecto al mismo período anterior.
Nicolás Dujovne
Entre el Mercosur y el Pacífico
Promesas y dificultades
Con la mirada puesta en el Pacífico aunque sin abandonar las
expectativas en el Mercosur y con los recuerdos de la perdida
bonanza del tabaco, la caña de azúcar y el arrabio de acero,
los jujeños viven tiempos difíciles: el indicador de pobreza
estructural alzanza a 35% de la población, estimada en 550.000
habitantes. La industria azucarera había alcanzado en Jujuy una
trascendencia tal que hacía de uno de los ingenios jujeños
-asentado en el Departamento Ledesma- el complejo integrado más
grande del mundo. Pero la caída de los precios del azúcar en
los últimos años ha provocado sucesivos estados de crisis para
la industria. Con respecto a la minería, el ex gobernador
Roberto Domínguez explica que "la falta de inversión en el
sector y el abaratamiento mundial de los productos trajeron como
consecuencia que las pocas empresas que en Jujuy procesaban los
minerales, estén en bancarrota". Para revertir la
situación, Domínguez entiende que "el sector necesita
imperiosamente reconvertir sus empresas con minerales que existen
en la provincia y que son mucho más rentables".También hay
expectativas en torno de una mayor recuperación que pueda
verificarse en la producción de aceros de la planta levantada en
Palpalá para trabajar la pirita de Zapla. El presidente de la
Cámara del Tabaco de Jujuy, Sergio Giacopo, señala, por su
parte, que el momento por el que atraviesa la actividad es
favorable, aunque advierte que el negocio está sujeto a los
avatares del precio internacional, "porque entre 50 y 60%
del tabaco producido en Argentina es para exportación".Para
hacer frente a la mayor demanda se decidió ampliar en unas 2.000
hectáreas la superficie plantada, pero los esfuerzos se
concentran en incrementar el volumen producido por hectárea.
Se calcula que este año la demanda de tabaco superará los 40
millones de kilos, una cifra bastante superior a los 33,1
millones de kilos acopiados en la campaña que finalizó.El
azúcar y el tabaco aportan 74% de las exportaciones jujeñas, el
resto, dentro del rubro agropecuario, corresponde a porotos,
citrus y paltas. La provincia produce, entre sus principales
manufacturas, jugos de frutas concentrados y cemento tipo
Portland. El aporte de Jujuy al PBI nacional es de 1,20%.El
Mercosur está en el pensamiento y la expectativa de los
jujeños. El diputado nacional Horacio Macedo sostiene que
"nos encontramos en el corazón del centro-oeste
sudamericano, donde se amalgama una única realidad territorial e
histórica: el sur peruano, Bolivia y Paraguay, con el Mato
Grosso brasileño, el norte chileno y el noroeste
argentino", aunque también advierte que "la economía
del NOA corre el riesgo de quedar atada a la ruta del
subdesarrollo y, consecuentemente, nuestra vinculación con el
mercado nacional y los mercados mundiales se ha ido tornando cada
vez más débil y difícil".Un núcleo de cooperativas
agrícolas de la zona de los valles cultivan cebolla y ajo que
desde hace algunos meses exportan a Brasil. El paulatino
crecimiento de la demanda los impulsó a estrechar filas con la
Universidad Nacional de Jujuy, el Inta y el gobierno provincial
para realizar un curso de producción y comercialización. En el
área del comercio exterior, otra perspectiva importante transita
por el paso de Jama: una vía que a través de la cordillera de
los Andes une Jujuy con el norte chileno (Antofagasta e Iquique),
transitable todo el año y de 800 kilómetros de extensión.
Productos argentinos, paraguayos y brasileños pueden llegar por
este camino a los puertos chilenos y proyectarse desde allí a
los mercados de la cuenca del Pacífico.Mientras tanto, la
privatización del banco de la provincia, la transformación de
la Dirección de Energía de Jujuy, la controvertida
transferencia del Instituto Provincial de Previsión Social
-todos procesos en curso, con mayor o menor dificultad y a la
espera de respuesta en términos de asistencia financiera
prometida por la Nación- son los temas que hoy están en boca y
oídos de gran parte de la comunidad jujeña.(en Jujuy) Eduardo
Horacio Sánchez
Retroceso argentino
De nuevo con plomo y sin catalizadores
Por Daniel Gustavo Montamat
La eliminación del incentivo fiscal para producir naftas SP
representa un paso atrás y desalienta las inversiones de la
industria petrolera.
Según las estadísticas del Banco Mundial, los vehículos
automotores demandan la mitad del consumo total de petróleo y
son responsables de 90 a 95% de las emisiones totales de plomo y
monóxido de carbono. El plomo es una sustancia tóxica en altas
concentraciones, con distintos efectos nocivos sobre la salud
humana (anemia, trastornos renales, hipertensión, trastornos
neurológicos. El monóxido de carbono es el producto de la
combustión incompleta del carbón contenido en los fósiles.
Hace decrecer la capacidad de oxigenación de la sangre
(carboxihemoglobina) con consecuencias sistémicas múltiples.
Los gases de escape también contienen otros contaminantes como
óxidos de nitrógeno y óxidos de azufre, y se han convertido en
una verdadera pesadilla en los grandes conglomerados urbanos. La
industria automotriz debe incorporar en los nuevos modelos el
convertidor catalítico. Por su parte, la industria petrolera
debe reformular las gasolinas, reduciendo gradualmente el
contenido de plomo, y comenzar a producir las naftas sin plomo
compatibles con el uso de los convertidores catalíticos. El
plomo inutiliza el catalizador. La combinación entre el uso de
nafta sin plomo y la adopción del catalizador permite llegar en
un plazo de 10 a 15 años a la reconversión del sistema: un
parque automotor dotado de convertidores catalíticos que consuma
nafta sin plomo. Así funciona el mundo desarrollado. En la
Argentina la eliminación del incentivo impositivo a producir
naftas sin plomo representa un retroceso disuasivo de inversiones
para la industria petrolera. La inversión requerida para
producir naftas sin plomo es elevada. La industria petrolera
argentina ya produce casi todas las naftas sin plomo. YPF, por
ejemplo, reformuló sus naftas para adecuarse a los parámetros
más exigentes del mercado norteamericano. Evitó la sustitución
del plomo por aromáticos e incorporó a la formulación un
compuesto oxigenado, el MTBE, que a su vez aporta oxígeno, lo
que permite reducir la emisión de monóxido de carbono. Esto
beneficia al medio ambiente, independientemente del uso del
catalizador. El desafío ambiental imponía la exigencia
inmediata del uso de catalizadores en las nuevas unidades
automotrices, y no la eliminación del incentivo a producir
naftas sin plomo. La coyuntura de apremios fiscales vuelve a
distorsionar objetivos de largo plazo convergentes con el
desarrollo sustentable. Sin catalizadores y sin incentivos para
generalizar el uso de las naftas SP, se retrocede al principio y
se castiga a los petroleros que invirtieron creyendo en el
cambio.•
