viernes, 17 de abril de 2026

    La nueva gerencia ejecutiva

    Ejercen la máxima responsabilidad ejecutiva en empresas claves
    dentro de los sectores que mostraron mayor dinamismo durante los
    últimos años. Y administran ese poder abriendo sus
    organizaciones a nuevas formas de interacción, más
    participativas con respecto a la toma de decisiones y a las
    acciones a encarar para el logro de objetivos. A algunos les
    tocó conducir el negocio en tiempos de alta turbulencia,
    haciendo frente a profundos procesos de reingeniería y al
    desembarco de la competencia internacional. Otros debieron crear
    las condiciones para apuntalar el surgimiento de un nuevo
    mercado. Las consignas que los movilizan tienen un amplio
    denominador común: definir una visión estratégica del negocio,
    liderar la participación activa del conjunto de la organización
    en la búsqueda de mejoras continuas y considerar la
    satisfacción del cliente como el destino último de sus
    gestiones. Estos gerentes de menos de 50 años conforman una
    muestra de la nueva clase de dirigencia, que se encarga de dar
    cuerpo al recambio generacional en el management argentino. La
    misma que, en las postrimerías del milenio, adelanta los caminos
    del gerenciamiento del 2000. Un futuro por el cual se decidieron
    a apostar fuerte desde el presente.

    Flemming Morgan, presidente de Nobleza Piccardo
    El premio latinoamericano

    La jornada de Flemming Morgan (40), un escocés nacido en Kenya
    que desde hace dos años y medio ocupa los cargos de presidente y
    gerente general de la tabacalera Nobleza Piccardo, empieza cerca
    de las ocho de la mañana "y se extiende generalmente hasta
    las ocho de la noche".Llegado al país a principios de 1994,
    luego de haber sido designado por la British American Tobacco
    para dar nuevo impulso a sus negocios locales, Morgan -quien
    cuenta en su haber académico con un master en Economía en la
    Universidad de Edimburgo- cambió la seguridad de una carrera
    desarrollada en varios destinos europeos "por el desafío de
    gerenciar una nueva estrategia de negocios en América latina.
    Viví el ofrecimiento como un premio. Conocí la región como
    gerente de la textil Coats Patons en Chile, Perú y Ecuador. Pero
    luego, al ingresar a BAT, debí volver a Europa y me quedé allí
    durante diez años. Por eso, cuando me anunciaron que mi nuevo
    destino sería la Argentina, me sentí feliz. Hoy sigo viviendo
    esta experiencia como un premio".En Nobleza Piccardo tuvo
    que enfrentar varios desafíos. "Uno de ellos era romper con
    una fuerte tradición verticalista, que hacía que los gerentes
    tuvieran poco contacto con el resto de la organización. Había
    que lograr que las distintas áreas empezaran a pensar en una
    responsabilidad de toda la organización en la participación de
    nuestros productos en el mercado."La presencia de las marcas
    de Nobleza -Lucky Strike, Camel, Jockey Club, Parisiennes y
    Derby- en la plaza argentina constituía, sin duda, una
    justificada preocupación. "Nuestros índices venían
    cayendo a un ritmo bastante fuerte. La competencia había
    aprovechado la expansión del consumo y la estabilidad en los
    precios para posicionar exitosamente a Marlboro durante el
    despegue económico. En dos años, nuestro logro consiste no
    sólo en haber frenado esa caída, sino en que todas nuestras
    marcas abarquen hoy 40% del mercado."Para Morgan, revertir
    la caída fue posible después de que "toda la organización
    comenzara a alinearse detrás de los objetivos. El nuevo papel
    del gerente debe apuntar a diseñar una visión que ponga el
    acento en los consumidores y en satisfacer sus necesidades.
    Luego, en nuestro mercado, en el cual la marca es fundamental,
    crear marcas de valor agregado, que no tengan su fundamento sólo
    en el precio. Y hacia la organización, transmitir esa estrategia
    materializada en objetivos claros, haciendo participar a todos
    los empleados, brindándoles un entorno en el que sientan que
    cada uno está aportando al logro de metas más
    grandes".Para Nobleza, el principal desafío es ahora
    "volver a ser el número uno. Sabemos que esto no es algo
    que pueda lograrse en el corto plazo, pero en nuestros planes
    estratégicos nos fijamos un período para superar la barrera de
    50% de participación. La competencia va a luchar con todo para
    defender sus actuales índices. Y nuestra apuesta será responder
    con marcas que los consumidores elijan".

    Mauricio Wior, presidente de Movicom
    Un mercado a estrenar

    En 1990 Mauricio Wior -para entonces un cordobés de 33 años
    egresado de la Universidad de Tel Aviv y con una carrera
    internacional en Motorola- dejó la gerencia de finanzas de
    Movicom para hacerse cargo de la presidencia de la compañía. Un
    año antes la empresa había sido la responsable de dar el
    puntapié inicial en el mercado de la telefonía celular en la
    Argentina. Wior sigue al frente de Movicom, que, con cerca de
    200.000 clientes y US$ 300 millones de facturación en 1995, es
    líder en su sector. También es vicepresidente para la región
    latinoamericana de Bell South, el socio mayoritario de Movicom,
    con 60% del paquete accionario. Mientras muestra orgulloso un
    teléfono celular diminuto, de no más de 25 centrímetros
    cuadrados, en el que Motorola -otro de los socios de Movicom-
    hizo estampar su nombre, Wior desgrana sus definiciones sobre lo
    que considera las claves del management moderno. "Lo
    esencial es saber manejar en equipo toda la información que
    fluye por la empresa, tener una visión estratégica del negocio
    que permita la planificación a largo plazo, analizar los
    distintos escenarios posibles y decidir las estrategias
    respondiendo a esa visión."En Movicom creen que no se
    equivocaron al apostar por la Argentina. "La potencialidad
    del mercado es enorme. Si tenemos en cuenta que en los Estados
    Unidos -al igual que en la mayoría de los países europeos-
    alrededor de 15% de la población tiene teléfono celular, y que
    en el Area Metropolitana de Buenos Aires la penetración todavía
    no llega a 3%, es fácil concluir que estamos todavía muy lejos
    de alcanzar el techo. Creo que para el 2000 el mercado de la
    telefonía móvil puede llegar fácilmente, dentro de nuestra
    área de operaciones, a una penetración de 10%."Wior opina
    que las oportunidades de desarrollo del mercado global de las
    telecomunicaciones en la Argentina están supeditadas al rumbo
    que tome el sector una vez que se lleve a cabo la desregulación
    de la telefonía urbana e interurbana y "a la adaptación
    del marco jurídico que regula la actividad, para que pueda dar
    cuenta de los cambios tecnológicos ocurridos en los últimos
    años". "El hecho de que hoy operemos básicamente en
    el mercado de la telefonía celular -o que desarrollemos
    operaciones en servicios de comunicaciones móviles para grupos
    cerrados o en paging- es sólo circunstancial. Nuestro objetivo
    es convertirnos en una empresa integral de
    comunicaciones."Para demostrar que Bell South jugaría un
    papel importante en la concreción de ese objetivo abundan los
    ejemplos: "En Chile, además de participar en el segmento de
    la telefonía móvil, prestamos servicios de larga distancia
    nacional e internacional. En otros países, como Australia, somos
    propietarios de empresas de televisión por cable". La
    Argentina no sería una excepción: "Nuestras prioridades en
    el país se encauzarían por intermedio de Movicom, donde tenemos
    una estructura societaria en la que nos sentimos muy cómodos. Y,
    por supuesto, cualquier negocio del área de las
    telecomunicaciones nos interesa".

    Luis Cudmani, gerente general del grupo Peñaflor
    Crecer más rápido que los negocios

    Luis Cudmani, un ingeniero tucumano de 46 años que desde fines
    de 1994 ocupa la gerencia general del Grupo Peñaflor, se
    autodefine como "un caso un tanto raro dentro del management
    de la industria". Su carrera profesional lo llevó desde los
    laboratorios a las áreas comerciales e informáticas de Olivetti
    y GTE, de allí a la consultoría de empresas y, finalmente, a
    ser la cara visible en la reingeniería de Cerámicas San
    Lorenzo. El grupo Peñaflor lo tentó para ocupar la gerencia
    comercial a principios de 1994. "Diez meses después quedé
    a cargo de la gerencia general de un grupo empresario que, desde
    1992, había decidido llevar a cabo un proceso de cambio en el
    management y en la organización de la compañía."La
    apuesta de Peñaflor era "afianzar su posición de liderazgo
    en el mercado vitivinícola y en los segmentos de aguas y jugos
    cambiando la forma de competir, en un entorno más globalizado,
    más abierto, con participantes nuevos, pero que también
    otorgaba nuevas oportunidades". Al asumir la conducción
    ejecutiva, una de sus primeras acciones fue cambiar el
    organigrama del grupo, para pasar de una organización funcional
    a otra definida por unidades de negocios: vinos, jugos, aguas,
    gaseosas (Peñaflor había adquirido a Cadbury Schwepes la
    licencia para fabricar Crush y Canada Dry) y cervezas, luego de
    que el grupo decidiera la compra de Bieckert. Un mundo de bebidas
    que coloca a los vinos de mesa Termidor, los jugos Cepita y el
    agua Villa del Sur como caballitos de batalla en el
    posicionamiento de la empresa. "La división era necesaria
    porque la complejidad de los negocios iba aumentando
    rápidamente, y cada segmento tenía competidores y
    características regionales diferentes. Para poder comprender
    mejor esos mercados, y aprovechar de manera más eficiente las
    sinergias que existían, definimos que cada unidad de negocios se
    encargara de manejar sus marcas, toda la estrategia de marketing
    y la actividad industrial propia. Junto con eso, organizamos un
    área -a la que llamamos de Servicios Comunes- que abarca a todas
    las unidades de negocios y engloba a la fuerza de distribución
    -ventas y logística-, los servicios de marketing, las relaciones
    institucionales, los recursos humanos, la administración, las
    finanzas y el mantenimiento de las plantas."Los cambios en
    la estructura demandaron una nueva estrategia de recursos
    humanos. "Debía conformarse un grupo de trabajo que
    recuperara la experiencia que había hecho crecer a Peñaflor y,
    al mismo tiempo, empujara con mucha más fuerza el proceso de
    desarrollo futuro del grupo."Desde hace unos meses el
    gigante francés Danone se asoció con Peñaflor para compartir
    el negocio de Villa del Sur. Cudmani reconoce que esta
    experiencia puede marcar una tendencia futura para el grupo.
    "Si encontramos socios estratégicos, que aporten no sólo
    capital sino, y sobre todo, know how en mercados internacionales,
    es probable que optemos por repetir esta estrategia. Cuando uno
    factura en la Argentina US$ 350 millones anuales puede
    considerarse grande. Pero estamos preparándonos para responder
    competitivamente en un mercado que seguirá ampliándose, y
    necesitamos crecer más rápidamente que los negocios."

    Guillermo Bustos, director general de Tía
    Cambiar a tiempo

    Cuando en 1989 Guillermo Bustos (42) optó por cambiar una
    carrera de seis años en diferentes gerencias comerciales de
    Carrefour para pasar a ocupar una gerencia regional en Tía, la
    cadena más tradicional del comercio minorista argentino,
    "mi decisión se resumía en una única palabra:
    desafío". A fines de 1993, luego de transitar por los
    cargos de gerente de operaciones y comercial de la cadena, Bustos
    alcanzó la dirección general de Tía con la misión de conducir
    el cambio de rumbo "que Tía había previsto en 1989 e
    instrumentado en 1992, con el que esperábamos responder
    competitivamente a los cambios que comenzaba a experimentar el
    retail en la Argentina"."Trabajamos muy duro sobre el
    posicionamiento de la compañía, y comenzamos a cambiar el
    formato de nuestras sucursales. Así nacieron los Tía Express,
    diseñados para competir con supermercados barriales en ciudades
    como Buenos Aires, Córdoba o Rosario, y que apuntan a satisfacer
    las necesidades de los clientes en compras de reposición. Y
    concebimos un formato nuevo -el Tía Demanda, que se asemeja más
    a un hipermercado- para nuestras bocas ubicadas en ciudades del
    interior con menor desarrollo comercial."A la hora de
    identificar los pilares del cambio, Bustos destaca especialmente
    tres aspectos. "Junto al nuevo concepto de negocios,
    desarrollamos una importante capacitación de los recursos
    humanos y elaboramos un proyecto de logística de distribución
    que se materializó en el Centro Nacional de Distribución,
    inaugurado a mediados del año pasado.""Hoy Tía puede
    crecer y desarrollarse en toda la Argentina. Si deseáramos abrir
    una nueva boca en Comodoro Rivadavia o en Jujuy, tenemos la
    logística y los sistemas para hacerlo, con un menor costo
    operativo y una mayor productividad. Esa logística de
    distribución nos da una ventaja competitiva muy
    importante."Atento a la evolución del comercio minorista,
    signado por una creciente concentración de las ventas en pocas
    cadenas, Bustos admite que "en Tía somos conscientes de que
    esta ventaja no es para toda la vida. La tendencia dentro del
    mercado indica que para el año 2000 el segmento de los
    supermercados absorberá 70% de las ventas, y los comercios
    minoristas se quedarán con el resto. En ese escenario, nuestros
    propios planes de crecimiento prevén para este período la
    apertura de nueve a doce bocas cada año".Según Bustos, la
    potencialidad de crecimiento del sector "va a resultar
    atractiva para el desembarco de nuevas cadenas internacionales.
    Ahí, la clave del juego estará en el costo de operación de los
    negocios. Y en Tía ya preparamos el terreno para seguir siendo
    competitivos".

    Horacio Losoviz, presidente de Iveco Argentina y de Adefa
    Un voto de confianza

    A Horacio Losoviz (49), economista graduado en la Universidad de
    Buenos Aires y desde hace cinco años presidente de Iveco, le
    tocó ser protagonista de los cambios de la última década desde
    ambos lados del mostrador. Primero, acompañando -como presidente
    del Directorio de Empresas Públicas- al entonces ministro
    Rodolfo Terragno, que intentaba comenzar a recorrer el camino de
    la privatización de las empresas del Estado. Luego, como
    presidente de Iveco, asumió la titularidad de Adefa, la entidad
    que nuclea a los fabricantes de automotores en la
    Argentina."Cuando Terragno me ofreció el cargo, yo llevaba
    doce años viviendo en Caracas. Allí tenía hecha una carrera
    dentro del grupo Montana, uno de los más poderosos de Venezuela.
    Ocupaba la presidencia de Frica, una empresa que lideraba el
    segmento de los jugos. Mi primera intención fue declinar el
    ofrecimiento, pero no pude. Eso hubiera significado cortar
    definitivamente con la Argentina, y me di cuenta de que no estaba
    dispuesto a hacerlo", recuerda Losoviz.
    Luego de un año y medio en la función pública -a la que
    renunció, frustrada la posibilidad de avanzar en el proyecto de
    las privatizaciones- y tras una breve incursión en la
    distribución de alimentos, "llegó la oportunidad de Iveco.
    La compañía estaba atravesando una crisis muy severa y
    necesitaba un cambio de rumbo en el manejo y la redefinición de
    sus objetivos y estrategias"."Hacía falta gente que
    tuviera visión estratégica del negocio, que contribuyera a
    reformular los objetivos de la compañía a largo plazo y
    comenzara a transformarlos en metas concretas. Se necesitaba
    abandonar los vicios de una empresa burocrática y olvidarse de
    la asociación que nuestra marca tenía con Fiat -la automotriz
    italiana se había retirado del negocio- para lograr que la
    empresa fuera eficiente y ganara dinero."Todo el proceso de
    reingeniería de Iveco convivió en el tiempo con un fenómeno
    mucho más abarcador: la reconversión de la industria
    automotriz. "Nosotros llevamos una propuesta en las que nos
    comprometíamos a reconvertir por completo un sector industrial.
    Para lograrlo estábamos dispuestos a tomar el reto de ser
    competitivos, reactualizar líneas de producción, invertir en
    tecnología, especializar y modernizar los modelos que
    fabricábamos, para lograr unidades que pudieran ser exportables
    y equilibraran la balanza comercial del sector, que hasta ese
    momento había sido deficitaria", afirma Losoviz. La
    expansión de Iveco dentro de este proceso le valió a Losoviz un
    voto de confianza por parte de la Fiat de Italia. Cuando en
    septiembre del año pasado la automotriz decidió recomprar el
    resto del paquete accionario de Iveco a la familia Garfunkel para
    reincorporar a la compañía a su estrategia de inversiones en el
    Mercosur, Giancarlo Boschetti, el delegado turinés encargado de
    la negociación, confirmó a Losoviz en la conducción de la
    empresa.

    Francisco Cabrera, gerente general de Máxima
    Empezar antes, llegar más lejos

    Hijo de una familia de bodegueros mendocinos, Francisco Cabrera
    (40) comprobó que su título de ingeniero electrónico iba a ser
    de escasa utilidad "para alguien que, como yo, tenía una
    vocación más definida hacia el tema empresarial".
    Decidió, entonces, radicarse en Buenos Aires para cursar un
    postgrado en Economía y Administración de Empresas. A los 25
    años tuvo su primer trabajo profesional en Hewlett-Packard como
    subgerente de marketing. "Podría decir que esa experiencia
    fue una de las que más marcó mis definiciones sobre management.
    Entre las cosas que aprendí en HP rescato particularmente una:
    las ventajas de dejar de lado la formalidad para relacionarme con
    la gente." El apodo de Pancho -que todos emplean para
    dirigirse a él- da cuenta de ese rasgo de su estilo gerencial.
    Su tránsito hacia el grupo Roberts estuvo orientado a un área
    virtualmente inexplorada en el país. "Desde La Buenos Aires
    Seguros, el estudio para impulsar la modificación del sistema
    jubilatorio comenzó mucho antes del surgimiento de las
    administradoras de fondos. En 1991 me nombraron para trabajar
    sobre ese proyecto."Para Cabrera, los pilares que
    facilitaron el rápido posicionamiento de Máxima al momento del
    lanzamiento del sistema fueron "actuar con anticipación,
    desarrollar una planificación estratégica y conformar un grupo
    gerencial que ya estaba entrenado al momento de entrar en
    acción".Cabrera otorga particular importancia a la
    estrategia comercial desarrollada por Máxima: "La principal
    diferencia residió en nuestros promotores. En la visita
    personalizada, ellos salvaban la falta de información de la
    gente. Nosotros tuvimos el acierto de haberlos capacitado con
    mucha anticipación. Aplicamos desde un principio un modelo
    participativo, con una compañía abierta, muy informal, en la
    que tanto la información como la toma de decisiones era
    compartida. Todos hicimos bien los deberes, y ese contexto de
    puertas abiertas y trabajo en equipo se tradujo rápidamente en
    una posición de liderazgo".A dos años de la puesta en
    marcha del nuevo régimen previsional, cuando el mercado comienza
    a perfilar un futuro de fusiones -"van a continuar, junto a
    la venta de varias AFJP y a la aparición de nuevos
    inversores"- y de traspasos de afiliados, Cabrera evalúa el
    camino recorrido por la capitalización como exitoso. "El
    sistema ha demostrado ser seguro y rentable. Hoy las compañías
    compiten por dar el mejor servicio, se abren a las demandas de
    sus afiliados e incorporan tecnología para facilitar el acceso
    de la gente a la información."Para Máxima, afirma Cabrera,
    el desafío futuro consistirá en "acrecentar la oferta de
    servicios. No estamos buscando ser la AFJP más grande, sino la
    mejor. Y eso supone ser la compañía que tiene a sus clientes
    más satisfechos y al personal más motivado. Las prioridades de
    la gente van cambiando: hoy demandan rentabilidad, claridad en la
    información, rapidez en las respuestas, sucursales cerca de
    donde las necesitan, alta tecnología. Creemos que durante estos
    años nos estuvimos preparando para poder anticipar las
    necesidades futuras".

    Luis Maurette, gerente general de la Caja de Ahorro y Seguro
    Reconvertir la tradición
    En los primeros días de abril de 1994 el gobierno concretaba el
    traspaso de 60% del paquete accionario de la Caja de Ahorro y
    Seguros a un grupo empresario conformado por la familia Werthein
    y la aseguradora estadounidense Leucadia. Luis Maurette (43),
    desde su puesto de gerente general, asumía la responsabilidad de
    definir "una nueva visión para una empresa que, si bien era
    la más grande del sector, mostraba flancos vulnerables frente al
    desembarco de las grandes compañías
    internacionales".Maurette traía consigo una experiencia de
    más de una década en la aseguradora Cigna, que lo había
    llevado a ocupar cargos gerenciales en Chile, Ecuador, Estados
    Unidos y México. Pero quería regresar al país. "Me dije
    que si realmente había un proyecto interesante en la Argentina,
    dentro de mi actividad, era el de la Caja. Definir una hoja de
    ruta para el futuro de esta empresa, que permitiera llevar a cabo
    un cambio profundo manteniendo su liderazgo, me daba una buena
    oportunidad para poner en práctica lo que había aprendido
    durante 20 años."Al momento de hacerse cargo de la
    división Seguros, Maurette comprobó que no contaba con un
    equipo de trabajo -"los antiguos gerentes se habían acogido
    a un retiro voluntario"- ni con información que le
    permitiera esbozar el rumbo de las primeras acciones. La
    prioridad fue reunir un equipo integrado por especialistas en
    seguros que habían recibido entrenamiento en Leucadia, y
    "definir un plan táctico de urgencia: en poco más de un
    mes contratamos a la mayoría de los gerentes que me
    acompañarían en la reconversión de la Caja. Toda esa gente
    llegaba con herramientas distintas, la mentalidad de trabajar en
    un mercado de libre competencia y la exigencia de tener que ser
    eficientes para poder sobrevivir".Las opiniones de los
    observadores del sector eran coincidentes: una vez privatizada,
    sin la protección que le otorgaba el Estado, la Caja perdería
    su papel protagónico en el mercado asegurador. Luego de dos
    años, Maurette exhibe con orgullo los resultados:
    "Teníamos que defender nuestro liderazgo en el segmento de
    los seguros de vida colectivos. Hoy, nuestra cartera representa
    40% de ese mercado. Y supimos mantener los contratos porque
    reforzamos la atención a los clientes, capacitamos a nuestra
    fuerza de ventas y perfeccionamos los servicios. Pudimos
    demostrar que la Caja era líder porque sabía hacer este
    trabajo". La nueva conducción quiso redoblar la apuesta,
    incursionando en el mercado del seguro de vida individual. Los
    números también fueron favorables: en un año logró captar 10%
    de participación dentro de un segmento al que todas las
    compañías del sector apuntan sus cañones y que -se
    estima-será la vedette del negocio durante los próximos años.
    Ahora la empresa encara un nuevo desafío: ubicarse entre los
    principales actores dentro del prometedor mercado de las ART.
    Para Maurette, la permanencia de la Caja responde "a haber
    diseñado una estrategia que puso el acento en competir dentro
    del segmento de clientes que se correspondía con la historia de
    la compañía. Las aseguradoras extranjeras habían llegado para
    atender a 5% del mercado, el sector de mayor poder adquisitivo.
    En la empresa decidimos que todas nuestras acciones debían estar
    enfocadas hacia el argentino medio, para ofrecerle un abanico de
    productos -seguridad social, el seguro de su auto, la beca
    estudiantil para sus hijos, la protección de su vivienda- que
    respondiera a sus necesidades. Entendimos que el perfil de
    nuestros clientes era el perfil de la Argentina".

    Carlos Fuks, director ejecutivo del Banco Crédito Argentino
    Bancos sin barreras

    Durante la última década, y como parte de una carrera de 18
    años en las filas de Citibank, Carlos Fuks (45) ganó
    experiencia liderando procesos de cambio dentro del sector
    bancario latinoamericano. "En ese tiempo tuve la
    responsabilidad de conducir proyectos de reconversión en bancos
    que habían decidido salir de estructuras convencionales para
    pasar a otras más adecuadas al mercado."A principios del
    año pasado, tentado por la posibilidad de retornar al país,
    Fuks aceptó un ofrecimiento del Banco Crédito Argentino para
    ocupar la dirección ejecutiva de la entidad y liderar un proceso
    de modernización. Todo en medio del escenario de crisis del
    sistema, sacudido por la devaluación mexicana. "Los
    procesos de reconversión suelen coincidir con algún momento
    económico complicado, que agudiza la necesidad de cambiar".