Cierto tipo de balcanización está comenzando a darse en la
Internet. Aun cuando las consecuencias no puedan equipararse
con los conflictos centroeuropeos, se pueden extraer algunas
conclusiones y tomar ciertas precauciones. Los grandes
proveedores de servicios de Internet (ISP, en la sigla inglesa)
se están volviendo muy estrictos, y esta situación podría
afectar a las empresas medianas y pequeñas.
Algunos ISP dicen que van a trazar una línea divisoria: algunas
redes unidas a la Internet no van a poder comunicarse con
otras redes unidas a ella. Habrá, entonces, sectores de la
Internet que van a ser balcanizados.
El problema radica en la forma en que se organiza el tráfico
dentro de la red. En el núcleo central de la Internet hay
procesadores de comunicaciones denominados routers, que tendrán
que conocer a cada una de las redes conectadas a ella.
Estos routers se comunican entre sí y deciden cómo se maneja
cada uno de los paquetes de la Internet. Si se agrega una red
a un laboratorio en Caracas, Venezuela, los routers centrales de
todo el mundo estarán informados de ello. Pero hay límites
a la cantidad de redes que se pueden manejar.
La primera solución a este problema llegó hace varios años con
un sistema denominado Classless InterDomain Routing o
CIDR. Con este sistema los grupos de redes se manejan como un
único bloque, y ocupan solamente una entrada. Por
ejemplo, una compañía con diez redes pero una única línea a
la Internet, podría obtener un bloque CIDR de números
consecutivos, que ocupan mucho menos espacio que 10 números de
redes.
El CIDR ha reducido tremendamente la carga sobre los routers
centrales de Internet, principalmente porque los proveedores
de servicios han adoptado esta idea con gran entusiasmo. De esta
forma, todos los clientes de un solo proveedor (y podría
haber miles) ocupan un número pequeño de entradas en las tablas
globales. Es una solución maravillosa para un problema
difícil.
Lamentablemente, es una solución técnica y la Internet ha
dejado de ser un lugar en el que las mejores soluciones técnicas
son las que ganan. La Internet se ha convertido en el blanco de
disputas políticas, legales y hasta religiosas. Se está
haciendo a un lado la benevolente tecnocracia que gobernó a la
red durante su niñez, en favor de un enfoque más comercial.
El Problema
Supongamos que usted se ha conectado a Internet a través del
Servicio de Internet Jan, que le asignará algunos números de
red pertenecientes al bloque de CIDR que le fue asignado por el
Centro de Información de Redes de la Internet (InterNIC).
En un determinado momento, usted decide que quiere cambiar de
proveedor. ¿Qué ocurre?
Hay dos posibilidades: que conserve o no los números que le
fueron asignados. Si no los conserva, tendrá que volver a cada
estación de trabajo y PC de su red, a cada router y cada server
y cambiar la configuración con los números que reciba de su
nuevo proveedor. No hay problema si tiene 10 computadoras, pero
resulta que, si tiene 100 o más, es muy probable que
quiera conservar sus números de red, si es que Jan se lo
permite.
Supongamos que Jan tiene un corazón bondadoso y acepta que usted
conserve los números. Para decirlo con palabras
simples, usted le acaba de hacer un agujero al bloque de CIDR de
Jan. A los ISP que ocupan el centro de la Internet no les
gusta la idea, porque usted ha creado un bloque ineficiente y
ahora los routers centrales tendrán que agregar nuevas
entradas no sólo para el gran bloque de Jan sino también para
el pequeño pedazo que usted se llevó al cambiar de
proveedor. A los otros proveedores no les agrada la idea de que
los proveedores centrales hayan decidido que ciertos bloques
ineficientes no tendrán derecho a entradas en las tablas
globales.
Por lo tanto, usted tendrá que renumerarlos, le guste o no. La
renumeración es una tarea dolorosa, cara y desintegradora.
Pero no tiene opción. Los bloques pequeños de CIDR no son sólo
un artefacto para cambiar ISP. Usted bien podría recibir
un bloque ineficiente directamente de la InterNIC si quisiera un
bloque pero no hubiese seleccionado un ISP. La cuestión no
es si le hace o no un agujero a un bloque más grande, sino si su
bloque es tan pequeño que resulta ineficiente para
transportar la información de routing.
A los proveedores que, de uno u otro modo, controlan el núcleo
central de la Internet no les importa demasiado esta
situación. Como solución técnica, preferirían que se
renumerara a toda la Internet. Las tablas se reducirían a una
pequeña
fracción de lo que es su tamaño actual y los paquetes
correrían más rápido por el núcleo central. Por supuesto, los
ISP saben
que esto nunca va a ocurrir; entonces, tratan de frenar el
crecimiento de las tablas de routing limitando los tipos de
bloques
que aceptan.
¿Afectará esto a su compañía? Probablemente no. Son muchas
las redes que integran la Internet, y esta nueva política de
racionamiento sólo será aplicable a quienes se hayan conectado
a ella después de que se instauró el programa CIDR.
Las Reglas del Mundo Real
Esta política representa la diferencia entre la manera de hacer
las cosas que tiene la Internet y el mundo real. En el mundo
real, este tipo de pronunciamiento dictatorial no sería
admitido. Puede ser la solución correcta, la más efectiva en
cuanto al
costo y hasta la forma más rápida de solucionar el problema,
pero esa no es la manera en la que funcionan las cosas en el
resto de los lugares.
Consideremos el caso del número 800 para llamadas telefónicas
sin cargo en Estados Unidos. En un determinado momento,
las empresas de larga distancia dividieron los números de
llamadas gratuitas por centrales, según los primeros tres
dígitos.
Si usted quería un número para llamada sin cargo que comenzara
con 236, descubría que Schneider Communications tenía
ese bloque y que había que solicitarle el número. El problema
era que si a usted no le gustaba el acuerdo al que podía llegar
con Schneider, no tenía otra opción, porque si quería recurrir
a otra compañía, digamos AT&T, tenía que obtener un nuevo
número.
Entonces, con su infinita sabiduría, el gobierno norteamericano
le dijo a la industria de las telecomunicaciones que debían
autorizar a las personas a conservar sus números de llamadas sin
cargo y poder llevarlos a cualquier carrier que desearan
contratar. La industria de las telecomunicaciones invirtió
decenas de millones de dólares en la instalación de equipos,
conmutadores, bases de datos y procedimientos para que se pudiera
poner en marcha este sistema.
Ahora, usted puede conservar su número para llamadas sin cargo,
pagando un precio. Todos pagan más por este servicio. Es
una fracción de una parte de un porcentaje, pero allí está.
¿Qué sucedería si en el mundo real se decidiera que a la gente
de
la Internet no se le va a permitir que balcanice la Red? Sabemos
que el problema se puede resolver, probablemente por
menos dinero que el que costó abrir completamente el acceso al
número 800. Después de todo, siempre se puede tapar el
problema con mucho hardware y software y hacerlo desaparecer.
Pero eso significaría que todos los que participan de la
Internet terminarían pagando un poco más para evitar
inconvenientes a un número pequeño de organizaciones. Mientras
tanto, toda la Internet pasaría a ser más compleja, más
cara y más vulnerable a las fallas.
Por lo tanto, no se apresure a proclamar que no se debería
permitir a la dictadura tecnocrática ordenarle lo que usted
tiene
que hacer. Tómese un tiempo para pensarlo. Tiene dos opciones.
Puede dejar que la Internet haga lo que mejor sabe hacer y
lo que la ha convertido en un elemento tan valioso, es decir,
adoptar la mejor solución técnica posible, o bien hacer que la
Internet cambie la forma en la que opera para adaptarse al modelo
del mundo real. ¿Qué elige?
*por Joel Snyder© Internet World
*Joel Snyder (jms-opus1.com) es socio mayoritario de Opus One,
Tucson, Arizona.
