Cada año viajan 25 mil argentinos a las playas del Caribe colombiano, un destino que se multiplica en atracciones. Desde la
isla de San Andrés hasta Cartagena, la histórica ciudad amurallada, el visitante encuentra los más clásicos sabores
caribeños y también nuevas opciones, que permiten la práctica de buceo de profundidad o la exploración de zonas
virtualmente vírgenes.
Durante los últimos cuatro años, al tiempo que alemanes, canadienses y argentinos en ese orden descubrían sus encantos, la
región debió incrementar su infraestructura hotelera y de servicios. A tradicionales cadenas como el Hilton se suman las ofertas de
establecimientos como Las Américas, Costa del Sol, Decamerón, Capilla del Mar y, dentro de la zona amurallada, el Santa Clara,
que añade un atractivo para cazadores de autógrafos: se levanta al lado de la casa del Premio Nobel de Literatura, Gabriel García
Márquez.
Colombia dejó de parecer un destino lejano, hoy sólo se tarda cinco horas en llegar, asegura Eduardo García Mansilla,
gerente de Avianca. Es un Caribe muy latino, no como el anglófono, y tiene una versatilidad muy grande: hay
infraestructura para el turismo que va a descansar, que quiere todo resuelto, y también nuevos lugares para los que desean
bucear, explorar y conocer otras formas de vida.
A Lomo de Burro
En la ciudad de Santa Marta que hizo famosa aquella canción en la que se decía que tiene tren, pero no tiene tranvía
se encuentra el Parque Nacional Tayrona, al pie de la Sierra Nevada. Es una de las mayores reservas ecológicas de
Colombia, enclavada entre bahías de aguas apacibles y bosques de cocoteros. Neguanje, Villa Concha, Gairaca, Cinto y
Chengue son las playas elegidas por los que ansían pasar una temporada en estrecho contacto con la naturaleza.
Frente a La Piscinita, un balneario que se recuesta en una pared de roca coralina cortada a tajo, el turista puede alojarse
en una de las cabañas ecohabs, construidas con el estilo arquitectónico de los indígenas kogi. Una de las experiencias más
recomendadas es el viaje en burro hasta llegar a los arrecifes, donde rompen las olas del Caribe. En el Parque Tayrona,
partiendo de Cañaveral, donde hay campings ecológicos, queda El Pueblito, un asentamiento kogi original pleno de
misticismo, al que se accede tras cuatro horas de viaje a través de una escalera de piedras construida por los indígenas.
En respuesta a la demanda del turismo de origen europeo y estadounidense, se organizan expediciones a los espectaculares
picos de la Sierra Nevada (la más alta cumbre del mundo sobre un litoral marítimo, con elevaciones que llegan a 5.775
metros), donde todavía viven tribus de indios kogi y arhuacos. A la Ciudad Perdida, una de las reliquias arquitectónicas
más importantes de la era precolombina que se destaca por sus terrazas de cultivo, se llega en helicóptero.
Los destinos más tradicionales, como Cartagena de Indias, concitan la atención de los viajeros durante todo el año debido a
su calendario de fiestas tradicionales. A principios de año se realiza el Festival de Cine, mientras que en marzo el de Música
del Caribe reúne a grupos de reggae y salsa en la Plaza de Toros de la ciudad. En Cartagena también se encuentra el Museo
del Oro, donde se exponen las figuras que alimentaron las fantasías de los conquistadores españoles acerca de El Dorado.
