jueves, 2 de abril de 2026

    Un socio distante, pero prometedor

    La revaluación del yen y el desafío que proponen a Japón las economías asiáticas exigirán cada vez más un esfuerzo en

    materia de competitividad. Esa situación puede resumirse en tres elementos: reducciones de costos, desregulaciones y

    aceleración del cambio tecnológico en la búsqueda de nuevos productos y procesos. Los dos primeros tienen importancia

    inmediata para el futuro de la vinculación económica con la Argentina. La reflexión es de José Bekinschtein, uno de los

    expertos del Ministerio de Economía encargados de detectar las vías para profundizar la relación con los países del este

    asiático.

    El especialista viajó este año a las principales ciudades japonesas, se entrevistó con funcionarios, empresarios y académicos,

    y acaba de resumir su experiencia en un trabajo inédito.

    Al mismo tiempo, otra investigadora, Nélida Archenti, de la Fundación Okita, concluyó su propio estudio comparado sobre

    las expectativas del empresariado local y japonés. Su informe, El comercio exterior y la inversión en la Argentina, se basó

    en una encuesta entre más de un centenar de hombres de negocios de ambos países.

    Todo este material constituye una plataforma seria para explorar las perspectivas de negocios con el socio japonés. Un

    camino que presenta luces y sombras, pero que ya comenzó a ser transitado, como lo muestra el paulatino proceso inversor y

    el crecimiento del comercio, que pasó de US$ 820 millones en 1991 a cerca de 1.100 millones tanto en 1993 como en 1994.

    Lo que Hay que Saber

    Bekinschtein señala en su trabajo cinco puntos a tener en cuenta en la futura relación bilateral:

    * En el área de alimentos Japón tiene mucho espacio para la reducción de sus costos.

    * Las desregulaciones impuestas por las necesidades internas se conjugarán con los compromisos de apertura comercial

    tomados en el marco de la Ronda Uruguay.

    * Así, se van abriendo canales de distribución y comercialización antes vedados.

    * Con un estilo de consumo cada vez más occidentalizado, Japón empieza a brindar nuevos sectores de demanda,

    especialmente en el rubro de alimentos.

    * En materia de investigación y desarrollo, debe intensificarse la exploración de posibilidades de cooperación en

    transferencia de tecnología. Especialmente a través de inversiones en sectores como agroindustria, autopartes y

    metalmecánica de series cortas.

    En 1993 Japón importó productos primarios por US$ 61.000 millones, pero la tendencia, advierte Bekinschtein, es una

    evolución más lenta en el sector de productos agrícolas básicos y más favorable para los alimentos procesados. A lo cual se

    suma el acelerado cambio en el gusto de los consumidores, como lo demuestra la creciente apertura de churrascarías de tipo

    brasileño en Tokio.

    Simultáneamente se prevé un mayor desarrollo en la producción en otros países de alimentos de uso japonés, o la difusión

    de inversiones japonesas para la producción de alimentos destinados al mercado nipón. El caso citado por Bekinschtein es el

    de los supermercados Daie, que producen en Brasil jugos de naranja destinados a la distribución en su propia cadena.

    Esas tendencias que ya promovieron un notable descenso en los precios de muchos alimentos procesados chocan, por cierto,

    con ciertas barreras. Autoridades del gobierno japonés dijeron que en este aspecto tienen un papel mayor la acción de grupos de

    consumidores y el celo reglamentarista de las administraciones locales que la política del gobierno central.

    Las principales preocupaciones giran en torno de tres factores:

    * la existencia de vestigios de agroquímicos en productos vegetales frescos;

    * el uso de conservantes no permitidos en productos procesados;

    * embalajes y envases que no cumplen con las normas en materia de desechos.

    Bekinschtein formula algunas recomendaciones para avanzar sobre terreno firme. Mientras se insiste en la apertura del mercado

    japonés a productos frescos y a granel, el gobierno y las empresas argentinas deberían poner en marcha una estrategia conjunta, al

    mismo ritmo. El objetivo sería obtener provecho de las oportunidades que el mercado nipón ofrece ya en materia de alimentos

    procesados.

    El programa Tango fue un comienzo promisorio en esa dirección, que debe continuarse e intensificarse. Volumen crítico

    mínimo, calidad y adaptación a la demanda son los factores sobre los que debería trabajarse, dice Bekinschtein. En tal

    sentido, foros entre empresas productoras locales, cadenas de supermercados y mayoristas japoneses servirían para precisar

    cantidades y exigencias.

    Junto con esos pasos hay otros caminos para multiplicar el valor en términos de cantidad y calidad de los exportables

    argentinos al Japón. Se menciona, por ejemplo, una revisión sistemática de las áreas y canales abiertos a la cooperación

    técnica y económica, para aprovechar metódicamente y sobre la base de programas definidos, la experiencia y tecnología

    disponible en materia de organización de la producción, control de calidad, diseños y envases.

    Bekinschtein destaca además la existencia de apoyo financiero disponible por parte de entidades como el Eximbank para el

    fomento de la producción exportable argentina. Pero formula previamente una advertencia: esos recursos deberían ser

    transmitidos a sus beneficiarios finales sin interferencias ni mark ups típicos de los usos de la plaza financiera local.

    Dudas y Expectativas

    El trabajo de la Fundación Okita tiene como punto de partida una encuesta realizada entre noviembre del 1994 y marzo de

    este año. Respondieron al cuestionario 93 miembros de empresas líderes nacionales y 32 empresarios japoneses (consultados

    entre julio y agosto del año pasado).

    Entre las principales conclusiones del estudio de Nélida Archenti surge que la Argentina es vista por los empresarios

    japoneses como un país con un alto potencial como proveedor de alimentos y materias primas a partir de la riqueza de sus

    recursos naturales, su nivel de industrialización, la calificación de su mano de obra y el nivel educativo de su población.

    Dentro de este marco general, las principales inquietudes vinculadas con la política económica se relacionan con el

    desequilibrio de la balanza comercial y la sobrevaluación del peso.

    En segundo lugar, los empresarios japoneses manifiestan preocupación por la adecuación de los productos argentinos a los

    requerimientos de su mercado. Aludieron, en particular, a la falta de comprensión en la Argentina de las exigencias

    japonesas acerca de la calidad y la estabilidad del suministro, la necesidad de mejorar el control sanitario y la tecnología del

    packaging de la agroindustria argentina.

    Los empresarios argentinos, por su parte, coinciden mayoritariamente con sus pares de Japón con respecto al potencial del

    país asiático como comprador de alimentos y productos primarios. Pero enfocan los problemas para el desarrollo del

    comercio bilateral desde una perspectiva más coyuntural. Mencionan las dificultades que enfrenta el desarrollo de la

    actividad productiva en el país (por la no implementación de medidas de reducción de costos) y el bajo conocimiento del

    mercado japonés debido a la falta de información y contacto.

    Con respecto al mercado japonés, los empresarios argentinos destacan la necesidad de intensificar las actividades y los

    sistemas de marketing de países y productos, la información y difusión sobre sectores y productos requeridos y el incremento

    de los contactos entre ambos países. Esto último no sólo en el área de los negocios y la alta dirección de empresas sino

    también a través del intercambio cultural, universitario, estudiantil, deportivo y turístico.

    La distancia geográfica y cultural es percibida como un doble obstáculo, primero en relación con los costos de exportación

    por la incidencia del flete y la insuficiencia de la infraestructura de transporte, y en segundo término por las dificultades de

    adecuación a las demandas. Además, Japón es considerado como un mercado muy exigente y poco flexible cuyo accceso se

    ve dificultado por la política proteccionista y las barreras aduaneras.

    También el estilo de management nipón y el manejo de los tiempos de la negociación son vistos por algunos empresarios

    argentinos como una dificultad en la relación que se traduce en la sensación de falta de comprensión cuando se negocia con

    un par japonés.

    Por último, surge de la encuesta de la Fundación Okita que el Mercosur es una zona importante de inversión, aunque los

    empresarios japoneses manifestaron mayor interés por Brasil como destino de sus capitales. También se observan

    diferencias entre ambos grupos con respecto a la identificación de los sectores más viables para posibles inversiones

    japonesas. Mientras los argentinos piensan que los capitales podrían orientarse hacia la industria automotriz y la

    electrónica, los japoneses sostienen que las áreas más interesantes son los alimentos y la agroindustria.