domingo, 31 de mayo de 2026

    ¿Qué pasa con los grupos de trabajo?

    Toneladas de textos especializados se han dedicado a ensalzar las virtudes del trabajo en equipo como herramienta para

    desjerarquizar las organizaciones y permitir que el personal aporte ideas y soluciones.

    Y sin embargo, es bastante común ver equipos que se disuelven sin lograr su cometido y con sus miembros distanciados. En

    casi todos los casos, es el factor humano el que introduce el conflicto. Este es el punto de partida del libro que acaban de

    publicar Harvey Robbins y Michael Finley, Why Teams Dont Work (Petersons/Pacesetter Books, US$ 20,75). Los autores

    se proponen demostrar varias cosas:

    * que, a pesar de los muchos inconvenientes que surgen en los grupos de trabajo, es necesario salvarlos porque son

    intrínsecamente beneficiosos para la organización;

    * que es preciso saber cuáles son las ventajas que ofrecen,

    * que es igualmente necesario averiguar dónde están los riesgos y cómo solucionarlos.

    Cuáles Son las Ventajas

    * Los equipos aumentan la productividad, porque funcionan más cerca del cliente que un gerente, y porque detectan

    oportunidades que el otro podría no ver.

    * Mejoran la comunicación y la toma de decisiones. La tarea de un equipo es compartir información y delegar trabajo. Y

    mejor información significa mejores decisiones.

    * Los grupos interfuncionales aportan más conocimientos que los grupos homogéneos, integrados por personas con la

    misma formación.

    * Como un proceso casi siempre atraviesa varias funciones, un equipo interfuncional lo abarca en todas sus dimensiones.

    Cuáles Son los Problemas

    Y sin embargo, con todas estas ventajas, muchas veces los equipos no funcionan. La razón fundamental es que no son

    máquinas. Son agrupamientos de personas con sus talentos, sus prejuicios, sus ambiciones y sus temores. El resultado de un

    equipo surge de las interacciones de estos distintos seres humanos. Es esta característica humana la que contiene las

    fortalezas y las debilidades.

    La debilidad de un equipo está en que, aunque se forma reuniendo a varias personas, el ensamble no es suficiente para hacerlo

    funcionar. El éxito depende de lograr que las diferentes partes trabajen bien en conjunto. Es decir, que no es posible que un gerente

    organice un equipo, lo encienda y se vaya. A los equipos hay que dirigirlos, motivarlos y hacerlos crecer.

    Receta en Cuatro Pasos

    Para que un equipo funcione bien, dicen los autores, es preciso comprender y apreciar las diferentes fases de su desarrollo.

    Las primera es de formación, una etapa en la que las diferentes partes que lo constituyen deben unirse y comprender la

    tarea. A primera vista ésta parecería ser la etapa menos conflictiva de la formación del equipo. La gente no conoce bien su

    papel ni el de los demás, y se acerca al grupo con la mejor disposición. Pero están de por medio la ansiedad y la

    desconfianza de los otros. Dudas sobre las habilidades propias y ajenas, preocupación por quién tiene el poder, prejuicios o

    ideas equivocadas sobre los compañeros, todo eso crea una atmósfera de tensión.

    De esta agrupación de individuos preocupados hay que sacar un equipo. Para ayudarlos, hay que explicarles las razones por

    las que se les pidió que integraran un equipo, y aclarar cuáles son las responsabilidades individuales. Todos deben

    conocerse bien entre sí, y llegar a sentirse cómodos. Las preguntas que se formulan los miembros en esta etapa son: ¿por

    qué estoy aquí?; ¿quién es usted?

    La segunda es la etapa de la tormenta, dolorosa pero necesaria. En ella, el individuo se pregunta: ¿quién está a cargo?; ¿qué

    es lo que tiene que hacer este grupo? En esta etapa, el equipo debe definir sus objetivos, las relaciones internas y la

    infraestructura de apoyo. Es aquí donde las diferentes personalidades, prioridades y trayectorias entrarán en conflicto. Antes

    de comenzar a trabajar, habrá que resolver esos conflictos. No es posible dejar solo al equipo para que resuelva su

    diferencias. Hay que dar un paso adelante, explicar los límites, ofrecer sugerencias y tratar de evitar que los desacuerdos

    destrocen al grupo.

    Muchos equipos no superan nunca esta segunda etapa. Y los que lo logran, pasan tres cuartas partes del tiempo en transitar

    estas dos etapas.

    Los que salen adelante, entran en la fase normativa. La gente ya está menos a la defensiva y más interesada en marchar con

    los demás en busca de soluciones. Pasan menos tiempo discutiendo y aumentan las probabilidades de lograr decisiones

    unánimes.

    Y finalmente, el grupo arriba a la etapa óptima, la de la ejecución, que es cuando las sinergias del equipo operan a

    capacidad plena. En esta fase, todavía puede haber conflicto, pero ya no del tipo destructivo e individual de la segunda

    etapa. Por lo general, las discusiones se resuelven y el grupo sigue su camino hasta lograr el objetivo.

    Hacia la Acción Creativa

    Como no se trata de una máquina, sino de un conjunto de personas, para lograr que funcione hay que generar en ellas el

    deseo de innovar. Por eso, los mejores líderes de grupo suelen ser personas activas, llenas de energía, y que se entusiasman

    con la tarea. Pero no hay que confundir energía y entusiasmo con agresividad y ruido. Un líder que habla poco puede tener

    tanta efectividad, o más, que quienes conversan alegremente. Quienes brillan en el arte de liderar y de hacer cosas, también

    brillan en el arte de escuchar. Demuestran su interés y su preocupación. Su presencia y su participación se sienten, y a la

    vez su actitud es positiva y muestran disposición a escuchar.

    Los equipos fallan cuando sus miembros incurren en alguna de estas actitudes:

    * No creen en el resultado. El equipo no cree que una vez que se logre, si se logra, el objetivo tenga algún valor para la

    organización.

    * No creen que el resultado sea alcanzable, ya sea porque su premisa es falsa, o porque se basa en cifras que el jefe sacó de

    la manga.

    * No entienden muy bien cuál es el resultado que quiere el jefe.

    Un buen objetivo comienza con su propia visión de una tarea deseable y valiosa. Por ejemplo, usted desea aumentar la

    participación en el mercado a través de un mayor interés por el cliente. Sabe que otras empresas ya lo han hecho y que han

    logrado más competitividad.

    Su misión es vender esa visión al equipo. Debe conseguir que el equipo crea en ese objetivo, y que crea, además, que

    hay algo que se puede hacer.

    Cuándo Fallan los Objetivos

    Una meta no funciona cuando es demasiado amplia o de muy largo plazo. Cuando se realiza un esfuerzo, y el gran objetivo

    se sigue viendo lejos, vienen la frustración y el cansancio, y el equipo pierde impulso.

    También es peligroso plantearse demasiados objetivos. Un equipo recién formado puede fijarse veinte o treinta objetivos

    diferentes. Pero como no se puede trabajar en más de dos o tres a la vez, los otros quedan colgando, sólo para distraer la

    atención de lo que realmente debe hacerse.

    Un equipo debe vivir y respirar el corto plazo. Planificar el largo plazo, pero actuar para el presente.

    Entonces, aconsejan los autores, comience con un gran objetivo y luego desgájelo en pasos posibles, de corto plazo.